Diferentes percepciones en torno al ascenso de China como potencia
¿Cómo debe responder Japón a los cambios en el mundo y en Asia?

Shiraishi Takashi [Perfil]

[22.01.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Cambios en la economía mundial

Trataré en esta primera entrega del año algunos retos a largo plazo que deberán ser resueltos.

Les invito en primer lugar a echar una ojeada al cuadro adjunto, que muestra la cuota correspondiente a las principales economías del mundo (países y grupos de países) sobre el total de la economía mundial.

Cuota de los principales países y grupos de países sobre el PIB mundial (en porcentajes)

1990 2000 2010 2018
(previsión)
Total mundial 100 100 100 100
Economías avanzadas 80 79,9 65,7 58,5
G7 65,4 66 50,5 44,7
Estados Unidos 26,7 31,4 23,4 22,2
Japón 13,9 14,5 8,6 6,1
Unión Europea 31,5 26,1 25,6 22,1
Economías de mercados emergentes y en desarrollo 20 20,1 34,3 41,5
Economías en desarrollo de Asia 4,8 6,8 14,9 20,4
China 1,7 3,7 9,3 14,2
ASEAN-5 1,3 1,5 2,5 3
India 1,5 1,5 2,7 2,6

Elaborado por el autor a partir de los datos de PIB nominal (en dólares norteamericanos) de países y grupos de países que aparecen en el documento Perspectivas de la Economía Mundial (octubre de 2013) del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El cuadro se presta, lógicamente, a muchas lecturas. Vemos, por ejemplo, que las economías en desarrollo de Asia, que en 1990 representaban el 4,8% del PIB mundial, pasan a representar el 6,8% en 2000, el 14,9% en 2010 y, según la previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI), ascenderán al 20,4% en 2018. Esto puede servir de base para debatir el “ascenso de Asia” en la economía mundial. Y si nos fijamos en los datos de Japón, puede señalarse también que el peso relativo de este país en el mundo está cayendo, lo cual queda suficientemente avalado por las cifras que muestran que, si de 1990 a 2000 se pasó del 13,9% al 14,5%, comenzó ahí un agudo declive, con el 8,6% de 2010 y la previsión de 6,1% para 2018. Pero haciendo memoria de las valoraciones hechas en los últimos tiempos, tengo la impresión de que las interpretaciones giraron en torno a dos aspectos fundamentales.

Reorganización para afrontar el ascenso de los países emergentes

La primera lectura es la que destaca el hecho de que mientras que la cuota del conjunto de las siete principales economías (Japón, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Canadá), ha ido cayendo durante estos 20 años y la previsión es que continúe cayendo hasta situarse en un 44,7% en 2018, la cuota de los países emergentes y en desarrollo ha ascendido durante el mismo periodo del 20% al 34,3%, esperándose que alcance el 41,5% en 2018. Desde esta perspectiva, se habla de cómo el ascenso de las economías emergentes está transformando el orden político y económico mundial.

Básicamente, este aspecto es el que se destaca cuando se habla del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China), un acrónimo que durante el último decenio se ha hecho ya de uso general, o cuando Ian Bremmer, presidente de la entidad de investigaciones Eurasia Group, se refiere al “mundo del G-0”. Desde el año pasado, las economías emergentes ya no tienen el empuje que una vez tuvieron. Pero aun así su ascenso continuará en el futuro y para 2020, probablemente, los países del G7 y las economías emergentes intercambiarán sus respectivas cuotas, alcanzándose un equilibrio entre el volumen económico del mundo desarrollado y el del mundo en desarrollo. En vista de ello, habrá que plantearse a nivel mundial cómo reorganizar el sistema de gobernanza global (global governance), de forma que pueda hacer frente al ascenso de las economías emergentes.

En Asia Oriental el problema es China

La segunda lectura es la que contrapone el lento descenso de la cuota ostentada por Estados Unidos (2000: 31,4% → previsión 2018: 22,2%) al rápido ascenso de la de China (1990: 1,7% → previsión 2018: 14,2%). Como señaló(*1) en la década de 1970 el entonces líder chino Zhou Enlai a Henry Kissinger, la expansión económica comporta “necesariamente” una expansión militar. Si, en adelante, China sigue persiguiendo el crecimiento económico, reforzando su poderío militar y aumentando su influencia política, para el decenio de 2020 podrá compararse en todos esos aspectos con Estados Unidos.

Hasta qué punto esto es percibido como una grave amenaza depende en gran medida de la región del mundo desde la que se observe. Como es natural, en el Asia Oriental hay una conciencia cada vez más clara de que el ascenso de China representa una amenaza. Resultaría prolijo traer aquí a colación datos estadísticos, pero bastará con decir que ya en 2010 China representaba el 38% del volumen económico de Asia Oriental (Japón, China, Corea del Sur, los 10 países de la ASEAN e India), y que para 2018 se pronostica que su cuota será del 51%.

