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El atractivo de los forajidos: la yakuza en la industria del entretenimiento
[06.11.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 繁體字 |

Desde hace muchos años la yakuza se ha convertido en fuente de inspiración para obras de cine, manga y otras formas de entretenimiento. ¿Cómo fueron realizadas? ¿Cómo representaban al hampa japonesa? Exploramos el atractivo de las obras a través de su popularidad, desde las películas de yakuza que cosecharon un mayor éxito hasta los mangas de género más diferente.

Autoreiji saishūshō, la tercera parte de Autoreiji (película de 2010), del director Kitano Takeshi, se estrenó el 7 de octubre de 2017. La cinta recoge las luchas entre miembros de la yakuza, la mafia japonesa, en las que, al igual que sucedía en la primera entrega, no hay personaje bueno y a cada traición le sucede otra; se trata de la primera película de Kitano en convertirse en una serie. Sumando los beneficios de la segunda parte, Autoreiji biyondo (Outrage: beyond, 2012), la trilogía ha superado los 2.200 millones de yenes en taquilla.

Cuando se estrenó Autoreiji biyondo, Kitano declaró: “El cine de yakuza de Japón tuvo su edad de oro con los actores Takakura Ken, Tsuruta Kōji y otros de su generación, contando historias de caballeros, y después con la serie ‘sin honor’ de Fukasaku Kinji. (…) Pero la producción de películas de yakuza en realidad se detuvo tras Fukasaku” (de una entrevista para la página web de cine OUTSIDE IN TOKYO).

Y ahora, Autoreiji se coloca al frente de esa corriente.

“Beat” Takeshi (el director Kitano Takeshi) en su película Autoreiji saishūshō. @2017 Comité de producción de Autoreiji saishūshō.

Según Kitano, casi todas las películas de yakuza de los sesenta eran historias de caballeros, que retrataban el mundo de la antigua yakuza como un grupo de hombres entre los hombres. Al comenzar la década de los setenta la tendencia viró hacia una representación más realista de la organización y las personas. La serie ‘Batallas sin honor’, de Fukasaku, constituye un gran ejemplo de ello.

Un monumento al cine de yakuza

Estrenada el 13 de enero de 1973 e interpretada por Sugawara Bunta, Jingi naki tatakai (Batallas sin honor ni humanidad) cuenta la historia real de un conflicto entre dos grupos de yakuza, ocurrido en la Hiroshima de posguerra. La película abre con la siguiente narración:

“Durante el año que siguió a la derrota en la Segunda Guerra Mundial desapareció de las pantallas toda muestra de violencia, pero Japón, al perder la regularidad de sus instituciones, se vio envuelto en otro tipo de violencia; los ciudadanos, enfrentados a esa anarquía, solo podían valerse de sus propias fuerzas…”

El 15 de julio de 1972 Francis Ford Coppola estrenó una cinta sobre la mafia italiana que se haría legendaria en Japón y en el resto del mundo: The Godfather (El padrino). Okada Shigeru, del estudio Toei, declaró en su momento sobre el impacto que la película le produjo:

“Lo que se necesita en este año de 1972 en el que vivimos son quizá historias más cercanas a la verdad. Como lo es El padrino. Yo lo denomino “cine real”; muestra un atractivo muy diferente del generado por el star system. En la Toei también nos gustaría empezar a producir este tipo de historias realistas bajo el formato de superproducción” (Kinema Junpō, edición de finales de septiembre de 1972).

Y lo que la productora estrenó tras esa declaración fue Batallas sin honor ni humanidad, con un total de cuatro secuelas en muy poco tiempo, antes del fin de 1974. La serie se convirtió en un gran éxito que aún enamora a los espectadores.

Mark Schilling, crítico estadounidense autor de The Yakuza Movie Book: A Guide to Japanese Gangster Films (El libro del cine de yakuza: una guía de películas de la mafia japonesa), en el que presenta el mundo de la yakuza mediante entrevistas a directores y actores, se enamoró del género atraído por las películas caballerescas de la Toei que se estilaban en los sesenta: series como Jinsei gekijō (el teatro de la vida), protagonizada por Tsuruta Kōji, Nihon kyōkaku den (cuentos caballerescos de Japón), interpretada por Takakura Ken, la serie Abashiri bangaichi (La prisión de Abashiri) o la serie Shōwa zankyō den (Cuentos de caballería de la era Shōwa).

“Aparecían jefes buenos y jefes malos, y los jefes buenos quedaban representados como personajes con sentido de la justicia. Los yakuzas que interpretaba Takakura Ken rebosan estilo en sus andares y su forma de hablar, y el mismo hecho de ser simples era lo que me atraía de ellos. Las historias contienen una buena porción de fantasía, pero también muestran la realidad de la sociedad japonesa del momento, y merece la pena verlas”.

