La importancia geoestratégica del Acuerdo TPP para la región Asia-Pacífico

Shiraishi Takashi [Perfil]

[03.03.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

El 5 de octubre de 2015, en una reunión en Atlanta, los ministros de Comercio de 12 países —Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos de América y Vietnam— alcanzaron un “principio de consenso” sobre la propuesta del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés).

El TPP, además de eliminar aranceles como un acuerdo de libre comercio tradicional, cubre una amplia gama de asuntos relacionados con esa eliminación de aranceles con un extenso conjunto de normas para el comercio y las inversiones. Así, creará una única zona económica cuyos países miembros representan casi el 40 % del producto interior bruto (PIB) mundial, facilitando el movimiento de bienes, dinero, servicios, información y personas. Se trata de un avance muy importante. El TPP incluye también contenidos progresivos en lo referente a transacciones electrónicas, política de competencia, mano de obra y medio ambiente, campos no cubiertos por el tratado de la Organización Mundial del Comercio (OMC). De esta manera, el acuerdo podrá determinar de forma eficaz los estándares globales para las normas en estos campos. Y en un futuro próximo podrán suscribirse acuerdos sobre la propuesta de tratado de asociación económica entre Japón y la Unión Europea (UE) y sobre la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) entre Estados Unidos y la UE. Con estas acciones, cabe esperar un despliegue global de normas liberales, justas y totalmente transparentes que regirán el comercio y las inversiones internacionales, todo acompañado, como es natural, de ventajas económicas.

Durante los últimos cinco años, el TPP ha sido objeto de importante discordia dentro de Japón. En 2010, en una cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, el primer ministro Kan Naoto anunció la intención de Japón de incorporarse a las negociaciones sobre el TPP, pero la decisión final no la tomó hasta dos años después el primer ministro Abe Shinzō. Y a partir de entonces, las negociaciones tardaron dos años más en cerrarse. La gran resistencia interna hacia el TPP era un reflejo de que amenazaba a muchos intereses creados. La puesta en marcha de este pacto implica importantes reformas estructurales en la economía japonesa.

Ya hemos asistido a muchos debates sobre el significado económico del TPP. Su papel en la construcción del sistema comercial del siglo XXI es ampliamente conocido. Ciertos analistas han hablado del impacto positivo que puede tener en la economía nacional. En un artículo en el Nikkei (Nihon Keizai Shimbun) del 26 de octubre de 2015 se hablaba de una previsión de un aumento de 3,2 billones de yenes en el PIB japonés solo por la reducción arancelaria que comportaría. Y Kawasaki Ken’ichi, veterano miembro del Instituto Doctoral de Estudios Políticos, insinúa que, a medio plazo, el pacto hará aumentar el PIB nipón entre 8 y 10 billones de yenes, o alrededor de un 1,6 %.

El TPP tendrá una gran incidencia no solo a través de la eliminación de aranceles sino también en varias otras formas, como la adopción de normas comunes de inversión y la distensión de las regulaciones. Además, la competencia con empresas y productos extranjeros debería contribuir a una mayor productividad dentro de Japón, puesto que más empresas del país se verían obligadas a mejorar su gestión y a aplicar reformas sistemáticas.

El “reequilibrio” de Estados Unidos respecto a Asia recibe una respuesta positiva

En este artículo me gustaría abordar especialmente la importancia geopolítica del TPP. Es de sobra conocido que este pacto es un elemento importante del “reequilibrio” (o “pivotación”) del presidente Barack Obama en lo referente a la política estadounidense respecto a la zona Asia-Pacífico, como declaró en un discurso ante el Parlamento australiano en noviembre de 2011.

En ese discurso, el presidente Obama declaró que (1) Estados Unidos es una nación del Pacífico, (2) que mantendrá su presencia militar en la región Asia-Pacífico, y (3) que reforzará sus lazos con aliados como Japón, Australia y Corea del Sur y con socios como Filipinas, Indonesia, Singapur e India, comprometiéndose a la cooperación regional y creando lazos políticos. Obama declaró también que Estados Unidos se basará en estos lazos políticos y de seguridad fortalecidos para crear un sistema de comercio internacional libre, justo, abierto y transparente, con el TPP como modelo.

En este sentido, el acuerdo de TPP representa un importante paso adelante en el reequilibrio de Estados Unidos respecto a Asia. Además, refleja la respuesta positiva a este reequilibrio dada por aliados de Estados Unidos como Japón y Australia, además de socios como Vietnam, Singapur y Malasia.

El ascenso de China viene acompañado de tensiones

¿Qué importancia tiene todo esto? Las relaciones internacionales en la zona Asia-Pacífico se han modificado sustancialmente durante estos últimos años después del reequilibrio estadounidense y el ascenso de China, junto con su arrogante comportamiento en los mares de la China Oriental y Meridional y su política de “Un Cinturón, una Ruta”. Y existen también tensiones estructurales entre el sistema de seguridad y el sistema comercial de la región.

El sistema de seguridad de la región está basado en modelo de distribución radial de las alianzas bilaterales centrado en Estados Unidos, en especial sus alianzas con Japón y Australia. Últimamente este marco se asemeja más a una red por la aparición de lazos entre dos países concretos, como Japón y Australia, Japón e India, y Australia e India, o entre tres, como Estados Unidos-Japón-Australia y Estados Unidos-Japón-India, además del progreso de la cooperación relacionada con la seguridad entre Australia y los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés).

