Los retos de la reforma del sistema laboral en Japón
Busquemos un nuevo sistema de trabajo que supere el de la era Shōwa

Tsunemi Yōhei [Perfil]

[21.11.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | Русский |

La reforma del sistema de trabajo es uno de los temas que la Administración Abe considera “de máxima importancia” actualmente. ¿Puede reducir Japón las prolongadas jornadas laborales que llevan décadas de arraigo en el país?

Estamos en la era de la reforma del sistema laboral. Nadie se opone a la idea general de cambiar la forma de trabajar, y el hecho de que fuera el Gobierno quien sacó el tema a debate demuestra que los tiempos han cambiado. No es no crea en este reto nacional, pero aun así me suscita una vaga inquietud. A continuación quisiera exponer los puntos que considero problemáticos a la hora de aplicar las medidas propuestas por la Administración para solucionar los problemas laborales.

El pionero debate sobre la reforma del sistema de trabajo

Con la tercera remodelación del Gobierno Abe, lanzada tras las elecciones de la Cámara Alta de verano de 2016, el ejecutivo se autoproclamó como “un Gobierno que afrontará los retos del futuro” y designó la reforma del sistema laboral como el mayor de dichos retos. En las reuniones que ya se han celebrado entre representantes de los trabajadores, empresarios y expertos, se determinaron los siguientes nueve puntos a estudiar:

  1. La mejora de las condiciones del empleo irregular (igualdad salarial para un mismo trabajo)
  2. El aumento de los salarios
  3. La reducción de la jornada laboral
  4. El apoyo al cambio de empleo, a la recolocación laboral y a la formación ocupacional
  5. La flexibilización laboral para permitir el teletrabajo y los empleos secundarios o paralelos
  6. La creación de un entorno que facilite el trabajo de las mujeres y los jóvenes
  7. La promoción de la ocupación de las personas mayores
  8. La conciliación del trabajo con las bajas médicas, la crianza de los hijos y el cuidado de los mayores
  9. El problema de la admisión de mano de obra extranjera

(Citado de la edición del 28 de septiembre de 2016 de Asahi Shinbun)

La reforma del sistema laboral es un tema candente en los medios de comunicación, que informan continuamente de las iniciativas que se van lanzando: desde medidas de grandes empresas, como la promoción del teletrabajo para todos los empleados (incluidos los no regulares) por parte de Recruit Holdings y las empresas de su grupo, o la introducción de la semana laboral de 4 días por parte de Yahoo Japan, hasta iniciativas personales como compaginar el empleo principal con empleos secundarios o paralelos.

Los que acabamos de mencionar son solo algunos ejemplos, pero los cambios que se están considerando abarcan una esfera muy amplia. Con todo, podemos afirmar que los temas principales de la reforma son la reducción de la larga jornada laboral, la mejora de las condiciones del empleo irregular y la equiparación de los salarios para un mismo trabajo.

Identificar la raíz de las horas extras

En el debate sobre la reforma del sistema de trabajo se da especial relevancia al acortamiento de la larga jornada laboral japonesa. Trabajé como empleado de empresa durante 15 años, y las jornadas laborales interminables eran parte del día a día. En mi primer año llegué a trabajar desde la mañana hasta la madrugada del día siguiente. También realicé horas extras sin cobrarlas; en ocasiones me lo ordenó un superior, pero otras veces yo mismo me resté horas del registro. Lo hice porque sentía que mi rendimiento era demasiado bajo para el tiempo trabajado, que los resultados no bastaban y que el nivel de la calidad era insuficiente.

Echando la vista atrás me pregunto por qué hacía tantas horas extras. Se me ocurren unas cuantas razones: porque no me organizaba bien, porque la carga y la complejidad del trabajo eran excesivas, porque no quería bajarme del tren de la competitividad interna de la empresa, porque no paraba hasta quedar satisfecho con mi trabajo y porque en la empresa todos hacían jornadas tan largas que aquello parecía “la ciudad que nunca duerme”.

