Hacer las paces con la historia: Hiroshima y Gernika

Chino Keiko [Perfil]

[16.12.2016] Leer en otro idioma : 日本語 |

La visita a Hiroshima, ciudad que sufrió el bombardeo atómico, realizada en mayo de 2016 por el presidente estadounidense Barack Obama, y el acuerdo obtenido en diciembre de 2015 entre los Gobiernos de Japón y Corea del Sur en torno al tema de las “mujeres de solaz” (japonés: ianfu; inglés: confort women) son dos significativos acontecimientos que nos demuestran que, aunque “hacer las paces con la historia” pueda ser difícil, no es en absoluto imposible. Y fue precisamente eso lo que he sentido este año, al visitar la pequeña ciudad de Gernika (País Vasco, norte de España).

El Guernica, devuelto a su país tras la muerte de Franco

La ciudad de Gernika es conocida por la obra Guernica, uno de los cuadros más representativos de Pablo Picasso, aunque probablemente el cuadro siga siendo más famoso que la ciudad.

El 26 de abril de 1937, durante la Guerra Civil española, en la que contendieron el Frente Popular y el ejército comandado por el general Francisco Franco, las Fuerzas Aéreas de la Alemania nazi, que apoyaban a los franquistas, bombardearon de forma indiscriminada esta ciudad, lo cual llevó a Picasso, que recibió la noticia en París, a pintar de un solo impulso esta monumental obra de 3,45 metros de altura y 7,7 m de anchura, en señal de protesta contra los bombardeos y de duelo por las vidas perdidas. La fama del cuadro se extendió rápidamente por todo el mundo.

Esta pintura, que durante mucho tiempo estuvo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, regresó por primera vez a su patria en 1981, cuando Franco ya había muerto, y actualmente está expuesta en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid.

Visitar Gernika era un viejo sueño que alimentaba desde que vi por primera vez la pintura en el museo neoyorquino. La Gernika que vi cuando, procedente de Bilbao, principal centro urbano del País Vasco, llegué allí tras un viaje de 40 minutos en autobús, era una ciudad verde, silenciosa y de ambiente sosegado, en la que ya no quedaba ningún rastro del bombardeo.

Un museo para el recuerdo, un museo para el futuro

La memoria de la guerra es transmitida ahora por el Museo de la Paz de Gernika, que abrió sus puertas a los visitantes nacionales y extranjeros en 2000. El carácter de esta institución se condensa en su lema: “Un museo para el recuerdo, un museo para el futuro”. Y es que no solo se ocupa del bombardeo como tema histórico: con vocación de futuro, afronta con entusiasmo problemas como la educación para la paz o los derechos humanos. Durante mi visita al museo, coincidí con un grupo de algún país europeo que hacía un viaje de estudios centrado en la paz.

El museo se articula en torno a tres preguntas: ¿Qué es la paz? ¿Qué legado nos ha dejado el bombardeo de Gernika? ¿Qué pasa actualmente con la paz en el mundo? La sala que transmite la realidad del bombardeo tiene suelo transparente, bajo el cual pueden verse escombros y otros restos de las explosiones. Las paredes están cubiertas por pósters de la época, que transmiten consignas bélicas, y por octavillas en las que se pedía a la población ayudara a sufragar la guerra. Además, a través de un prisma que tiene la obra de Picasso por motivo, se nos invita a partir del Guernica para pensar en profundidad en los conflictos, las guerras y la paz. Este es el ambiente que domina otra de las salas.

Frente al Museo de la Paz de Gernika (izquierda). Restos recuperados de los escombros del bombardeo pueden verse bajo el suelo transparente de la sala (derecha).

Por eso, serán muchos los japoneses que, al visitar el museo, de la forma más natural, piensen en Hiroshima. Por supuesto, los dos bombardeos difieren tanto por sus motivos como por su trasfondo histórico, por el tipo de bombas que se utilizaron y por los daños sufridos. Pero, desde sus respectivas posiciones -la una como primera ciudad en sufrir un bombardeo aéreo indiscriminado, la otra como primera ciudad en sufrir un bombardeo atómico-, es como si las dos tuvieran la misión de transmitir a las generaciones venideras errores y tragedias que no deberían repetirse, y renaciendo de sus cenizas, siguieran lanzando al mundo un mensaje de paz.

