Los profesores japoneses, obligados a ser voluntarios

Uchida Ryō [Perfil]

[12.10.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

El horario laboral de los profesores japoneses es el más largo del mundo y la extensión que adquieren las actividades extracurriculares tiene mucho que ver en ello. ¿Por qué son ellos los profesores más ocupados del mundo? Este artículo pone de relieve la difícil realidad que afrontan.

Más horas de trabajo que en cualquier otro país

El personal docente de Japón lo está pasando mal. Trabajan de la mañana a la noche, incluyendo sábados y domingos, y encaran la nueva semana sin haber descansado suficientemente. Según el estudio TALIS (Teaching and Learning International Survey) realizado sobre el profesorado de secundaria en 34 países y territorios (en Japón, entre febrero y marzo de 2013) por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Japón es el país en el que los profesores trabajan más horas.

Lo que hace de la semana docente japonesa la más larga del mundo no son las horas lectivas, que se sitúan por debajo del promedio de países y territorios participantes. Los profesores japoneses invierten en asuntos como reuniones o preparación de clases más horas que los de cualquier otro país o territorio. Y son especialmente las actividades extracurriculares las que más tiempo les llevan (véase gráfico 1).

Son las bukatsudō las que alargan los horarios

Lo que en el informe de la OCDE se denomina “actividades extracurriculares” corresponde aproximadamente a lo que en Japón llamamos bukatsudō (actividades en clubes deportivos y culturales, dentro de la escuela).

En las instituciones de segunda enseñanza (secundaria obligatoria y bachillerato) de Japón, los alumnos realizan diversas actividades culturales y deportivas antes o después de las clases y durante los fines de semana, siempre bajo la supervisión de un profesor. Para los profesores, estas actividades suponen un gran número de horas semanales.

Según las Directrices del Currículo Básico, en las que el Estado establece las metas y contenidos concretos de la enseñanza, de las actividades bukatsudō se espera que “familiaricen a los alumnos con los deportes, la cultura, la ciencia y otras áreas, y que contribuyan a elevar su afán de aprender y a desarrollar su sentido de la responsabilidad y su solidaridad (Reglas Generales del Capítulo Primero de las Directrices del Currículo Básico para la Educación Secundaria y para el Bachillerato). Y lo que permite ofrecer todo ello a los alumnos a un bajo costo es una institución de carácter público como la escuela. En resumen, el sentido de las actividades bukatsudō es garantizar que los alumnos tengan a un bajo costo oportunidad para familiarizarse fuera de las clases con las actividades deportivas y culturales.

Bukatsudō, un concepto netamente japonés

Que la institución escolar se comprometa de una forma tan activa a ofrecer actividades deportivas y culturales a los alumnos antes o después del horario escolar y en fines de semana es algo poco frecuente en el mundo. Según un estudio comparativo internacional sobre los lugares donde los alumnos realizan actividades deportivas fuera de las clases (véase tabla 1), tales actividades se efectúan comúnmente en las escuelas en el caso de Japón y otros países asiáticos, pero no en el resto del mundo, donde son sobre todo los clubes deportivos de la comunidad los que sostienen el deporte juvenil.

Tabla 1: Lugares preferentes para las actividades deportivas de alumnos de secundaria y bachillerato

Escuelas Escuelas y clubes Clubes
Japón
China
Corea del Sur
Taiwán
Filipinas
Canadá
EE. UU.
Brasil
Escocia
Inglaterra
Holanda
Bélgica
Francia
España
Portugal
Polonia
URSS (actual Rusia)
Israel
Egipto
Nigeria
Kenia
Botswana
Malasia
Australia
Nueva Zelanda
Noruega
Suecia
Finlandia
Dinamarca
Alemania
Suiza
Zaire (actual Congo)
Yemen
Tailandia

Las actividades bukatsudō de ejercicio físico son una característica de Japón: Una comparación con otros países, de Nakazawa Atsushi (http://synodos.jp/education/12417)

Hay que decir, además, que estas actividades bukatsudō se hacen en Japón a una escala mayor que en el resto de Asia. Según Nakazawa Atsushi, profesor de la Universidad de Waseda que conoce bien la historia de estas actividades, Japón representa un caso especial dentro de los países del mundo por la gran proporción de la actividad deportiva juvenil que queda comprendida dentro de las bukatsudō y por la escala a la que se realizan estas(*1).