La reducción de las largas jornadas laborales es una cuestión que Japón arrastra desde hace muchos años. Japón es uno de los países del mundo donde hay una mayor proporción de trabajadores con jornadas laborales prolongadas. Las horas de trabajo anuales de los empleados regulares se ha mantenido alrededor de las 2.000 durante los dos últimos decenios. La media general de horas anuales, incluyendo a los empleados irregulares, pasó de 1910 en 1994 a 1734 en 2015. En la actualidad los empleados irregulares representan en torno al 40 % del total de la población trabajadora, y su porcentaje ha ido aumentando desde mediados de los años noventa. Así es que las horas de trabajo parecen haberse reducido simplemente porque un alto porcentaje de los empleados irregulares trabajan a tiempo parcial.

En el debate sobre la reforma del sistema laboral se discute el endurecimiento de las restricciones sobre la duración de las jornadas. Ya existen restricciones, pero basta con firmar un acuerdo con los trabajadores para que estos puedan realizar muchas más horas extras; se trata del Acuerdo 36 de la Ley de Estándares Laborales, que dispone lo siguiente: “Si la empresa y los representantes de los trabajadores lo acuerdan formalmente, es posible superar las horas de trabajo determinadas por ley, esto es 8 horas diarias o 40 semanales”. Se trataría, pues, de regular los casos en los que este no funciona.

Aunque estoy a favor de regular las jornadas de trabajo largas, opino que la medida actual no es suficiente porque la limitación de las horas obliga a las empresas a ingeniárselas para reducir las horas extras. Mientras no solucionemos la cuestión de rebajar la carga absoluta de trabajo o de modificar la división de tareas, estaremos cayendo en una reforma a la vieja usanza de “todo se puede con voluntad y esfuerzo”.

El debate sobre la reforma del sistema laboral deja totalmente de lado el análisis de la razón de ser de las horas extras. En el origen de las horas extras yace el espíritu competitivo de todo trabajador por progresar en su carrera y la falta de una definición clara de las funciones que recaen sobre cada empleado.

Por supuesto que también existen problemas como el que he mencionado antes de las entidades cuya cultura empresarial propicia las jornadas inacabables. Hay incluso quien achaca la proliferación de las horas extras a la naturaleza diligente de los japoneses. Sin embargo, la respuesta no debe buscarse en teorías psicológicas, sino en una sociedad en que todos compiten para escalar posiciones y en una estructura laboral que permite asignar a un empleado todo tipo de funciones, sin ninguna limitación. De nada servirá regular las horas de la jornada laboral si la reforma no injiere en estos puntos.

Apoyaría una reforma del sistema laboral que fomentase el cambio al estilo de trabajo que explicaba (sistema de ascenso regulado, definición concreta del alcance de las funciones del empleado, procedimiento de asignación del trabajo, etc.), pero nada cambiará con una reforma al viejo estilo —“todo se puede con voluntad y esfuerzo”— que se limite a reducir las horas de trabajo y a imponer restricciones.

Una reforma que deje en manos de las empresas hallar la forma de cumplir la normativa conduce a la realización de horas extras sin cobrar. Es decir, si a un empleado ya desbordado de trabajo encima se le imponen restricciones de tiempo, acaba haciendo horas extras bajo su propia responsabilidad.

Claro que también podemos considerar el punto de vista de que las posibilidades del ser humano son infinitas. En las empresas que introducen medidas para reducir la jornada laboral, por ejemplo imponiendo una hora de salida obligatoria, los empleados cambian su forma de pensar y encuentran sus propias soluciones para adaptarse. Incluso hay empresas en las que las jornadas laborales largas están ahora mal vistas entre los empleados. Pero lo cierto es que no todas las empresas encajan las imposiciones con tanta gracia.

La opinión de los trabajadores en la reforma propuesta por la oficina del primer ministro

Con la designación de un ministro encargado de promover la participación proactiva de todos los ciudadanos en la sociedad y otro al frente de la reforma del sistema laboral, junto con la constitución de consejos de expertos en la materia, el Gobierno ha manifestado ostensiblemente la importancia que otorga a dichas estas cuestiones. Aun así, la reforma que promueve la oficina del primer ministro tiene algunos ángulos ciegos.

La designación de ministros y la recopilación de opiniones de expertos demuestran que el Gobierno se toma la reforma en serio, pero también parecen medidas de conciliación. En las elecciones a la Cámara Alta del pasado verano el Gobierno y la oposición presentaron políticas laborales en la misma línea. La actitud del Partido Liberal Democrático, que ha ido asimilando con flexibilidad —para lo bueno y para lo malo— las propuestas de la oposición, parece dirigida a zanjar puntos de debate y a la vez sumar apoyo.

