El aumento del maltrato infantil y su contexto social

Nishizawa Satoru [Perfil]

[21.02.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

El número de casos de maltrato de menores registrados por los centros de asesoramiento infantil de todo Japón superó los 100.000 en 2015. En este artículo exploramos las causas de la tendencia al alza de estos casos en Japón, que van desde el maltrato psicológico (insultos, amenazas), hasta el maltrato físico (golpes, patadas), la negligencia (privación de alimento u otras necesidades) y el abuso sexual.

En agosto de 2016 el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón anunció que en 2015 los centros de asesoramiento infantil de todo el país habían registrado 103.260 casos de maltrato, superando por primera vez las 100.000 denuncias en un año. Cuando Japón empezó a recopilar las estadísticas de maltrato infantil en 1990 se notificaron 1.101 casos. Por más que hayan pasado veinticinco años desde entonces, la multiplicación de la cifra por cien en ese período solo puede tildarse de anómala.

Por otro lado, una enmienda de la Ley de Bienestar Infantil dictó que a partir de 2005 los ayuntamientos también debían atender consultas sobre maltrato. En 2014 dichos organismos registraron 88.000 casos. Suponemos que una parte de los casos también se registraron en centros de asesoramiento infantil, por lo que es difícil calcular el total real entre ambas instituciones. Con todo, estamos barajando una cifra de centenares de miles de casos que pone de manifiesto la honda gravedad de la situación.

¿Por qué la mitad de los casos son de maltrato psicológico?

Según las estadísticas de maltrato en 2015 publicadas por los centros de asesoramiento infantil, casi la mitad (el 47,5 %) de denuncias fueron por maltrato psicológico. Ese dato lo convierte en el tipo más común entre las cuatro categorías de maltrato infantil (físico, psicológico, por negligencia y sexual). El maltrato psicológico consiste en actos verbales o de actitud que niegan el valor de la existencia del menor por parte de padres o cuidadores, como por ejemplo decirle que no fue un hijo deseado o que la familia sería más feliz sin él. Es un tipo de maltrato más difícil de detectar externamente que el maltrato físico o la negligencia.

Las estadísticas de 2015 podrían hacernos suponer que el maltrato psicológico es inusualmente frecuente en Japón, pero no es así: la astronómica cifra surge de incluir en el concepto de maltrato psicológico los casos en que el menor presencia violencia doméstica.

El factor que ha desencadenado esta situación es la definición de maltrato psicológico que ofrece la Ley para la Prevención del Maltrato Infantil. La enmienda de la ley aprobada en 2004 especifica que ser testigo de la violencia doméstica supone una forma de maltrato psicológico para el menor. En virtud de la nueva legislación, la Agencia Nacional de Policía ordenó comunicar a los centros de asesoramiento infantil todas las denuncias de violencia doméstica en que hubiera menores viviendo en el hogar.

Así pues, podemos asumir que el contexto legal es la causa de que las estadísticas de maltrato psicológico japonesas superen holgadamente las de los países occidentales. Esta situación impide tanto captar la realidad del maltrato psicológico en Japón como elaborar comparativas precisas con los datos estadísticos de otros países. Debemos corregir cuanto antes el sistema de procesamiento de los casos de violencia doméstica presenciada por menores.

Por ejemplo, el informe estadounidense Child Maltreatment 2013 (Maltrato de menores 2013), basado en el NCANDS (Sistema Nacional de Datos sobre Maltrato y Negligencia de Menores), revela que, de todos los casos notificados al Servicio de Protección de Menores en el país en 2013, 679.000 fueron de maltrato o negligencia: los más numerosos fueron por negligencia (79,5 %), seguidos por los de maltrato físico (18,0 %), los de abuso sexual (9,0 %) y en último lugar los de maltrato psicológico (8,7 %).

En Estados Unidos los casos en que el menor puede haber presenciado violencia doméstica se clasifican aparte de los cuatro tipos de maltrato que mencionábamos, en una categoría llamada “Children With a Domestic Violence Caregiver Risk Factor” (niños con cuidadores con riesgo de violencia doméstica). De los 464.542 casos de crianza inadecuada registrados entre 35 estados en el año 2013, 127.512 (el 27,4 %) pertenecían a dicha categoría.

Las características del maltrato infantil

Tomando como parámetro el total de casos notificados en 2015 sin contar los de maltrato psicológico, tenemos 54.567 casos divididos como sigue: el maltrato físico es el más común con un 54,5 %, a continuación la negligencia con un 44,8 % y finalmente el abuso sexual con un 2,8 %. Si comparamos estos datos con los de Estados Unidos que veíamos arriba, observamos que en Japón abunda el maltrato físico mientras que la negligencia y el abuso sexual son relativamente escasos.

Tampoco aquí los datos logran captar la realidad japonesa, ya que son un reflejo de la infravaloración de la negligencia y el abuso sexual. La negligencia se subestima porque existe una creencia errónea de que en raras ocasiones llega a producir la muerte de la víctima. También influye el desconocimiento sobre este tipo de casos por parte de los profesionales de los organismos responsables. Pero, si consideramos que la negligencia crónica conlleva el riesgo de provocar daños tan graves como el retraso no orgánico en el desarrollo del menor, está claro que no podemos ignorar el problema.

