Editorial 11
La ofensiva diplomática china modifica el panorama en Asia Oriental

Shiraishi Takashi [Perfil]

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La ofensiva diplomática china imposibilita el comunicado conjunto de la ASEAN

Entre los días 9 y 13 de julio tuvieron lugar en Phnom Penh (Camboya) la reunión de ministros de Asuntos Exteriores y otros encuentros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés). Camboya ostenta este año la presidencia de la organización.

La reunión central, que se llevó a cabo el día 9, se complicó en torno a problemas de redacción de un comunicado conjunto relacionado con la disputa que sostienen Vietnam, Filipinas y China por el control del Mar de China Meridional, disputa que está agudizándose. Como consecuencia de estos problemas, la ASEAN desistió de emitir el comunicado, un hecho sin precedentes desde la fundación de esta organización en 1967.

Tras la reunión, los ministros de Asuntos Exteriores de Indonesia, Marty Natalegawa, Vietnam, Pham Binh Minh, y Filipinas, Albert F. Del Rosario, junto al vicepresidente y también ministro de Exteriores camboyano, Hor Namhong, volvieron a reunirse y emitieron una declaración en la que plasmaron seis principios básicos, entre ellos el establecimiento de un código de conducta en el Mar de China Meridional y el respeto a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. La declaración, fechada el 20 de julio y emitida a nombre de los ministros de Asuntos Exteriores, salvó de alguna forma la unidad de la organización. Pese a ello, no cabe duda de que tras la última cita, para los países en conflicto con el gigante asiático por el dominio del Mar de China Meridional, como Vietnam o Filipinas, ASEAN está dejando de ser un instrumento útil.

En las reuniones de los países de la organización con otros países no miembros, como el Foro Regional de la ASEAN o la Cumbre de Asia Oriental, que se han realizado a lo largo de los últimos meses, China ha presionado fuertemente sobre Camboya para que la discusión en torno a esa zona marítima no se extreme de forma contraria a sus intereses. Inmediatamente antes de la cumbre de la ASEAN celebrada en Phnom Penh en abril de este año, el presidente chino, Hu Jintao, visitó Camboya e hizo pública la concesión a este país de un total de 450 millones de yuanes (aproximadamene 5.600 millones de yenes) en ayudas no reembolsables y préstamos a bajo interés. Con ocasión de la reunión de ministros de Defensa de la ASEAN de mayo de este año, el titular chino, Liang Guanglie, visitó Camboya y firmó un documento que otorgaba a este país ayudas no reembolsables por valor de 120 millones de yuanes. Y en junio, el presidente de la Comisión Central de Inspección Disciplinaria del Partido Comunista chino, He Guoqiang, considerado el número ocho del partido, se reunió con el primer ministro camboyano, Hun Sen, con quien firmó documentos para la concesión a Camboya de otros 420 millones de dólares estadounidenses (aproximadamente 33.400 millones de yenes) en financiación, además de la entrega de dos aeronaves.

La imposibilidad de la reunión de ministro de Asuntos Exteriores de la ASEAN de emitir un comunicado conjunto sobre el problema del Mar de China Meridional es, pues, resultado de esta ofensiva diplomática china. Después de esta cita, el día 10 de julio, el ministro chino de Exteriores Yang Jiechi expresó al presidente camboyano su reconocimiento por el respeto que muestra su país hacia los “intereses centrales” chinos. Consideraría el titular chino que las maniobras de su país habían tenido éxito.

La ofensiva diplomática china y su impacto en Asia Oriental

¿Qué significado tiene esto para las relaciones internacionales en Asia Oriental?

Es evidente que esto representa un logro de la política exterior china, si lo vemos desde una perspectiva a corto plazo. Desde julio de 2010, cuando se celebró en Hanoi el Foro Regional de la ASEAN, las reuniones de la organización con países no miembros se convirtieron en instrumentos útiles para Vietnam, Filipinas y otros países enzarzados en la disputa marítima con China. Por eso, en la cumbre que sostuvo China con la ASEAN en noviembre de 2011, en relación con esta disputa, China aceptó comenzar a deliberar de cara al establecimiento de un código de conducta que fuese legalmente vinculante. Sin embargo, durante la última reunión de la ASEAN con China, estas deliberaciones han quedado aplazadas. Es decir, que Vietnam, Filipinas y los otros países no han podido servirse de la ASEAN, siendo China la causante de esto. Este es el “logro”.

Sin embargo, no parece probable que, por no haber sido capaces de utilizar la ASEAN para ese fin, Vietnam o Filipinas vayan a plegarse a los deseos de China y resignarse a no internacionalizar su conflicto marítimo con ese país. Tampoco es concebible que, después de estos alardes de fuerza, dichos países permanezcan callados ante las pretensiones de Pekín sobre los territorios, la zona de exclusividad económica y la plataforma continental del Mar de China Meridional. Si ya no pueden instrumentalizar la ASEAN, estos países buscarán otros instrumentos útiles.

