Japón y Asia ante las presidenciales en Estados Unidos

Nakayama Toshihiro [Perfil]

[13.06.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Las elecciones primarias estadounidenses, seguidas con atención en todo el mundo, se están desarrollando por cauces muy poco habituales. Un experto en política estadounidense y en relaciones bilaterales analiza las actitudes hacia Japón y hacia la política exterior en general de los dos candidatos con más opciones.

Trump y Clinton, dos candidatos que compiten en falta de popularidad

Los resultados de las elecciones primarias presidenciales que realizan los dos grandes partidos de Estados Unidos están ya casi a la vista. Sin embargo, son unos resultados que contradicen muchas de las previsiones que venían haciéndose y no serán pocos los que continúen sin darles crédito.

Tras algunos percances, Donald Trump se ha perfilado como candidato del Partido Republicano, pues es ya prácticamente seguro que alcanzará la nominación. Durante el proceso, Trump no ha vacilado en romper muchas normas que venían cumpliéndose y también algunos tabúes. Es muy posible que todo esto haya terminado por transformar el llamado Grand Old Party.

En el Partido Demócrata los resultados en sí son los previstos, pero la candidata Hillary Clinton, que está a un paso de conseguir la nominación, ha encontrado una durísima resistencia por parte de Bernie Sanders, que la ha obligado a dar un giro a la izquierda en sus políticas. La reforma de las políticas hacia el centrismo venía siendo la mayor aportación del matrimonio Clinton a su partido, pero los vientos izquierdistas que lo recorren parecen haber esquinado un tanto a Hillary. Se oye hablar a menudo del poco entusiasmo que se siente en torno a la campaña para su nominación. Su marido, caracterizado por su agudo olfato político, tampoco transmite determinación. Este Partido Demócrata en el que los Clinton están tratando de ganar apoyo ya no es el Partido Demócrata de los noventa.

A partir de ahora, los dos partidos fijarán oficialmente sus candidatos en las respectivas convenciones nacionales y estos contenderán en las elecciones presidenciales, que podrían dar paso a un intercambio de ataques verbales a un nivel de crudeza desconocido en los últimos comicios. De lo que se va a discutir, ante todo, es de Trump como candidato y también, aunque sea en menor medida, de Clinton como candidata, y así las cosas no cabe esperar un debate en profundidad sobre medidas políticas. Son dos personajes que despiertan muy pocas simpatías y la sensación es que esa va a ser la pugna para los dos. El porcentaje de personas que consideran a Clinton una candidata inadecuada está subiendo rápidamente y alcanza ya el 54 %. En el caso de Trump, se habla de un 58 % (promedio RCP, 8 de mayo de 2016).

Un país que rechaza comprometerse con el mundo

Debemos preguntarnos qué violentos procesos se están dando, tras tanto alboroto y griterío, bajo la superficie de la política estadounidense, qué consecuencias van a acarrear sobre las relaciones entre Estados Unidos y el resto del mundo y, en términos más concretos, qué es lo que Estados Unidos se propone con respecto a Asia.

En Japón, la proximidad de las elecciones presidenciales estadounidenses viene acompañada de una proliferación de observadores políticos expertos en ese país que surgen de todos los rincones, y las noticias sobre las últimas tendencias electorales que ellos ofrecen son seguidas con gran interés y se cuelan en las conversaciones cotidianas. El que suscribe estas líneas es uno más de los que cumplen esa función. No son solo los comentaristas políticos estadounidenses quienes, cada cuatro años, tienen este pico de actividad. También en Japón sucede algo parecido. Se oye decir a menudo que, entre los informadores de todo el mundo que cubren las presidenciales estadounidenses, destaca la presencia japonesa, al menos numéricamente. Y las presentes elecciones están despertando un interés incomparablemente mayor que cualquiera de las anteriores.

En Japón, las presidenciales de 2008 fueron seguidas también con enorme interés. Tuvimos la sensación de que, en dichos comicios, Estados Unidos hizo una demostración de sus grandes posibilidades. Me refiero, obviamente, a la elección de Barack Obama, el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos. Pero este año nos vemos obligados a decir que la impresión que recibimos es la de unos Estados Unidos que se disponen a renunciar a todo, que dicen no a cualquier vínculo con el mundo. Y me refiero, aunque también esto es una obviedad, al candidato Donald Trump y al ascenso del trumpismo.

