En profundidad Religión y espiritualidad en Japón
Los japoneses y el concepto de dios

Hashizume Daisaburo [Perfil]

[27.03.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Para muchos japoneses la religión es sinónimo de deidades sintoístas, kami, y Buda. Reflexionamos sobre el concepto de kami a lo largo de la historia de Japón, ya que forma parte de las creencias que existían en el archipiélago nipón antes de la llegada del budismo.

Dios no es lo mismo que kami

La palabra “Dios” suele traducirse al japonés como “kami”, algo que posiblemente sea un error. En esta ocasión, reflexionaremos acerca de ambos conceptos por separado: “Dios” se emplea para denominar a la única deidad suprema existente en el mundo según las diferentes religiones monoteístas; esta palabra se convierte, por lo tanto, en un nombre propio, de ahí que se escriba en mayúscula. Sin embargo, si aparece en minúscula, sabremos que se utiliza para referirse a alguno de los dioses propios de los cultos politeístas.

La noción de dios como kami existente en Japón desde tiempos antiguos es, en pocas palabras, la de la personificación de los distintos fenómenos de la naturaleza. Sin mencionar los dioses que aparecen en el Kojiki y el Nihon shoki, los escritos japoneses más antiguos sobre mitología y hechos históricos de los que se tiene constancia, y las distintas deidades veneradas en los santuarios, todo lo extraordinario puede denominarse “kami”: el sol, la luna, el viento, la lluvia, el mar, los árboles de gran tamaño, las rocas, los animales y las plantas, e incluso las personas. Posteriormente, en el período Edo (1603-1868), Motoori Norinaga (1730-1801), un afamado estudioso de la literatura clásica y las obras antiguas, definiría “dios” como “todo aquello que conmueve al hombre y despierta en él cierta melancolía”.

Para el pueblo nipón, por lo tanto, el archipiélago japonés es una tierra de dioses abundante en naturaleza, un lugar en el que las deidades se encuentran por doquier. No obstante, traducir el concepto de “tierra de dioses” a otros idiomas puede llevar a que se malinterprete como una noción chauvinista y fanática, a pesar de que su significado original no tiene esa connotación.

El sintoísmo, una mezcla de diversos elementos

El sintoísmo es el culto tradicional japonés de veneración a los diferentes kami. Debido a la falta de materiales escritos, se tienen pocos detalles acerca de cómo era esta religión en tiempos antiguos. De hecho, se desconoce incluso si llegó a existir un conjunto de situaciones y hechos susceptibles de ser englobados bajo la denominación “sintoísmo”. Podríamos decir que esta fe tiene su origen en una mezcla de diversos elementos, a saber:

  • El culto a la naturaleza característico de los hombres del período Jōmon (alrededor del año 13000 – siglo III a.C.), época en la que existía la figura del cazador-recolector.
  • La llegada del chamanismo desde la península Coreana en el período Yayoi (aproximadamente entre los siglos III a.C. y III d.C.). En esa misma época, el hombre comienza a cultivar arroz, y se veneran los dogū elaborados en el período Jōmon, unas figurillas con forma de mujer que simbolizan la capacidad de producción de la tierra.
  • Las armas de bronce y los espejos, procedentes de China, comienzan a emplearse en rituales.
  • La adivinación, la astronomía y el taoísmo, originarios también de China, se ven reflejados en las festividades y los funerales de la clase dirigente.
  • Las distintas comunidades y grupos de poder de todo el país veneran a sus respectivas deidades locales y construyen santuarios.

Tras la llegada del budismo a Japón, la gente comienza a tomar conciencia del sintoísmo, que hasta entonces ha sido una mezcla de todos estos factores, y de las diferencias y el antagonismo entre ambos cultos.

