Los nuevos votantes de 18 y 19 años revelan su visión de la democracia
Análisis de las elecciones a la Cámara Alta de la Dieta de 2016

Satō Shin [Perfil]

[18.08.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 |

Las pasadas elecciones a la Cámara Alta, las primeras en las que los japoneses de 18 y 19 años pudieron ejercer el derecho al voto, sirvieron para ratificar la situación actual de los jóvenes. A pesar de la baja participación juvenil en los comicios, se observó una involucración en política de este colectivo que no se puede medir solo por el número de papeletas y que allana el camino para reflexionar sobre la visión que se tiene de la política en Japón.

Los jóvenes confirman la situación actual

Tras la reforma de la Ley de las Elecciones a Cargos Públicos, los japoneses tienen derecho al voto cuando cumplen 18 años y no 20, la mayoría de edad en Japón. Los cambios, en vigor desde el 19 de junio de 2016, fueron introducidos en consonancia con lo estipulado para el posible referendo sobre enmiendas a la Constitución a partir de 2018. Por este motivo, los comicios a la Cámara Alta de la Dieta, celebrados el 10 de julio, fueron las primeras elecciones de carácter político en las que aproximadamente 2.400.000 jóvenes nipones de 18 y 19 años pudieron ejercer su nuevo derecho.

En un país donde la tasa de natalidad continúa bajando y la población envejece –uno de cada cuatro habitantes tiene más de 65 años–, el índice de participación correspondiente a los ciudadanos con edades comprendidas entre los 60 y los 69 años en las elecciones a la Cámara Baja de la Dieta de 2014 fue del 68 %, mientras que el de los jóvenes de 20 a 29 años ascendió al 32 %. Estas cifras, que muestran una tendencia a la baja en la participación política de la juventud, reflejan la existencia en Japón en los últimos años de lo que se conoce, en tono crítico, como “democracia de plata”, esto es, la dificultad de que las opiniones de los jóvenes tengan presencia en la democracia nipona. En este contexto, el derecho al voto a los 18 años y el interés del público general en la participación de grupos estudiantiles como los SEALDs –Acción Estudiantil de Emergencia por la Democracia Liberal, por sus siglas en inglés– en las protestas del año pasado contra las Leyes de Seguridad Nacional allanaron el camino para que se produjeran cambios en la política y los jóvenes tuvieran una mayor participación en la misma.

Sin embargo, la proporción de jóvenes de 18 y 19 años en la población con derecho a voto es de un escaso 2 %. Además, si se analizan los resultados electorales, puede decirse que la participación de este colectivo en los comicios no tuvo repercusión. Tenían razón los jóvenes que argumentaban con frialdad que acudir a las urnas no cambiaría nada.

Por otro lado, según los principales periódicos de Japón, el índice de voto al Partido Liberal Demócrata (PLD) de los jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 29 años fue alto, cerca del 40 % en la representación proporcional. En otras palabras, lo ocurrido sirvió para confirmar la situación actual de los jóvenes y derribar la teoría de aquellos medios de comunicación que afirmaban que los SEALDs, contrarios a la Administración del primer ministro Abe Shinzō, representaban el fenómeno juvenil. De los resultados se desprende que los nuevos votantes no tienen capacidad de modificar los resultados electorales ni intención de cambiar la situación actual.

El trasfondo de la alta participación electoral entre los jóvenes de 18 y 19 años

Muchos jóvenes con derecho al voto tenían dudas, del mismo modo que todo aquel que acude a las urnas por primera vez, y había quienes pensaban que no podían cargar con semejante responsabilidad; son las dudas de quienes se toman en serio las elecciones y las votaciones. Por otro lado, nos encontramos con aquellos que creían que su única opción era votar a alguien que hubieran visto o escuchado.

Además de esa confusión, los “adultos” se esforzaban por conservar la legitimidad de una democracia japonesa considerada “de plata” en la que los jóvenes participan en política gracias a la adquisición del derecho al voto a las 18 años. Tanto el Gobierno como los eruditos y los medios de comunicación se tomaron como una orden de las altas esferas lograr un aumento de la participación electoral de los jóvenes y ejercieron el papel de pastor que lleva a las ovejas perdidas de vuelta al redil: la Administración hizo abanderadas de su campaña publicitaria a las cantantes del grupo AKB48 y a la actriz Hirose Suzu, de 18 años, mientras que los expertos y la prensa bajaron el umbral de los comicios e invitaron así a los jóvenes a acudir a las urnas. Por ejemplo, en la edición vespertina del periódico Asahi del 25 de junio de 2016, el sociólogo Furuichi Noritoshi recomendaba reflexionar sobre las elecciones de forma ligera: vale elegir al azar, por la apariencia o en función del color del cartel que más nos guste.

