Las grandes incógnitas de Asia Oriental para 2016: el orden pretendido por China y sus problemas políticos internos

Kawashima Shin [Perfil]

[09.03.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | العربية | Русский |

2015, un año amenizado por las divergencias en cuestiones históricas

Tres fueron, a mi entender, los principales focos de debate en Asia Oriental durante 2015. El primero, la cuestión histórica. Se cumplían los 70 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y los 50 de la firma del Tratado de Relaciones Básicas entre Japón y la República de Corea, además de los 40 del fin de la Guerra de Vietnam, una rara acumulación de aniversarios históricos que, como suele ocurrir, no respondían a iniciativas académicas, sino que venían en íntima relación con la situación política que atravesaba cada país y con el ambiente político internacional.

Especialmente en Asia Oriental se está produciendo una gran polarización social. No solo ocurre que en cada uno de los países las divergencias en temas históricos se están convirtiendo en grandes problemas –con los Gobiernos tratando siempre de arrimar el ascua a su sardina– sino que, con el ascenso de China, se están dando cambios en la forma de presentar el conjunto de la historia de esta región del mundo, todo lo cual contribuye a hacer de la historia un tema cada vez más delicado. Como ejemplo de los problemas que afectan a la política interna de cada país puede ofrecerse el de Taiwán, donde han ocurrido serios debates históricos internos, y entre los casos que afectan a la política internacional tenemos la declaración del primer ministro japonés, Abe Shinzō, del día 14 de agosto, por el 70 aniversario del fin de la conflagración mundial, o el desfile militar organizado por el presidente chino, Xi Jinping, para el día 3 de septiembre.

Con todo, echando la vista atrás, hay que decir que durante el pasado año los problemas históricos recibieron, sobre todo en la escena internacional, un tratamiento relativamente restrictivo y que se vieron también planteamientos de futuro tendentes a la reconciliación, como el principio de acuerdo al que llegaron el 28 de diciembre Japón y Corea del Sur para zanjar definitivamente el asunto de las mujeres de solaz del antiguo Ejército Imperial de Japón (conocidas internacionalmente como las “esclavas sexuales”). Sin embargo, aunque los Gobiernos puedan llegar a acuerdos definitivos irreversibles o irrevisables, no cabe esperar que esa “irreversibilidad” se aplique al conjunto de los problemas emanados de las diferentes visiones de la historia. Para comprobar si ciertos asuntos han sido finiquitados será necesario hacer un seguimiento de temas como el traslado a otro lugar de la “estatua de la joven” que fue colocada frente a la Embajada de Japón en Seúl (Corea del Sur) o los antagonismos surgidos a raíz de las nuevas inscripciones en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO. En ese sentido, durante 2016 deberá darse continuidad a estos intentos de reconciliación.

El mar de la China Meridional seguirá siendo clave

Al observar lo que ha ocurrido en Asia Oriental durante 2015 no puede pasarse por alto la forma en que China viene dejando en claro que se considera una gran potencia. Como es ya patente, la diplomacia de Xi dibuja un perfil de China como gran potencia mucho más definido que en la época del anterior jefe de Estado, Hu Jintao. En China se insiste en que el país, como la gran potencia que es, reporta beneficios también a los países que lo rodean. Pero si, retratándose como una gran potencia, ha empezado a ofrecer una nueva imagen de Asia o ciertos bienes públicos internacionales, también ha mostrado una actitud intransigente en cuestiones territoriales y de soberanía.

El mejor ejemplo lo ofrece el Mar de la China Meridional, donde China no solo es intransigente en lo concerniente a la soberanía de las Spratly (conocidas en Japón como Islas Nansa) y otras islas, sino que, además, está construyendo islas artificiales donde solo había escollos o arrecifes y dotándolas de aeródromos. La impresión que reciben tanto los países directamente afectados como el resto, es que China está tratando de cambiar el statu quo.

La administración de Barack Obama hizo frente a la situación lanzando la operación “Libertad de Navegación”, pero esta operación, como su nombre indica, se hace en defensa de esa libertad y otros aspectos del derecho internacional, y no implica ningún cuestionamiento territorial. Estados Unidos, por otra parte, sigue avanzando en su diálogo con China y ha realizado ejercicios militares conjuntos con este país. Por tanto, es muy poco probable que la respuesta norteamericana lleve a China a cambiar radicalmente su política en esa zona marítima.

