Editorial 3
Avances hacia un nuevo orden en la región Asia-Pacífico

Shiraishi Takashi [Perfil]

[21.12.2011] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

Enfrentamiento interno en el seno del Partido Democrático de Japón sobre el TPP

El 11 de noviembre, el Primer Ministro Noda Yoshihiko anunció que Japón trataría de participar en las negociaciones del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) y envió este mensaje al Presidente de EE.UU., Barack Obama, y los líderes de los otros países involucrados en el proceso del TPP, durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) que se celebraba en Hawaii a partir del día siguiente. Han pasado dos años y dos meses desde que el Partido Democrático de Japón (PDJ) llegara al poder. Los primeros ministros del partido que precedieron a Noda no pudieron comprender que su trabajo es tomar decisiones; Kan Naoto, especialmente, dio la máxima prioridad a la supervivencia de su administración, y no aceptó responsabilidades por ninguna decisión política, fuera la subida del impuesto sobre el consumo, la participación en las negociaciones del TPP, la reconstrucción tras el terremoto del 11 de marzo o la renovación de las políticas energéticas tras el accidente de la central nuclear de Fukushima, mientras que Noda, que lleva en su despacho poco más de dos meses, ya ha tomado decisiones sobre las subidas de impuestos para pagar la reconstrucción, y sobre la participación en las negociaciones del TPP, algo muy positivo. El gobierno se enfrenta a una serie de asuntos en los que la opinión pública se halla dividida, como la revisión sobre la prohibición de las exportaciones de armas, la subida del impuesto sobre el consumo y la reforma del sistema de la seguridad social. El trabajo del primer ministro es tomar decisiones sobre estos temas relevantes y llevarlas a cabo. Por el momento la actuación de Noda se mantiene a la altura. Espero que continúe demostrando este tipo de liderazgo. Si lo hace, también conseguirá recobrar la confianza en el gobierno y la Dieta Nacional, que habían caído a niveles desastrosos tras el terremoto.

Pero a pesar de ello, al tiempo que Noda tomaba sus decisiones sobre las subidas de impuestos para la reconstrucción y el TPP, también tenía que encargarse de las profundas divisiones que separan a los miembros de su propio partido. En su discurso ante la Dieta el 28 de octubre, al mencionar el TPP, Noda señaló: “Seguiremos buscando discusiones honestas y llegaremos a conclusiones, en la medida de lo posible a corto plazo”. Posteriormente, en reuniones del equipo al que el PDJ delegara la reflexión sobre el TPP, se escucharon más voces en contra, o pidiendo cautela al gobierno japonés, que voces de apoyo, y al final el equipo terminó por presentar un documento en el que se aconsejaba “precaución” al primer ministro.

Dentro del PDJ los más fervientes opositores a la participación en las negociaciones del TPP eran miembros de un grupo encabezado por el ex ministro de agricultura, Yamada Masahiko. Pese a que el anterior presidente del partido, Ozawa Ichirō, no expresó públicamente su opinión sobre el asunto, se sabe de sobra que muchos integrantes del grupo de Yamada pertenecen a la facción de Ozawa dentro del partido. Se trata de la misma gente que formaba el núcleo de la oposición contra la propuesta de la administración Noda de subir los impuestos para la reconstrucción tras el terremoto. También son los que, al votar en la elección de un nuevo presidente del partido el 29 de agosto, apoyaron al principal rival de Noda, Kaieda Banri, ex ministro de economía, comercio e industria. En un interesante artículo titulado Between Pork and Productivity: The Collapse of the Liberal Democratic Party (“Entre el Cerdo y la Productividad: El Colapso del Partido Liberal Democrático”) (The Journal of Japanese Studies, vol. 36, No. 2 [summer 2010], pp. 227–254), el profesor T.J. Pempel, de la Universidad de California, Berkeley, sugiere que la derrota del PLD en las elecciones de agosto de 2009, que marcó el fin de su larga estancia en el poder, se debía a una división interna entre aquellos que pugnaban por una mejora de la productividad y aquellos que promovían la política tradicional tipo pork barrel (“barril con carne de cerdo”, contribución de dinero público que los miembros del Congreso y los senadores utilizan para financiar proyectos de interés local, y que se suele usar para ganar votos), como resultado de la cual el partido no fue capaz de ofrecer una política efectiva que renovara la economía japonesa, salvo durante la administración de Koizumi Jun’ichirō.

Aunque eso es cierto, se puede decir que el PDJ sufre el mismo problema. Es decir, que en el seno tanto del PDJ como del PLD existen facciones de “productividad” y facciones de “pork barrel“. Y con el sistema electoral actual, que consiste sobre todo en distritos de escaño único, aunque dos candidatos pertenezcan al mismo grupo de productividad o pork barrel dentro de sus respectivos partidos, si pertenecen a partidos diferentes deben pelear por el mismo escaño. Por eso es difícil que pueda haber un reagrupamiento de los partidos políticos en torno al eje productividad-pork barrel. De este modo Japón, incluso con un cambio de gobierno, resulta incapaz de romper su círculo vicioso político.