Llamar “voluntario” a lo obligatorio

En las citadas directrices se especifica que los alumnos realizarán estas actividades bukatsudō de forma voluntaria y espontánea. Se trata, pues, de actividades deportivas y culturales fuera del marco del currículo oficial, en las que los alumnos participan por que les gustan y así lo desean. Este es el fundamento básico de las bukatsudō.

Sin embargo, la realidad es muy distinta, pues de hecho algunas escuelas obligan a todos los alumnos a hacer estas “actividades voluntarias”. Y aunque no se consideren propiamente un deber, el hecho es que la práctica totalidad de los alumnos de secundaria y bachillerato pertenecen a alguno de estos “clubes” escolares. Según el estudio Informe de la Segunda Encuesta Básica sobre las Actividades de los Niños, realizado en 2009 por el Instituto de Investigación y Desarrollo Educativos Benesse, nueve de cada 10 alumnos de esos niveles escolares participan o han participado en este tipo de actividades. Para los alumnos, más que actividades voluntarias, puede decirse que las bukatsudō son obligatorias.

Casi todos los profesores son obligados a ser monitores

En teoría, las bukatsudō son “actividades voluntarias” y esto no es aplicable únicamente a los alumnos: también los profesores que actúan como monitores en estas actividades ofrecen su orientación de forma teóricamente voluntaria.

Y es que estas actividades no están estipuladas en el currículo de la escuela como materias lectivas. Es decir, que sobre los profesores no pesa el deber de realizar tal orientación. Si se ocupan de esa tarea, se entiende que es por propia voluntad.

En la práctica, especialmente en el nivel secundario, en muchas escuelas se considera que todos los profesores se convierten en monitores de estas actividades. Según un estudio de carácter nacional, ya algo antiguo pues es de 2006, que realizó el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología, el 92,4 % de los profesores de secundaria ejercían como monitores de bukatsudō (véase gráfico 2). Puede decirse que se ven obligados a actuar como monitores al margen de que lo deseen o no.

Trabajadores antes que educadores

La orientación que los profesores ofrecen en las bukatsudō es, en principio, una orientación voluntaria. Se considera, por tanto, que las actividades de este tipo que se realizan en días lectivos, por muchas horas que se extiendan fuera de las horas lectivas obligatorias, no exigen ninguna retribución económica, pues los profesores las llevan a cabo por su cuenta. Para los fines de semana, suelen pagarse unos pocos miles de yenes y se entiende que con eso es suficiente. Detrás de esa afirmación de que las bukatsudō “se garantizan a los alumnos a bajo costo”, está la cruda realidad de un trabajo que no está siendo retribuido.

Amparándose en la supuesta voluntariedad de esa orientación, se está permitiendo que este trabajo no sea retribuido y, por si fuera poco, la obligatoriedad se extiende a casi todos los profesores. Cuando decimos que los horarios de trabajo de los profesores japoneses son los más largos del mundo, el problema que estamos señalando va más allá de la mera extensión temporal de ese trabajo.

Los profesores son, antes que educadores, trabajadores. Solo cuando este peso que representa para ellos las actividades bukatsudō se aligere y ellos normalicen su situación como trabajadores, podrán también presentarse ante sus alumnos como educadores normalizados. A nosotros nos corresponde pensar qué puede hacerse para conseguirlo.

(*1) ^ Undō bukatsudō no sengo to genzai (“Las actividades bukatsudō de ejercicio físico a partir de la posguerra y en la actualidad”; Seikyūsha, 2014, p.47)

  • [12.10.2016]

Profesor de la Escuela de Posgrado de Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Nagoya. Nacido en 1976, es doctor en Pedagogía. Especializado en sociología de la educación, viene interesándose por los riesgos derivados de la vida escolar (accidentes deportivos, en torres humanas formadas como ejercicios gimnásticos, caídas o castigos físicos, los suicidios, la nibun-no-ichi seijinshiki o ceremonia de los 10 años, la carga que supone para los profesores las actividades bukatsudō, etc). En 2015 recibió el premio Yahoo Author Award. Es autor de Kyōiku to iu yamai (“Una enfermedad llamada educación”; Kōbunsha Shinsho), Jūdō jiko (“Accidentes del judo”; Kawade Shobō Shinsho), Jidō gyakutai e no manazashi (“Cómo mirar el maltrato infantil”; Sekai Shisōsha, Premio de Fomento de la Sociedad Japonesa de la Sociología de la Educación).

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