¿Quién es objeto de la ira?: el mundo de Yoshida Shūichi en su novela ‘Ikari’.
[11.10.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

El novelista y ganador del Premio Akutagawa Yoshida Shūichi ha visto muchas de sus obras llevadas al cine, entre ellas Akunin, película que obtuvo el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de Montreal. Charlamos con él sobre el trasfondo de su novela Ikari con motivo del próximo estreno de su versión cinematográfica.

Yoshida Shūichi

Yoshida ShūichiNació en Nagasaki en 1968. Debutó como novelista en 1997, obteniendo el Bungakukai Shinjinshō (Premio para Autores Noveles de la revista Bungakukai) con su obra Saigo no Musuko. En 2002 se hizo acreedor al Premio Yamamoto Shūgorō con Parade y al Akutagawa con Park Life. Cinco años después, su novela Akunin, que había aparecido por entregas en el periódico Asahi, fue premiada por partida doble, recibiendo el Osaragi Jirō y el de la Cultura de la editorial Mainichi. Ikari fue publicada igualmente por entregas en el periódico Yomiuri entre 2012 y 2013. Además, es autor de Sayonara keikoku (2008), Taiyō wa ugokanai (2012), Lu (2012), Ai ni ranbō (2013), etc. Sus obras han sido traducidas al inglés, francés, chino y coreano. También son muchas las que han sido llevadas al cine, como Parade (director: Yukisada Isao), Akunin (Lee Sang-Il), Sayonara keikoku (Ōmori Tatsushi) o Yokomichi Yonosuke (Okita Shūichi). Sitio web oficial: http://yoshidashuichi.com/index.html

El asesinato de una joven británica, en el origen de la historia

En 2007 fue asesinada en Ichikawa (prefectura de Chiba) una mujer británica que enseñaba inglés en Japón. El sospechoso del crimen, Ichihashi Tatsuya, se evadió de la justicia y buscó refugio en diversos rincones del país durante casi tres años, haciéndose varias operaciones quirúrgicas para modificar su rostro. El caso fue seguido con gran atención, por detalles como la ostensible diferencia entre los retratos previo y posterior a las cirugías divulgados por la policía para facilitar su captura. Hasta su detención en noviembre de 2009 la policía obtuvo un gran número de informes de personas que decían haberlo visto, si bien finalmente se concluyó que en la mayoría de los casos se trataba de otras personas.

Inspirándose en este crimen, el escritor Yoshida Shūichi, autor del superventas Akunin (2007; en inglés: Villain: A Novel) y otras muchas obras que han atraído el interés del público, lanzó a través de la editorial Chūō Kōron Shinsha su novela Ikari, que ya había sido publicada por entregas en un periódico. El libro, que salió a la venta en 2014, hace que el corazón del lector se estremezca con la crudeza del entramado humano que se crea en torno a un caso de asesinato.

En lo más caluroso del verano un joven matrimonio es cruelmente asesinado en Hachiōji. En el lugar del crimen aparece, escrito en sangre, un ideograma que transmite la idea de “cólera” o “ira”. Un año después aparecen en Tokio, Chiba y Okinawa tres hombres cuya identidad nadie conoce. Los tres tienen un lejano parecido con las fotografías difundidas por la policía al dar la orden de búsqueda y captura. Ikari no se centra en la mente criminal ni en el drama de la huida, sino en los complejos sentimientos y en la conducta de las personas que interactúan con los tres hombres. ¿Será ese hombre al que amo y en quien confío un asesino?

Como ha ocurrido con Akunin y varias otras de las obra de Yoshida, la novela Ikari ha sido llevada al cine. La película, dirigida por Lee Sang-Il, cuenta en su reparto con el reputado actor Watanabe Ken. Con motivo de su estreno, en septiembre de 2016, charlamos con el novelista sobre el trasfondo de la obra.

Lo primero es elegir los escenarios

Yoshida, que se estrenó como novelista en 1997 con Saigo no musuko y en 2002 obtuvo el Premio Akutagawa con Park Life, viene cultivando un amplio abanico de formas literarias, desde las más refinadas hasta el puro entretenimiento, pasando por los géneros de amor o policiaco. Pero fue hacia los 37 años –escribía entonces su novela Akunin–, cuando, según él mismo dice, notó un cambio en su forma de ver las cosas y un ensanchamiento de su mundo creativo.

“En la época en que escribía Akunin, mi mundo creativo se ensanchó”.

“Puedes tener una intención concreta para tu próxima obra, puedes proponerte ampliar tu campo creativo, pero con la novela las cosas no siempre marchan al gusto de uno”, explica Yoshida. “Esas ampliaciones solo puedes hacerlas una vez hayas ampliado tu propio mundo interior. Yo tuve que pasar por una etapa de muchos nervios y de exasperación. En el maratón, por ejemplo, si quieres rebajar tu tiempo, dispones de unos métodos de entrenamiento. Y si los sigues con regularidad, todos los días, es probable que puedas pasar de las cuatro horas a las tres, etcétera. En el caso de la novela, lo único que puedes hacer es vivir cada día, escribir cada día. A partir de Akunin, no es que fuera consciente de estar sufriendo ninguna transformación repentina, pero sin duda mi campo creativo se ensanchó. Cuando escribí Akunin, cinco o 10 años después de mi debut, había adquirido ya la ‘forma física’ necesaria para poder escribirlo”.