¿En qué se diferencian esas películas caballerescas de la serie ‘sin honor’ de Fukasaku? Schilling continúa: “Cuando terminó la Guerra Fukasaku tenía quince años. Había visto a amigos y seres queridos morir ante sus ojos, y experimentado la crudeza de deber hacer todo tipo de cosas para sobrevivir. Esa es la realidad que plasmó en sus obras. El propio Fukasaku me dijo que una película de yakuza debe mostrar las figuras de la yakuza en movimiento, que tener o no una trama profunda era lo de menos”.

El éxito de Batallas sin honor ni humanidad dio un giro en las películas de yakuza, de las clásicas caballerescas a otras más realistas, pero la tendencia no duró. En 1973 se estrenó Yamaguchi-gumi sandaime (La tercera generación del clan Yamaguchi), con Takakura Ken a la cabeza del reparto, una cinta en la que aparecían nombres de personas y organizaciones reales. La historia está basada en la autobiografía de Taoka Kazuo, uno de los líderes del clan Yamaguchi, lo cual provocó la reacción adversa de la policía y la intervención de las autoridades. Estaba planeado que la película fuera la primera entrega de una trilogía, pero tras la segunda parte el plan se canceló, y la moda de las películas realistas de yakuza se fue desinflando.

El título que nos ocupa, Autoreiji, apareció mucho después de esas modas, y fue transformada en serie tras convertirse en un gran éxito como no se veía en mucho tiempo en este género. No se trata de una fantasía al estilo de las películas caballerescas ni tampoco llega a ese tono casi documental del cine realista de yakuza, algo que aporta una gran frescura y relevancia.

Un fotograma de la película Autoreiji saishūshō. @2017 Comité de producción de Autoreiji saishūshō.

Cartel de Autoreiji saishūshō. @2017 Comité de producción de Autoreiji saishūshō.

Un nuevo tipo de yakuza retratado en los mangas BL

No solo el cine de yakuza daba éxitos; en 1986 se publicó la novela Hei no naka no korinai menmen (Los que no aprenden dentro de la pared) y se convirtió en un gran éxito de ventas. Fue adaptada al cine y la televisión, y recibió el Gran Premio de la Palabra del Año. Abe Jōji, el autor, fue supuestamente miembro de la yakuza; la suya es una novela con tintes autobiográficos, basada en su experiencia en la cárcel. En ese mismo año 1986 también se convirtió en un bestseller la novela de Ieda Shōko Gokudō no tsumatachi (Las esposas libertinas). Se trata de un reportaje sobre la vida secreta de las mujeres que viven en el mundo del crimen organizado japonés, y también se convirtió, con abundantes licencias poéticas, en película y serie de televisión.

Se trata de un tema tratado en muchos mangas: Shizuka naru don (1988-2013), Emblem TAKE 2 (1990-2004), Minami no Teiō (Emperador de Minami, desde 1992), Koroshiya 1 (Ichi el asesino, 1998-2001)… Incluso hay obras tan recientes como Mogura no uta (La canción del Topo, desde 2005), que se han convertido en series y películas.

En el mundo del manga las obras de yakuza comenzaron a evolucionar de una forma insólita. Años atrás había surgido un género denominado BL (boys’ love: “amor de chicos”), orientado principalmente al público femenino, en el que se narran historias de amor y sexo entre hombres. El tema de la yakuza se ha incorporado en este género cobrando una gran popularidad.

De entre los ejemplos más representativos y mejor valorados se encuentra Saezuru tori wa habatakanai (Pájaro que trina no vuela). Comenzó a ser publicada en 2013 y en 2015 ganó el Gran Premio de la tercera edición de los Premios FRaU Manga, elegidos por la revista femenina FRaU. Se trata de un premio cuyo criterio de selección consiste en “obras elegidas por mujeres trabajadoras”; la obra elegida el año anterior había sido Nigeru wa haji daga yaku ni tatsu (Huir es una vergüenza, pero es útil), un gran éxito llevado a la televisión. El hecho de que en 2015 ganara un manga BL, y que además fuera una obra sobre la yakuza, es algo realmente excepcional.

Volumen unitario del manga Saezuru tori wa habatakanai (Pájaro que trina no vuela).

Saezuru muestra relaciones homosexuales entre hombres, centrándose en la historia de Yashiro, el joven líder masoquista (un jefe menor) y Dōmeki, un expolicía contratado como asistente personal y guardaespaldas. Pero no se limita a eso; también describe con detalle el mundo de la yakuza; Suzuki Tomohiko, periodista freelance que lleva más de veinte años especializado en el mundo de la yakuza, llegó a decir que la obra “posee un parecido asombroso con Batallas sin honor”.

