Lafcadio Hearn y el judo

Sanada Hisashi [Perfil]

[17.01.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | Русский |

El escritor Lafcadio Hearn, que presentó el judo al resto del mundo, sentía fascinación por esta disciplina, que se sirve de la fuerza del rival. Analizamos el papel que ha desempeñado este arte marcial en potenciar esa flexibilidad que ha permitido a los japoneses aceptar las culturas extranjeras.

La fuerza propia no lo es todo

¿Qué motivó la llegada del judo a otros países? Las diferencias fundamentales entre las destrezas de este arte marcial japonés y la de las distintas formas de lucha de Occidente. Ni que decir tiene que a la hora de combatir vence quien demuestre una mayor fuerza. Sin embargo, en el judo no es este siempre el caso, e incluso la parte débil puede resultar victoriosa; esto tiene su explicación en el uso hábil de la capacidad del adversario. El escritor Lafcadio Hearn, conocido en Japón como Koizumi Yakumo, fue uno de los encargados de transmitir esto a Europa y Norteamérica.

Lafcadio Hearn dedicó su obra a transmitir las peculiaridades de las costumbres y la cultura japonesas de una forma casi siempre positiva (Jiji Press).

Hearn, conocido por obras como Kwaidan (Cuentos fantásticos). Historias y estudios de extrañas cosas, nació en 1850 en la isla griega de Léucade. Tras haber vivido en Inglaterra y Estados Unidos, llegó a Japón en 1890. Sentía un gran interés por la cultura nipona y contrajo matrimonio con Koizumi Setsuko. Además de impartir clases en la universidad, se dedicó a viajar por el archipiélago nipón y a redactar ensayos sobre las peculiaridades de la cultura de Japón con los que presentarla en Europa y Norteamérica.

En 1891 siguió el consejo del profesor Kanō Jigorō, que en aquel entonces dirigía la escuela secundaria que posteriormente se convertiría en la Universidad de Kumamoto, y se mudó al homónimo lugar para impartir clases de inglés. Hearn, que sentía un gran interés por la cultura japonesa, acudía al dōjo en el que practicaban judo los estudiantes de Kanō. Así plasmó la sorpresa que le despertaba esta disciplina:

“Cuando uno se convierte en maestro de judo, no depende su propia fuerza. Incluso si se trata de una situación de máximo peligro, casi no se hace uso de ella. La capacidad del rival es la manera de derribarlo. Cuanto mayor sea el poderío del oponente, mayor será también su desventaja y, por consiguiente, el beneficio propio.”(*1)

Hearn transmitió esa idea de que la esencia del judo reside en ganar aprovechando la fuerza del contrincante. La noción de la disciplina que fascinó al autor griego es la del profesor Kanō. No obstante, no se limitó a difundir esto, sino que se sirvió del arte marcial para retratar las peculiaridades de la cultura japonesa propia de la modernización:

“Los occidentales preveían que los japoneses emplearían todo lo que fuera suyo, desde la vestimenta hasta las costumbres. Había quienes creían que era posible que llegara el día en que se promulgaría un mandato imperial y el pueblo se convertiría al cristianismo. Sin embargo, esta fe ciega tiene su explicación en el desconocimiento de las profundas capacidades de esa raza, de su raciocinio, de su peculiar mentalidad orgullosa de larga data. Ni por asomo se imaginaban los occidentales que en Japón se habían consagrado a la práctica del judo. De hecho, en aquel entonces en Occidente todavía no sabían de qué se trataba, pero todo giraba en torno a esta disciplina.”

La flexibilidad de los japoneses, algo nuevo en Occidente

No todos los japoneses practicaban judo, pero en su esencia de aprovecharse del adversario para derrotarlo se pueden apreciar las peculiaridades del pueblo nipón y de su cultura. A este respecto, Hearn escribía sobre cómo los occidentales no debían subestimar a los japoneses:

“En resumidas cuentas, si en Japón eligen la esencia de la industria y las ciencias aplicadas de Occidente, o aspectos como la economía, la hacienda y el derecho, será suficiente si la nación puede servirse de ello. Además, en Japón solo emplean lo mejor de lo mejor de Occidente y realizan los cambios necesarios para adaptarlo a las necesidades nacionales.”

