Seguridad del Estado frente a libertades: una mirada a Hong Kong

Kawashima Shin [Perfil]

[09.07.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | Русский |

Sensación de crisis en Hong Kong y “revolución de los paraguas”

Durante 2014 los medios de comunicación encontraron un gran filón informativo en la llamada “revolución de los paraguas” de Hong Kong. Se trataba de un movimiento que reclamaba que la política y la administración de Hong Kong reflejase directamente la voluntad popular de sus ciudadanos. En concreto, de lo que se trataba era de ver cómo se iban a realizar los comicios para elegir al Jefe Ejecutivo de Hong Kong, programados para 2017. El Gobierno chino imponía limitaciones a la presentación de candidatos para el cargo, y los manifestantes protestaban contra esas limitaciones.

De estas protestas cabe inferir que la gente tenía la impresión de que, pese a la amplia autonomía política que, supuestamente, se le reconoce a la ciudad dentro del esquema condensado en la expresión “un país, dos sistemas”, últimamente se está poniendo en peligro esa democracia y, sobre todo, estas libertades por las que claman los ciudadanos.

Extensión del concepto de seguridad del Estado

Resulta de extremo interés la tendencia que se constata en China a tratar el problema de Hong Kong ligándolo a la lógica de la seguridad nacional.

Como es sabido, desde la época en que el presidente Xi Jinping tomó las riendas del país existe en China el Comité de Seguridad del Estado, equivalente al estadounidense Consejo de Seguridad Nacional, cuya primera reunión se celebró el 15 de abril de 2014. En esta reunión se planteó la necesidad de dotarse de una política de seguridad del Estado comprehensiva, que incluyera las esferas política, territorial, militar, económica, cultural, social, científico-tecnológica, informativa, ecológica, nuclear y de los recursos naturales.

A raíz de ello, los más variados problemas que afectan a China comenzaron a ser tratados desde esta lógica de la seguridad del Estado. Es decir, que todo indica que esta lógica ya no se limita a la defensa nacional y a otros aspectos exteriores de la seguridad nacional, sino que se ha extendido también a la seguridad interna.

Por esta misma razón empezó a verse la posibilidad de que, como parte de esta lógica de dar prioridad absoluta a la seguridad del Estado, muchas actividades y movimientos sociales fuesen considerados una amenaza a esa seguridad y, como tales, reprimidos. Se considera que esta extensión del concepto de seguridad del Estado es lo que explica que en 2014, junto a problemas como la corrupción, los movimientos independentistas de las minorías étnicas y otros, hayan sido también objeto de represión manifestaciones como los debates sobre temas históricos o los movimientos en pro de los derechos civiles.

Mensaje a Hong Kong del número 3 del Partido Comunista

Así es como también el problema de Hong Kong ha pasado a plantearse en términos de seguridad del Estado, entendiéndose esta como seguridad del conjunto del Estado chino. En particular, las repetidas declaraciones de Zhang Dejiang, presidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional y número tres del Partido Comunista Chino, han exacerbado los ánimos en Hong Kong.

Previamente a la reunión del Comité de Seguridad del Estado, en la reunión plenaria con la representación de la Región Administrativa Especial de Hong Kong ante la Asamblea Popular Nacional celebrada en Pekín en marzo de 2014, Zhang se reunió con la representación hongkonesa y afirmó que “las elecciones con sufragio universal para el cargo de jefe ejecutivo de Hong Kong representan una gran reforma del sistema político, que no solo afecta a la prosperidad y estabilidad de Hong Kong a largo plazo, sino a la soberanía, a la seguridad y a los intereses de desarrollo del Estado”.

Un año después, en marzo de 2015, Zhang volvió a referirse a la situación de Hong Kong en términos de soberanía y seguridad del Estado, pero para entonces había ocurrido ya la “revolución de los paraguas” y en esa ocasión sus palabras tuvieron un perfil todavía más claro que las de sus anteriores declaraciones.

“Han surgido en la sociedad de Hong Kong”, manifestó Zhang, “grupos extremistas, que promueven la idea de la independencia de Hong Kong, y que con sus declaraciones y actitudes están dañando la seguridad de la sociedad hongkonesa así como la soberanía, seguridad e intereses de desarrollo del Estado”.

