El declive de las “manifestaciones del odio” y la xenofobia de la mayoría silenciosa

Furuya Tsunehira [Perfil]

[25.08.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | Русский |

Las manifestaciones de corte xenófobo se encontraban en declive desde mucho antes que se aprobara la Ley para la Eliminación del Discurso del Odio. Sin embargo, se siguen propagando por Internet ideas tan equivocadas como antes.

Movimientos tras la aprobación de la ley contra el discurso del odio

El 24 de mayo de 2016 se aprobó en la Dieta la Ley para la Eliminación del Discurso del Odio, que entró en vigor el 3 de junio.

Como resultado, el 30 de mayo la ciudad de Kawasaki decidió prohibir el uso de dos parques públicos que habían sido reservados para realizar manifestaciones que utilizaban el discurso del odio. El 2 de junio la oficina de Kawasaki del tribunal de Yokohama dictaminó que la manifestación a celebrar no podría acercarse a menos de 500 metros a la redonda del edificio de una fundación de bienestar social que se encuentra en la zona. Dicha fundación es un símbolo de armonía entre coreanos y japoneses, y la mayoría de sus directores, empezando por el director general, son surcoreanos afincados en Japón; había sido elegida como objetivo principal de la manifestación en Kawasaki, y la decisión del tribunal era un intento lógico por evitar que se atacara a esos directores.

Tras la implementación de la ley, el 5 de junio, el cibergrupo Isoroku Papa (que aboga en Internet por ideas de derechas y un discurso xenófobo) trató de celebrar la manifestación en las inmediaciones de un parque algo más al norte, en el distrito de Nakahara, que el parque que tenían previsto, donde la municipalidad no había otorgado el permiso necesario para realizarla. Pero la afluencia de participantes en una contramanifestación antiodio y las fuerzas de seguridad creó una situación bastante tumultuosa, y finalmente los organizadores declararon a la policía la cancelación del acto.

Las peculiaridades de la costa de Kawasaki

Es de sobra conocido que la zona costera del distrito de Kawasaki, en la ciudad homónima, es famosa por contar con el barrio coreano más grande de la región de Kantō, habitado por descendientes de los coreanos que fueron llegando a Japón, algunos de ellos movilizados a la fuerza, para trabajar en las grandes fábricas de las empresas japonesas en la zona, desde antes de la Segunda Guerra Mundial, inmigración que se mantuvo tras el fin de la guerra. En los alrededores de la “ruta industrial”, la zona de fábricas que cruza el distrito de Kawasaki de este a oeste, incluso hoy día hay muchos restaurantes regentados por coreanos, e incluso escuelas coreanas. La manifestación de Isoroku Papa buscaba denunciar la situación (los supuestos “privilegios” de los coreanos) de esa zona costera de Kawasaki, y señalar la propia zona de Kawasaki como la meca de los coreanos de la región de Kantō.

Tanto las fuerzas de derecha, partidarias al discurso del odio, como las que se oponen al mismo, ven esta serie de acontecimientos como resultado de la ley que entró en vigor en junio. ¿Es esta una evaluación acertada de la situación? ¿Habrá surtido algún efecto dicha ley, que da la impresión de haber llegado demasiado tarde? ¿Y qué va a suceder con las manifestaciones del discurso del odio, en lo sucesivo?

El discurso del odio, en declive

Las manifestaciones que emplean el discurso del odio, durante las que se cubre de insultos a los surcoreanos que viven en Japón y se gritan consignas a favor de su expulsión, son una llama a punto de apagarse. Desde el punto de vista de este columnista, la ley promulgada en mayo para prohibir ese tipo de discursos llegó con retraso, en una situación en la que este tipo de manifestaciones ya llevaban tiempo perdiendo fuerza.

Alabo dicha ley como una muestra de buen hacer legislativo, pero si comparamos las manifestaciones recientes con aquellas de la época en la que el discurso del odio se hallaba en su apogeo, podríamos decir que este tipo de actos ya casi no se dan.

Lo cierto es que en la manifestación de Kawasaki que he mencionado más arriba no llegaron a participar ni cien personas, en muchos casos rodeadas de un mayor número de fuerzas policiales y participantes de la contramanifestación.

En realidad, el apoyo a las manifestaciones que usan el discurso del odio llevaba en decadencia desde mucho antes de que se aprobara la ley que prohibe dicho discurso. El punto álgido de ese tipo de manifestaciones se dio sin duda en los tres años que siguieron a 2009. En ese periodo el Gobierno japonés no era conservador, sino el Partido Democrático de Japón, liberal de centro, y mezclado con una facción reformada a partir del antiguo Partido Socialista. En aquel momento, la mayoría de los conservadores y la gente de derechas se hallaba unida por la existencia de un enemigo común: el propio Gobierno.