Cartel sobre las elecciones en un instituto de educación secundaria superior de la prefectura de Chiba.

Según datos del Ministerio del Interior y de las Comunicaciones, el índice de participación de los jóvenes de 18 años en estas elecciones fue del 51,17 %, y el de los de 19 años, del 39,66 %. Pese a ser inferior al índice total –54,70 %–, supera notablemente los datos relativos a los jóvenes de entre 20 y 29 años, cuya participación fue del 33,37 %. Al comparar las cifras del voto de los jóvenes de 19 años con las de los de 18, sorprende lo alta que fue la participación entre estos últimos. Esto se debe a que los estudiantes que no se encuentran alejados de sus padres ni de la educación de poder que se imparte en los centros de secundaria superior acudieron a las urnas en familia. Además, es posible que les moviera el deseo de formar parte de un momento histórico, ya que, tal y como informaba el periódico Asahi en su edición de la mañana del 3 de julio de 2016, estos serían los únicos jóvenes en poder votar a los 18 años por primera vez desde que cambió la ley. Al observar la baja participación de los jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y los 29 años, no puede decirse que haya aumentado el interés en las elecciones de todo el colectivo joven, pero sí puede esperarse que, a largo plazo,  el incremento de la presencia juvenil en los comicios contribuya gradualmente a la mejora de los índices de participación.

Comparar los programas de cada partido ya no tiene sentido

Por otra parte, se plantea la duda de hasta qué punto contribuye de forma efectiva en la democracia representativa la idea de que la participación aumenta al bajar el umbral de las elecciones. Antiguamente existía la costumbre de votar a quien le hubiera estrechado la mano a uno, algo que posiblemente perdure en la actualidad. La reforma política que se autentificó a partir de la década de 1990 se mostraba crítica con este tipo de conductas electorales y ha venido recomendando acciones que se basen en las políticas. Por este motivo, uno puede preguntarse si no se está retrocediendo cuando la gente decide votar a quien ha visto o escuchado.

La confusión que rodea los procedimientos electorales no es un problema exclusivo de los jóvenes. En un sistema en el que dominan los dos partidos principales, el modelo electoral de reforma política en el que se vota a una formación tras haber leído su programa se completó con el cambio que se produjo en 2009 –El Partido Democrático asumió el poder tras varios gobiernos del Partido Liberal Demócrata–. Sin embargo, el fracaso de la Administración del Partido Democrático motivó que este modelo perdiera credibilidad repentinamente. En estas elecciones, a excepción del partido Osaka Ishin no Kai, ninguna formación presentó programas que contuvieran objetivos numéricos. Por ello, es lógico que los jóvenes de 18 y 19 años que se afanaron en buscar las medidas de los distintos partidos con vistas a los comicios lamentaran su desconocimiento. De hecho, la mayoría de los “adultos” no acude a las urnas tras haber comparado las propuestas de cada formación.

¿Ideas, políticas o personalidad?

El día de las elecciones, el editorial de la edición matutina del periódico Mainichi hablaba sobre diferentes formas de votación. En primer lugar, se decía que en las elecciones a la Cámara Alta el electorado debía valorar los tres años y medio de Gobierno de Abe Shinzō. En segundo lugar, se planteaba emitir el voto preguntándose qué escaños es deseable aumentar, los de la coalición gobernante o los de la oposición. En tercer lugar, el rotativo aconsejaba buscar el candidato o el partido que más se acerque a la ideología del votante en el tema que sea de mayor interés para este.