Sin embargo, el problema se ha convertido ya en motivo de atención para la comunidad internacional en toda su complejidad de enfoques: ¿qué capacidad de respuesta tendrá la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés) frente a estos problemas de soberanía?, ¿cómo se implicará Japón en los problema del Mar de la China Meridional?, ¿qué política desarrollará el nuevo Gobierno taiwanés con respecto a esta área marítima?, etcétera. Habrá que ver cómo evolucionan todos estos importantes asuntos a lo largo del presente año.

La “nueva Asia” que propugna China

Las relaciones internacionales de la región de Asia Oriental se acercan a un momento decisivo. No se trata simplemente de que China se haya convertido en una gran potencia sino, más bien, que está propugnando un nuevo orden en Asia y ha empezado a mostrar su voluntad de ofrecer bienes públicos internacionales como el Banco Asiático de Inversión   en Infraestructura (AIIB, ídem).

Esto representa un gran cambio pues, hasta el momento, han sido países como Japón, Australia o Corea del Sur quienes han aportado ese sentido de orden en la región. La cuestión de cómo se modelará esta nueva Asia que China propone quedó recogida ya en el documento “Concepto de Seguridad en Asia” (2014) y sigue vigente desde entonces.

Durante 2015, en su política exterior frente a los países de su entorno formulada a partir de 2014, China se guió claramente por la máxima “Un Cinturón, una Ruta” (inglés: one belt, one road). La máxima encierra no pocos misterios, pero la intención parece ser condensar en una expresión todas las medidas de política exterior que se han tomado hasta el momento con respecto a esos países de su periferia. En China, esta máxima encierra el sentido de evitar los excesos de producción y de inversión, pero también puede ser entendida, finalmente, como expresión de una actitud de presentar batalla al Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) que se está gestando en la región del Pacífico. Y este es otro tema que seguirá dando que hablar durante 2016.

Y, junto con ese nuevo orden propuesto por China y los problemas de soberanía que ocurren en el Mar de la China Meridional, se presenta el problema de si la ASEAN, de la que se suponía que debería llevar la voz cantante en el proceso de integración regional va a poder conservar su posición central.

Y es que no solo se están presentando nuevos marcos o planteamiento como el TPP o la idea de “Un Cinturón, una Ruta”, sino que dentro de la propia ASEAN se están abriendo grandes interrogantes en cuanto al papel central de la organización en el campo de la cooperación regional, en un contexto en el que a la ASEAN le resulta muy difícil tomar medidas efectivas ante los problemas de soberanía.

La evolución futura de estos asuntos de cooperación y orden regional es otro de los focos de atención para 2016 en Asia Oriental. Y, lógicamente, son problemas que están íntimamente unidos a la situación sociopolítica interna de cada uno de los países y áreas.

Elecciones y movimientos pro democracia

Durante los años 2014 y 2015 el constitucionalismo y la democracia han estado entre los principales problemas internos de los países de Asia Oriental. La llamada “Revolución de los paraguas” de Hong Kong, el “Movimiento del Girasol“ de Taiwán y las polémicas que precedieron y sucedieron en Japón a la aprobación por la Dieta (Parlamento) de una serie de leyes que afectan a la seguridad nacional son exponentes de este fenómeno.

En Hong Kong el problema en torno a la democracia afectaba al propio sistema, mientras que en Taiwán se debatía sobre la pervivencia de ciertas formas dictatoriales y de la efectividad de una democracia de trámite, viva solo en las elecciones que se realizan una vez cada cierto número de años. Puede decirse que problemas similares se han planteado también en Japón.

Este año se celebrarán elecciones en varios lugares de Asia Oriental. La democracia y la evolución futura de la política interna serán grandes retos para cada uno de los países y todo ello tendrá un efecto sobre su política exterior. Las elecciones presidenciales y legislativas de Taiwán, las legislativas surcoreanas y las que renovarán parcialmente la Cámara Alta de la Dieta japonesa están entre ellas.

En Taiwán se ha creado una gran expectación en torno al papel que concederá el Partido Demócrata Progresista, que muy probablemente se alce con la victoria, a las relaciones con la China continental, y cómo tratará el problema del Consenso de 1992. El problema es, en este caso, cómo recoger y reflejar la voluntad popular.

