El modelo familiar de Japón: ¿diversificación o virtualización?

Yamada Masahiro [Perfil]

[14.04.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Al reflexionar sobre el significado de formar una familia se suele tener en cuenta dos aspectos: 1) se trata de un mecanismo para llevar una vida holgada desde el punto de vista económico; 2) sirve para satisfacer el deseo de cariño al convivir con una persona a la que se quiere. Hasta hace algunos años, quienes decidían formar una familia en los países desarrollados lograban satisfacer ambos aspectos a través de un modelo familiar en el que el marido principalmente trabajaba fuera del hogar y la esposa se dedicaba a las tareas domésticas. Sin embargo, en las últimas tres décadas, los cambios que ha experimentado la economía mundial han causado que ese modelo familiar basado en la separación de roles en función del género esté llegando a sus límites.

El agravamiento de la brecha económica tras el final del período de desarrollo económico

Desde la creación de la sociedad moderna hasta aproximadamente el año 1975, el modelo familiar basado en la separación de roles en función del género era un estándar en países industrializados como Estados Unidos, Japón y las naciones europeas. Muchos jóvenes elegían este modelo para formar su propia familia; lo tenían idealizado.

El desarrollo económico de estos países gracias a su industria explica la proliferación de estas familias, ya que los hombres que trabajaban en una empresa tenían garantizados unos ingresos y un empleo estables. Los maridos percibían prácticamente todo el dinero necesario para mantener a su familia, mientras que la mayoría de las mujeres se dedicaba a las tareas del hogar y al cuidado de los hijos tras contraer matrimonio. Además, lo normal era casarse por amor; muchas personas encontraban a alguien con quien pasar el resto de su vida y formaban una familia llena de cariño y con holgura en términos económicos.

Sin embargo, a partir de la Crisis del Petróleo de 1973, el desarrollo económico se ralentiza. Se llega al límite del desarrollo industrial y el modelo económico se centra en el sector servicios, un fenómeno que a menudo se conoce como posindustrialización. Con la llegada de la globalización, las fábricas se trasladan a los países en desarrollo; se produce una automatización y las tecnologías de la información se van imponiendo. Como resultado de esto, aumentan los puestos de trabajo especializados por los que se perciben cuantiosos salarios, pero disminuyen los empleos estables e incrementan el desempleo y los empleos irregulares con sueldos bajos. En otras palabras, comienza la denominada Nueva Economía y la brecha económica se agrava, tal y como afirman los economistas Robert Reich y Thomas Piketty. Consecuentemente, empieza a verse un descenso en la proporción de hombres con ingresos suficientes como para mantener a su mujer e hijos, de ahí que el modelo familiar basado en la separación de roles en función del género llegue a su límite en los países desarrollados.

Revolución del estilo de vida en Europa y Estados Unidos

Sin embargo, a partir de esa misma década de 1970, el estilo de vida de Estados Unidos, los países del noroeste de Europa y Oceanía experimenta una revolución. El movimiento feminista y la liberación sexual llevan a la gente a probar diversas formas de vivir. Las mujeres se incorporan rápidamente al mercado laboral y se les abre la posibilidad de gozar de una independencia económica. Los jóvenes mantienen relaciones sexuales antes del matrimonio; vivir en pareja sin casarse se vuelve algo normal y aumenta el número de hijos nacidos fuera de las uniones matrimoniales. Tras la aceptación del divorcio, la gente tiene la libertad de separarse de su cónyuge cuando la relación no es buena.

Disminuye el número de familias basadas en el modelo de separación de roles en función del género y los tipos de familia se diversifican. Para los jóvenes la prioridad es compartir una vida llena de amor con una pareja con quien tengan una relación estrecha; en lo que respecta al plano económico, tanto el hombre como la mujer trabajan y superan las dificultades con la ayuda de las prestaciones propias del bienestar social.

Al llegar el siglo XXI aumenta el número de países –Holanda, Francia y Reino Unido son algunos ejemplos– que reconocen los matrimonios entre personas del mismo sexo. Por otra parte, naciones del sur de Europa como Italia y España –con la excepción de Grecia–, donde predominaba el modelo familiar basado en la separación de roles en función del sexo, experimentan una diversificación del estilo de vida: se produce un rápido incremento de las parejas que viven juntas o tienen hijos fuera del matrimonio.

