En profundidad Cinco años tras el Gran Terremoto del Este de Japón
Ishinomaki cinco años después del Gran Terremoto del Este de Japón
El británico Richard Halberstadt transmite los avances de la reconstrucción in situ
[18.03.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Ishinomaki, en la prefectura de Miyagi, fue la localidad más afectada por el Gran Terremoto del Este de Japón; el desastre dejó allí más de 3.500 víctimas, entre fallecidos y desaparecidos, y destruyó 20.000 edificaciones. El británico Richard Halberstadt, residente de la ciudad y exprofesor de la Universidad Ishinomaki Senshū, ha seguido de cerca los esfuerzos de recuperación y reconstrucción en estos cinco años y se dedica a transmitir la realidad actual de las zonas azotadas por la catástrofe de 2011 al frente del Centro Comunitario y de Información de Ishinomaki, que dirige desde marzo de 2015.

Richard Halberstadt

Richard HalberstadtDirector del Centro Comunitario y de Información de Ishinomaki desde marzo de 2015. Nace en Reading, en el Reino Unido, en 1965. Estudia en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, donde se especializa en Lengua Japonesa. Posteriormente, cursa un máster en la Facultad de Literatura de la Universidad de Reading. En 1993 se traslada a Ishinomaki, en la prefectura de Miyagi. Cuando ocurrió el terremoto del 11 de marzo de 2011, se encontraba en su despacho en la Universidad Ishinomaki Senshū, donde impartía clases. En los días posteriores al desastre, cuando se refugió dentro y fuera del recinto universitario, la embajada del Reino Unido le sugirió que buscara refugio o regresara a su país ante el temor desatado por el accidente en la central nuclear de Fukushima, pero él decidió quedarse en Ishinomaki y ayudar.

Un centro de visitantes en una de las zonas más afectadas por el Gran Terremoto del Este de Japón

El Centro Comunitario y de Información de Ishinomaki se encuentra a unos seis o siete minutos a pie de la estación de tren, en el centro de la localidad homónima, y lleva en funcionamiento desde 2015. Alberga una exposición sobre los efectos que tuvo en la zona el Gran Terremoto del Este de Japón, así como una exhibición de los avances en la recuperación y la reconstrucción y de las lecciones en materia de prevención de desastres aprendidas de la catástrofe. Las instalaciones, que en su primer año abiertas han recibido a unas 18.000 personas, hacen las veces de centro de visitantes y satisfacen la curiosidad de aquellos que desean conocer la realidad de lo ocurrido in situ, ya sean japoneses o extranjeros. Trabajan allí tres personas, entre ellas el propio Halberstadt, que fue elegido para dirigir el Centro precisamente por su capacidad para comunicarse con soltura en inglés y japonés.

“No me considero un líder ni tengo el carácter de una persona capaz de tirar de los demás. Con todo, un amigo íntimo de Ishinomaki me pidió que me convirtiera en un ‘tablón de anuncios’. Me dijo que yo podía hacer que muchas personas continuaran visitando la localidad y apoyándola”, cuenta Halberstadt.

“Haber vivido un desastre, una experiencia que permite separar la vida de la muerte, me ha servido para reflexionar profundamente sobre mi propia existencia. Varios amigos míos murieron en la catástrofe y yo, que soy un superviviente de ella, llegué a plantearme que tengo la obligación de vivir también la parte de aquellos que no sobrevivieron. La inauguración del Centro Comunitario y de Información de Ishinomaki me ayudó a darme cuenta de que se trataba del trabajo adecuado para mí. Me permite promocionar los atractivos de la localidad y, al dominar dos idiomas, ganar la atención del público nacional e internacional. Cuando personas de todo el mundo interesadas en conocer los lugares afectados por el desastre y aprender de lo ocurrido visitan las instalaciones y agradecen que haya alguien que dé explicaciones en inglés, siento que lo que estoy haciendo realmente merece la pena”, prosigue el británico.

Veintitrés años en Ishinomaki, uno más de la localidad

Tras finalizar sus estudios universitarios, Richard Halberstadt trabajó dos años como profesor asistente de lengua inglesa en un instituto de educación secundaria superior de la ciudad de Tsuruoka, en la prefectura de Yamagata. Posteriormente, regresó a su país y cursó un máster; sin embargo, su amor por Japón lo llevó a conseguir un puesto en la Universidad Ishinomaki Senshū en 1993. En aquel entonces, tuvo dificultades para adaptarse a la zona, pero las tornas cambiarían pronto.

