El suicidio y su prevención en Japón

Takahashi Yoshitomo [Perfil]

[10.01.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Aunque la tasa de suicidios ha descendido respecto a su momento álgido, Japón sigue siendo uno de los países del mundo donde más personas se quitan la vida. ¿Por qué el número de suicidios aumentó súbitamente hace unos veinte años? ¿Qué factores contribuyeron a ese fenómeno? En este artículo nos proponemos analizar la realidad del suicidio en Japón y reflexionar sobre las posibles recetas para ponerle freno.

Según las estadísticas de la Agencia Nacional de Policía, la media anual de suicidios en Japón en el decenio de 1988 a 1997 fue de 22.000 personas. En 1998 la cifra se disparó hasta 32.863, superando por primera vez los 30.000 casos anuales. Desde entonces la tasa anual se mantuvo por encima de 30.000 durante más de diez años y Japón se convirtió en uno de los países con el mayor índice de suicidios del mundo.

El incremento de los suicidios de hombres en la cuarentena y la cincuentena, la edad más productiva laboralmente, resultó especialmente grave. Este agudo crecimiento de la tasa de suicidio entre los hombres de mediana edad iniciado a finales de los años noventa, en contraste con la tendencia mundial a la proliferación del suicidio de los hombres jóvenes ante cambios sociales bruscos, constituye un rasgo peculiar del caso nipón.

Por qué crece el suicidio entre los hombres de mediana edad

El psiquiatra Amakasa Takashi identifica tres factores para justificar el aumento del número de suicidios entre los hombres de mediana edad:

① El derrumbe del sistema de empleo de por vida. El recrudecimiento de la crisis económica en los años noventa dio lugar a la que se conoce como la década perdida. La recesión provocó que cada vez menos empresas fueran capaces de mantener el sistema del empleo de por vida que había sostenido el crecimiento acelerado de la economía japonesa tras la Segunda Guerra Mundial. La caída de los resultados empresariales convirtió los despidos laborales en un problema patente.

② La introducción del sistema de retribución por resultados. Anteriormente en Japón imperaba el sistema salarial de promoción por antigüedad, pero llegó un momento en que dejó de ser sostenible. En plena crisis de los noventa se introdujo el sistema occidental de retribución por méritos. Sin embargo, como el objetivo principal era recortar costes de mano de personal para hacer frente a la crisis, se acabó introduciendo un sistema apresurado que imprimió una sensación de injusticia a los trabajadores.

③ La proliferación del empleo irregular. La contratación laboral irregular también se popularizó a partir de la década de los noventa. Estos tres factores intricadamente relacionados afectaron profundamente a las generaciones de hombres en lo mejor de su carrera laboral y repercutieron en el ascenso de la tasa de suicidios.

Concebir el suicidio como un problema social

Atajando el gravísimo problema de frente, en 1996 se aprobó la Ley Básica de Prevención del Suicidio y se declaró la necesidad de tratar el suicidio como un problema que afecta a la sociedad en su conjunto. Al año siguiente, en 1997, se publicó la Guía de Políticas de Prevención del Suicidio indicando las directrices concretas. El suicidio quedó claramente definido como un fenómeno a abordar como problema social, dejándose atrás la tendencia dominante en Japón hasta entonces a considerar el suicidio como un problema individual. A partir de ese momento empezaron a desplegarse una serie de medidas dirigidas a distintos frentes, como las medidas para la conservación de la salud mental, las medidas de gestión del endeudamiento múltiple y las medidas de apoyo a las familias de los fallecidos por suicidio.

Tras más de un decenio sobrepasando los 30.000 casos anuales de suicidios, en 2012 la cifra inició un decidido descenso. Según las estadísticas de 2015, datos más recientes disponibles, el número de suicidios de aquel año fue de 24.025. A pesar de que supone una mejora ostensible respecto al pico alcanzado anteriormente, la cifra tan solo se acerca a los niveles anteriores al drástico aumento de 1998. En 2015 el número de defunciones por suicidio fue 5,8 veces mayor que de las debidas a accidentes de tráfico (4.117). No podemos afirmar, pues, que el número de suicidios se haya reducido lo suficiente todavía.

Los principios de la salud mental

Para la conservación de salud mental y la prevención del suicidio suelen resaltarse dos grandes principios.

① Detectar los problemas precozmente. Tanto si se trata de problemas económicos como de conflictos personales o desórdenes mentales, el primer paso para solucionarlos es reconocer su existencia en una fase incipiente.

② Saber buscar ayuda. Todas las personas experimentan problemas a lo largo de sus vidas. Hay que evitar guardarse los problemas para uno mismo y saber solicitar ayuda de forma adecuada. Asimismo es necesario educar a las personas para que sepan dónde acudir para buscar la ayuda que requieren.

El aislamiento que se esconde tras el suicidio

La palabra clave para entender el suicidio es aislamiento. Hay personas que se encuentran en la desdichada situación de no contar con nadie que pueda ayudarlas. También las hay que están rodeadas de muchas personas —familia, amigos, compañeros de trabajo— y que tienen quien intenta ayudarlas, pero que acaban aislándose por voluntad propia, víctimas de desórdenes como la depresión o la esquizofrenia que les inculcan ideas negativas como que son una carga para los demás o que todos serían más felices sin ellos.