Al plantearse una obra, todo empieza cuando viene a su mente un lugar que puede servir de escenario. Concebirá entonces unos personajes que encajen con ese lugar y seguirá escribiendo guiado por su propio interés hacia esos personajes, de los que querrá saber más cosas. Los lugares que elige son, generalmente, lugares que ha conocido a lo largo de sus viajes. Los escenarios de Ikari son la comarca de Bōsō (prefectura de Chiba), los alrededores de Shinjuku, en Tokio, y una pequeña y solitaria isla de las que conforman la prefectura de Okinawa.

El autor durante el rodaje de Ikari en Okinawa, en septiembre de 2015. (Fotografía: Comité de Producción de Ikari)

Al ver las películas basadas en sus obras, es la belleza de los lugares en los que se ambientan lo que más llama la atención de Yoshida. En Akunin, le impresionó una vez más la belleza agreste de los paisajes invernales del norte de la isla de Kyūshū, que sirvieron de escenario. En el caso de Ikari, especialmente la zona montañosa que sirve de telón de fondo a los puertos pesqueros de Chiba, la belleza del mar de Okinawa y las vistas nocturnas de Tokio. “Lugares muy bonitos y variados sentimientos de personas que se mueven en ellos. Creo que es precisamente eso lo que me empuja a escribir”, reflexiona Yoshida.

Alternando escenas de Chiba, Okinawa y Tokio, la película contagia la sensación de que las cosas que están ocurriendo ahora en algún lugar de Japón, incluyendo los casos criminales, no son en absoluto ajenas a uno mismo, que cualquier persona podría verse envuelta en situaciones iguales a las descritas.

Es una película en que los personajes se ponen a prueba unos a otros. ¿Hasta qué punto podemos meternos en las vidas ajenas? ¿Son creíbles el amor, el cariño?

No es el móvil del crimen lo que hay que escribir

Yoshida fue desarrollando la historia sin decidir de antemano cuál de los tres jóvenes desconocidos era Yamagami Kazuya, el criminal evadido. “Al principio, para encontrar un buen móvil para Yamagami, le dediqué mucho tiempo a pensar cuál de los tres resultaría más convincente como criminal, y me lancé a escribir con todas mis fuerzas”, reconoce Yoshida. Sin embargo, llegado a un cierto punto, sintió que “desde el punto de vista de la sucesión de hechos en la historia, el asunto no era establecer por qué esa persona había matado a alguien. No era claro [ni siquiera para el propio autor] por qué él había matado. Por supuesto, era fácil simular que sabía por qué, pero preferí no jugar esa carta. Hay casos en que no se sabe [el móvil]”.

“En la primera versión por entregas en un periódico, escribí testimonios de los padres y amigos de Yamagami. Cuando se publicó en forma de libro, borré esas partes. Finalmente, juzgué que en mi historia, en Ikari, eran innecesarias”.

“También hay casos en que no se sabe por qué el asesino mató a su víctima”.

Las tinieblas del corazón de Yamagami, cuando escribe en sangre “Ikari”, son insondables. Pero esta novela no pretende indagar en la raíz de la ira del asesino. Más bien, podría decirse que lo que se describe es la ira de las personas que se relacionan con los tres jóvenes. La ira de quien quiere confiar en esa persona importante para él pero no puede confiar en ella, o la ira hacia quien ha traicionado la confianza depositada en él. Toda la obra está penetrada por la sensación de bloqueo y ansiedad que produce una sociedad en la que uno no puede creer así como así en los demás.

“Antes, cuando venía un nuevo vecino, lo normal era, quizás, tomar la iniciativa de acercarse a él para tener desde el principio una vía de comunicación. El acercamiento se hacía con toda confianza, porque se partía de que se le podría tratar como a alguien similar a uno mismo. Sin embargo, los aires han cambiado y ahora la gente no se decide a dar ese paso si el nuevo vecino es, por ejemplo, un extranjero. Influye también el deseo de llevar con inteligencia esa nueva relación. Pero es justo al contrario, porque, conforme el mundo se hace más variado, se hace más difícil dar ese primer paso. Pero es un asunto complicado, porque también está el problema de la necesaria consideración hacia los demás”

Un reparto de ensueño, al estilo de Ocean’s Eleven

Lee Sang-Il, director de Ikari, trabajó ya con Yoshida en Akunin, estrenada en 2010, de la que, además de director, fue también guionista. “En sus novelas, Yoshida se enfrenta en solitario al tema de lo difícil que resulta creer en la gente en la sociedad actual”, dijo Lee durante la rueda de prensa en que se anunció la finalización del filme, el 11 de julio de 2016. “Yo sentí que tenía que tomar el relevo y seguir adelante con ese mensaje, dándole forma de película”, añadió.

