Un mayor apoyo a la japonología como parte de la estrategia exterior de Japón

Kawashima Shin [Perfil]

[19.11.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Los tres problemas pendientes de la japonología en el extranjero

En muchos sentidos, los estudios japoneses (japonología) en el extranjero se encuentran en una etapa de cambios. Vista en conjunto, la situación sería una cosa así.

En primer lugar vemos que el interés se está desviando rápidamente de campos como la literatura o la economía hacia otras áreas de la soft culture, como el anime o los juegos informáticos. Es un proceso que no es nuevo y que parece ya perfectamente asentado. Jóvenes estudiantes que se han sentido interesados por Japón a través de esos productos acuden a los lugares donde se enseña el idioma, sean academias o departamentos universitarios, donde lo aprenden. Hasta aquí, no hay nada que decir. Pero es innegable que hay una falta de correspondencia entre el Japón real y el Japón que ellos conciben. El primer reto sería, pues, poner ese interés al servicio de un mejor y más profundo conocimiento de la realidad japonesa.

En segundo lugar –esto es especialmente patente en los países occidentales–, al estar los estudios japoneses comprendidos en el campo más amplio de los estudios asiáticos, se producen flujos hacia otros estudios, como los chinos o los coreanos, que afectan tanto a las estructuras académicas como a los estudiantes, lo que significa que hay puestos dentro de esas estructuras y cursos de los currículos que dejan de girar en torno a Japón. Ocurre también que se espera de especialistas en Japón que dediquen sus esfuerzos, por ejemplo, a temas chinos. Supongo que el asunto podrá ser contemplado de diversos modos, pero es un hecho que el interés hacia China se ha potenciado mucho en Occidente y que la presencia de lo japonés se está reduciendo, como puede verse en el hecho de que durante las clases que se imparten en las escuelas de negocios del mundo las referencias a empresas japonesas sean ahora mucho más escasas que en los años 80 del pasado siglo. En ese sentido, debería hacerse un replanteamiento del valor de los estudios japoneses y del sentido que puede tener aprender e investigar sobre nuestro país.

En tercer lugar, existe también una falta de sintonía y de diálogo entre los estudios japoneses en el extranjero y los que se realizan en Japón. En Japón no existe la japonología como tal, y si excluimos instituciones como el International Research Center for Japanese Studies de Kioto, tales estudios están dispersos en áreas como la historia, el pensamiento o la política. Pero en el extranjero nos encontramos con que la japonología constituye un género en sí misma.

Su función como medio de transmisión de la realidad japonesa

En los estudios japoneses que se realizan en el extranjero observamos algunos temas recurrentes. Por ejemplo, cuando en Occidente se estudia el fenómeno bélico en Japón se le da una especial importancia a la comparación entre Japón y Alemania, y a aspectos particulares como el tratamiento que Japón otorgó a los prisioneros de guerra occidentales. En Japón existen estas líneas de estudio, pero el interés se dirige por otros cauces. Esta disparidad de intereses es algo perfectamente natural e incluso podría decirse que es conveniente que exista una cierta distancia entre los estudios japoneses dentro y fuera del país.

Sin embargo, la japonología está evolucionando y desarrollándose en el extranjero sin mantener una estrecha vinculación con los estudios japoneses que se hacen en Japón. Las tesis y otros trabajos académicos sobre Japón publicados en lenguas extranjeras solo en raras ocasiones son citados en las publicaciones japonesas especializadas.

A través de instituciones como la Japan Foundation, el Gobierno japonés está subvencionando los estudios japoneses en el extranjero, siendo entendidas estas subvenciones como parte de los “intercambios culturales”. Sin embargo, estos estudios funcionan como ventana y como medio de difusión, y por lo tanto son de gran importancia para la imagen del país en el exterior. Cada vez que surge una noticia relacionada con Japón, son los japonólogos foráneos quienes interpretan para el público extranjero lo que ocurre. Y a la hora de explicar cómo es Japón a los estudiantes extranjeros interesados en nuestro país, aunque también concurren profesores y estudiosos enviados desde Japón, normalmente son esos mismos expertos los encargados de hacerlo.

Promover el diálogo con los investigadores extranjeros

Pese a los referidos problemas y otros muy diversos que puedan estar afrontando los departamentos de japonés de las universidades extranjeras y el mundo de la japonología en general, me pregunto si no sería posible reconsiderar las diversas ayudas, el apoyo que se está brindando, entendiéndolo como parte de las relaciones públicas internacionales.

Al parecer, el Gobierno de Japón está priorizando el método de salir al extranjero y llevar a cabo personalmente actividades informativas, pero creo que también podría considerarse otro enfoque, que consistiría en promover el diálogo con los japonólogos extranjeros como una forma más de relaciones públicas.

