Las pruebas nucleares de Corea del Norte y el embargo del petróleo como única solución

Shigemura Toshimitsu [Perfil]

[05.10.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | Русский |

Corea del Norte está retando a la comunidad internacional al sumar a sus constantes lanzamientos de misiles un quinto experimento nuclear. Pero ¿cuál es el objetivo de tales acciones? El autor de este artículo nos insta a buscar la respuesta en la apremiante situación del país.

Corea del Norte ha llevado a cabo su quinta prueba nuclear recientemente, y seguirá con su desarrollo nuclear a menos que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas responda con el embargo del petróleo. Los líderes de China, EE. UU. y Corea del Sur erraron su juicio porque no comprenden la política norcoreana de “antes la muerte que abandonar las armas nucleares”. Incapaces de captar el particular talante del país, lo trataron creyendo compartir un mismo sistema de valores y fracasaron. No habían aprendido la lección de las guerras del Peloponeso de la antigua Grecia, que nos enseñan que los errores de juicio de los dirigentes desembocan en conflictos armados. La solución no se alcanzará hasta que Corea del Norte se vea obligada a elegir entre desarmarse o hundirse. Debemos asimismo condenar duramente la visita del diputado de la Dieta japonesa Antonio Inoki a Corea del Norte en estos momentos, un acto que podría malinterpretarse como una muestra de debilidad por parte de Japón.

Los misiles y las pruebas nucleares no son simples tretas políticas

Antes de nada quisiera exponer las opciones disponibles para sancionar las acciones de Corea del Norte. Hasta la fecha las sanciones se han limitado a medidas “amables” de modestas consecuencias que no podían arruinar el país. El motivo es la oposición de China a medidas más duras. Pero Corea del Norte seguirá con sus pruebas nucleares a menos que se apliquen medidas como las que siguen: (1) el embargo total del petróleo; (2) unas sanciones financieras duras (que incluyan el dólar, el euro y el yuan); (3) la investigación de la exportación de armas nucleares y el bloqueo naval; (4) la prohibición de la entrada y la salida de personas; (5) la interrupción de las relaciones diplomáticas con los países europeos. Lo afirmo porque el desarrollo nuclear es el único medio de que dispone Corea del Norte para mantener su sistema actual. Japón tiene en su mano medidas como (1) bloquear totalmente las transferencias monetarias, (2) reforzar las regulaciones de entrada y salida de personas, (3) prohibir la entrada de embarcaciones que hayan desembarcado alguna vez en Corea del Norte, y (4) prohibir el repostaje de dichos barcos.

Tras lanzar un misil balístico desde un submarino el 24 de agosto, el 5 de septiembre Corea del Norte lanzó tres misiles Rodong desde el oeste del país y llevó a cabo una prueba nuclear de gran escala el 9 del mismo mes. ¿Cómo debemos interpretar estos hechos? La mayoría de los especialistas, los altos funcionarios gubernamentales y la prensa de los países interesados, incluido Japón, los analizaron como “un farol estratégico a propósito de la cumbre del G20 en China”. También hubo quien los tildó de “presión” para negociar con Estados Unidos y de “tretas políticas”.

Esos análisis no aciertan a captar el verdadero fondo del problema. Por las fechas del lanzamiento de los misiles se ejecutaba un ejercicio militar antimisiles conjunto de EE. UU. y Corea del Sur, y el 9 de septiembre era el aniversario de la fundación nacional de Corea del Norte; sin embargo, a estos hechos no se les dio importancia. El ejército norcoreano se ve obligado a responder a los ejercicios militares que EE. UU y Corea del Sur ejecutan durante el año realizando sus propios ejercicios dentro del país, lo que deja sus parcas reservas petrolíferas bajo mínimos. El problema es tan serio que cuando el director administrativo (actualmente, presidente) de la Fundación Nippon Sasakawa Yōhei visitó Corea del Norte en 1992, el presidente Kim Il-sung le comentó: “Los ejercicios militares de EE. UU y Corea del Sur hacen que Corea del Norte se empobrezca y se quede sin petróleo. Quiero que paren”. Además muchos expertos no comprenden que el liderazgo del presidente Kim Jong-un es inestable y que el descontento se está extendiendo dentro del ejército norcoreano.

Piénsenlo fríamente: era evidente que lanzar misiles y realizar pruebas nucleares durante la cumbre del G20 iba a suponer un desprestigio que provocaría la ira de China. Asimismo, realizar el experimento después de que el Consejo de Seguridad condenase el lanzamiento de los misiles iba a encender la ira de Estados Unidos. ¿Creen que la cúpula dirigente de Corea del Norte no preveía esas consecuencias? Los tiros no van por ahí. Lo que ocurre es que su situación interna es tan acuciante, que Corea del Norte se vio obligada a hacer oídos sordos ante las condenas de la cumbre del G20 y del Consejo de Seguridad; es lo que se desprende de las declaraciones emitidas hasta la fecha y de los anuncios más recientes.

Corea del Norte se empeña en sostener que el desarrollo de armas nucleares es una respuesta a la política de hostilidad de Estados Unidos. El 11 de septiembre también declaró que dicha actividad era para “conservar la dignidad y subsistir” ante “la amenaza nuclear (de EE. UU.) y las sanciones”. Es el método estrella de Corea del Norte para enmascarar los problemas. Por su parte, Estados Unidos debería haber insistido en que no mantiene ninguna política de hostilidad y buscar el respeto de los derechos humanos y la seguridad de los ciudadanos norcoreanos, pero su diplomacia no tomó tales derroteros.

  • [05.10.2016]

Profesor emérito de la Universidad Waseda, profesor visitante de la Universidad Yonsei (Corea del Sur) y miembro honorario del Consejo de Edición del diario Mainichi. Nace en 1945 en Liaoning, China. Tras graduarse de la Facultad de Derecho de la Universidad Waseda, ingresa en el citado rotativo, que lo envía como corresponsal especial a Seúl y Washington. Además, escribe algunos de sus editoriales. En el año 2000 imparte clases en la Facultad de Estudios Internacionales de la Universidad Takushoku, mientras que de 2004 a 2016 enseña en la misma facultad de la Universidad Waseda. Su campo de especialización es la situación en la península coreana. Entre sus obras destaca Gaikō Haiboku: Nicchō Shunōkaidan to Nichibei Dōmei no Shinjitsu (Fracaso diplomático: la realidad tras la cumbre niposurcoreana y la alianza nipoestadounidense; editorial Kōdansha).

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