“Dado que en el mundo de la yakuza las mujeres se consideran seres impuros, incluso aunque se trata de una obra de ficción, este manga solo cuenta con la historia de una mujer yakuza, Ane-san. Por lo tanto, se puede decir que ese transfondo masculino de la organización es el caldo de cultivo perfecto para una historia BL. Sin embargo, la parte fundamental de la historia se centra en una visión verdaderamente coral de la yakuza. La que más me sorprendió es el hecho de que se trate de relaciones entre hombres, y no entre hombres y mujeres; es un cambio pequeño de planteamiento, pero que proporciona grandes posibilidades para la expansión de la historia.”

Lo que sigue es un ejemplo de esa “expansión de la historia” que menciona Suzuki. Yashiro y Misumi, jefe de una brigada y examante de aquel, están comiendo en un restaurante japonés.

Misumi: “Te he invitado a comer porque a partir de ahora vas a trabajar para mí.”

Yashiro: “Entonces eran ciertos los rumores de que estabas implicado en las luchas por la sucesión.”

Misumi: “Está claro que el presidente no va a durar mucho. En la cúpula hay muchos que me encuentran molesto, y en realidad no sé qué voy a hacer.” “Lo siento por Hirata, pero quiero tenerte de mi parte. Quiero que seas mío otra vez. Yashiro. Solo tienes que hacer lo que te diga. De lo demás me encargo yo.”

Aunque podría tratarse de una escena ya típica en las obras de yakuza, Suzuki quedó impresionado por esta interacción. “Aunque la yakuza es una organización altamente jerarquizada, Yashiro tutea a Misumi. Esto implica una relación especial. Además, las palabras ‘Quiero que seas mío otra vez’ pueden interpretarse como ‘Trabaja para mí’ o como ‘Sé mi amante’.”

Saezuru fue capaz de atraer a mujeres distanciadas de las películas de yakuza y al mismo tiempo reclutar a hombres como Suzuki en las filas de aficionados al manga BL. Fukuyama Masaharu, cantante y actor, aclamó este manga como una “obra maestra” en su programa de radio.

La “realidad” de las obras sobre la yakuza

Matsutaka Hiroki, famoso por su interpretación en Batallas sin honor ni humanidad, fue entrevistado por el actor Umemiya Tatsuo en la revista Shūkan gendai (el 25 de abril de 2015), donde se lamentaba diciendo: “En aquella época la sociedad tenía tolerancia hacia las cosas en un sentido bueno o malo. Por desgracia, vivimos en un tiempo en el que se ha vuelto muy complicado rodar una película sobre la yakuza”. El propio Umemiya compartió sus opiniones sobre las películas de yakuza: “Creo que ahora una película de ese género puede tener éxito. La estructura social de Japón no ha cambiado nada desde esa época, y el mundo de la yakuza es el escenario perfecto para hacer una imagen de grupo del país”.

Tal y como opina Umemiya, tanto Autoreiji como Saezuru tori wa habatakanai, pese a tratarse de formatos diferentes, triunfan utilizando el mundo de la yakuza como escenario para sacar esa fotografía de grupo de la sociedad. Son obras populares, a caballo entre las películas caballerescas y las realistas, cintas de ficción con un toque documental.

Sin embargo, el verdadero mundo de la yakuza posee una realidad diferente. En 2015 se emitió Yakuza to kenpō (La yakuza y la constitución, Tokai Television), un documental para televisión que, tras provocar un gran impacto se adaptó a la gran pantalla en 2016 y atrajo a multitud de espectadores a los minicines; sus profundos contenidos cuestionaban si los miembros de la yakuza deberían poseer o no derechos humanos.

En la película aparece un yakuza real que responde a las preguntas de una entrevista. Al parecer su vida como yakuza se fue haciendo más dura debido a las reiteradas revisiones de la Ley de Medidas contra los Grupos Violentos y a las mejoras a nivel nacional de las ordenanzas sobre la exclusión de dichos grupos. Se vio obligado a cancelar sus cuentas bancarias, su seguro dejó de ampararlo, sus hijos no son aceptados en el jardín de infancia…

“No quieren admitir la existencia de la yakuza, ¿no? ¿Qué es eso de grupos violentos? Si no quieren que existamos, que nos hagan desaparecer”.

Fotograma del documental Yakuza to kenpō © Tokai Television.

La “realidad” que reflejan las obras de entretenimiento no deja de ser una sola faceta de la misma. Al igual que ocurrió con las películas caballerescas de antes, el cine de entretenimiento basado en la yakuza no dejará de expandirse al tiempo que mantiene su sentido intrínsecamente fantástico.

Texto: Kuwahara Rika (Power News)

Imagen del encabezado: Fotograma de la película Autoreiji saishūshō. ©2017 Comité de producción de Autoreiji saishūshō.

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  • [06.11.2017]
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