20 años de retraso: las mujeres en la política japonesa

Miura Mari [Perfil]

[06.07.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Japón es uno de los países del mundo donde las mujeres participan menos en política. En este artículo identificamos las causas endémicas de esta situación y presentamos algunas propuestas concretas para mejorar la representación femenina en el panorama político nipón.

La proporción de mujeres en la Dieta japonesa corresponde a la media mundial de hace 20 años

Japón anda escandalosamente rezagado en cuestión de participación femenina en la esfera política. Su presencia en la Dieta es del 9,5 % en la Cámara Baja y del 15,7 % en la Cámara Alta. Su porcentaje en la Cámara Baja sitúa a Japón en el número 156 de una lista mundial compuesta por 191 países (datos de enero de 2016). Además Japón figura entre los 38 países donde las mujeres suman menos del 10 % en la Cámara Baja.

Actualmente el porcentaje medio mundial de diputadas en la Cámara Baja es del 22 %, el doble que cuando se celebró la Conferencia Mundial de la Mujer de Pekín en 1995. Japón pasó del 2,7 % (14 mujeres) en las elecciones generales de 1993 al 9,5 % (45 mujeres) —más del triple— en las de 2014. Y, sin embargo, sigue estando al nivel de la media mundial de hace veinte años.

Proporción de diputadas en Asia (Cámara Baja)

Posición entre 192 países y regiones del mundo País %
20 Timor Oriental 38,5
21 Taiwán 38,1
48 Nepal 29,5
54 Filipinas 27,2
67 Vietnam 24,3
70 Singapur 23,9
72 China 23,6
105 Indonesia 17,1
112 Corea del Norte 16,3
112 Corea del Sur 16,3
145 India 12,0
153 Malasia 10,4
155 Myanmar 9,9
157 Japón 9,5
172 Tailandia 6,1
175 Sri Lanka 5,8

Fuente: datos de la Unión Interparlamentaria (enero de 2016), con la información de Taiwán añadida.

A pesar de que el porcentaje de mujeres es superior en la Cámara Alta que en la Baja, sigue encallado por debajo del 20 %. El punto de inflexión para la presencia de mujeres en la Dieta llegó en 1989 con el llamado Madonna Boom, promovido por Doi Takako, la cabeza del Partido Socialista: con la entrada de 9 nuevas parlamentarias (11 si incluimos las elecciones parciales), el número de diputadas de la Cámara Alta pasó de repente del 6–7 % que era habitual al 17,5 %. A partir de entonces la cifra ha ido fluctuando, alcanzando una máxima del 21,5 % en 2007.

Barreras en la carrera política de las mujeres de todo el mundo

Por norma general, la representación femenina en la política no aumenta mientras las mujeres no participan plenamente en el mundo laboral, ya que la población de candidatas resulta limitada si pocas mujeres trabajan. Aun así, la proporción de mujeres en la política no crece necesariamente al aumentar la de mujeres trabajadoras. El hecho de que el porcentaje mundial de parlamentarias ronde un discreto 20 % indica la existencia de barreras estructurales comunes que dificultan el acceso de las mujeres a la política.

La primera de estas barreras es el rol tradicional enquistado de las mujeres como cuidadoras de la familia, que les priva del tiempo necesario para la labor política. Los hombres diputados no solo se ven exentos de las responsabilidades familiares, sino que además la familia suele ser un recurso de apoyo a sus carreras. Las mujeres, por lo contrario, suelen renunciar a la política para consagrarse a responsabilidades familiares como la crianza de los hijos.

La segunda barrera son los estereotipos de género. Al predominar en la sociedad una firme consciencia de que la política es un mundo de hombres, las mujeres que aspiran a la política lo tienen más difícil para reunir el apoyo necesario de los votantes masculinos. Y, si se comportan igual que sus colegas diputados, se puede interpretar como una traición hacia los votantes que las eligieron precisamente por su condición de mujeres.

El reparto de las obligaciones familiares y laborales, y los estereotipos de género son dos factores que entorpecen la participación de las mujeres en política, pero no son los únicos. Otro factor tiene que ver con los encargados de seleccionar y promover a los candidatos de cada partido: los hombres eligen a los candidatos basándose en sus experiencias de éxito pasadas y en los prejuicios de género, por lo que se decantan por hombres similares a sus predecesores. Asimismo, como tanto hombres como mujeres tienden a moverse en redes homosociales en que se relacionan con personas de su propio sexo, las mujeres ni siquiera aparecen en los radares de los hombres.

La oposición, poco predispuesta a presentar candidatas

En Japón el problema también se alimenta de factores propios del país. Uno de ellos es la idiosincrasia de la competición entre partidos. En muchos otros países los partidos presentan a mujeres candidatas para captar el voto femenino y así sumar escaños. Cuando dicha estrategia funciona, el resto de los partidos también presenta más candidatas para no perder el voto de las mujeres, con lo cual aumenta la representación femenina. Los partidos de centroizquierda son habitualmente los primeros que apuntan al voto femenino, y luego la iniciativa se extiende entre los partidos más conservadores.