Kami, un concepto surgido de la comparación con Buda

El budismo es una religión fundada en la India por Siddharta Gautama, nacido en el s. V o VI a.C., que se caracteriza por sus teorías meticulosas y su ingente cantidad de escrituras. El budismo llegó al archipiélago nipón a través de China, lo cual explica la influencia de este país en las enseñanzas budistas que se transmitieron en Japón; de este modo, las escrituras aparecen en kanji (caracteres chinos) y las sectas y grupos budistas japoneses practican el budismo chino. Los japoneses pudieron adquirir entonces el concepto de kami contraponiéndolo a la noción de Buda. Ahora podemos compararlos:

  • Buda es un ser humano vivo que ha alcanzado el nirvana. Tras su muerte, deja de existir, dado que se libra de un ciclo de transmigraciones del alma. Los kami, por el contrario, se diferencian de las personas, si bien son los antepasados de estas y pueden estar vivos o muertos.
  • Buda tiene sexo masculino y es célibe, mientras que los kami pueden tener sexo masculino o femenino e incluso casarse.
  • Buda confecciona imágenes de sí mismo y las coloca en los templos, pero no habita en ellos. Los kami, por el contrario, carecen de representaciones de su aspecto. No obstante, depositan en los santuarios objetos que los representan, aunque tampoco moran en los propios lugares santos.

Aspectos propios de la China más refinada como el budismo, la astronomía, la medicina, la arquitectura y el sistema administrativo centralizado denominado ritsuryō seido se convirtieron en instrumentos mediante los cuales la clase dirigente podía asegurarse el poder y el prestigio. Veamos cómo fue la separación del sintoísmo y la nueva religión venida del extranjero.

Los distintos dioses según el gobierno Yamato y la conversión de la nobleza al budismo

El gobierno Yamato se fundó en torno al siglo III en los territorios que hoy corresponden a la provincia de Kinki, en el oeste del país, gracias a una alianza entre los distintos grupos de poder según la cual las organizaciones que adoraban a la diosa Amaterasu Ōmikami, máxima deidad femenina del sintoísmo, monopolizaban el derecho al culto religioso. En aquel entonces, los distintos grupos de poder tenían sus dioses particulares; por ejemplo, en la provincia de Izumo se veneraba a Ōkuninushi no Mikoto. La mencionada alianza se estableció formando una mitología según la cual todos los kami coexistían en armonía.

Cinco siglos más tarde aparecieron el Kojiki y el Nihon shoki. En estos escritos se dice que Amaterasu Ōmikami es la máxima deidad de todas las existentes, que el emperador desciende de ella y que el derecho al culto religioso y a ejercer el poder se heredan de manera exclusiva dentro de la familia imperial. En otras palabras, se excluye y se priva de estos derechos a todos aquellos grupos de poder que no descienden del emperador. No obstante, si se compara con los judíos, que establecieron una religión monoteísta según la cual Yahveh es su único dios, el gobierno Yamato destaca por no haber excluido a los distintos kami y por haberlos convertido en subordinados de Amaterasu Ōmikami otorgándoles rangos. La coexistencia de diversos dioses simboliza la coexistencia de distintos grupos de poder.

Buda, sin embargo, no tiene relación alguna con los kami, ni es un subordinado de Amaterasu Ōmikami. Esto explica por qué pudieron abrazar el budismo libremente los grupos de poder que habían sido excluidos cuando el emperador monopolizó el derecho al culto religioso, se reestructuró el sintoísmo y esta religión pasó a ser la base para determinar el derecho al poder también. Los miembros de estos grupos de poder se concentraron en la provincia de Yamato, donde asumieron cargos públicos, heredaron tierras y pasaron a formar parte de la nobleza. Además, casi todos se convirtieron al budismo y construyeron templos donde rezar por un ascenso pacífico a la otra vida. Los budistas creen que, tras la muerte, pueden acceder al paraíso y transformarse en un buda. En aquel entonces, este pensamiento era novedoso y diferente del sintoísmo. No obstante, los agricultores que trabajaban en las tierras pertenecientes a los nobles, los templos budistas y los santuarios sintoístas sentían una mayor cercanía al culto tradicional de los kami locales que al budismo.