Tabla 1. Porcentaje de hijos nacidos fuera del matrimonio

1970 1990 2012
Suecia 18,6 47,0 54,5
Francia 6,8 30,1 56,7
Reino Unido 8,0 27,9 47,6
Estados Unidos 10,0 28,0 40,7
Alemania 7,2 15,3 34,5
España 1,4 9,6 39,0
Italia 2,2 6,5 25,7
Japón 0,9 1,1 2,2

Fuente: La Oficina Europea de Estadística o Eurostat, el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón y el Departamento de Comercio de Estados Unidos.

Japón sigue anclado en un modelo familiar basado en la separación de roles en función del género

En Japón, durante el período de industrialización que abarca desde la posguerra hasta la época de crecimiento económico acelerado, lo normal era un modelo familiar en el que los roles se separaban en función del género. Además, una vez superada la Crisis del Petróleo y hasta el estallido de la burbuja económica en 1992, la situación laboral de los hombres japoneses era muy estable, de ahí que muchos jóvenes formaran una familia en la que el marido trabajaba principalmente fuera de casa y la mujer se dedicaba a las tareas domésticas.

En la segunda mitad de la década de 1990, la globalización llega también a Japón, algo que provoca que la situación laboral de los hombres nipones se vuelva inestable. Aumenta el número tanto de hombres como de mujeres jóvenes con empleos irregulares y los salarios de aquellos que tienen un contrato fijo en una empresa no se incrementan igual que antes. La proporción de hombres capaces de llevar una vida holgada y de mantener a su mujer e hijos disminuye del mismo modo que en Europa y América del Norte.

No obstante, los efectos de la revolución del estilo de vida son limitados en Japón, y la diversificación de las familias no tiene el mismo alcance que en otros países desarrollados.

En primer lugar, analicemos la incorporación de la mujer al mercado laboral. Si bien es cierto que está aumentando el número de mujeres japonesas que trabajan fuera de casa, la tasa de aquellas que se dedican exclusivamente a las tareas domésticas mientras cuidan de los hijos es alta en comparación con otros países desarrollados. Además, dos tercios de las mujeres casadas que trabajan fuera lo hacen por horas. Por consiguiente, la mayoría de los matrimonios vive de los ingresos del marido; los fundamentos del modelo familiar basado en la separación de roles en función del género perduran.

Poco interés en tener pareja

Los efectos de la revolución sexual también son limitados. En 2010, el índice de parejas que conviven sin estar casadas era de apenas un 1,6 %, mientras que en 2014 la tasa de hijos nacidos fuera del matrimonio se situaba en un 2,4 %, una cifra muy baja en comparación con Europa y América del Norte. Sin embargo, aproximadamente un 20 % de los matrimonios que se realizan –unas diez veces más que los nacimientos fuera del matrimonio– se llevan a cabo debido a que la mujer se ha quedado embarazada. Se trata de un dato importante que pone de relieve el arraigo en Japón del modelo familiar tradicional en el que los hijos llegan después de casarse, a pesar de que exista la libertad de tener relaciones sexuales antes del matrimonio.

Además, con la llegada del siglo XXI se observa entre los jóvenes japoneses una tendencia a la pasividad en lo relativo a las relaciones amorosas. Disminuye la proporción de solteros que tienen pareja y la cantidad de personas sin novio que desean uno. Varios estudios revelan que cada vez son más los jóvenes que carecen de interés sexual.

Tabla 2. Relaciones de pareja

Personas solteras con edades comprendidas entre los 20 y los 39 años Con pareja Sin pareja
Ha tenido pareja No ha tenido pareja nunca
Encuesta de 2010 36,2% 37,9% 25,8%
Encuesta de 2015 35,6% 40,8% 23,3%
Personas solteras sin pareja que desean tener una relación. El dato entre paréntesis corresponde a 2010 Hombres
61,5 %
(67,3 %)
20-29 años
58,1 %
30-39 años
66,1 %
Ingresos anuales superiores a los cuatro millones de yenes
79,7 %
Ingresos anuales inferiores a los cuatro millones de yenes
59,9 %
Mujeres
60,1 %
(70,3 %)
20-29 años
57,6 %
30-39 años
64,8 %
Ingresos superiores a los dos millones de yenes
70,7 %
Ingresos inferiores a los dos millones de yenes
52,1 %

Fuente: Informe de la Oficina del Gabinete sobre una encuesta de opinión acerca del matrimonio y la familia.