En cuanto al sistema de comercio de la región, está basado en un marco trilateral entre China, Japón y otros países asiáticos y Estados Unidos. Esta configuración se complementa con acuerdos de libre comercio entre la ASEAN y otros países, de forma individualizada. El TPP es un elemento más, y este año o el próximo se prevé llegar a un acuerdo sobre la creación de una Asociación Económica Regional Exhaustiva entre la ASEAN y sus socios provenientes de acuerdos de libre comercio.

En general, el modelo que prevalece permite a muchos países de la región Asia-Pacífico beneficiarse enormemente de la cooperación comercial y económica con China, pero en cambio los lazos de seguridad suscritos se decantan casi unánimemente por Estados Unidos. Aunque Estados Unidos y sus aliados pretenden reforzar sus lazos políticos y de seguridad para mantener el equilibrio de poderes en la región, China está aplicando su programa “Un Cinturón, una Ruta”, con iniciativas para fomentar contactos amistosos con sus vecinos y tranquilizarles sobre sus intenciones mediante el fomento de la cooperación económica con ellos, aunque sin sacrificar lo que China denomina sus propios intereses básicos. El reequilibrio estadounidense respecto a Asia y el programa “Un Cinturón, una Ruta” de China son en la actualidad los dos principales elementos que están conformando las relaciones internacionales en la región.

Japón y Australia están actuando como socios cercanos de Estados Unidos en todos los aspectos como seguridad, lazos políticos, cooperación regional y el TPP. Si otros países participantes en el TPP como Vietnam y Malasia consiguen un crecimiento sostenido, y si países como Filipinas, Tailandia e Indonesia acaban uniéndose a él, el TPP será muy importante para el futuro geopolítico no solo de la región Asia-Pacífico sino también de la más amplia región del “Indo-Pacífico”, que se extiende desde el Pacífico hasta el Océano Índico.

Creación de normas para un orden regional

El TPP tendrá también una importancia trascendental en cuanto a la naturaleza de las normas que se adopten en la región. China está presionando a sus vecinos para que acepten las reclamaciones que presenta a través de su Ley de los Mares Territoriales en los Mares del Este y el Sur de China. Pero los países vecinos que tienen reclamaciones opuestas se resisten a esas presiones. Tras la crisis del este asiático de 1997-1998, muchos países de la región acabaron considerando la implicación de Estados Unidos como un riesgo, y trabajaron para construir una comunidad del Este asiático como marco para la cooperación regional, sin la participación estadounidense. Pero el comportamiento de China en los mares de la China Oriental y Meridional de estos últimos años ha hecho comprender a esos países que China representa un mayor riesgo que Estados Unidos.

Tras este escenario, la Cumbre del Este de Asia de 2011 aumentó de la ASEAN+6 a la ASEAN+8 con la incorporación de Estados Unidos y Rusia. Y como parte de su reequilibrio hacia Asia, Estados Unidos propuso la creación de un régimen comercial justo, libre, abierto y totalmente transparente basado en un multilateralismo “no imperial”. El acuerdo del TPP representa un importante paso adelante en la creación de normas multilaterales para un marco de cooperación regional que no se limite al Este de Asia sino que se extienda también por el Pacífico.

No se trata de “contener” a China

Para que esta iniciativa no sea malinterpretada, el propósito de la cooperación Asia-Pacífico no es “contener” a China. En el periodo que abarca desde la crisis económica del Este asiático de 1997-1998 hasta la crisis financiera mundial de 2007-2008, China fue un socio clave en la cooperación regional. Lo que llevó a los vecinos de China a percibir a ese país como un riesgo fueron sus intentos de cambiar el statu quo por la fuerza, como ocurre con su insistencia en reclamaciones territoriales en los mares de la China Oriental y Meridional.

La mayoría de los vecinos de China esperan beneficiarse de su avance económico y su cooperación en la esfera económica. Muchos de ellos, en especial los que no tienen ninguna disputa territorial con China, deben estar enormemente atraídos por su iniciativa “Un Cinturón, una Ruta”. Pero los chinos se equivocarían si creyesen que pueden someter a estos muchos vecinos a su voluntad simplemente a través de la cooperación económica.

Artículo escrito originalmente en japonés y publicado el 1 de enero de 2016. Foto principal: El 18 de noviembre de 2015, los líderes de los 12 países participantes en el TPP celebraron en Manila su primera reunión tras la conclusión satisfactoria de las negociaciones para un acuerdo. © AP/Aflo

  • [03.03.2016]

Es doctor en historia por la Universidad de Cornell. En la actualidad es presidente del Instituto Nacional de Doctorados para Estudios Políticos (en inglés GRIPS, National Graduate Institute for Policy Studies); presidente del Instituto de las Economías en Desarrollo (en inglés IDE, Institute of Developing Economies) de la Organización Japonesa para el Fomento del Comercio Exterior (en inglés JETRO, Japan External Trade Organization); también es miembro ejecutivo del Consejo de Política de Ciencia y Tecnología, Oficina del Gabinete. Es autor, entre otras obras, de Teikoku to sono genkai (El Imperio y sus límites) y Más allá de Japón: La dinámica del regionalismo en el Este Asiático (coeditor). Es jefe de redacción de Nippon.com.

Artículos relacionados
Otras columnas

Últimos vídeos

Últimas series

バナーエリア2
  • Opinión
  • Detrás de la noticia