En profundidad Los Estados Unidos de Trump y Japón
El comportamiento de Trump choca contra la realidad de Asia-Pacífico

Teshima Ryūichi [Perfil]

[16.02.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | Русский |

En una cumbre bilateral entre los líderes de Japón y los Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha mostrado su predisposición a volver a la senda seguida por sus antecesores en cuestiones diplomáticas y de seguridad en lo que respecta a la región de Asia-Pacífico. Trump ha renunciado por el momento a relacionar las cuestiones de seguridad con las de comercio, y ha mantenido su promesa ante Japón de defender las islas Senkaku. No obstante, también ha expresado su respeto hacia la política de “una sola China”. El periodista que ha cubierto en la primera línea todo lo relacionado con el tratado de seguridad Japón-EE. UU. ofrece desde su punto de vista las claves centrales de la reunión entre ambos líderes.

Las islas Senkaku seguirán protegidas por la alianza nipoestadounidense

En una cumbre bilateral de dos días de duración que comenzó en la Casa Blanca y continuó en la residencia de Mar-a-Lago del presidente estadounidense Donald Trump en Palm Beach, Florida, el primer ministro Abe Shinzō logró obtener declaraciones del nuevo líder de los Estados Unidos que deberían de mantener la tranquilidad en las aguas de Asia Oriental por el momento. Las conversaciones que tuvieron lugar arrojaron luz sobre el hecho de que la situación de la seguridad en la región— desde la China continental a Taiwán, las islas Senkaku y el archipiélago japonés— ha sido construida con esfuerzo durante largos años de delicada diplomacia. Y el fenómeno Trump, que ha llegado con estrépito a la escena política estadounidense, se ha visto obligado a suavizar su aterrizaje en esta parte del mundo donde se atisba un potencial enfrentamiento sinoamericano.

El 10 de febrero, después de terminar la primera sesión de su primera reunión de la cumbre, el primer ministro Abe y el presidente Trump ofrecieron una rueda de prensa conjunta. En ella volvieron a confirmar que el Artículo V del Tratado de Seguridad Japón-EE. UU. (*1), que recoge las responsabilidades del ejército estadounidense en caso de que Japón sea atacado, es aplicable a las islas Senkaku, reclamadas por China. Durante la campaña de las presidenciales, Trump habló de la necesidad de que Japón contribuya más a la carga económica de tener estacionado al ejército de los Estados Unidos en su territorio, sugiriendo una posible retirada de tropas estadounidenses de las bases que hay en Japón y causando inquietud entre los políticos japoneses con su poca disposición a hacer declaraciones concretas sobre la defensa de las islas Senkaku como área bajo la administración de Japón.

Esta fue una razón de más para que la parte japonesa se sintiera aliviada con las siguientes palabras estipuladas en el comunicado conjunto publicado tras la apertura de la ronda de conversaciones de la cumbre: “Ambos líderes afirman que el Artículo V del Tratado de Cooperación y Seguridad Mutua de los Estados Unidos y Japón comprende las islas Senkaku.” Esto estaba pensado directamente para poner a prueba a China—que reclama estas islas como parte de su territorio y está aumentando su presencia en las aguas aledañas—haciendo saber a Pekín que si utiliza la fuerza, las tropas estadounidenses en Japón no dudarán en dar una respuesta de tipo militar.

De hecho, las islas Senkaku son claves para la política internacional en Asia Oriental. Desde el comienzo de la presente década, la disputa sobre este territorio entre Japón y China se ha ido intensificando paulatinamente. Tokio, Pekín y Washington han tomado esta situación con pinzas, observándola como un potencial polvorín que podría llevar a un baño de sangre. En junio de 2013, unos meses después de que Xi Jinping accediera al cargo como presidente de China, el presidente Barack Obama le recibió en una cumbre de dos días en Rancho Mirage, California, donde satisfizo al líder chino declarando que los Estados Unidos no tomarían en última instancia ninguna posición en los litigios territoriales. Solo más tarde, cuando fue recibido en Japón como invitado de Estado en abril de 2014, Obama admitiría a regañadientes que el Artículo V del tratado era un compromiso que se extendía también a las islas Senkaku. Pero a pesar de estas declaraciones, seguía siendo evidente que no tenía ningún interés en enfrentarse a China y derramar sangre estadounidense para defender esas islas deshabitadas.