En el consejo de expertos convocado por el Gobierno participan como representantes de los empresarios y trabajadores figuras como el presidente de la Federación Empresarial de Japón y el de la Confederación de Uniones de Trabajadores de Japón, que solo representan a los interesados de las grandes corporaciones. Sin embargo, más del 60 % de la población japonesa trabaja en pymes. ¿Cómo van a exponerse los intereses de los representantes de este tipo de entidades? Además, aproximadamente el 40 % de los trabajadores tienen empleo irregular. ¿Se verán representados todos los puntos de vista de la diversa población laboral del país en el consejo de expertos?

Es más, el consejo carece incluso de la lógica de los ejecutivos empresariales. Recordemos una obviedad: el nivel de vida de los trabajadores no puede mejorar a menos que las empresas obtengan un cierto nivel de beneficios. La reforma no tiene sentido si se limita a fijar el coste de la mano de obra; debe permitir también mejorar el rendimiento.

Para hablar del rendimiento debemos tener en cuenta siempre la productividad, basándonos en la cantidad de mano de obra invertida y el valor añadido generado. Suele afirmarse que Japón es un país con una productividad baja sin ponerlo en contexto con otros factores, cuando hay países que lo superan con industrias que aportan un elevado valor de escasez, sea por sus recursos naturales o porque son centros financieros. Los medios de comunicación ignoran estos factores y se centran en una baja productividad que justifican con prácticas como la excesiva celebración de reuniones. Me pregunto por qué los medios no se cuestionan el hecho de que Japón vaya por detrás de países que han caído en la bancarrota como Islandia y Grecia.

Si Japón se lanza a modificar su forma de trabajar sin contar con una visión de crecimiento a largo plazo que aproveche el potencial de su industria, estará cayendo en el error de pasar a los pormenores sin haber preparado una estrategia general de base. La productividad no crecerá mientras no se conciba el modo de aumentar el valor añadido.

Al considerar la reforma del sistema laboral lo importante es que aparquemos los sentimientos y las ideas preconcebidas para analizar por qué se ha mantenido hasta ahora el sistema actual. Aunque las jornadas laborales largas son negativas desde el punto de vista de la salud y la seguridad del personal, si se siguen practicando es porque resultan lógicas desde otro punto de vista: permiten adaptarse con flexibilidad tanto a las épocas de bonanza como a las de crisis sin tener que modificar la plantilla. Cuando no se encuentran recursos humanos con las calificaciones necesarias ni en el mercado nacional ni en el internacional, resulta más eficiente alargar la jornada del personal ya disponible. Lo que cabe plantearse es hasta qué punto se puede explotar esta lógica.

Toda la reforma del sistema laboral —sin limitarse a la reducción de la jornada— que propone la oficina del primer ministro es una reforma que delega la solución del problema en las empresas. Debemos alzar la voz y hacer llegar nuestra opinión a la Administración para evitar que la reforma resulte contraproducente para Japón y para que no acabe dejando fuera a los trabajadores.

Fotografía del titular: Empleados de Plat-Ease (Shibuya, Tokio), una empresa que administra y distribuye datos gráficos que ha establecido una oficina satélite en la zona de Kamiyama de la prefectura de Tokushima. La empresa ha introducido líneas de comunicación de gran capacidad para la gestión de datos en un edificio de madera. Agosto de 2013. (Jiji Press)

  • [21.11.2016]

Crítico y profesor asociado de la Facultad de Estudios Internacionales de la Universidad de Comercio de Chiba. Especialista en sociología del trabajo. Nacido en 1974 en Sapporo, Hokkaidō. Se licenció en la Facultad de Comercio de la Universidad de Hitotsubashi y obtuvo la maestría en sociología en la misma institución. Trabajó en Recruit entre 1997 y 2005, y posteriormente en un fabricante de juguetes y en una consultoría. Escribe e imparte formación sobre empleo y contratación, trayectorias profesionales y desarrollo juvenil. Entre sus publicaciones cuenta con Bokutachi wa Gundam no GM dearu (Nosotros somos el GM de Gundam; Nikkei Business Jinbunko) y ‘Shūkatsu’ to nihonshakai (La búsqueda de empleo y la sociedad japonesa; NHK Books).

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