[Diapositivas] Los ciervos de Nara: un curioso encuentro en la antigua capital

Ishii Yōko [Perfil]

[19.02.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | Русский |
En la ciudad de Nara se considera que los ciervos son emisarios de los dioses, de ahí que reciban todo tipo de cuidados y protección. Estos animales acostumbran a pasar la noche en el bosque de Kasuga Taisha, uno de los santuarios sintoístas de la antigua capital de Japón, pero se dirigen a enclaves budistas como Tōdai-ji y Kōfuku-ji al salir el sol. Presentamos algunas instantáneas, con estos animales como protagonistas, captadas por la lente de una fotógrafa que viaja por todo el país para retratarlos.

Paisajes surrealistas dominados por los ciervos

El 24 de marzo de 2011 tuve que realizar un viaje de trabajo a Nara; decidí aprovechar la ocasión para sacar algunas fotografías, así que salí del hotel cámara en mano. A primeras horas de la mañana me encontré con un paisaje dominado por los ciervos; no había ni una sola persona por la calle: una pareja de ciervos de aires distinguidos parada en medio de un cruce, dos machos luchando cabeza con cabeza, una manada marchando en fila…

Unas dos semanas antes un fuerte seísmo y un tsunami se habían cobrado la vida de muchas personas en la región nororiental de Tōhoku, además de causar graves daños a edificios y otras infraestructuras. En aras del progreso, la explotación y el desarrollo, el ser humano destruye montañas, gana terreno al mar y construye fábricas y edificios; se comporta como si dominara el planeta Tierra. Sin embargo, bastó una única vez en la que la naturaleza se encogió de hombros por capricho para mostrarnos que había vencido fácilmente a lo artificial. Además, se produjo una fusión del núcleo en unas instalaciones de ensueño que se suponía producían energía barata como si fuera un sol artificial y esto, a su vez, creó una tierra inhabitable por el ser humano. En ese momento me topé con unos ciervos que caminaban tranquilamente por unas calles creadas por el hombre. Fue una grata experiencia.

En Nara cuentan que estos animales eran emisarios de los dioses en Kasuga Taisha, un santuario sintoísta, de ahí que se los venga protegiendo desde los tiempos en los que la ciudad era capital de Japón. Han pasado más de 1.200 años, pero la vida de los ciervos sigue inalterable a pesar del cambio total que ha experimentado la urbe.

En la actualidad, cerca de 1.200 ejemplares habitan en Nara. A primeras horas de la mañana los ciervos acostumbran, guiados por su instinto, a salir del bosque del santuario sintoísta donde han pasado la noche y pasear por la ciudad; atraviesan un cruce desierto. Forman manadas y caminan por donde les place. Realmente se van entreteniendo por el camino hasta llegar a sus dominios. Además, arrancan las hierbas del parque Nara, que abonan con sus excrementos; allí pasan el día rumiando apaciblemente sobre el césped hasta que cae la tarde y regresan al bosque de Kasuga Taisha.

¿Emisarios de los dioses o alimañas?

El número de ciervos ha aumentado en todo el país. Incluso se los considera como animales dañinos, ya que se comen los productos agrícolas y las hojas y la corteza de los árboles. Por este motivo, son muchas las autoridades locales y regionales que han establecido medidas para controlar la población de esta especie. De hecho, en 2013 se cazaron cerca de 180.000 ciervos a lo largo y ancho de Japón. Además, se sacrificaron más de 340.000 por considerárselos nocivos. A una gran cantidad de estos últimos se los enterró o incineró sin mostrar un ápice de agradecimiento por su condición de animal bendito de las montañas.

El ser humano decide a su antojo, en función del lugar donde se encuentre, si el mismo ciervo recibe un trato equiparable al de una mascota y los turistas lo alimentan, por ejemplo, dándole galletas o si, por el contrario, se lo considera un animal dañino y resulta necesario sacrificarlo. Los ciervos reflejan, al igual que un espejo, las contradicciones y el egoísmo del hombre.

El ser humano continúa enfrentándose en batallas que no le reportan beneficio alguno, además de destruyendo el medio en el que habita por su incapacidad de controlar la tecnología que él mismo ha creado. Si sigue repitiéndose esto, es posible que el hombre desaparezca de la faz del planeta algún día.

Probablemente los ciervos caminen por las calles de la ciudad, igual que ahora, en ese mundo en el que el hombre ha desaparecido. De ser así, me gustaría aprovechar mi profesión de fotógrafa para captar cómo se pavonean libremente por las calles desiertas y visualizar como sería una ciudad habitada solamente por ellos. Al mismo tiempo, anhelo en secreto que estas instantáneas sirvan para despertar algo que produzca el cambio en nuestra sociedad.

(Traducción al español del original en japonés)

  • [19.02.2017]

Fotógrafa nacida en 1962. Comienza a captar imágenes de animales en 2005, con especial interés en los ciervos, ejemplares a los que decide dedicar una serie en marzo de 2011. Desde entonces, recorre el país de norte –Hokkaidō– a sur –Okinawa– en busca de instantáneas de la vida cotidiana de estos animales. El libro Shika Shika (Ciervos y solo ciervos, editorial Little More) reúne algunas de ellas.
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