En cualquier caso, tras el suicidio se esconde prácticamente siempre el aislamiento. Por eso la detección precoz de las señales de socorro que emiten las personas que se sienten aisladas y el restablecimiento de sus vínculos con las personas que las rodean ayuda a prevenir el suicidio.

En el siglo XXI sigue fuertemente arraigada la idea de que es vergonzoso hablar con otras personas de problemas mentales o del endeudamiento múltiple. Un especialista clínico afirmó que la característica común entre las personas con un alto riesgo de suicidio es la falta de perspectiva psicológica; y, en efecto, las personas en dicha situación creen que jamás podrán solucionar sus problemas y que el suicidio es la única vía de escape del atolladero en el que se encuentran.

Puede que algunos problemas no se solucionen inmediatamente solo con consultarlos con alguien, pero verbalizarlos y explicarlos permite distanciarse de ellos, aunque sea ligeramente, para recuperar la objetividad. Además, al compartir los problemas con otras personas pueden hallarse soluciones a las que no se hubiera llegado dándoles vueltas en solitario.

Las actividades de prevención de cara al futuro

Las actividades para prevenir el suicidio que se han desarrollado por parte de distintos colectivos en todo el país desde que se aprobase la Ley Básica de Prevención del Suicidio resultan muy alentadoras. Aun así, en estos años también ha surgido una suerte de guerra territorial en que las organizaciones que gritan a los cuatro vientos los resultados de sus propias iniciativas, empiezan a atacar a las demás cuando no se reconocen sus argumentos. Aunque esta competición por el liderazgo es esperable en una etapa inicial de cualquier actividad, desearía que todos aquellos que comparten el objetivo de contribuir a la prevención del suicidio adquiriesen una actitud de solidaridad y colaboración en pos de su fin.

Toda organización tiene cosas que se le dan mejor que otras. Cada organización debe adoptar un enfoque flexible y colaborar con otras que puedan suplir sus debilidades de cara a perseguir el objetivo común de prevenir el suicidio.

La importancia de la educación infantil para prevenir el suicidio

Para un país como Japón, donde el envejecimiento y la baja natalidad son cada vez más problemáticos, la prevención del suicidio es un factor imprescindible para proteger la preciada vida de la población infantil. De los aproximadamente 24.000 suicidios anuales que sufre Japón, solo unos 300 corresponden a víctimas menores de 18 años. La discreta proporción de estos casos ha conllevado una notable falta de motivación a la hora de tomar medidas para resolver el problema del suicidio infantil.

En Estados Unidos hay estados que han empezado a impartir educación para la prevención del suicidio dirigida directamente a los niños. El contenido de la formación suele poner especial énfasis en las siglas ACT: Acknowledge (darse cuenta de las preocupaciones de los compañeros), Care (tener consideración con los compañeros que tienen problemas), Tell a Trusted Adult (no intentar resolver los problemas entre niños y consultar a un adulto de confianza). Se trata de un sistema de ayuda que encaja perfectamente con los dos grandes principios de la salud mental que mencionábamos arriba: ① detectar los problemas precozmente y ② saber buscar ayuda.

La educación para la prevención del suicidio dirigida a los niños contribuye a conservar la salud mental no solo durante la infancia sino también durante el resto de la vida. En su larga vida las personas se encuentran con todo tipo de problemas, y lo importante es no quedárselos para uno mismo sino compartirlos con alguien. Implantar en una edad temprana, cuando todavía se está formando el carácter, la idea de que compartir los problemas ayuda a solucionarlos puede contribuir a la salud mental posterior de los individuos. En este país en que el suicidio en la mediana y tercera edad representa un grave problema social, la educación infantil para la prevención del suicidio puede dar sus frutos a largo plazo.

El suicidio se produce cuando una persona que se siente alienada de la sociedad y ha perdido el vínculo con los de su alrededor, tras luchar una solitaria batalla, se encuentra sin ninguna otra alternativa. El primer paso para prevenirlo es reconocer el problema precozmente y compartirlo con alguien. Y para ello es necesario crear una sociedad en la que todos los miembros estén alerta para captar las señales de socorro de aquellos que los rodean y acudir rápidamente en su ayuda cuando lo necesiten.

Fotografía del titular: Los numerosos casos de suicidio motivaron la instalación de una valla de prevención en los edificios de viviendas de Takashimadaira. (Jiji Press)

  • [10.01.2017]

Profesor de medicina psiquiátrica comunitaria y de desastres en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tsukuba. Doctor en medicina y psiquiatra. Se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kanazawa en 1979. Ocupa su puesto actual desde abril de 2012, y ha sido investigador y médico residente de la Universidad de Medicina y Odontología de Tokio, profesor adjunto y profesor titular de la Universidad de Medicina de Yamanashi, investigador Fulbright de la Universidad de California en Los Ángeles, director asociado adjunto del Instituto Metropolitano de Ciencias Médicas de Tokio y profesor del Colegio Médico de Defensa Nacional. Entre sus publicaciones se encuentran Jisatsu no kiken: rinshōteki hyōka to kiki kainyū (El riesgo de suicidio: evaluación clínica e intervención en crisis) y Jisatsu yobō (La prevención del suicidio).

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