Deudas y vanas esperanzas de los estudiantes extranjeros: el oscuro trasfondo de las escuelas de japonés

Idei Yasuhiro [Perfil]

[25.08.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Cada vez hay en Japón más escuelas de japonés para extranjeros. Llegan ya a las 600. El autor del artículo pone el dedo sobre la llaga al señalar que muchos de los alumnos de estas escuelas llegan engañados con falsas promesas de grandes ingresos y que su verdadero objetivo no es estudiar sino trabajar. Una denuncia de los retorcidos métodos que está adoptando el “negocio de la educación”.

100.000 estudiantes extranjeros más en cuatro años

El número de los estudiantes extranjeros matriculados en instituciones de enseñanza japonesas marcó a finales de 2016 su máximo histórico: 277.331, con un aumento de unos 100.000 en los últimos cuatro años. Es muy probable que durante este mismo año se alcancen los 300.000 que establecían como meta para 2020 los planes gubernamentales.

Casi nadie pone objeciones a este aumento. Hasta quienes se declaran contrarios a que Japón acepte más trabajadores extranjeros o inmigrantes, cuando oyen hablar de “estudiantes” lo ven como algo positivo, como cuando se enteran de que está creciendo el volumen de turistas que llegan al país.

Pero, ¿cuál sería la postura de estas personas si supieran que, en su mayoría, estos extranjeros no vienen a Japón tanto para estudiar como para conseguir algún trabajo? Si resultase que extranjeros que, en rigor, no deberían recibir autorización para entrar en Japón, están entrando en el país y cayendo en la ilegalidad o incluso en la delincuencia después de haber sido objeto de explotación, ¿seguirían diciendo que debemos aumentar aún más el número de estudiantes extranjeros?

Países emergentes asiáticos, origen del rápido crecimiento

Examinando por nacionalidades esta masa de estudiantes extranjeros, vemos que hasta hace unos pocos años los chinos representaban cerca del 60 % del total. Sin embargo, últimamente su número apenas crece. Ahora los aumentos más rápidos se registran entre los procedentes de Vietnam, Nepal y otros países asiáticos emergentes. El aumento es particularmente agudo en el caso de los vietnamitas, que en cuatro años se han multiplicado por cuatro, hasta los 62.422 estudiantes.

Países/territorios con más estudiantes extranjeros en Japón a finales de 2016

Total 277.331
China 115.278
Vietnam 62.422
Nepal 22.967
Corea del Sur 15.438
Taiwán 9.537
Indonesia 5.607
Sri Lanka 5.597
Myanmar 4.553
Tailandia 4.376
Malasia 2.925

Unidad: personas. Fuente: Estadísticas de los estudiantes extranjeros en Japón, del Ministerio de Justicia.

Cuando se pregunta por las causas que explican este fuerte incremento, suele aducirse que al ser mayor ahora el número de empresas japonesas implantadas en dichos países, también son más los estudiantes que desean aprender el idioma japonés. Pero nada más lejos de la realidad. Lo que los trae a Japón es el deseo de encontrar aquí un trabajo para ganar algún dinero.

A los estudiantes extranjeros registrados en escuelas japonesas se les permite trabajar durante un máximo de 28 horas semanales. Conocedores de este hecho, las agencias que promueven su llegada consiguen atraer cada vez a más jóvenes con reclamos como “gánate 200.000 o 300.000 yenes mensuales mientras estudias en Japón”.

Jóvenes endeudados conducidos a Japón por agentes sin escrúpulos

El salario medio de un trabajador vietnamita es, al cambio actual, de entre 10.000 y 20.000 yenes mensuales. No es de extrañar que, oyendo cifras como las del reclamo, los interesados acudan en tropel a estas agencias. Se ha producido así un verdadero boom de los estudios en Japón. Mi impresión personal de estos cuatro años de seguimiento del tema es que la mayor parte de los jóvenes llegados de Vietnam y Nepal son falsos estudiantes.

La puerta de entrada para estos falsos estudiantes son las escuelas o academias de japonés para extranjeros. En 10 años han nacido más de 200 nuevas escuelas de este tipo, que suman ya en total más de 600. El boom de los estudios en Japón ocurrido en Vietnam y otros países ha inflado en Japón la burbuja de las escuelas de japonés.

El costo total del primer año de estudios en una de estas escuelas, incluyendo las comisiones que se llevan las agencias y otros gastos, viene a ser de 1,5 millones de yenes, una cifra descomunal para el común de los vietnamitas o nepaleses. Pero ellos se las ingenian para conseguir ese dinero, hipotecando su vivienda o sus campos. El crecimiento económico experimentado por los países emergentes no evita que la vida de la gente común sea muy dura. Las familias envían a sus jóvenes a Japón depositando en ellos todas sus esperanzas de progreso.