Estados Unidos viene participando, desde el año pasado, en las Cumbres de Asia Oriental. Además, recientemente ha hecho del fortalecimiento de su capacidad de despliegue en la región de Asia-Pacífico la directriz básica de su nueva estrategia de defensa. En esta línea, en la Conferencia de Seguridad de Asia, realizada en Singapur en junio de este año bajo la dirección del británico Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés), el secretario de Defensa norteamericano Leon Panetta anunció que, para ampliar la presencia militar de su país en la región de Asia-Pacífico, redistribuirá sus barcos de guerra de forma que, para 2020, por cada cuatro situados en el Atlántico haya seis en el Pacífico, manteniendo los seis portaaviones que cubren actualmente el área pacífica e introduciendo buques de combate litoral (LCS, por sus siglas en inglés), dotados de capacidad para combatir con submarinos.

Los países que, como Vietnam o Filipinas, están enfrentados a China por el problema del Mar de China Meridional, ven con buenos ojos este fortalecimiento de la presencia militar estadounidense. Por eso, resulta lógico que, por ejemplo, el gobierno filipino haya comenzado a estudiar con el de Estados Unidos medidas concretas para fortalecer la alianza entre los dos países, como la utilización de las bases militares existentes en Filipinas para facilitar el despliegue naval. Panetta, por su parte, visitó en junio la bahía de Cam Ranh, donde anunció que su país colaboraría en la mejora de las capacidades defensivas de Vietnam.

También Japón está estudiando ayudar a Filipinas, Malasia y Vietnam mediante la entrega de patrulleras y otros medios, con el fin de que estos países fortalezcan sus funciones de seguridad marítima. Hay, asimismo, avances en la cooperación militar entre los países de la ASEAN. Las fuerzas navales de Filipinas y de Vietnam han acordado profundizar su cooperación militar mediante iniciativas como la realización de ejercicios militares conjuntos en el Mar de China Meridional. Indonesia, Filipinas, Vietnam y Brunei examinan la posibilidad de patrullar conjuntamente las áreas marítimas próximas a las islas Natuna (Indonesia), para luchar contra la pesca ilegal.

La colaboración en seguridad se desplaza hacia la región Asia-Pacífico

En vista de este conjunto de hechos, cabe decir lo siguiente. China, en la última reunión de ministros de Asuntos Exteriores, ha logrado convertir la ASEAN en un instrumento inutilizable. Por tanto, si esta organización quiere seguir guiando la cooperación regional en Asia Oriental, deberá “reinventarse”. En ese caso, ¿qué posibilidades tiene? Si en el campo de la seguridad las cosas no marchan bien, lo único que puede hacerse es profundizar en la cooperación económica. Es decir, que el reto de crear una comunidad económica en el marco de la ASEAN, prevista para 2015, cobrará todavía mayor importancia.

Paralelamente, si la ASEAN queda realmente inutilizada, Vietnam, Filipinas y, junto a ellos, también Indonesia y Singapur tratarán de obtener un equilibrio frente al poderío chino utilizando a Estados Unidos, Japón, Australia e incluso a India. Cuanto mayor sea la amenaza china, el marco de cooperación regional Asia-Pacífico resultará más útil que el de Asia Oriental para minimizar riesgos. Los años 90 fueron los años de la región Asia-Pacífico, articulada en torno al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés). Sin embargo, debido a la oposición que despertó la intervención norteamericana en la crisis financiera asiática de los años 1997-1998, en el primer decenio de nuestro siglo el principal marco de cooperación regional se trasladó a Asia Oriental. La importancia que han cobrado las reuniones de ASEAN con países no miembros se debe precisamente a eso. No quiero decir que esta importancia vaya a desaparecer. Sin embargo, con la última maniobra china, cabe pronosticar que el principal marco de colaboración en materia de seguridad se traslade a la región Asia-Pacífico.

Por lo tanto, la última maniobra china en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de ASEAN, aunque pueda ser vista como un éxito desde una perspectiva a corto plazo, responde, en el fondo, a una visión tremendamente miope. A partir de la entrada del siglo, mediante una hábil utilización del marco de cooperación regional que ofrece la ASEAN, China logró excluir a Estados Unidos y ganar así peso relativo. Sin embargo, hoy en día China se ha convertido en el principal riesgo para la región. Los chinos suelen decir que estableciendo buenas relaciones con los vecinos se ganan nuevos colaboradores, pero lo que ha sucedido en Phnom Penh muestra a las claras con qué facilidad se abandonan estos sabios principios cuando quedan contrapuestos a intereses centrales como la soberanía. La influencia de esta actitud sobre las relaciones internacionales en Asia Oriental no será insignificante.

(Escrito el 7 de agosto de 2012 y traducido al español del original en japonés)

  • [22.08.2012]

Es doctor en historia por la Universidad de Cornell. En la actualidad es presidente del Instituto Nacional de Doctorados para Estudios Políticos (en inglés GRIPS, National Graduate Institute for Policy Studies); presidente del Instituto de las Economías en Desarrollo (en inglés IDE, Institute of Developing Economies) de la Organización Japonesa para el Fomento del Comercio Exterior (en inglés JETRO, Japan External Trade Organization); también es miembro ejecutivo del Consejo de Política de Ciencia y Tecnología, Oficina del Gabinete. Es autor, entre otras obras, de Teikoku to sono genkai (El Imperio y sus límites) y Más allá de Japón: La dinámica del regionalismo en el Este Asiático (coeditor). Es jefe de redacción de Nippon.com.

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