En China no se celebran elecciones democráticas, pero entre 2017 y 2018 se espera una gran renovación de cargos públicos. Habrá que ver si se lleva a cabo el relevo en el Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista y se designa a los sucesores del actual jefe de Estado y del primer ministro siguiendo las normas establecidas. Ambas son grandes incógnitas. En 2016 veremos ya un primer adelanto. La actual administración de Xi, que se ha embarcado en una cruzada contra la corrupción, está mostrando formas muy autoritarias en la política interior. Será de gran interés saber si esta administración se las arreglará para realizar la renovación de cargos siguiendo las normas establecidas a partir de la administración anterior, que estuvo encabezada por Jiang Zemin.

Reformas del ejército y de las empresas estatales

La situación interna de China sigue atrayendo nuestra atención. Para este año son muchos los temas pendientes, además del referido de la renovación de altos cargos. Si en 2015 los temas estrella fueron los asuntos relativos a la interpretación de la historia, el desfile militar y los problemas del Mar de la China Meridional, para este año la atención se concentra en torno a la reforma del ejército.

El 3 de septiembre de 2015, Xi anunció una reducción de los efectivos militares de 300.000 soldados y en la reunión de trabajo del Comité Militar Central celebrada entre los días 24 y 26 de noviembre, se decidió seguir adelante con la reforma militar. Esta reforma incluye aspectos institucionales, organizativos y de equipamiento y, de llevarse a cabo, dará paso a una organización fuertemente centralizada que se convertirá en un firme sostén de la administración de Xi.

Después, la atención se desplazará hacia el problema de las empresas estatales. Las grandes empresas estatales, que cubren los campos nucleares (algunas relacionadas con la seguridad del Estado, otras pertenecientes, en un sentido amplio, al ámbito de la soberanía nacional, las empresas de obras públicas, las del sector energético, las de sectores considerados claves y las de alta tecnología) disfrutan de privilegios como el de recibir financiación prioritaria o un trato preferencial en la concesión de licencias y permisos. Estos privilegios son a veces causa de problemas que afectan a su eficiencia y competitividad. Pero tanto el Gobierno chino como el Partido Comunista quieren mantener bajo su control las industrias más importantes y encuentran en sus responsables firmes apoyos para sostener el sistema político vigente. El problema es que, si no se procede a reformar estas empresas, no se podrá hacer ningún tipo de reforma estructural en la economía del país.

En este contexto, en septiembre de 2015 el Partido Comunista y el Gobierno de China emitieron una directriz para la profundización de las reformas de las empresas estatales. Estas directrices especifican la necesidad de introducir a fondo la economía de mercado, pero también la necesidad de reforzar la vigilancia sobre estas empresas y sobre el patrimonio del Estado en general. Esto opera en dirección contraria a cualquier privatización. El destino de estas reformas dará mucho que hablar en adelante.

Por supuesto, la atención internacional se dirigirá también hacia otros temas, como los movimientos para la democratización y los movimientos independentistas de las diversas etnias del país. Pero los principales focos de interés durante 2016 serán, sin duda, los citados temas de la renovación de los altos cargos y las reformas del ejército y de las empresas estatales. En esta fase de ajustes en la que el país se encamina hacia una época de crecimiento estable que ha sido bautizado como “nueva normalidad”, todas esas medidas y reformas son mecanismos para seguir ofreciendo una imagen exterior de gran potencia de la forma más efectiva y práctica, manteniendo, al mismo tiempo, el dominio del Partido Comunista sobre la política nacional.

Pero en todo ello hay muchos elementos de inestabilidad y no resulta fácil hacer pronósticos.   Y en tanto todas estas situaciones políticas internas obran un fuerte influjo en las políticas exteriores, no estará de más hacer un seguimiento pormenorizado de la evolución de estos problemas internos.

(Escrito el 6 de enero de 2016 y traducido al español del original en japonés)

  • [09.03.2016]

Editor en jefe de nippon.com. Profesor asociado de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tokio e investigador senior del Instituto de Estudios de Política Internacional. Nacido en Tokio en 1968, en 1992 se graduó de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio, donde se especializó en China. Se doctoró en Historia por la Universidad de Tokio. Ha enseñado como profesor asociado en la Universidad de Hokkaido. Es autor de Chūgoku kindai gaikō no keisei (La formación de la política exterior moderna de China), de Kindai kokka e no mosaku 1894–1925 (Hacia un estado moderno, 1894–1925), y de otras obras.

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