Por su parte, el Gobierno de Japón impone como requisito a los aspirantes a estudiar en el país la capacidad de costear sus estudios y su estancia. Los visados se expiden, en teoría, a aquellos extranjeros capaces de pagar todo eso sin necesidad de ponerse a trabajar en Japón. Sin embargo, en los países emergentes solo las clases más privilegiadas pueden permitirse esos gastos. Por eso, algunos aspirantes pagan sobornos a bancos o a órganos de la Administración para hacerse con los documentos que les permitirán obtener un visado. Para hacer ver que la familia en cuestión es solvente, se apañan certificados que contienen datos falseados sobre saldos de cuentas bancarias o ingresos anuales de los padres. Son los propios agentes los que se encargan de los trámites.

Que estos documentos contienen falsedades es algo que tanto las escuelas como el Departamento de Inmigración de Japón, encargado de expedir los visados, conocen. Pero a las escuelas les interesa ampliar sus negocios y el Departamento de Inmigración lo que quiere es alcanzar la cifra de 300.000 estudiantes extranjeros, aunque sea a costa de hacer ingresar en el país a personas que en realidad no tienen solvencia.

Trabajos simples en lugares discretos

Una vez en Japón, estos “falsos estudiantes” se convierten en una codiciada mano de obra. Japón sufre actualmente una gran carencia de mano de obra en trabajos físicos, pero el Gobierno no permite la entrada de aquellas personas cuyo objetivo sea realizar trabajos simples o no cualificados.

A título de “cursillistas en programas de capacitación técnica”, se ha permitido la entrada de 210.000 obreros manuales, limitando su presencia a pequeñas y medianas empresas de los sectores textil y de confección, maquinaria y transformación del metal, etc, a obras de construcción y a plantas de procesado de productos agrícolas o marinos, hasta un total de 74 tipos de ocupación. Pero las necesidades de mano de obra se extienden por otros muchos sectores. Y para estos, los estudiantes extranjeros son un preciado tesoro.

Cuando oímos hablar de estudiantes que encuentran en Japón trabajos ocasionales, pensamos automáticamente en los que se emplean en las tiendas de 24 horas (tiendas de conveniencia) y en las grandes cadenas de restaurantes. Pero los sectores más dependientes de ellos son los que desarrollan su labor en lugares más apartados de las miradas: empresas que elaboran comidas preparadas y bentō (comida para llevar) para supermercados y tiendas de 24 horas, plantas donde se clasifican los envíos de las empresas de mensajería o reparto a domicilio, limpieza de habitaciones y lavandería de los hoteles, reparto de periódicos, etc.

Son todos ellos trabajos físicos, realizados en horario nocturno, que los japoneses rehúyen, y que además están entre los peor pagados. Aunque el estudiante tenga varios de estos trabajos y transgreda el límite de las 28 horas semanales que señala la ley, es improbable que llegue a ganar, como pregonan las agencias, 200.000 o 300.000 yenes mensuales. Pero para cuando descubren el engaño es ya demasiado tarde. Si vuelven a su país sin haber pagado sus deudas, llevarán a su familia a la bancarrota. El único recurso de estos pretendidos estudiantes es permanecer en Japón trabajando hasta devolver todo lo que deben.

Un estudiante extranjero puede estar matriculado en una escuela de japonés durante un periodo máximo de dos años, terminado el cual sus dos únicas opciones serán ingresar en alguna universidad o escuela técnica (especializada). Tanto las universidades como las escuelas técnicas cifran precisamente en los estudiantes extranjeros sus esperanzas de viabilidad.

Debido a la escasez de nacimientos, cerca de la mitad de las universidades privadas del país no están consiguiendo el mínimo de alumnos que necesitan para sobrevivir. Y la situación es todavía más grave entre las escuelas técnicas. Es muy fácil encontrar escuelas de este tipo que aceptan a cualquier extranjero, sea cual sea su nivel de japonés, con tal que pague la matrícula y las tasas académicas. De esta forma, los falsos estudiantes pueden “comprar” su visado pagando sus estudios, lo que los acredita para seguir trabajando en Japón.

Apertura de escuelas en las provincias para captar mano de obra

En otros tiempos, las escuelas de japonés abundaban sobre todo en las áreas urbanas, donde sus alumnos podían encontrar trabajo fácilmente. Pero hoy en día se están implantando también en regiones que están perdiendo población. En 2015 se abrió una escuela en Amami Ōshima y en 2016 en Sado. Ambas son pequeñas islas donde nadie pensaría que pueda sobrevivir una escuela de japonés para extranjeros. En el otoño de 2017, el edificio de una escuela abandonada de secundaria situado en el pequeño municipio de Okutama, en la parte más recóndita de las montañas de la prefectura de Tokio, será rehabilitado y convertido en escuela de japonés. En la pequeña ciudad de Setouchi (prefectura de Okayama) existen planes para abrir en 2018 una escuela técnica orientada a captar estudiantes extranjeros, que tendrá su sede en una escuela abandonada, en este caso de primaria.

Setouchi es mi lugar de nacimiento. Su envejecida población ya no supera los 38.000 habitantes y sigue en descenso. Los criaderos de ostras, uno de los productos típicos de esta zona, no encuentran mano de obra. Por eso tratan de captar estudiantes extranjeros, para utilizarlos como fuerza laboral. Si las viviendas vacías, cada vez más numerosas, se usan a modo de dormitorio estudiantil, se habrán matado dos pájaros de un tiro. Por eso, parece ser que el Ayuntamiento, a fin de revitalizar la economía local, está dispuesto a ceder la antigua escuela por un alquiler muy modesto.