Por mucho que generalicemos, en los grupos conservadores y la derecha hay de todo. Las diversas facciones comparten ciertos puntos de vista, en lo referente a la reforma constitucional, la demanda de visitas oficiales del primer ministro y su gabinete al santuario de Yasukuni o la oposición a la revisión de los llamados Juicios de Tokio. Sin embargo, durante esos tres años mencionados, una infinidad de grupos compartían su oposición al PDJ: el Shinbeihoshu, grupo conservador que enfatizaba la importancia de las relaciones con Estados Unidos, otro grupo autonómico que se oponía a dicho país, la derecha anticomunista de tiempos de la Guerra Fría, los grupos anticoreanos que nada sabían de esa Guerra Fría, los grupos de empresarios que apoyaban a la derecha porque “daría más dinero”, los racistas que odiaban a los chinos y coreanos, sin ningún motivo racional…

Por supuesto, entre sus filas también se encontraban racistas especialmente hostiles a los coreanos que viven en Japón, y entre ellos el exponente más radical era el Zaitokukai (una abreviatura del nombre completo, que viene a significar “Asociación de ciudadanos que no perdonan los privilegios de los coreanos en Japón”), que junto a otros grupos como la Asociación para la Terminación de Relaciones entre Japón y Corea, fundada en 2012 (grupos a los que se suele denominar como “los conservadores que pasan a la acción”), realizan manifestaciones en las principales zonas de Tokio.

En esa época los participantes en las protestas por la visita del presidente surcoreano Lee Myung-bak a Takeshima, que tanto dio que hablar en las noticias, se contaron entre los 1.000 y los 1.500. Es evidente que en ese momento no existían leyes contra el discurso del odio. Posteriormente se celebraron manifestaciones dispersas del mismo tipo en 2013 y 2014, pero se iba perdiendo empuje, y cada vez eran menos los participantes. ¿A qué se debía?

La postura claramente conservadora del gabinete de Abe

La primera razón fue que el Partido Liberal Democrático, de corte conservador, venció al Partido Democrático de Japón en las elecciones generales de diciembre de 2012, tras el mandato del PDJ, y colocó al frente del Gobierno por segunda vez a Abe Shinzō, político conservador.

Las fuerzas conservadoras y de extrema derecha, que compartían su oposición al PDJ, habían atacado al gabinete del PDJ acusándolo de “estar lleno de coreanos”. La acusación carecía de fundamento, pero se basaba en el planteamiento demagógico de que algunos miembros del Gobierno eran de ascendencia coreana, o ciudadanos naturalizados. No hace falta investigar mucho el tema para darse cuenta de que un coreano que no posea la nacionalidad japonesa (lo que implica que uno de los dos padres sea japonés) no puede lograr un puesto en la Dieta, pero ese detalle para los grupos opuestos al PDJ no se trataba más que de un error de bulto.

Sin embargo, el segundo mandato de Abe, de corte claramente conservador, generó una situación en la que no hacía falta demostrar con manifestaciones la hostilidad hacia los coreanos que viven en Japón. Las personas que abrazaron la idea insensata de que “el país iba a ser secuestrado por legisladores coreanos” se manifestaron una y otra vez para denunciar al Gobierno del PDJ, pero con el advenimiento del segundo mandato de Abe la pérdida de apoyo a este tipo de manifestaciones se explica a sí misma.

Presión judicial y policial

La segunda razón para la pérdida de fuerza en las manifestaciones del odio fue el nivel de radicalización que alcanzaron. La asociación Zaitokukai ya mencionada realizó en 2010 una irrupción violenta en los locales de la Asociación de Docentes de la prefectura de Tokushima, amenazando a varios miembros de la misma y causando daños a la propiedad, con lo que los asaltantes fueron detenidos, procesados y hallados culpables. En el juicio civil consiguiente, en abril de 2016, el Tribunal Superior de Takamatsu condenó al Zaitokukai a pagar una compensación de cuatro millones de yenes por los daños psicológicos que sus miembros causaron a una demandante al abuchearla.

En 2009 miembros del Zaitokukai se manifestaron violentamente delante de una escuela primaria coreana del distrito Minami, en Kioto, para protestar por el uso del parque de la escuela. Haciendo uso de megáfonos, los participantes en la manifestación lanzaron insultos como “cucarachas”, o “gusanos” a los niños de la escuela. La policía prefectural de Kioto realizó una investigación en la residencia del presidente del Zaitokukai y otros miembros bajo sospecha de actividades violentas. En diciembre de 2014 el Tribunal Supremo sentenció al Zaitokukai al pago de varias indemnizaciones civiles que sumaban casi doce millones de yenes.