Consecuentemente, en Japón está disminuyendo el número de jóvenes capaces de formar una familia en la que se separen los roles en función del género y, al mismo tiempo, aumentando la cantidad de jóvenes solteros sin pareja. Esto explica la caída de la natalidad y la tendencia a no contraer matrimonio en el país. En 2010, la tasa de solteros con edades comprendidas entre los 30 y los 34 años era del 47, 3 % para los hombres y del 34,5 % para las mujeres, según datos del Censo.

Como ya se ha mencionado, el índice de parejas que conviven sin casarse es sumamente bajo, mientras que la proporción de personas con pareja ronda el 30 %. Además, una gran parte de quienes están solteros –el 80 % de los solteros con edades comprendidas entre los 20 y los 34 años– vive con sus padres. Son muchos también quienes reciben el respaldo económico de sus progenitores, de ahí que atraviesen dificultades cuando estos fallecen; se prevé que en un futuro cercano aumente rápidamente el número de solteros solitarios.

Una fuerte presión social en torno al modelo familiar tradicional impide la diversificación

¿Por qué se sigue abogando en Japón por un modelo familiar en el que se separan los roles en función del género y las familias no se diversifican?

En primer lugar, existe una fuerte presión social en torno al modelo familiar en el que se separan los roles en función del género debido a cuestiones de sistema, costumbres y conciencia. Tradicionalmente, los hábitos laborales de aquellos que trabajan con contrato fijo en una empresa en Japón se basan en la premisa de que se trata de hombres casados con una mujer que se dedica exclusivamente a las tareas domésticas. Se da por sentado que detrás de cada asalariado hay una ama de casa que se encarga de todo lo relacionado con las labores del hogar y el cuidado y la crianza de los hijos para que el esposo gestione el núcleo familiar entregándose a la compañía y resignándose a largas jornadas laborales. Además, el sistema de pensiones y de seguros sanitarios y sociales está diseñado sobre la base de este modelo familiar, de ahí que se presenten muchos inconvenientes si se elige otro camino.

Por otro lado, en la sociedad japonesa se concede una gran importancia al concepto de las apariencias. La gente no quiere que se la tache de rara si se decanta por un modelo familiar diferente al de una gran mayoría de la población. Por ejemplo, los hombres que deciden ser amos de casa despiertan curiosidad; a día de hoy, quienes encargan las tareas del hogar o el cuidado de los hijos a una tercera parte siguen siendo blanco de críticas. En diciembre de 2015, el Tribunal Supremo dictaminó que la imposición que estipula el Código Civil de que ambos cónyuges lleven el mismo apellido es constitucional, de ahí que no se reconozca el derecho de los esposos a apellidarse de forma distinta. El trasfondo de esta decisión reside en la fuerte presión social que existe en torno a un modelo de familia ya fijado en Japón.

El último de los factores es que se concede una mayor importancia a los vínculos entre padres e hijos que a las relaciones de pareja. Este aspecto se presenta como telón de fondo de la existencia de los denominados “solteros parásitos”, esto es, personas que no han contraído matrimonio y siguen viviendo con sus progenitores. Además, se ha eliminado el deseo de tener una pareja con quien mantener relaciones sexuales, independientemente del modelo de dicha unión, un sentimiento que ha servido de motor para que se produzca una diversificación de las familias en Europa y América del Norte.

Lograr una relación íntima sin pareja

Como ya se ha mencionado, en la actualidad el número de japoneses que contraen matrimonio o tienen pareja está disminuyendo y, por lo tanto, son cada vez más los solteros sin novio. Ante esta situación, uno se pregunta cómo logran satisfacer su deseo de intimidad estas personas. Al hablar de lo que se espera de una relación estrecha se pueden diferenciar tres aspectos, a saber: la comunicación, los sentimientos románticos y el apetito sexual. A día de hoy, en Japón se está afianzando la tendencia a satisfacer estos deseos a través de una familia virtual.

Si se convive con los padres y la relación con ellos es buena, se puede mantener la comunicación, de la misma forma que esta puede ser activa con los amigos del mismo sexo. El desarrollo de las redes sociales ha hechos posibles los intercambios con las amistades con las que uno se entiende bien incluso si no se las puede ver a diario. Por otra parte, existen también las denominadas “familias con mascota”, esto es, quienes tienen un animal de compañía al que tratan como si fuera un miembro más del núcleo familiar; son muchos los solteros que satisfacen su deseo de intimidad de esta forma.