Con esto como antesala para la cumbre Abe-Trump de este mes, un funcionario japonés involucrado en el trabajo de campo para la celebración de la reunión declaró: “Sabemos que hay cierta preocupación sobre la excesiva cercanía del primer ministro Abe al presidente Trump, que ha recibido condenas globales por prohibir la entrada a los Estados Unidos a ciudadanos de algunos países de Oriente Medio y otras políticas controvertidas. Pero dado el entorno de seguridad de Asia Oriental, hay algunas áreas en las que Japón debe obtener la aprobación y el entendimiento de la administración Trump lo antes posible. La aplicabilidad del tratado de seguridad a las Senkaku es una de esas áreas.”

Tal como dice el viejo refrán, no puedes capturar a la cría del tigre sin entrar en su guarida. Esta afirmación del funcionario muestra la creencia del Gobierno japonés de que forjar unos fuertes lazos entre ambos líderes era necesario para asegurarse de que los Estados Unidos cumple su promesa de defender las islas Senkaku.

Aclarando la cuestión de “Una sola China”

Cuando Abe se dirigía a la cumbre con Trump, no obstante, estaba al mismo tiempo enfrentándose a un cambio inesperado en la situación. El 9 de febrero, antes de la llegada de Abe a Washington, el presidente Trump habló con su homólogo Chino Xi por teléfono, en la que fue la primera conversación que el presidente estadounidense tuvo con él desde que accedió a su cargo. Durante su charla Trump se comprometió por primera vez a respetar la política de “Una sola China”. De esta forma, ha generado dos vectores diferentes para su diplomacia en Asia en el espacio de unos pocos días—la aplicación del tratado de seguridad a las islas Senkaku, un movimiento para tranquilizar a Japón, y el reconocimiento de Taiwán como parte de una sola China, un movimiento en línea con los intereses de China.

Desde que hace 45 años los Estados Unidos iniciase un importante acercamiento a la República Popular de China, la política de “Una sola China” ha sido la piedra angular de la estabilidad y la seguridad en la región. Antes de acceder a su cargo, no obstante, Trump—ya sea por desconocimiento de la importancia del contexto o porque quería presionar a China para que mejorara su masivo desequilibro comercial con los Estados Unidos—jugó una carta peligrosa. En una entrevista con la cadena conservadora Fox TV, declaró: “No sé por qué tenemos que ajustarnos a la política de una sola China.”

Si nos retrotraemos a la génesis de esta política, vemos una China que entonces se estaba enfrentando en el norte a una amenaza representada por la Unión Soviética y su armamento nuclear y unos Estados Unidos que deseaban salir de la ciénaga de la guerra de Vietnám. Ambos países estaban ansiosos por mejorar sus relaciones bilaterales, pero no podían hacer esto hasta que no trataran la espinosa cuestión de Taiwán, situada entre ellos. Este fue uno de los puntos clave en las negociaciones de alto secreto que tuvieron lugar en Pekín en 1971 para preparar el terreno para que el presidente Richard Nixon visitase China el año siguiente. El premier chino Zhou Enlai y el Secretario de Estado Henry Kissinger, dos figuras importantes en la historia de la diplomacia del siglo XX, fueron llevados hasta sus límites trabajando sobre este obstáculo.

Con su descripción de las dos “vías separadas” que se cruzaron al final, estos dos diplomáticos hicieron posible que Nixon visitase China, mejorando la relación entre ambos países al fin. En el comunicado conjunto de los Estados Unidos y la República Popular de China (El Comunicado de Shanghái), publicado después de la visita presidencial, el Gobierno de los Estados Unidos afirmó:

Los Estados Unidos reconocen que todos los chinos en cada lado del estrecho de Taiwán sostienen que solo hay una China. El Gobierno de los Estados Unidos no desafía esa postura. Así reafirma su interés en una solución pacífica a la cuestión de Taiwán por los propios chinos.

No conozco otro documento oficial que trate de la situación en Asia Oriental que esté elaborado de forma tan precisa y meticulosa. Al mismo tiempo que reconoce que tanto la República de China en Taiwán como la República Popular de China en el continente insisten en que hay una sola China, la administración Nixon evita inequívocamente apoyar una postura por encima de otra.