“La salvaguarda de la soberanía, seguridad e intereses de desarrollo del Estado bajo el esquema de ‘un país, dos sistemas’ es la línea roja que no puede ser sobrepasada, y no se aceptará que se ponga en peligro ni se cambie. Las declaraciones y actitudes secesionistas que hablan de “independencia” y de “autodeterminación” no convencen a nadie y no vamos a tolerarlas”, recalcó.

Alarma ante la penetración del “pensamiento occidental”

Habría que plantearse, entonces, por qué se dice que cuestiones como la “revolución de los paraguas” de Hong Kong o las reclamaciones sobre el sistema para la implementación de elecciones con sufragio universal afectan a la seguridad del Estado. En primer lugar, sobre la independencia de Hong Kong como región, no se aplica el principio de autodeterminación de sus residentes. Y lo mismo que se dice sobre la independencia se dice también sobre la interpretación de la Ley Básica que rige las relaciones entre el Estado y la región especial de Hong Kong, tanto por lo que respecta a su presente como a su futuro. Se entiende que todo eso se decidirá, en cualquier caso, en el Gobierno central o con la participación del conjunto del país.

Por otra parte, se entiende que las manifestaciones de los medios de comunicación y líderes políticos occidentales sobre la “revolución de los paraguas” de Hong Kong y el apoyo que le prestan en tanto movimiento a favor de la democratización, son para China un motivo de alarma. También se critica que fuerzas extranjeras estén tratando de inculcar a los hongkoneses el pensamiento occidental, promoviendo un pensamiento anticomunista y antichino.

Esta forma de ver las cosas está íntimamente ligada a la idea de que lo que está ocurriendo con las elecciones en Hong Kong es un problema que afecta a la seguridad nacional del conjunto de China. Se está empezando a oír en toda China que sería necesario aplicar a Hong Kong la Ley de Seguridad del Estado o, de lo contrario, establecer una ley de seguridad del Estado especialmente para Hong Kong.

En otras palabras, ante el enfrentamiento que está ocurriendo entre quienes defienden la democracia y las libertades para Hong Kong, por una parte, y la lógica de la seguridad del Estado para toda China por la otra, se está dando prioridad a la segunda. Y se señala que la democracia y las libertades, como planteamientos occidentales, están penetrando en China y amenazando el dominio del Partido Comunista.

Oposición seguridad-libertades, problema común en el mundo desarrollado

Hasta ahora la dicotomía seguridad del Estado – democracia y libertades está aflorando en Hong Kong, pero el problema afecta al conjunto de China. Últimamente se está tratando de promover el establecimiento de leyes que limiten las actividades en China de las organizaciones no gubernamentales extranjeras (incluyendo las de Hong Kong), ya que la penetración de este “pensamiento occidental” es visto como una amenaza al partido. También al debatirse los temas históricos se problematiza la “influencia occidental” y no pocos historiadores han sido objeto de críticas. Esto representa también un gran problema para Japón y para otros países.

Sin embargo, desde otro punto de vista, este antagonismo o enfrentamiento entre seguridad del Estado, y democracia y libertades no es en absoluto algo que se limite a China. También en los países desarrollados se producen a menudo tensiones entre la lógica de la seguridad nacional o la forma de garantizarla, y los derechos ciudadanos, como la democracia o las libertades.

Cuando se habla sobre el tratamiento de secreto de Estado que se confiere en países como Estados Unidos o Japón a las actividades de inteligencia (espionaje), o se debate el papel de los medios, también hay una tendencia a percibir que la seguridad del Estado está empezando a constreñir la democracia y las libertades. En ese sentido, cuando observamos cómo Gobiernos occidentales criticados por oprimir la democracia y las libertades en nombre de la seguridad del Estado apoyan el movimiento democratizador de Hong Kong, cuesta no ver en ello un ejercicio de funambulismo.

(Escrito el 7 de mayo de 2015 y traducido al español del original en japonés)

  • [09.07.2015]

Editor en jefe de nippon.com. Profesor asociado de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tokio e investigador senior del Instituto de Estudios de Política Internacional. Nacido en Tokio en 1968, en 1992 se graduó de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio, donde se especializó en China. Se doctoró en Historia por la Universidad de Tokio. Ha enseñado como profesor asociado en la Universidad de Hokkaido. Es autor de Chūgoku kindai gaikō no keisei (La formación de la política exterior moderna de China), de Kindai kokka e no mosaku 1894–1925 (Hacia un estado moderno, 1894–1925), y de otras obras.

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