Diferentes percepciones sobre la vida y la muerte

Analicemos las diferentes percepciones existentes en Japón acerca de lo que ocurre tras la muerte:

Algunas personas creían que, tras la muerte, se vuelve a las montañas, mientras que otras pensaban que se puede acabar en el abismo, o en un paraíso eterno más allá de los mares. Existía el concepto de “las impurezas de la muerte”, el pensamiento vago de que los difuntos se alejan de los lugares que habitaban y terminan sus días en algún emplazamiento apartado. Por otro lado, la idea de un ciclo de transmigraciones del alma propia del budismo no formaba parte de las creencias relativas al otro mundo. Además, la noción budista y taoísta de que los difuntos se convierten en demonios y moran en el infierno llegó a Japón procedente de China y fue extendiéndose paulatinamente.

El emperador venera a Amaterasu Ōmikami, al resto de los kami y a sus antepasados. Aunque estos rituales imitaban el protocolo de la clase dirigente en China, la peculiaridad de Japón reside en el hecho de rendir culto a los antepasados como dioses. Se creía que los difuntos se deshacían de sus impurezas en algún lugar remoto y, posteriormente, alcanzaban la categoría de kami.

Según el budismo, el ser humano es el sujeto de un entrenamiento mediante el cual aspira a alcanzar el nirvana durante el ciclo de transmigraciones del alma. Justo después de la muerte, se reencarna en otro ser vivo y vive de nuevo en este mundo; la otra vida y las ánimas no existen. En resumen, la percepción de la muerte en el budismo y el sintoísmo es completamente diferente. A pesar de esto, ¿cómo fue posible que la religión budista se extendiera en Japón?

Kami y Buda, sinónimos entre los períodos Kamakura y Edo

Durante el período Heian (794-1185) surge una teoría, denominada Honjisuijakusetsu, según la cual los diversos budas y bodhisattvas, deidades propias del budismo de la India, llegan a Japón tras haber tomado aspecto de kami. En esta época, los conceptos de kami y Buda pasan a ser sinónimos, una noción que se generalizó durante el período Kamakura (1185-1333).

Si ambos conceptos funcionan como sinónimos, rezar a los kami y rogarle a los budas es lo mismo. En ese caso, la distinción entre los santuarios sintoístas y los templos budistas se vuelve innecesaria, y no existen motivos para diferenciar una religión de la otra. Los japoneses vivieron sin distinguirlos rigurosamente hasta finales del período Edo (1603-1868).

Una persona puede, entonces, convertirse en kami o en buda tras su muerte. Los creyentes de la secta budista Jōdo, una de las más extendidas en Japón, rezan por un ascenso pacífico a la otra vida tras librarse de un ciclo de transmigraciones del alma. Lo hacen porque el buda Amida prometió durante su entrenamiento para alcanzar el nirvana que ayudaría a todos los seres vivos de este mundo a ascender al paraíso. El ascenso al paraíso es el paso previo al nirvana, de ahí su importancia. Esto explica también que se extendiera la idea de que el ser humano puede convertirse en buda si muere.

Así surgió la percepción sobre la muerte más generalizada entre los japoneses, que perdura a día de hoy:

  • Tras la muerte, el ser humano pasa a ser un espíritu errante durante cierto tiempo.
  • Posteriormente, cruza el río Sanzu, semejante a la laguna Estigia de la mitología griega, llega al otro mundo y se convierte en kami o en buda.
  • En caso de que esté muy apegado a esta vida o conserve algún tipo de rencor en ella, no alcanza el nirvana y se convierte en un fantasma.
  • Si su conducta en vida no fue buena, como castigo va al infierno, donde será blanco del hostigamiento por parte de demonios y de Enma, rey del abismo.
  • Los difuntos regresan a sus hogares para la festividad budista de bon, durante la cual se honra su memoria.
  • En los hogares se instala un altar budista, butsudan en japonés, que sirve para recordar y rendir culto a los antepasados. En él se depositan diversas ofrendas y se prende incienso. Además, se coloca una tablilla en la que aparece el nombre póstumo budista de cada persona fallecida.