“En su propio país, aunque conservan las cosas tal y como eran en otros tiempos, a decir verdad, la fuerza del adversario se traduce en todos los beneficios posibles para la nación. Hasta la fecha, Japón se ha venido protegiendo mediante el judo, una forma de autodefensa digna de admiración de la que no había oído hablar antes; de hecho, continúa haciéndolo.”

Esto lo escribió justo antes de la guerra sinojaponesa, pero en Europa y Norteamérica se publicó inmediatamente después del conflicto, en 1895, época en la que Occidente comenzaba a interesarse por Japón. Su obra Higashi no Kuni kara: kokoro recibió una gran atención tras publicarse múltiples veces en Nueva York y Londres.

A partir de ese momento, aumenta el número de extranjeros que van al Kōdōkan; políticos, diplomáticos y educadores van acudiendo a visitarlo. Por ejemplo, 40 funcionarios británicos, tenientes generales y capitanes de la Armada británica, así como John Dewey, profesor de la Universidad de Columbia, y Elizabeth Hughes, de la Universidad de Cambridge, además de otros docentes de la de Yale; iban allí para comprobar que el verdadero éxito de la modernización de Japón se encontraba en este lugar dedicado al judo.

Para los europeos y los norteamericanos, la noción de aprovecharse del adversario para vencerlo era novedosa. Hearn, que describió la modernización de Japón a través del judo de Kanō Jigorō, se convirtió en una de las figuras encargadas de divulgar esta disciplina. Además, el nombre del profesor Kanō fue divulgándose por Europa y Norteamérica.

Inauguración de una estatua del profesor Kanō Jigorō, creador del judo, el 24 de septiembre de 2016 en Primorie, Rusia (imagen cortesía de las autoridades de Primorie).

Una de las virtudes de los japoneses que no debe olvidarse es esa flexibilidad para incorporar en su vida, con acierto, elementos de las culturas extranjeras, tal y como señaló Hearn; este es uno de los puntos interesantes de su percepción de lo japonés. Se trata del concepto de amoldarse con maña a la fuerza del oponente y mejorarla según le convenga a uno. Es la técnica que explica la larga historia de los japoneses aceptando culturas del continente asiático. Y puede decirse que el judo se originó sobre la base de esa cultura.

Imagen de la cabecera: Estatua que representa el momento en el que el profesor Kanō Jigorō le entrega el cinturón negro de judo a Vasiliy Sergeyevich Oshchepkov  (imagen cortesía de las autoridades de Primorie)

(Traducción al español del original en japonés)

(*1) ^ De la obra Higashi no Kuni kara: kokoro, sin traducción al español.

  • [17.01.2017]

Director y profesor del Departamento de Educación Física de la Universidad Tsukuba. Además, asesora al Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020 y dirige la Academia Olímpica Japonesa. En 1983 terminó sus estudios en deporte en la misma institución académica donde ahora enseña. En 2007 se doctoró en Educación Física por la Universidad Waseda. En 2015 recibió el galardón Príncipe Chichibu a la Medicina y la Ciencia Deportivas. Entre sus obras, destaca Kanō Jigorō ni yoru Kantō Daishinsai (1923nen) go no Sports ni yoru Fukkō no Kokoromi (La visión de Kanō Jigorō sobre los intentos de recuperación a través del deporte tras el Gran Terremoto de Kantō de 1923), Olympic Movement ni Okeru Paralympic no Ichizuke (La posición de los Juegos Paralímpicos en el movimiento olímpico) y Shakai no nakade Hatasu Sports no Yakuwari (El papel que desempeña el deporte en la sociedad).

Artículos relacionados
Otras columnas

Últimos vídeos

バナーエリア2
  • Opinión
  • Detrás de la noticia