El grupo liderado por Yamada que se opone a la participación en la negociación del TPP dentro del PDJ, unido a los oponentes en el PLD y en el Nuevo Kōmeitō (el tercer partido en la Dieta), desestabilizó el liderazgo del PDJ. En una reunión entre el gobierno y los tres oficiales sénior del PDJ el 10 de noviembre, algunos participantes avisaron de que ciertos miembros de la facción anti-TPP podrían abandonar el partido si Noda declaraba sus intenciones de participar en la negociación. Pero en el momento de escribir este artículo (20 de noviembre) nadie lo ha hecho. De todas formas si la declaración de Noda sirviera como detonante para que las fuerzas políticas se reagruparan en torno al eje productividad-pork barrel, sería un avance de agradecer para acabar con el impasse político.

Decidir las reglas de un nuevo orden Asia-Pacífico

En la cumbre del APEC del 12 de noviembre en Hawaii, Canadá y México se unieron a Japón al expresar su deseo de unirse a las negociaciones del TPP. El presidente de China, Hu Jintao, también mencionó el TPP en un discurso que pronunció en esa ocasión, señalando que su país estaba preparado para aceptar el concepto del TPP aunque su prioridad es implementar un tratado de libre comercio entre los países del ASEAN+3 (los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, más China, Japón y Corea del Sur). Pero dentro del gobierno chino aún existe gran preocupación de que el TPP sea un complot para contener a China, algo que se vio en la queja de un oficial sénior del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, que declaró que Beijing no había recibido ninguna invitación a sumarse a las negociaciones. Esta preocupación por parte de China probablemente empeore tras la cumbre del ASEAN+3 cerrada el 18 de noviembre, y en particular tras la Cumbre del Este Asiático el día siguiente. En la declaración conjunta que se emitió tras la cumbre Japón-ASEAN el 18 de noviembre, Japón se comprometía a ofrecer cooperación para importantes proyectos de infraestructura (con un coste total de 2 billones de yenes) con el fin de fortalecer la relación entre Japón y los países del ASEAN, y ambas partes reafirmaron sus intenciones de construir un marco legal multilateral con el que encargarse de las disputas territoriales en el Mar del Sur de China. Y en la Cumbre del Este Asiático el 19 de noviembre EE.UU. y China expresaron puntos de vista opuestos en ese tema.

Sería un error, sin embargo, juzgar estos acontecimientos recientes como parte de un plan para “contener” o “restringir” a China. El tema principal que el proceso de negociación del TPP conlleva es la naturaleza de las reglas que han de servir como base para construir el Área de Libre Comercio para Asia-Pacífico (FTAAP: Free Trade Area of the Asian-Pacific). Y el objetivo que se debe buscar en el Mar del Sur de China es preparar un código de conducta legalmente vinculante que procure resolver las disputas territoriales de la zona justa y pacíficamente. En ambos casos se necesita elaborar primero un conjunto de reglas. El discurso que el presidente Obama dirigió al parlamento australiano el 17 de noviembre resulta interesante por esa conexión. Además de declarar la intención de EE.UU. de implicarse en la seguridad y estabilidad de la región Asia-Pacífico como nación del Pacífico, Obama pidió que se construyera un orden internacional libre y abierto para un comercio basado en reglas comunes. Con el auge de los países emergentes, sobre todo China e India, la distribución de riqueza y poder está cambiando rápidamente, tanto global como regionalmente. Lo que necesitamos en esta encrucijada es la evolución de un nuevo orden para el Este Asiático y la región Asia-Pacífico. El presidente Obama ha expresado su intención de dedicar toda su atención a este asunto. Algo muy loable.

(Traducido al español del original en japonés)

  • [21.12.2011]

Es doctor en historia por la Universidad de Cornell. En la actualidad es presidente del Instituto Nacional de Doctorados para Estudios Políticos (en inglés GRIPS, National Graduate Institute for Policy Studies); presidente del Instituto de las Economías en Desarrollo (en inglés IDE, Institute of Developing Economies) de la Organización Japonesa para el Fomento del Comercio Exterior (en inglés JETRO, Japan External Trade Organization); también es miembro ejecutivo del Consejo de Política de Ciencia y Tecnología, Oficina del Gabinete. Es autor, entre otras obras, de Teikoku to sono genkai (El Imperio y sus límites) y Más allá de Japón: La dinámica del regionalismo en el Este Asiático (coeditor). Es jefe de redacción de Nippon.com.

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