Por ejemplo, en las encuestas realizadas por el think tank japonés The Genron NPO queda de manifiesto que en Japón la proporción de personas que consideran que las tendencias nacionalistas se han extremado no sobrepasa un determinado valor, mientras que en el extranjero ha crecido el número de quienes responden que tales tendencias son ahora más fuertes. De la misma opinión son los japonólogos extranjeros. Conceder una mayor importancia a las opiniones vertidas por los estudiosos extranjeros de Japón sería necesario, también a fin de ir corrigiendo estas diferencias de apreciación.

Buenos conocedores de Japón, más que japonófilos

Por supuesto, no hay que pensar que los japonólogos extranjeros vean Japón con especial complacencia. Entre los americanos y europeos hay muchos de mentalidad “liberal” y existe una fuerte tendencia a expresar opiniones críticas sobre las políticas llevadas a cabo por Japón. En el caso de los japonólogos chinos, las posiciones críticas son todavía más patentes.

Pero siempre que los hechos presentados sean sustanciales, aunque la conclusión sea crítica hacia Japón, será digna de valoración. Se convendrá en que lo verdaderamente importante no es formar “projaponeses” o “japonófilos”, sino verdaderos entendidos en Japón, y hacer cada vez más íntimos y más sólidos los lazos entre ellos y nuestro país.

Desde esta perspectiva, y sin olvidar algunos temas pendientes de resolución, como la referida tendencia a favorecer los estudios chinos o coreanos frente a unos estudios japoneses que estaban centrándose en la soft culture, o el insuficiente diálogo entre japonólogos extranjeros y el mundo académico japonés, creo que habría que considerar el apoyo a los estudios japoneses en el extranjero como una parte de las relaciones públicas de Japón en el contexto internacional y seguir ofreciendo ese apoyo con entusiasmo y sentido estratégico.

Tres aspectos importantes en el apoyo estratégico

De todas formas, hay algunos puntos que deberían ser tomados en cuenta. El primero es que, como he dicho antes, no deben contemplarse las cosas desde la perspectiva de si esas conclusiones son favorables o desfavorables a Japón: lo realmente importante es la credibilidad de esos estudios, si se basan en hechos objetivos y si se ha realizado un estudio empírico de los mismos. Porque si la mira se pone solo en lo favorable o desfavorable que algo pueda resultar, estaríamos volviendo a planteamientos culturales más propios de la época anterior a la Segunda Guerra Mundial que de nuestro tiempo.

El segundo punto sería no seguir insistiendo en los temas tradicionales, como la cultura japonesa, ni en los temas conflictivos que giran en torno a los problemas territoriales y a las diferentes interpretaciones de la historia. Habría que cultivar más el tratamiento de los problemas a los que se enfrenta la propia sociedad japonesa, es decir, la vida en el Japón actual. Se dice que Japón padece todos los problemas típicos de los países desarrollados, comenzando por el envejecimiento de su población y habría que tomar conciencia de que, en ese sentido, Japón se halla a la vanguardia del mundo.

Habría un tercer punto y este sería que Japón debe prestar oído a lo que se dice o escribe sobre él en el mundo. Algunos dirán que solo los japoneses son capaces de comprender a Japón, pero hay cosas de las que es difícil percatarse desde dentro y otras muchas que resultan normales desde dentro pero que llaman poderosamente la atención cuando se contemplan desde el exterior. Emitir mensajes al exterior es sin duda importante, pero creo que Japón está siendo criticado desde el exterior porque hay cosas de las que la sociedad japonesa no es consciente, que sería posible ajustar o mejorar, pero que no se ajustan ni mejoran porque se desconoce el hecho de que son vistas como problemas. Emitir mensajes al extranjero no debería reducirse a defender las tesis o puntos de vista propios.

En nippon.com concedemos una gran importancia a ir estrechado lazos con los estudios japoneses que se realizan en otros países, para lo que hemos elaborado especiales sobre japonología y otros temas, e ir respondiendo a la demanda de información directa desde Japón. Por ejemplo, hay especiales traducidos a varios idiomas que reciben un gran número de visitas en algunas de sus versiones aunque los accesos a la versión japonesa puedan ser limitados. Conociendo estos datos, confiamos en poder seguir ampliando cada vez más nuestros contenidos.

(Escrito el 14 de octubre de 2014 y traducido al español del original en japonés)

  • [19.11.2014]

Editor en jefe de nippon.com. Profesor asociado de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tokio e investigador senior del Instituto de Estudios de Política Internacional. Nacido en Tokio en 1968, en 1992 se graduó de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio, donde se especializó en China. Se doctoró en Historia por la Universidad de Tokio. Ha enseñado como profesor asociado en la Universidad de Hokkaido. Es autor de Chūgoku kindai gaikō no keisei (La formación de la política exterior moderna de China), de Kindai kokka e no mosaku 1894–1925 (Hacia un estado moderno, 1894–1925), y de otras obras.

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