Comprendo que el volumen económico (el PIB) y el poderío como país son dos cosas diferentes, pero si consideramos que está a la vuelta de la esquina el momento en que un solo país, China, represente la mitad de la economía de Asia Oriental, no resultará particularmente sorprendente que el ascenso de este país sea visto con preocupación en dicha región, y que el principal problema por resolver en el plano político-económico no sea el de cómo afrontar el ascenso de los países emergentes en general, sino el de cómo afrontar el ascenso de China.

Pero esto es algo circunscrito a Asia Oriental y es muy posible que en el ámbito mundial todavía durante algún tiempo se siga considerando que de lo que se trata cuando se habla de gobernanza global es de cómo afrontar el ascenso de los países emergentes en general. Tarde o temprano, la diferencia en la percepción del problema que se aprecia entre Asia Oriental y el mundo en general se irá reduciendo. Pero para eso habrá de transcurrir algún tiempo más, quizás debamos esperar hasta que haya entrado el decenio de 2020.

Preocupación ante la “amenaza” china se extiende por el mundo

Tras la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos reconstruyó, sobre las ruinas de lo que Karl Polanyi denominó “civilización del siglo XIX”, la nueva “civilización del siglo XX”, que ese país pasaría a comandar. Un sistema diferente al del siglo XIX, que se había sostenido sobre el balance of powers, el patrón oro, la autorregulación de los mercados (economía de mercado) y el estado liberal, y que se caracterizaría por la paz impuesta por Estados Unidos (Pax Americana), el dólar como moneda internacional, la economía de mercado y el estado liberal y democrático.

Desde 1978, cuando se dio inicio en China a las reformas y al aperturismo, este país se ha regido por la máxima de Deng Xiaoping taoguang yanghui (esperar el momento oportuno ocultando las garras), ha mantenido un régimen político basado en la autoridad del partido y al mismo tiempo ha dado un progresivo giro de la economía socialista a la economía socialista de mercado, mientras en el ámbito internacional participaba en el “sistema del siglo XX” plegándose a la Pax Americana y a la supremacía del dólar. Al mismo tiempo, China ha conseguido un impresionante crecimiento económico, se ha reforzado militarmente y ha ganado peso político. Mientras la cuota de la economía china sobre el total mundial era pequeña, todo ello no ocasionó grandes problemas. Sin embargo, esa cuota es ya superior al 10% y en 2020 se prevé que alcance el 20%. Si China se propone ejercer en adelante un poderío militar y una influencia política acorde al tamaño de su economía, serán muchos los países del mundo que, tal como ocurre ahora en la zona de Asia Oriental, perciban el ascenso de este país como una amenaza.

El deber de Japón en las actuales circunstancias

¿Qué debe hacer entonces Japón ante estos cambios en la esfera mundial y en la regional? Ante todo, es esencial mantener el equilibrio de fuerzas en Asia Oriental y en Asia-Pacífico y, sobre esa base, contribuir a la fijación de las reglas que regirán el orden internacional durante nuestro siglo. Para ello, es de capital importancia que Japón rehaga su economía, refuerce su alianza con Estados Unidos en el terreno de la diplomacia y en el de la seguridad, y coopere con sus otros aliados en materias políticas y de seguridad.

La visita realizada por el primer ministro japonés Abe Shinzō al santuario sintoísta de Yasukuni a finales del año pasado es tanto más lamentable cuanto que, durante su primer año de mandato, Abe ha bregado afanosamente en todos estos frentes, haciendo lo que tenía que hacer. A causa de esta visita, tanto en los países occidentales como en los asiáticos, se han multiplicado las voces que secundan a China y a Corea del Sur en sus críticas a la “derechización” de Japón. En el plano diplomático, Japón no tiene nada que ganar con esta visita. Lo que debe hacer Japón en estos momentos es cooperar en el ámbito asiático y mundial con todos los países que favorecen la economía de mercado y la democracia liberal, y contribuir a reforzar un orden económico y político internacional comandado por Estados Unidos.

(Escrito el 6 de enero de 2014 y traducido al español del original en japonés)

(*1) ^ Zhou Enlai to Kissinger kimitsu kaidan roku (Registros de las conversaciones secretas entre Zhou Enlai y Kissinger), edición de Mōri Kazuko y Masuda Hiroshi, Iwanami Shoten, 2004, pág.46.

  • [22.01.2014]

Es doctor en historia por la Universidad de Cornell. En la actualidad es presidente del Instituto Nacional de Doctorados para Estudios Políticos (en inglés GRIPS, National Graduate Institute for Policy Studies); presidente del Instituto de las Economías en Desarrollo (en inglés IDE, Institute of Developing Economies) de la Organización Japonesa para el Fomento del Comercio Exterior (en inglés JETRO, Japan External Trade Organization); también es miembro ejecutivo del Consejo de Política de Ciencia y Tecnología, Oficina del Gabinete. Es autor, entre otras obras, de Teikoku to sono genkai (El Imperio y sus límites) y Más allá de Japón: La dinámica del regionalismo en el Este Asiático (coeditor). Es jefe de redacción de Nippon.com.

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