Al reflexionar sobre lo anterior, uno se da cuenta de que no se trata ni de budismo ni de sintoísmo y de que existen contradicciones.

Un nacionalismo que venera al emperador

Durante el período Edo, el shogunato Tokugawa prohibió el cristianismo e impuso la noción de que todos los japoneses eran budistas. Forzó a las familias a elegir una secta a la que pertenecer, e instauró un sistema, denominado danka, según el cual cada persona tenía que probar su afiliación registrándose en un templo cercano. Además, los monjes budistas no podían hacer otra cosa que no fuera oficiar funerales. Sin embargo, el sogún exhortó a los samuráis a interesarse por el shushigaku, un tipo de confucianismo que se desarrolló en Japón.

Este pensamiento se extendió también entre los artesanos, comerciantes y agricultores de primera clase. El shogunato no se dio cuenta de que era contradictorio imponer el budismo y, al mismo tiempo, fomentar este tipo de confucionismo.

Además, el shushigaku es un pensamiento antibudista, ya que rechaza la idea del ciclo de transmigraciones del alma y la existencia de las ánimas. Asimismo, cree en la idea de que cualquier persona puede llegar al poder si estudia, algo imposible en el sistema clasista imperante en el período Edo, según el cual la sociedad se dividía en cuatro categorías principales en función de los distintos oficios.

Por otra parte, concede valor a la lealtad hacia el gobierno legítimo, la clase dirigente. Esto hizo que surgiera un sentimiento de veneración de la figura del emperador, ya que considera que este, y no el sogún, es líder por derecho. Podría decir que el shushigaku encerraba oculta la capacidad de destruir el sistema de gobierno del período Edo. Puede encontrarse más información acerca de este tema en la obra Arahitogami no sōsakushatachi, de Yamada Shichihei (1921-1991).

El shushigaku propició el nacimiento del kokugaku, la lectura e interpretación fundamental de las obras antiguas, gracias a dos estudiosos de la época partidarios del confucionismo: Itō Jinsai (1627-1705) y Ogyū Sorai (1666-1728). Motoori Norinaga (1730-1801), principal figura de esta nueva disciplina de estudio, escribió el Kojikiden, obra en la que reconstruye el Japón previo a la alfabetización que aparece descrito en el Kojiki. El erudito pone énfasis en el hecho de que en aquella época ya existía un gobierno y el pueblo obedecía al emperador. Esta sumisión no la fomentaron las enseñanzas del shushigaku, sino que surge del sentimiento de la gente. Así fue como se abrió para todos los japoneses la puerta hacia un nacionalismo que venera al emperador.

El sintoísmo estatal

Las teorías del estudioso y teólogo sintoísta Hirata Atsutane, el denominado sintoísmo Hirata, propiciaron grandes cambios en la noción de kami de los japoneses desde finales del shogunato Tokugawa hasta la Restauración Meiji (1867-1885).

Hirata consideraba que el ser humano no se convierte en buda ni va al paraíso tras la muerte, sino que se transforma en un espíritu, especialmente aquellos que sacrificaron la vida por el país, que pasan a ser espíritus puros. Estos últimos protegen a las siguientes generaciones. Se dice también que el estudioso podría haber aprendido del cristianismo este pensamiento revolucionario según el cual el hombre no pierde su personalidad tras la muerte y cada persona tiene su propio espíritu por siempre jamás, al leer la Biblia traducida al chino, un libro prohibido en la época.