El TPP, piedra de toque de la política exterior de Clinton

Tampoco la candidatura de Clinton deja de causar ciertas inquietudes. Indudablemente, no es posible comparar a quien durante el primer mandato de Obama, como secretaria de Estado, tomó el timón de la política de reequilibrio hacia la región Asia-Pacífico, con alguien como Trump, sin ninguna experiencia en política exterior y que no muestra prácticamente ningún interés hacia la situación mundial. Sin embargo, el Partido Demócrata al que se enfrenta actualmente Clinton es extremadamente renuente a comprometer a su país en cuestiones exteriores y además demuestra una desconfianza inusitada ante el principio del libre comercio.

Así como, en plena época del New Deal, Eisenhower se acercó tanto al Partido Demócrata que acabó causando, como reacción, una fuerte deriva conservadora de su propio partido, al actual Partido Demócrata también le está pasando factura su acercamiento al Partido Republicano durante la época conservadora, en forma de una reacción contra el centrismo propugnado por Clinton. Habrá que ver cómo el equipo de la candidata se las arregla para capear el temporal.

Es cierto que entre la elite diplomática del entorno de Clinton encontramos rostros que nos son conocidos en Japón y eso nos hace sentir una cierta tranquilidad, pero con los nuevos aires que corren dentro del partido, no sabemos hasta qué punto podrían hacer frente a una posible “rebelión de las masas”. En general, Hillary Clinton es sentida como más en la línea de los “halcones” que el presidente Obama, pero no está claro qué es lo que esto significa en concreto. Más bien, habría que clasificarla entre los moderados que no congeniaron con el movimiento pacifista que se asentó en el partido en la época de la Guerra de Vietnam. Clinton, considerada una de las principales expertas en políticas de Washington y estimada por la profundidad de su juicio y capacidad de asimilación de nuevas políticas, fue miembro de la comisión de Defensa Nacional durante su época de senadora, y cuenta además, como he dicho, con la experiencia de ser secretaria de Estado. Esta trayectoria le ha reportado un buen conocimiento de la efectividad de la alianza entre Japón y Estados Unidos, así que llega al menos a ese nivel mínimo exigible que es comprender que esta alianza es imprescindible también para Estados Unidos. Sobre su política frente a China habrá que ver qué actitudes muestra este país, pero no se espera que Clinton realice grandes cambios con respecto a lo que hemos visto durante el segundo mandato de Obama.

Por todo lo anterior, en caso de que Clinton sea elegida presidenta, aunque pueda seguir básicamente la senda trazada durante ese segundo mandato de Obama, es importante también ir viendo cómo los grandes cambios que experimenta su partido afectan a esa línea básica. Si bien durante las primarias Clinton se ha posicionado en contra de apoyar los planes estadounidenses para el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), es de suponer que muchos estén confiando en que tras las elecciones Clinton retome su postura inicial y vuelva a hacer público su apoyo a esos planes. Pero esto no está todavía garantizado. En ese sentido, la postura que adopte ante el TPP la candidata (o la presidenta) Clinton será una buena piedra de toque para saber qué orientación general va a tomar su política exterior.

Trump: ¿una visión interesada y simplista del mundo?

Por lo que respecta a Clinton, bastará con lo dicho. El problema es el otro candidato, Trump. Hasta el momento, el imprevisible Trump se ha despachado verbalmente con gran violencia al hilo de cuestiones políticas internas, pero también se ha prodigado en insensateces en lo referente a política exterior y seguridad nacional. Y una de sus características es que en sus declaraciones suele meter a Japón. Comenzó con la posibilidad de que Japón se armase nuclearmente, pasó luego a insinuar la posibilidad de romper la alianza que une a ambos países y terminó proponiendo cosas como imponer un arancel exorbitante a los automóviles japoneses (la mayoría de los cuales, en realidad, se fabrica actualmente en Estados Unidos). Ironías de la vida, después de mucho tiempo de ausencia, Japón vuelve a estar presente, aunque sea de forma involuntaria, en el intercambio de discursos del debate presidencial estadounidense. Como dicen en inglés, “be careful what you wish for, you just might get it” (ten cuidado con lo que deseas, podrías obtenerlo).