Asimismo, al expresar su deseo de que haya una “solución pacífica” a la cuestión de Taiwán, el comunicado controla sutilmente cualquier plan que el Ejército Popular de Liberación pudiera tener para cruzar el estrecho de Taiwán y tomar la isla por la fuerza. Las fuerzas independentistas de Taiwán recibieron una advertencia ante la posibilidad de que realizaran acciones imprudentes esperando que el ejército de los Estados Unidos estuviera ahí para apoyarlas. Estos matices camuflados en las líneas de este documento buscaban mantener la estabilidad en esta parte de Asia Oriental. La alianza entre Japón y los Estados Unidos está orientada directamente a la posibilidad de una contingencia militar en Taiwán; pero si la administración Trump emprende una acción poco juiciosa que lleve a una crisis en la región, será Japón el que está en la primera línea del conflicto.

La peligrosa relación entre el comercio y las políticas de seguridad

Parece evidente que el Secretario de Defensa James Mattis y otras personas prudentes del entorno del presidente ayudaron a devolverlo a la senda de la política exterior que se había establecido en los Estados Unidos. Al reiterar la disposición de los Estados Unidos para defender las islas Senkaku en su cumbre con Abe y al reafirmar la adhesión de su país a la política de “Una sola China” en su llamada telefónica con Xi, Trump logró cortar los brotes de varios conflictos potenciales en Asia Oriental.

Al alzar la bandera del “América primero”, el candidato Trump jugó una carta con la que afirmaba que tenía intención de revisar la política de seguridad estadounidense respecto a Japón y China para reducir de forma masiva el déficit comercial de su país. Para asegurar concesiones en el frente del comercio, señaló, estaba dispuesto a revisar una posición relativa a la seguridad en la que anteriores administraciones estadounidenses se había apoyado para prevenir enfrentamientos armados. En todo esto mostró una falta de conciencia sobre el peligro que sus acciones podrían tener.

Ahora el primer ministro de Japón ha venido a forjar una de las relaciones de confianza más profundas que ningún otro líder mundial haya logrado con el presidente Trump. Idealmente, Abe utilizará esta ventaja política como un medio para convencer a su contraparte estadounidense para que deje de utilizar la política de seguridad a modo de burdo instrumento para perseguir resultados en materia de comercio. Y yendo más lejos, se espera que muestre liderazgo a la hora de crear un área comercial libre, justa y abierta en el área de Asia-Pacífico. Este, más que nada, será el pilar firme de una calma duradera en Asia Oriental.

(Publicado el 12 de febrero de 2017 y traducido al español. Fotografía del encabezado: el primer ministro Abe Shinzō y el presidente Donald Trump comparecen en una rueda de prensa conjunta después de una sesión de su cumbre en Washington DC el 10 de febrero. © Jiji.)

(*1) ^ El Artículo V del tratado dice así: “Cada parte reconoce que un ataque armado contra cualquiera de las partes en territorios bajo la administración de Japón sería peligroso para su propia paz y seguridad, y declara que actuará para enfrentarse a este peligro común de acuerdo con sus provisiones y procesos constitucionales. Cualquier ataque armado de este tipo y todas las medidas tomadas como resultado del mismo deberán ser inmediatamente trasladadas al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de acuerdo con las provisiones del Artículo 51 de la Carta. Estas medidas deberán ser detenidas cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para restaurar y mantener la paz y la seguridad internacional.”

  • [16.02.2017]

Periodista y escritor especializado en política exterior. Director representante de Nippon.com. Graduado por la Facultad de Economía de la Universidad de Keiō. Ingresó en la NHK en 1974. Tras ejercer como jefe de las delegaciones en Bonn y Nueva York, se independizó en 2005. Entre sus obras destacan Tasogareyuku Nichi-Bei dōmei: Nippon FSX wo ute (Japón-Estados Unidos, una alianza que se eclipsa: diparad al FSX japonés; Shinchō Bunko, 2006, reedición de la obra escrita en 1991), y las novelas Urutora darā (Ultra dólar, Shinchō Bunko, 2007) y Nanji no na wa supai, uragirimono, aruiwa sagishi: interijensu kijinden (Tienes nombre de espía, traidor o impostor: leyendas de excéntricos de los servicios de inteligencia; Magazine House, 2016).

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