Corrían los últimos años de la burbuja económica y, como parte de los esfuerzos para desarrollar Ishinomaki, se iba a reconstruir el San Juan Bautista, el galeón que el clan Sendai construyó en el siglo XVII y en el que la misión encabezada por el samurái Hasekura Tsunenaga cruzó el Pacífico con destino a Europa. La Asociación Juvenil local planeaba llevar a cabo una representación teatral de los acontecimientos que rodearon a la construcción del barco con la participación ciudadana; al británico le pidieron que interpretara el papel de un extranjero que había llegado a Japón para enseñar los métodos de construcción navales de Occidente. Halberstadt aceptó porque sintió que lo estaban valorando como una persona importante. Su participación en la obra allanó el camino para que trabara amistad con algunos comerciantes jóvenes de la zona y ampliara, de golpe, sus círculos de amigos. Durante un tiempo formó parte de la Asociación Juvenil, donde realizó numerosas actividades. Además, obtuvo el estatus de residente permanente en Japón en 2003.

La bondad del pueblo de Ishinomaki fue lo que le conquistó; en estos años, el británico apenas ha tenido malas experiencias por el mero hecho de no ser japonés. La gente se relaciona con él, pero no lo hace pensando en que se trata de un extranjero, sino de una persona de nombre Richard. En la localidad cuentan con él tanto en fiestas como en momentos de duelo y lo consideran como uno más.

Un cambio de rumbo cuando se disponía a regresar a su país tras el desastre

Halberstadt se encontraba en su despacho en la universidad a las 14:46 del 11 de marzo de 2011, hora a la que se produjo el seísmo. El campus está situado a las afueras de Ishinomaki, en una zona relativamente de interior. El temblor en la localidad fue de +6 en la escala japonesa y duró unos cinco minutos. Los tres días posteriores los pasó en el centro educativo, sin poder moverse de allí; la única información del exterior la recibía por radio. El número de personas que se dirigían a la universidad en busca de refugio desde el centro de la ciudad aumentaba a diario, algo que solo permitía imaginarse la dificultad de la situación en la localidad.

No volvió a la ciudad, en ruinas tras haber sido arrasada por el tsunami, hasta el día 14. El horror que presenció entonces le hizo darse cuenta del verdadero significado de la palabra ‘catástrofe’. El hotel regentado por un amigo suyo hacía las veces de refugio provisional, y el británico permaneció allí un tiempo. Ese día también se enteró de la muerte de una familia con la que mantenía una estrecha amistad.

Cifras del Gran Terremoto del Este de Japón en Ishinomaki

Intensidad del seísmo +6 en la escala japonesa, de 0 a 7
Tsunami 8,6 metros de altitud máxima, según datos de la Agencia Nacional de Meteorología relativos a la playa de Ayukawa. Las autoridades de Ishinomaki afirman que la ola superó los 20 metros en algunas zonas de la ciudad
Superficie inundada 73 km2 (un 13,2 % en la ciudad y un 30 % en la planicie)
Número de fallecidos 3.178
Personas en paradero desconocido 422
Daños en edificaciones 20.039 construcciones destruidas completamente, 13.047 derrumbadas parcialmente y 23.615 con daños de algún tipo
Número de evacuados 50.758, como máximo

Información de las autoridades de Ishinomaki a fecha de enero de 2016

Halberstadt recuerda un correo electrónico de la embajada del Reino Unido en Tokio que recibió en su teléfono móvil el 17 de marzo en el que le pedían que se pusiera en contacto con ellos inmediatamente. En aquel entonces, se temía que se estuviera produciendo una gran fuga de sustancias radiactivas de la central nuclear Fukushima Daiichi tras el accidente ocurrido allí, por lo que la misión diplomática del país europeo en Japón se ponía en lo peor y recomendaba a los ciudadanos británicos que residían en las zonas afectadas por la catástrofe y en toda la región oriental del archipiélago nipón que lo abandonaran. El día 19 se dirigió a Sendai para encontrarse con representantes de la embajada que se habían desplazado hasta allí para recogerlo, pero, tras consultarlo una noche con la almohada, decidió no regresar a su país y volver a Ishinomaki.

Algunos amigos le aconsejaron que volviera al Reino Unido y le dijeron que su labor ahora residía en recaudar fondos para ayudar a Ishinomaki desde su país. Sin embargo, Halberstadt pensó que si abandonaba a sus amistades cuando más lo necesitaban, se arrepentiría toda la vida y no podría perdonárselo. Aunque se dirigió a Sendai entre lágrimas por la despedida, al final ganó su deseo de ayudar en la recuperación de Ishinomaki junto a sus amigos. Apenas había conciliado el sueño tras el desastre, pero regresó a la localidad. El día 20 por fin pudo dormir plácidamente después de mucho tiempo. El británico cree que pudo descansar porque se había quedado tranquilo al saber que había tomado la decisión correcta.

  • [18.03.2016]
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