Todo indica que cada vez serán más los ayuntamientos de todo el país que traten de sacar adelante su municipio atrayendo a estudiantes extranjeros. Otra cosa muy diferente es que estos planes se vean coronados con el éxito.

El visado caduca pero el extranjero se queda: el peso de las deudas

El número de residentes extranjeros que han pasado a la ilegalidad al permanecer en Japón una vez caducado su visado era, a 1 de enero de 2017, de 65.270. Es el tercer año consecutivo de ascenso en la estadística. Por nacionalidades, es llamativo el caso de los vietnamitas, que ha marcado un aumento del 35 % con respecto al año anterior para situarse en las 5.137 personas. Por ocupaciones, los extranjeros llegados como estudiantes que se quedan sin visado aumentan en un 11 % y se sitúan en 3.807 personas. De estas dos cifras se deduce que el aumento en el número total de extranjeros sin papeles es consecuencia principalmente del aumento del número de estudiantes vietnamitas.

Entre ellos, no son pocos los que trabajan ilegalmente en Japón para pagar las deudas adquiridas en su país. Y no se sale de lo previsible que algunos de ellos recurran a delitos como el robo o el hurto en tiendas para engrosar rápidamente sus ganancias antes de caer en alguna redada del Departamento de Inmigración. De hecho, por el número de delitos que cometen en Japón, los vietnamitas encabezan ya la lista de nacionalidades, superando, por ejemplo, a los chinos, que los cuadruplican en número.

¿Es necesaria la mano de obra extranjera? Actuemos en consecuencia

Las situaciones que viven estos falsos estudiantes extranjeros son una desgracia tanto para ellos mismos como para Japón. Ellos llegan a Japón cargados de deudas y aquí se ven obligados a trabajar día y noche para pagar esas deudas y los gastos de estudios. Y los japoneses acaban viéndose afectados también por los delitos que cometen algunos de ellos.

Hay que empezar, en primer lugar, por frenar esta corriente de falsos estudiantes. Basta con inspeccionar debidamente los documentos que portan y denegar el visado cuando sea evidente que los datos de solvencia están falseados. Pero hay que decir que la actual tendencia es precisamente la inversa.

En el mes de mayo, a través del Centro para la Promoción del Compromiso Activo de Todos los Ciudadanos, el gobernante Partido Liberal Democrático emitió directrices para dar un nuevo impulso a los citados planes de elevar hasta los 300.000 el número de estudiantes extranjeros. Según leemos en el documento titulado Una propuesta orientada a la creación de una sociedad que promueva el compromiso activo de todos los ciudadanos, este órgano apuesta por la “activa utilización [de los estudiantes extranjeros] como mano de obra para suplir la carencia de fuerza laboral [japonesa]”. Se prevé una relajación en las restricciones impuestas al trabajo de los estudiantes extranjeros, que en el futuro podrán trabajar incluso más de 28 horas semanales.

Si falta mano de obra y se pretende recurrir a los extranjeros para solucionar el problema, lo correcto sería debatir el tema abiertamente y establecer un sistema adecuado. Lo que se está haciendo ahora es permitir el ingreso en el país de jóvenes endeudados para utilizarlos en los trabajos que los japoneses rehúyen, y recuperar en forma de matrículas o tasas académicas el dinero que se les paga por su trabajo. Con este método, es comprensible que en muchos de ellos nazca un sentimiento de rechazo hacia Japón.

Abrir las puertas a los estudiantes extranjeros debería ser una medida para aumentar el número de extranjeros que, por medio del aprendizaje de la lengua y la cultura japonesas, puedan hacer en el futuro una aportación a nuestro país. Lo que se está consiguiendo con los métodos actuales es exactamente lo contrario. Por consiguiente, el plan para elevar hasta los 300.000 el número de estudiantes extranjeros, incluso si lo tomamos como una política de Estado, debería ser suspendido inmediatamente.

Fotografía del encabezado:Estudiantes extranjeros participan en una reunión explicativa para aspirantes a un puesto de dependiente en una tienda de 24 horas de Toshima-ku, en Tokio. (Fotografía: Jiji Press) Nota de Redacción: La fotografía no guarda relación directa con el texto.

  • [25.08.2017]

Periodista. Nacido en Okayama en 1965. Licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Economía de la Universidad de Waseda. Ha sido reportero de la publicación japonesa en inglés Nikkei Weekly e investigador invitado del Joint Center for Political and Economic Studies, un think tank especializado en la problemática de la población afroamericana. Actualmente trabaja como freelance. Entre sus obras están Rupo: Nippon Zetsubō kōjō (“Reportaje: Las fábricas japonesas de la desesperanza”; Kōdansha+α Shinsho) y Chōju taikoku no kyokō: gaikokujin kaigoshi no genba wo ou (“La ilusión del país de la longevidad y la realidad de los cuidadores extranjeros en Japón”; Shinchōsha).

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