En cuanto al abuso sexual, en Japón prácticamente todas las denuncias corresponden a víctimas que han alcanzado la pubertad, mientras que los abusos a niños prepúberes no se detectan casi nunca. Lo que impide identificar correctamente el abuso sexual de menores es la preconcepción equivocada —extendida incluso entre especialistas— de que solo afecta a las muchachas adolescentes.

Las implicaciones del aumento de las denuncias por maltrato

Dejando a un lado los problemas estadísticos de Japón para determinar con exactitud la incidencia del maltrato infantil, debemos subrayar el espectacular incremento de denuncias en los veinticinco años que llevan contabilizándose, en que se ha pasado de alrededor de 1.000 en 1990 a más de 100.000 en 2015. Tamaño despegue puede atribuirse a dos motivos.

El primer motivo es el cambio de mentalidad de los japoneses. Antiguamente predominaba la visión de la violencia entre miembros de una familia como un problema doméstico en el que la sociedad no intervenía. Hoy en día, sin embargo, la opinión pública defiende la intervención social incluso si la violencia se produce en el seno familiar. Este cambio de enfoque social contribuyó a la aprobación de la Ley para la Prevención del Maltrato Infantil en el año 2000. Y la puesta en vigor de dicha ley contribuyó a su vez a moldear esa nueva conciencia social que impulsó el aumento de las denuncias por maltrato. Aun así, este motivo solo no basta para justificar una cifra tan astronómica de denuncias.

El derrumbe de la familia como detonante

El segundo motivo que debemos tener en cuenta para explicar la multiplicación de las denuncias por maltrato es el incremento real del número de casos, pero resulta harto difícil analizar empíricamente los factores psicosociales que lo han desencadenado.

De entre los diversos factores ponderables, podemos señalar el declive de la función educativa y de crianza de la familia. Los indicadores estadísticos sociales que sugieren dicho declive son los siguientes:

  • El aumento de los matrimonios de penalti y su elevada incidencia de divorcio
  • La ligera tendencia al alza de la maternidad antes de los 20 años de edad
  • El incremento general de la tasa de divorcios
  • La proliferación de los hogares monoparentales encabezados por mujeres jóvenes
  • La elevada tasa de pobreza entre los hogares monoparentales encabezados por mujeres

Estos fenómenos simbolizan el avance de la transformación (o la desviación) del modelo familiar estándar de la familia nuclear que se generalizó entre el período Taishō (1912–1926) y la era del crecimiento económico acelerado (1954–1973 aprox.).

Podríamos pensar que la transformación de la familia degradó su función educativa y de crianza provocando, en última instancia, el aumento del maltrato. Cabe apuntar, sin embargo, que las medidas de ayuda y los recursos sociales destinados a paliar esa degradación de la función educativa y de crianza familiar se concibieron pensando en ese “modelo estándar” de la familia nuclear. Por lo tanto, debemos reconocer que existen factores sociales que favorecen el aumento del maltrato: la falta de una ayuda dirigida a los problemas de la lista de arriba. Mejorar la situación requiere, por ejemplo, crear un nuevo sistema de ayudas sociales destinado a esas familias monoparentales encabezadas por mujeres jóvenes que van en aumento. El maltrato puede atajarse aplicando unas medidas que se adapten a la realidad del problema.

Captar una situación muy compleja

Hasta aquí he intentado desarrollar un breve análisis sobre la situación actual del maltrato infantil en Japón y las causas de su aumento basándome en los datos estadísticos publicados. Aun así, en la práctica se observan “nuevas idiosincrasias” que las estadísticas no reflejan, como es la incidencia cada vez mayor de casos del síndrome del niño sacudido (también llamado traumatismo craneal abusivo) y del síndrome de Munchausen por poderes.

El síndrome del niño sacudido es una manifestación del maltrato físico que consiste en una serie de lesiones como hemorragias cerebrales graves provocadas al zarandear violentamente al bebé (por ejemplo, porque no para de llorar). El síndrome de Munchausen por poderes es un tipo de maltrato médico que se produce cuando el progenitor o cuidador inventa síntomas de enfermedad falsos o provoca síntomas reales al menor para luego someterlo repetidamente a exámenes o tratamientos médicos innecesarios.

Aunque no me consta que existan datos que evidencien el aumento de este tipo de maltratos, los terapeutas especialistas lo están notando en la práctica clínica. Ante estas circunstancias, no es posible afirmar que en Japón se tenga un conocimiento preciso sobre la situación del maltrato infantil. En adelante va a ser cada vez más necesario analizar a conciencia la realidad del maltrato que no recogen los datos estadísticos y ofrecer a los niños la atención psicológica que requieran para poder superar los traumas sufridos.

(Traducido al español del original en japonés.)

Fotografía del encabezado: AFLO

  • [21.02.2017]

Profesor y jefe del Departamento de Desarrollo Comunitario de la Facultad de Servicios Humanos y Sociales de la Universidad Prefectural de Yamanashi. Graduado en Asesoramiento Psicológico por la Facultad de Educación de la Escuela de Posgrado de la Universidad Estatal de San Francisco. Especialista en psicología de menores maltratados, ofrece terapia clínica a niños traumatizados por los maltratos. Dirige el Centro para la Prevención del Maltrato Infantil. Autor de Kodomo no torauma (Los traumas infantiles) y Kodomo no gyakutai (El maltrato infantil), entre otras publicaciones.

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