El Madonna Boom del Partido Socialista seguía la tendencia que mencionábamos arriba, difundiendo una sensación de crisis que motivó al Partido Liberal Democrático (PLD) a promover un mayor número de candidatas entre sus filas. Sin embargo, en el movimiento de la reorganización de partidos de los años noventa el Partido Socialista se transformó en el Partido Socialdemócrata y perdió fuelle, cediendo paso al Partido Democrático de Japón como líder de la oposición. Pero este último no logró calar entre las mujeres y tampoco se movilizó para buscar el voto femenino.

En la primera década del siglo XXI el PLD fue el partido que empezó a presentar más mujeres. En las elecciones generales de 2005 salieron elegidas 26 diputadas, 16 de las cuales estrenaron escaño, y la presencia femenina en la Cámara Baja se triplicó. Bajo el mandato del primer ministro Koizumi Jun’ichirō, el PLD aplicó un sistema de cuotas para colocar mujeres a la cabeza de la lista de escaños de representación proporcional, y logró sumar seis nuevas diputadas. Aunque el partido no siguió empleando el sistema de cuotas posteriormente, el número de candidatas nunca se redujo después, y, con la excepción de la estrepitosa derrota electoral del partido en 2009, salieron elegidas 23 diputadas en 2012 y hasta 25 en 2014.

El Partido Democrático de Japón (PDJ) aumentó su número de candidatas en 2009, año en que ganó las elecciones y ascendió al poder. El nuevo partido gobernante contaba con 40 parlamentarias en la Cámara Baja, superando por primera vez el 10 % con un 11,3 %. Aun así el PDJ no mantuvo el interés en presentar mujeres candidatas en elecciones posteriores.

Hay países que siguen un patrón en que los partidos de centroizquierda intensifican la presencia de candidatas tras sufrir una derrota. Pues el PDJ (Minshutō), que actualmente encabeza la oposición fusionado en el Partido Democrático (Minshintō), se desvía de la tendencia mundial y por eso la proporción de mujeres en la Dieta japonesa sigue sin despuntar.

Otro factor que explica la situación japonesa es el hecho de que, en las iniciativas para incentivar la presencia femenina en la Dieta de los últimos años (las Koizumi Children de 2005 y las Ozawa Girls de 2009), las candidatas fueron seleccionadas por hombres, a diferencia de lo que sucedió en el Madonna Boom de 1989.

Es difícil atraer el voto femenino cuando son los hombres los que eligen a las candidatas. Hasta que los partidos no cuenten con mujeres líderes que conecten con las votantes, será imposible crear una nueva cultura política orientada al equilibrio entre géneros.

Asia se apunta a las cuotas

El principal motivo por el que la media mundial de mujeres diputadas se ha duplicado en veinte años es la adopción de los sistemas de cuotas. Hoy en día en más de120 países se aplica algún tipo de cuota. Existen dos tipos básicos: uno para reservar una cierta proporción de escaños a las mujeres y otro para determinar qué proporción de las candidaturas deben estar constituidas por mujeres. Las cuotas pueden aplicarse tanto solo para mujeres como para ambos sexos, y la distribución suele oscilar entre el 10 % y el 60 %.

Las cuotas de género aparecieron en los años setenta, cuando los partidos —especialmente del norte de Europa— empezaron a introducirlas por iniciativa propia. En los noventa se impusieron legalmente en varios países latinoamericanos, y ahora se están difundiendo por Europa. También están proliferando en Asia, donde ya hay dos Gobiernos que las imponen por ley y han logrado que la relación de diputadas supere el 30 %: Timor Oriental (38,5 %) y Taiwán (38,1 %). Taiwán emplea un método muy particular que combina los escaños reservados con las cuotas de candidaturas. Corea del Sur también ha adoptado las cuotas por ley, y ahora cuenta con un 17 % de mujeres en el Parlamento.

Garantizar la paridad de géneros por ley

En estos últimos años el sistema de cuotas está perdiendo popularidad frente al concepto de la paridad, cuyo fin es alcanzar una participación equitativa entre hombres y mujeres en la toma de decisiones como principio fundamental de la democracia.

El concepto de paridad se puso en boga gracias a una ley aprobada en el año 2000 en Francia. En estos años su difusión se está acelerando, y ocho países de Latinoamérica ya han sustituido las leyes de cuotas por leyes de paridad. Mientras que las cuotas se consideran medidas especiales provisionales, la paridad representa un principio democrático universal. Japón, que lleva veinte años de retraso respecto al resto del mundo en este campo, debe empezar por introducir el concepto de la paridad para poder ir transformando el statu quo.

Yo abogo por establecer el principio de la proporcionalidad de géneros en la Ley de Elecciones a Órganos Públicos para garantizar el concepto de paridad. Esto consistiría en lograr que la proporcionalidad de la población, que se divide por sexos al 50 %, se reflejase en la esfera de la toma de decisiones. Como el principio se aplicaría a ambos sexos, no se podría alegar que constituye una discriminación contra los hombres, y abriría las puertas a la inclusión del llamado tercer sexo en un futuro.