Además de todo esto, con el trasfondo del escándalo de fondos políticos en el que se vio implicado el entonces gobernador de Tokio Masuzoe Yoichi –se lo acusaba de utilizar dinero público para gastos privados–, esa misma publicación contenía en su edición matutina para Tokio del 19 de junio de 2016 otro enfoque: la necesidad de fijarse en el carácter de los candidatos. En estos comicios, incluso el presidente de las Juventudes del Partido Liberal Demócrata afirmó en un acto de campaña que había que elegir a candidatos con atractivos desde el punto de vista personal, según publicó el diario Mainichi en su edición vespertina para Tokio del 24 de junio de 2016. Otros medios de comunicación, como los periódicos Tokyo y Chūnichi, presentaron el lado humano de los aspirantes: sus libros o lugares favoritos, su lema de vida… El enfoque electoral que había primado hasta el momento, el de la política por encima de la personalidad, quedaba invertido.

Independientemente de los motivos –la confianza en el Gobierno actual, las políticas o la personalidad de los candidatos– podría decirse que la llegada de los nuevos votantes de 18 y 19 años hizo que los “adultos” volvieran a darse cuenta de que realmente no saben cómo votar. Los “adultos” deben tomar como referencia opiniones como la de aquellos jóvenes de 18 años que no habían acudido a las urnas porque consideran que es mejor no votar a hacerlo de forma irresponsable, según aparecía en la edición matutina del periódico Asahi del 13 de julio de 2016. Por lo tanto, es necesario que volvamos a reflexionar sobre la manera en que se debe votar antes de instruir a los nuevos votantes mirándolos por encima del hombro.

Votantes jóvenes más cercanos a la política nacional que a la regional

De cara a estos comicios, hubo expertos que animaban a los nuevos votantes que desistían de hacer escuchar su voz porque consideraban que su voto no tenía valor diciéndoles que este valía más en la política regional. No obstante, nos encontramos en una época en la que los votantes pueden relacionarse con los políticos mediante los medios de comunicación (más que con apretones de manos en la calle), de ahí que la política de las provincias sea algo más distante. Por ejemplo, en las primeras elecciones a la alcaldía de Ukiha (prefectura de Fukuoka) en las que los jóvenes de 18 y 19 años pudieron votar, la participación de estos fue de un escaso 38,38 %, mientras que el índice total se situó en un 56,10 %. Esto se debe a que está surgiendo el sentimiento de que la política nacional se percibe con mayor cercanía que la regional, principalmente entre las generaciones jóvenes.

No obstante, esto no significa que los jóvenes no tengan interés por aquello que los rodea. El Gran Terremoto del Este de Japón, ocurrido en marzo de 2011, motivó a este colectivo, cuya participación en las elecciones suele ser baja, a involucrarse en organizaciones no gubernamentales o sin ánimo de lucro. Además, recientemente los jóvenes se comprometen cada vez más con causas como la recuperación, la lucha contra la pobreza, la mejora de las condiciones laborales y la revitalización regional a través de iniciativas como el emprendimiento. Aunque no lo perciban como política, las acciones que buscan el bien público coordinando diversos intereses no son más que una política que ellos mismos están tejiendo.

Además, a los jóvenes que desde el año pasado han salido a la calle en repetidas ocasiones, como los SEALDs, que tuvieron que admitir la derrota en las elecciones a la Cámara Alta, se los debe valorar desde un ángulo diferente que el de los comicios. En la votación eran minoría, pero su voz se pudo oír en gran medida en los medios de comunicación, lo cual prueba que sus actividades políticas al margen de las elecciones surtieron bastante efecto.

Es deseable que existan actividades políticas de diferente índole; de hecho, es un deber. Posiblemente los “adultos” japoneses, que llevan años creyendo que la forma correcta de hacer política es no pronunciarse al respecto y acudir a las urnas en silencio, deben aprender ahora de los jóvenes en materia de participación política.

(Traducción al español del original en japonés del 19 de julio de 2016)

Imagen de la cabecera: una estudiante de secundaria de 18 años deposita su voto durante los vigesimocuartos comicios a la Cámara Alta de la Dieta (10 de julio de 2016, Shinjuku, Tokio. Jiji Press).

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  • [18.08.2016]

Profesor asistente en el Centro de Investigación de Tecnología y Ciencias Avanzadas de la Universidad de Tokio especializado en política, puesto que ocupa desde 2015. Nace en 1988 y se gradúa de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tokio, institución en cuya Escuela de Posgrado cursa estudios de doctorado que no llega a terminar. Entre sus obras, destacan Suzuki Mosaburō (editorial Fujiwara Shoten, 2011) y 60-nendai no riaru (La realidad de los años 60; editorial Minerva Shobō, 2011).

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