En cuanto a los sentimientos románticos, existen muchas personas que los satisfacen a través de su devoción hacia personajes de videojuegos o cómics, o idols u otras figuras famosas. Es posible vivir un romance virtual en lo que calificaríamos de mundo bidimensional o de dos dimensiones y media. Además, se ha creado todo un negocio dedicado a que los hombres satisfagan sus sentimientos románticos hacia las mujeres. Algunos ejemplos son los clubes nocturnos, los bares donde se puede beber y charlar con chicas –kyabakura en japonés–, los maid café o la denominada “industria JK”, que ofrece servicios como la posibilidad de pasear junto a una adolescente (debe su nombre a que JK son las siglas informales del vocablo joshikōsei, chica que estudia en un instituto de educación secundaria superior). En otras palabras, se puede tener esa sensación de romanticismo de forma pasajera por un precio. En circunstancias como las mencionadas es posible desarrollar una comunicación similar a la propia de una relación amorosa.

Respecto al apetito sexual, la generalización de los dispositivos audiovisuales e Internet ha facilitado a los hombres el acceso a contenidos pornográficos. Además, son muchos los que recurren a los servicios que ofrece la industria del sexo.

La proliferación del amor y las familias virtuales

Existen en Japón aproximadamente diez millones de solteros jóvenes que no tienen pareja; de ellos, cuatro millones afirman no quererla. El aumento de las personas que eligen esta forma de vida ha resultado en una proliferación de los mecanismos para que puedan satisfacer su deseo de intimidad aunque no tengan alguien con quien mantener relaciones sexuales, a saber: el amor y las familias virtuales.

El autor junto a una camarera en un maid café de Hong Kong.

No cabe duda alguna de que existen personas solteras con pareja o casadas que disfrutan también de este tipo de relaciones virtuales. Desde hace tiempo viene habiendo matrimonios que deciden tener una mascota, mujeres casadas que admiran a las actrices de Takarazuka y hombres casados que frecuentan clubes nocturnos. Estas personas consideran que las relaciones virtuales son un añadido del que pueden disfrutar al mismo tiempo que mantienen las reales. Sin embargo, lo que prolifera ahora es la gente que carece de vínculos reales y satisface sus necesidades solo a través del amor y la familia virtuales.

Por otro lado, los mecanismos que posibilitan este amor y estas familias virtuales se están exportando a todo el mundo, principalmente a otros países de Asia. Un ejemplo son las cafeterías con gatos, que se están expandiendo fuera del territorio japonés. Los dibujos animados y las idols, además de los maid café, tienen aceptación internacional, particularmente en otras naciones asiáticas.

¿Existe entonces una diversificación de las familias en Japón?

Con todo, en Japón están empezando a formarse diferentes tipos de familia. En 2015, el distrito tokiota de Shibuya aprobó y adoptó una ordenanza para la expedición de un certificado que reconoce la relación entre las personas del mismo sexo que conviven juntas como “equiparable al matrimonio”, una medida que abrió el camino hacia la creación de un registro oficial de parejas homosexuales. Por otra parte, ha dejado de ser raro compartir vivienda con personas con las que no se tiene ningún vínculo sanguíneo, y se está empezando a notar la existencia de hogares en los que la mujer trabaja fuera de casa y el hombre queda a cargo de las tareas domésticas. Si la sociedad acepta diferentes modelos familiares, es posible que aumente el número de jóvenes que den prioridad al deseo de convivir con alguien a quien quieran.

¿Seguirán virtualizándose las familias japonesas o, por el contrario, se producirá una revolución del estilo de vida que lleve a un resurgimiento de diversos tipos de relaciones familiares verdaderas? Sea como sea, Japón está viviendo una época de transformación del modelo familiar.

(Traducción al español del original en japonés escrito el 8 de febrero de 2016)

  • [14.04.2016]

Nacido en Tokio en 1957. Cursó estudios de doctorado en la Escuela de Sociología de la Universidad de Tokio, que interrumpió en 1986. Es profesor en la Facultad de Literatura de la Universidad de Chūō desde 2008. Se ha especializado en sociología de la familia, sociología de los sentimientos y estudios de género. Entre sus obras, destacan Parasaito shinguru no jidai (La era de los solteros parásitos; Chikuma Shinsho, 1999), Shōshi shakai Nihon: Mō hitotsu no kakusa no yukue (Japón, país sin niños: ¿qué pasará con la otra brecha?; Iwanami Shoten, 2007) o Kazoku nanmin (Refugiados familiares; Asahi Shimbun Shuppan, 2016).

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