El “Kids’ Guernica”, un proyecto que se extiende por el mundo

De hecho, Gernika, Hiroshima y otra ciudad igualmente víctima de un bombardeo, Nagasaki, están unidas por un vínculo. Este verano se ha celebrado en las dos ciudades japonesas una exposición inspirada en la obra de Picasso cuyo título es “Kids’ Guernica”. Se trata de un proyecto artístico iniciado en 1995 que proporciona lienzos de igual tamaño al de la pintura de Picasso para que los niños vayan expresando en ellos su visión de la paz. Posteriormente, en 2000, el proyecto se dotó de un Comité Internacional y los lienzos comenzaron a viajar por el mundo. Hasta ahora, el proyecto se ha extendido a 45 países y cuenta con más de 210 pinturas de la paz.

Pensándolo bien, es un proyecto que se adecúa muy bien al Guernica de Picasso, que primero viajó de París a Nueva York, de ahí a España y en España permaneció en el Museo del Prado antes de ser trasladado al Centro de Arte Reina Sofía.

La ciudad de Gernika también trató de hacer valer sus derechos para acoger la obra, pero sin éxito, lo cual se ha tratado de compensar de alguna forma poniendo una reproducción de la misma que el paseante descubre en un rincón del tranquilo caserío de la ciudad. Así que la obra es ya parte de la ciudad para sus vecinos.

Pero no deja de tenerse la sensación de que, en realidad, Gernika constituye una excepción. Hacer las paces con la historia, en lo relacionado con la guerra civil, es todavía en España una asignatura pendiente. La española y el resto de las guerras civiles dividen a la población en dos bandos lo que las hace, en cierto sentido, más crueles que el resto de las guerras y dificulta la reconciliación.       

Reproducción del Guernica en un rincón de la ciudad homónima.

Profundas diferencias en la valoración de Franco

La polémica surgida en torno a la conservación del Valle de los Caídos, un monumento situado en las montañas del municipio de San Lorenzo de El Escorial, a una hora en autobús de Madrid, en el que se enterró a parte de quienes perdieron su vida en la Guerra Civil, ejemplifica lo difícil que es hacer las paces con la historia cuando se trata de una guerra civil. La construcción del monumento fue promovida por el vencedor de la guerra, Franco, que utilizó para las duras labores de construcción a los presos políticos y partidarios del otro bando, siendo los enterrados, en un principio, solo franquistas. El propio Franco descansa aquí.

Si bien se han alzado algunas voces a favor de trasladar la tumba de Franco a otro lugar y hacer que el monumento represente tanto a unos como a otros, otras voces valoran positivamente la figura de Franco por la forma en que consiguió que la transición hacia el nuevo régimen monárquico fuera pacífica. Con la basílica perfectamente integrada en el paisaje, el Valle de los Caídos es de una gran belleza, pero los jóvenes consideran que no es un lugar popular y, de hecho, no suelen visitarlo. La opinión pública española sigue dividida, es un problema delicado, cargado de connotaciones políticas y esa debe de ser la razón, pero precisamente por eso las dos “Guernicas” (la ciudad y la pintura) tienen un significado nada despreciable y un papel que sigue vigente. El próximo año se recordarán los 80 años de aquel bombardeo.

Cruz y basílica del Valle de los Caídos.

(Escrito el 7 de noviembre de 2016 y traducido al español del original en japonés.)

Fotografía del encabezado: el Valle de los Caídos desde la lejanía. (Las fotografías del titular y del artículo han sido proporcionadas por la autora del artículo.)

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  • [16.12.2016]

Nacida en Yokohama, en 1967, se graduó por la Universidad de Waseda e ingresó en la plantilla del periódico Sankei Shimbun. Tras pasar por el Yūkan Fuji y trabajar como corresponsal en Manila, ocupó los cargos de directora de la delegación en Nueva York, directora del Departamento Exterior, miembro del Comité Editorial, entre otros. Entre 2005 y 2008 fue directora del Comité Editorial. Actualmente, es miembro invitado del Comité Editorial. En 1997 recibió el Premio de Periodismo Internacional Vaughn-Ueda por su trabajo sobre el Sudeste de Asia. En septiembre de 2015 publicó Nihon wa ASEAN to dō tsukiau ka: Beichū kōbō jidai no shinsenryaku (¿Cómo enfocar la relación con ASEAN?: Una nueva estrategia para una época de antagonismo chino-estadounidense; Sōshisha). Es también autora de Josei kisha (La mujer periodista; Sankei Shuppan) o Naze dokusai wa nakunaranai no ka (Por qué no desaparecen las dictaduras; Kokudosha), entre otras obras.

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