Si cualquier persona se convierte en un espíritu tras la muerte, es posible realizar oficios fúnebres sintoístas independientemente de que todos los japoneses celebren funerales budistas y estén afiliados a un templo de esta religión de acuerdo con lo estipulado por el sistema danka. De este modo, se puede venerar a los caídos en las guerras. Las fuerzas militares imperiales que establecieron el gobierno Meiji adoptaron el sintoísmo Hirata y celebraron ceremonias para honrar las almas de los caídos en las guerras. En 1869 se construyó en Tokio el santuario Yasukuni, al que entonces se dio otro nombre. Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, se trataba de un lugar bajo jurisdicción del Ejército de Tierra y la Armada en el que se veneraba a los kami de aquellos que habían sido leales al emperador durante la Restauración Meiji y de todos los que habían sacrificado su vida por la patria. En los medios de comunicación de Europa y Norteamérica suele decirse que el santuario Yasukuni es el “santuario de la guerra”, pero esto no es cierto. En realidad, se asemeja a las tumbas del soldado desconocido y a los monumentos conmemorativos de las distintas revoluciones.

El sintoísmo Hirata y el santuario Yasukuni sirvieron para fomentar la idea de un pueblo de la época moderna que se sacrifica por la patria. Por este motivo, se hizo necesaria la separación del budismo y el sintoísmo. Desde finales del shogunato Tokugawa hasta la Restauración Meiji se hicieron esfuerzos para abolir el budismo y para separar esta religión del sintoísmo. Bajo la dirección del gobierno se comenzó a realizar una clara distinción entre los templos budistas y los santuarios sintoístas en la que la ambigüedad no tenía cabida. Con la Restauración Meiji surgió también el sintoísmo estatal, encabezado también por el gobierno. El Ministerio de Educación consideraba que el sintoísmo no era una religión, dado que formaba parte de la vida diaria de los japoneses. Al pueblo se le impuso el sintoísmo estatal.

A partir de la era Meiji se construyeron santuarios nuevos debido a la creencia de que el hombre se convierte en kami tras la muerte. Destacan entre ellos el santuario en el que se venera al emperador Meiji y el consagrado al general y héroe de guerra Nogi Maresuke, ambos en Tokio. Existen, además, santuarios dedicados a las almas de los caídos en las guerras en sus respectivos lugares de origen. En las escuelas se colocaban fotografías del emperador, se realizaban oraciones e incluso se rezaba al emperador orientándose en dirección al Palacio Imperial. Se enseñaba que el emperador era un dios viviente.

Prohibición del sintoísmo estatal tras la Segunda Guerra Mundial

Las tropas aliadas prohibieron el sintoísmo estatal durante la ocupación de Japón que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el santuario Yasukuni se preservó como parte de una organización religiosa de carácter civil, y la creencia de que los espíritus de los caídos por la patria y de cualquier persona en general se convierten en kami tras la muerte perdura entre los japoneses.

No hay duda de que los japoneses no somos conscientes de la idea que tenemos sobre el concepto de kami ni somos capaces de explicársela a otras personas. Cada persona tiene que darse cuenta por sí misma de aquello en lo que cree. Es algo que todavía no hemos conseguido.

(Traducido al español del original en japonés)

  • [27.03.2014]

Sociólogo y profesor emérito del Instituto Tecnológico de Tokio. En 1977, abandona los cursos de doctorado en Sociología de la Escuela de Posgrado de la Universidad de Tokio. Tras dedicarse a la escritura, asume un puesto de profesor titular en el Instituto Tecnológico de Tokio, institución en la que imparte clases de Sociología de 1995 a 2013. Entre sus obras, destacan Gengo game to shakai giron; Keisō Shobō, 1985, Bukkyō no gensetsu senryaku; Keisō Shobō, 1986, y Sanga Bunko, 2013, Sekaiga wakaru shūkyō shakaigaku nyūmon; Chikuma Shobō, 2001, y Chikuma Bunko, 2006, Fushigina Kirisutokyō; Kodansha Gendaishinsho, 2011, y Yukaina bukkyō; Sanga Shinsho, 2013.

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