En las propuestas de Trump en cuanto a medidas políticas apenas hay verdaderas convicciones. Un comentarista muy mordaz lo calificó de “candidato post-medidas políticas”. Si hubiera que encontrar algún denominador común a todas ellas, sería una visión simplista (tanto gano, tanto pierdo) de la política internacional y una falta de familiaridad con todo lo que represente lo diferente o lo ajeno. A él le son absolutamente indiferentes conceptos como el mantenimiento del orden internacional o el establecimiento de normas que obliguen a todos los países.

En todo caso, ¿podemos despreciar todas estas cosas como las ocurrencias de un candidato extravagante?

Desde la perspectiva de la elite diplomática de Washington, es posible que las propuestas de Trump no merezcan siquiera ser consideradas seriamente. Sin embargo, para ese gran número de hombres blancos, de mediana edad o ya ancianos, residentes principalmente en el Medio Oeste, que perdieron su trabajo cuando su fábrica se cerró para reabrirse en México, las cosas de las que habla Trump les suenan muy reales. Cuando se habla de defender el libre comercio o respetar las normas internacionales, a ellos les suena a conjuros de pacotilla. Con una visión del mundo semejante, no es de extrañar que cualquier compromiso adquirido con los países aliados se traduzca en una simple carga para Estados Unidos.

Disensiones sociales y difícil panorama también para Japón si triunfa Trump

Un grupo de intelectuales expertos en formulación de políticas que se sitúan próximos al Partido Republicano y se sienten alarmados por este candidato ha hecho público una carta abierta en la que explica que sus miembros no colaborarán con una eventual administración Trump, en caso de que este obtenga la presidencia. Los firmantes son unos 120. Para unos, son muchos; para otros, no demasiados. Lo único indudable es que en el entorno más cercano a Trump no encontramos ningún rostro que nos resulte familiar. Esta es una gran diferencia con su oponente, Clinton.

Seguimos sin conocer la verdadera cara de Trump, si se trata de un populista de chiste, nacido en el espacio en que confluyen política y espectáculo, o de un demagogo realmente peligroso que está tratando de aprovechar una crisis en la política estadounidense. Personalmente me inclinaría por el segundo retrato, y precisamente por eso me reafirmo en mi idea de que será muy difícil que Trump resulte vencedor en las presidenciales. Pero el hecho de que se haya llegado hasta esta situación es ya de por sí algo anómalo, así que no sabemos qué ocurrirá este año. Dicho de otro modo, la derrota de Trump tampoco es segura.

Las reacciones que puedan ocurrir en Japón ante una eventual administración Trump son también motivo de preocupación. La desconfianza hacia Estados Unidos podría alcanzar proporciones desconocidas hasta ahora. Japón no tiene otra opción que posicionarse a favor de “fortalecer la alianza nipo-americana”, pero si Trump persiste en sus actuales posturas, ese posicionamiento japonés va a resultar cada vez menos convincente. En esas circunstancias, es posible que se defienda la ruptura de la alianza con Estados Unidos desde ambos extremos: la derecha reclamará una vía hacia una defensa nacional totalmente autónoma, mientras la izquierda pretenderá que la realidad le está dando la razón en su desconfianza hacia Estados Unidos. Y está por ver que nosotros podamos seguir sosteniendo públicamente con seguridad que la alianza con Estados Unidos es la única opción para Japón.

Al parecer y en contra de lo que pensábamos, Trump nos está obligando a pensar en muchas cosas.

Fotografía del encabezado: a la izquierda, la candidata demócrata Hillary Clinton durante una aparición en la campaña para ganar la nominación de su partido (AP/Aflo). A la derecha, el candidato republicano Donald Trump (Reuter/Aflo).

  • [13.06.2016]

Profesor de política americana y política exterior en la Universidad Keiō, miembro adjunto en el Instituto Japonés de Asuntos Internacionales. Se doctoró en la Escuela de Política Internacional, Economía y Negocios de la Universidad Aoyama Gakuin. Ha enseñado en el Instituto Tsuda y en la Universidad Aoyama Gakuin antes de asumir su actual puesto. Es autor de Kainyū suru Amerika: Rinen Kokka no SekaikanM/em> (La intervención americana: una nación de credo y su visión del mundo) entre otras obras.

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