Iniciativas del primer ministro Abe para recuperar los territorios del norte
La cumbre ruso-japonesa en Vladivostok

Satō Masaru [Perfil]

[20.09.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | Русский |

Justo antes de la cumbre ruso-japonesa de septiembre el primer ministro japonés, Abe Shinzō, creó el puesto de ministro encargado de la cooperación en el ámbito económico con Rusia, con el que se pretende mejorar el ambiente que conduzca a una resolución política del problema territorial de las islas Kuriles. Aunque el contenido de las conversaciones acerca de estos territorios se mantiene en estricto secreto, el autor de este artículo, especialista en la problemática rusa, llama la atención sobre la existencia de la declaración conjunta entre Japón y la URSS en 1956, y sobre la posibilidad de que en la cumbre de diciembre se produzcan avances radicales en el tema.

El 2 de septiembre se celebró una cumbre entre el primer ministro japonés Abe Shinzō y el presidente ruso Vladímir Putin en Vladivostok, cumbre que reviste una gran importancia de cara a las negociaciones sobre la territorialidad japonesa y los avances en la cooperación estratégica entre Japón y Rusia.

El Gobierno japonés ha señalado que las líneas generales de su estrategia consisten en aumentar la calidad del nivel de cooperación económica y las relaciones de cooperación sobre problemas internacionales aún más de lo realizado hasta ahora, como medio para buscar una solución a corto plazo al problema pendiente de la territorialidad entre ambos países, el tema más grave.

En lo relativo a la economía, en la reunión del 6 de mayo en la ciudad rusa de Sochi el primer ministro Abe ya había expuesto a Putin un plan de ocho pasos para el desarrollo de las relaciones entre ambos países, algunos de los cuales tratan la cooperación económica y el intercambio a nivel de relaciones humanas. Una parte de los participantes de ambos lados consideraron el plan simplemente papel mojado. Es importante destacar que, para tratar de eliminar ese tipo de críticas escépticas, Abe creó el cargo de ministro encargado de la cooperación en el ámbito ecónomico con Rusia y, el día anterior a la cumbre designó para dicho puesto a Sekō Hiroshige, ministro de Economía e Industria. Sekō acompañó a Abe en su viaje y pudo conversar con Putin, lo cual posiblemente logró trasmitir el mensaje deseado: que el gabinete Abe se toma la cooperación económica con Rusia muy en serio. A partir de ahora Sekō va a ver aumentar su propia utilidad en lo que a la diplomacia con los rusos se refiere. En concreto, si logra establecer un canal de comunicación directa con Anton Vaino, jefe de personal de la Oficina Ejecutiva Presidencial de Rusia, que trabajó como diplomático en Japón y habla japonés con fluidez, no solo podrá realizar importantes ajustes relacionados con problemas económicos, sino también otros relativos a la territorialidad.

En lo que a la territorialidad se refiere, ambas partes han mantenido en estricto secreto el contenido de las charlas mantenidas. El tiempo total que se dedicó a ese tema en la cumbre fue de tres horas y diez minutos, de los cuales 55 minutos fueron una conversación vis a vis entre los dirigentes, únicamente acompañados de intérpretes. No hay duda de que en esa ocasión se trató el tema en cuestión. Sin embargo, a este autor le parece evidente que ninguno de los dos dirigentes habló de implementar nuevas políticas sobre territorialidad. El primer ministro Abe, contestando a los periodistas, declaró que “Sobre todo en lo que concierne a los acuerdos de paz, creo que hemos podido dialogar a un nivel bastante profundo. En cuanto a las negociaciones basadas en nuevos planteamientos sobre el problema, de eso nos encargaremos en reuniones posteriores, más concretamente, pero ya se perfila el camino a seguir. Creo que ha sido una reunión en la que hemos podido sentir con fuerza la respuesta en ese sentido. Japón y Rusia llevan más de setenta años en una extraña situación, sin haber llegado nunca a formalizar los acuerdos de paz tras la Guerra, y soy de la opinión de que no existe otro camino, para resolver ese tema, que buscar soluciones políticas a partir de una relación de confianza entre dirigentes. El presidente Putin y yo hemos prometido realizar otra reunión aprovechando la reunión de APEC (el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) en Perú, en noviembre. Además, también hemos acordado realizar una cumbre el 15 de diciembre, en la prefectura de Yamaguchi. En mi ciudad natal, Nagato, se respira un ambiente de tranquilidad que acelerará los procesos de paz; me gustaría que pudiéramos mantener una cumbre de ese tipo.”

La posición básica del Gobierno japonés de cara a la territorialidad de las islas del norte se puede resumir del siguiente modo: en tanto en cuanto la soberanía japonesa sea reconocida en las islas Kuriles, su postura de cara a los plazos, la situación y las condiciones de la devolución será flexible. Por otro lado, los Gobiernos de ambos países acordaron en octubre de 1993, en la Declaración de Tokio, que “La firma del tratado de paz se realizará por medio de la resolución del problema sobre la devolución de las cuatro islas (las Kuriles: Iturup, Kunashir, Shikotan y Jabomai)

A partir del momento en que el primer ministro Abe subrayó la idea de un nuevo enfoque, el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés dejó de hacer hincapié en la necesidad de incluir el reconocimiento de la soberanía japonesa como condición de los tratados de paz, y la Declaración de Tokio perdió su estatus como punto de referencia.

Es de esperar que el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés, siguiendo las directrices del primer ministro Abe, comience realmente a investigar nuevos enfoques que persuadan al presidente Putin. De ser así, la clave reside en la declaración de cooperación que firmó en 1956 Japón con Rusia (en aquel entonces aún la Unión Soviética), en la que esta expresaba su intención de devolver las islas Jabomai y Shikotan a Japón una vez firmado el tratado de paz. Ambos países ratificaron en su día esta declaración, y por tanto es vinculante, según las leyes internacionales. Por el lado japonés, si se firma el tratado de paz se devolverán las islas de Jabomai y Shikotan, y si los dirigentes de ambos países lo deciden se podrán comenzar los preparativos en ese sentido. De ser así habrá que pensar qué pasa con las islas de Iturup y Kunashir, pero no creo que se vaya a dar un escenario tan idílico todavía. Si a través de la resolución del problema de las Kuriles Japón y Rusia se ven enfrentadas a la tarea de definir sus fronteras internacionales, Japón tendrá que reconocer la inclusión de la península de Crimea en Rusia, algo que reviste un gran atractivo para el gabinete de Putin. Sea como sea, la cumbre entre los dirigentes de Rusia y Japón en Nagato, el 15 de diciembre, puede provocar un gran giro en el problema de los territorios del norte.

(Artículo escrito el 3 de septiembre de 2016, y traducido al español del original en japonés. Imagen del banner: el presidente ruso Vladímir Putin (derecha) habla con el primer ministro Abe; Vladivostok, Rusia, 2 de septiembre de 2016 – Jiji Press)

  • [20.09.2016]

Nacido en Tokio en 1960. Ha sido analista senior del Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón, donde obtuvo altas distinciones de sus homólogos en el extranjero como especialista en inteligencia diplomática. Tras estudiar ruso en el Instituto de Idiomas de la Defensa de Gran Bretaña, trabajó en la embajada japonesa en Moscú construyendo una red de canales de información en el Kremlin. Como autor, entre sus trabajos se incluyen Kokka no wana (La trampa del Estado) y Jikai suru teikoku (El imperio autodestructivo).

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