El sistema de doble nominación es un tapón

Un comité multipartidista de diputados de la Dieta dirigido por Nakagawa Masaharu, Noda Seiko y Kōda Kuniko ha redactado el borrador de la Ley para la Promoción de la Participación Equitativa de Hombres y Mujeres en Política, un texto que introduce el principio de la paridad. Si se aprueba, los partidos se verán obligados a esforzarse por respetar la paridad de sexos en el número de candidatos presentados. Eso facilitaría a la sociedad civil presionar a los partidos políticos para aumentar el número de candidatas.

El comité también va a enmendar la Ley de Elecciones a Órganos Públicos para que los partidos puedan incluir hombres y mujeres de forma alterna en las listas de candidatos de representación proporcional a la Cámara Baja. En estos momentos son un obstáculo las regulaciones que permiten nominar al mismo candidato por partida doble —en la lista de distritos electorales uninominales y en la de representación proporcional— y situar a varios candidatos en la misma posición de la lista. El orden de precedencia entre varios candidatos con la misma posición se determina mediante el llamado sekihairitsu (‘proporción del mejor perdedor’): se divide el número de votos de escaño uninominal obtenido por cada candidato por el número obtenido por el ganador, y los candidatos con la proporción más alta tienen preferencia en la lista.

La mayoría de los grandes partidos tienden a alinear a todos los candidatos doblemente nominados en el primer o el segundo puesto de la lista. Los candidatos de escaños de representación proporcional suelen estar primeros, o bien detrás de los candidatos doblemente nominados. Como en los distritos electorales uninominales hay pocas mujeres candidatas, el único modo realista de aumentar su número para los escaños de representación proporcional es colocándolas a la cabeza de la lista.

La doble nominación de candidatos y la colocación de múltiples candidatos en la misma posición de la lista contradicen el principio de las listas cerradas. Con las listas cerradas los partidos tienen la responsabilidad de definir el orden de precedencia de los candidatos; los que quieren aumentar el número de mujeres pueden ajustar el orden de sus candidatos y aplicar medidas como colocar a hombres y mujeres en posiciones alternas de la lista. La lista de candidatos de un partido es una declaración de su filosofía en relación con su estructura interna; gracias a ella los votantes pueden juzgar la filosofía de cada partido para decidir a quién van a votar.

De hecho, como los partidos grandes evitan la peliaguda cuestión de decidir el orden de precedencia de los candidatos doblemente nominados, se ha convertido en una práctica habitual asignar uno de los primeros dos puestos a los casi veinte candidatos de los distritos electorales uninominales. Y, como el orden final depende del resultado de las elecciones, los votantes no pueden vislumbrar la filosofía de los partidos a través de su lista de candidatos. Así pues, por más que las llamen listas cerradas, en realidad se acercan más a la definición de las listas abiertas.

El comité multipartidista ha propuesto que se siga permitiendo colocar a varios candidatos en el mismo puesto de la lista, pero modificando la normativa para que solo pueda salir elegido uno por cada puesto. También es posible asignar a un mismo candidato varios puestos en la lista. De este modo, si un partido quiere elaborar una lista que alterne entre hombres y mujeres, puede dividir a los candidatos en un grupo masculino (pongamos que de 20 candidatos) y otro femenino (con 4 candidatas, por ejemplo) y situarlos en orden alterno, haciendo figurar al grupo de mujeres cuatro veces, en el puesto segundo, cuarto, sexto y octavo de la lista. Luego se puede situar a las mujeres candidatas que solo se presentan para los escaños de representación proporcional en las posiciones pares de la lista. Además, los partidos pueden diseñar una combinación de candidatos doblemente nominados y candidatos de representación proporcional acorde con su filosofía.

Existen muchos medios distintos para alcanzar el equilibrio entre géneros, como las enmiendas legales y las iniciativas voluntarias de los partidos. Desde la perspectiva de reforzar la democracia japonesa, debemos evitar los cambios drásticos en una sola dirección y combinar varios métodos para ir avanzando hacia la paridad de género.

(Traducido del original japonés, redactado el 9 de mayo de 2016)

Fotografía del titular: Diputadas del Partido Democrático dan un discurso en Sapporo el 16 de abril de 2016, en la campaña para las elecciones del distrito 5 de Hokkaidō. En la fotografía, la presidenta en funciones Renhō (segunda por la derecha), la diputada de la Cámara Baja Tsujimoto Kiyomi (derecha) y la directora de políticas Yamao Shiori (segunda por la izquierda). (Cortesía de Jiji Press)

  • [06.07.2016]

Profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sophia. Nacida en 1967. Especialista en política contemporánea de Japón, política social internacional y estudios de género. Doctorada en ciencias políticas por la Universidad de California en Berkeley. Antes de ocupar su puesto actual fue investigadora en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Tokio. Entre sus publicaciones se incluyen Nihon no josei giin: dō sureba fueru no ka (Cómo aumentar el número de diputadas en Japón) (Editora. Asahi Shinbun Shuppan, 2016) y Watashitachi no koe wo gikai e: daihyō minshushugi no saisei (Nuestras voces en la Dieta: la renovación de la democracia representativa; Iwanami Shoten, 2015).

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