La Agencia de Investigación para la Seguridad Pública mantiene una fuerte vigilancia sobre las actividades de este grupo, y lo ha incluido durante varios años en su informe “Visión general sobre el estado de las relaciones entre japoneses y extranjeros”, donde lo califica de “agrupación de extrema derecha xenófoba”.

Es decir, que la Ley para la Eliminación del Discurso del Odio hace frente a una situación que la policía, las agencias de seguridad pública e incluso los juzgados llevan de hecho mucho tiempo tratando de eliminar. Así las cosas, muchas personas que inicialmente apoyaban este tipo de organizaciones terminaron por darles la espalda. Dentro del propio Zaitokukai también comenzaron a oírse opiniones respecto al excesivo uso de la fuerza, y sin que se hiciera público los miembros que compartían esas opiniones dejaron de participar en las manifestaciones, y empezaron a abandonar el grupo.

La ley recientemente promulgada es uno de los últimos síntomas de esta tendencia, y parece representar un golpe de gracia cualitativo sobre las manifestaciones del odio.

El odio expresado en las redes sociales y los blogs

Por otro lado, la mayoría de los usuarios de Internet que muestran tendencias xenófobas conforman una mayoría silenciosa que no participa de hecho en las manifestaciones, ni parece que vaya a hacerlo en el futuro. Creo que la Ley para la Eliminación del Discurso del Odio va a erradicar una buena parte de esas manifestaciones, pero no hay que olvidar que los participantes en esos eventos no son más que una fracción del total de personas de tendencias racistas, y que la raíz del problema no se va a solucionar simplemente por medio de una ley.

En Internet, son los vídeos, las redes sociales y los blogs los que generan odio. Es ahí donde se teje la demagogia que carece de bases reales, y los argumentos ridículos. “Tras la Guerra, los coreanos mataron a millones de japoneses”, “Los medios de comunicación están controlados por coreanos”, “El político X, el actor Y… son coreanos”. Así se fabrica el odio,

Y la patria de ese odio son sobre todo los vídeos de Internet. Hace años que se les hace frente. Dwango, por ejemplo, que administra el portal de vídeos Niko niko dōga, tomó la medida de eliminar la cuenta oficial del Zaitokukai.

YouTube también tomó medidas, como la cancelación de emolumentos reales por publicidad a un youtuber que se dedicaba a subir vídeos xenófobos y racistas anticoreanos. Son pequeños pasos, pero la demagogia y el odio que se encuentran en la base del problema siguen perdiendo fuerza. Y sin embargo, el endurecimiento de los castigos hacia los crudos argumentos racistas de Internet, que representan la cuna de ese discurso del odio, probablemente van a dar mucho que hablar, en lo sucesivo.

En especial, los youtubers de derechas que forman el caldo de cultivo de la conciencia discriminatoria, pese a no llegar a participar directamente en la manifestaciones sí que ayudan a crear una “tropa” de apoyo. El cerco a su alrededor se va estrechando, pero resultan necesarias medidas que vayan un paso más allá.

En 2020, con motivo de las Olimpiadas de Tokio, muchos turistas extranjeros visitarán Japón, y por mucho que las políticas oficiales busquen crear un nuevo turismo nacional, la existencia de ideologías de corte racista como el discurso del odio no hacen sino dañar los beneficios del país. Es imperativo que se haga caer sobre los grupos xenófobos todo el peso de la ley.

(Artículo traducido al español del original en japonés, redactado el 4 de julio de 2016)

Imagen del encabezado: La manifestación del odio que se trató de celebrar el 5 de junio de 2016, en el distrito de Nakahara, en la ciudad de Kawasaki, se tuvo que cancelar nada más comenzar, debido a la  presión de los ciudadanos y las fuerzas policiales que rodearon a los manifestantes (Jiji Press)

  • [25.08.2016]

Comentarista especializado en Internet y el conservadurismo en la red, en medios de comunicación y en corrientes de pensamiento propias de los jóvenes nacido en Sapporo en 1982. Suele aparecer en el programa Timeline, en la emisora de radio Tokyo FM. Estudió en el Departamento de Historia de la Facultad de Literatura de la Universidad Ritsumeikan. Entre sus obras, destacan Netto uyoku no gyakushū (El contraataque de la extrema derecha japonesa en Internet; editorial Sōwasha, 2013), Wakamonoha hontōni ukeika shite iru noka (¿La juventud realmente se está derechizando?; editorial Aspect, 2014), Netto uyoku no owari: hate speech wa naze nakunaranai noka (El final de la extrema derecha japonesa en Internet: ¿por qué no desaparece el discurso del odio?; editorial Shobunsha, 2015) y Sayokumo uyokumo uso bakari (Tanto la izquierda como la derecha no hacen más que mentir; editorial Shinchōsha, 2015).

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