Posando para los fotógrafos durante la rueda de prensa ofrecida el 11 de julio de 2016 con motivo de la finalización de Ikari. Abajo, a la izquierda, el director Lee Sang-Il. Detras de él, Yoshida Shūichi. (Fotografía: Redacción de nippon.com)

“Yo soy novelista, Lee es director de cine”, comenta Yoshida. “Cuando queremos decir algo [sobre lo que debe ser la sociedad] nuestra única vía de expresión es nuestra obra. Personalmente, con que haya una sola persona que, como ha hecho Lee, recoja lo que escribo, doy por recompensado mi esfuerzo. Y si [lo que quería transmitir] se transmite realmente a quienes ven la película, no me queda nada más que desear”.

Lee se había ganado ya la confianza de Yoshida como director cuando este le envió su nueva novela Ikari para conocer sus impresiones. Lee respondió diciendo que le gustaría llevarla al cine. Yoshida explica que, ante esta propuesta, él pidió que fuera una película con un reparto estelar, al estilo de la película de Hollywood Ocean’s Eleven.

“Intuía que hacer una película de Ikari sería mucho más dificíl que en el caso de Akunin. Y cuando me planteé qué arma podríamos utilizar [para potenciar la película], pensé en un reparto plagado de estrellas. Y pensé también que podía tener sentido que fueran precisamente actores súper conocidos los que interpretaran a personajes que representan a minorías sociales en cada unos de esos tres sitios: Chiba, Tokio y Okinawa”, argumenta Yoshida.

En Ikari, el internacionalmente famoso Watanabe Ken da vida a Maki Yōhei, un empleado de una cooperativa pesquera de Chiba angustiado por las relaciones que su hija mantiene con un desconocido. Tsumabuki Satoshi y Ayano Gō, que interpretan a una pareja gay, Miyazaki Aoi, Matsuyama Ken’ichi, Moriyama Mirai o Hirose Suzu, actores todos con categoría de protagonistas, lucen por todo lo alto en papeles que rompen la imagen que se tenía de ellos.

El tema musical de la película lo ha compuesto Sakamoto Ryūichi. Yoshida, un gran aficionado que devora tanto cine nacional como extranjero sin reparar en géneros, afirma que trató de ver la película no como el autor de la novela en la que se basa, sino como un simple espectador. “Mi primera impresión fue la de que nunca había visto una película japonesa como esa. No encaja en ninguno de los tipos que he visto hasta ahora”.

Arriba, izquierda: Tras enviudar, el empleado de una cooperativa pesquera de Chiba Maki Yōhei (Watanabe Ken) ha cargado con todo el peso de la crianza y educación de su hija Aiko (Miyazaki Aoi, foto de la derecha); esta, que había dejado a su padre y trabajaba en un local de alterne de Tokio, es devuelta al hogar por Yōhei y ahora ama a Tashiro Tetsuya (Matsuyama Ken’ichi, misma foto), trabajador del puerto pesquero. Abajo, derecha: Fujita Yūma (Tsumabuki Satoshi, a la derecha), empleado de una gran empresa de comunicaciones, se siente atraído por Ōnishi Naoto (Ayano Gō, izquierda), a quien conoció en Shinjuku, y ambos comienzan a vivir juntos. Abajo, izquierda: Komiyama Izumi (Hirose Suzu), que se ha mudado a una pequeña isla de Okinawa con su madre, conoce en una isla desierta al mochilero que se hace llamar Tanaka Shingo (Moriyama Mirai), por quien se siente atraída. (Fotografías: Comité de Promoción de Ikari, 2016)

Ser leído también en el extranjero

El escritor japonés más conocido en el extranjero es Murakami Haruki, cuyas obras han sido traducidas a muchos idiomas. Pero también lo están siendo muchas obras de Yoshida. ¿Cómo vivirá Yoshida el hecho de que lectores de todo el mundo puedan leerle?

“En estos últimos 10 años”, responde, “mis obras han sido traducidas en Corea del Sur, Taiwán y China nada más publicarse en Japón. Así que (los lectores extranjeros) han pasado a tener un lugar en mi mente. Por ejemplo, antes escribía “un(-a) chin(o/a)” sin pensar demasiado. Ahora soy más consciente de que eso lo van a leer en China. Ahora reparo más en hasta qué punto venía utilizando [las nacionalidades, etc] como meros signos, sin pensarlo”.

Casi todas las obras escritas por Yoshida hasta el momento han sido traducidas y publicadas en el extranjero.

Su primera obra traducida al inglés fue Akunin. Yoshida dice haberse sentido feliz cuando su obra fue presentada en la versión digital del periódico norteamericano Wall Street Journal, que lo comparó con Stieg Larsson, escritor sueco de novelas de misterio y autor de la saga superventas Millenium.

Ikari, que forma una misma serie con Akunin, tiene también un fuerte componente de suspense psicológico y de misterio. Es muy probable que, traducida al inglés, consiga muchos lectores, y también podría ocurrir que Hollywood hiciera un remake de la película japonesa y lo distribuyera por todo el mundo. Preguntamos a Yoshida sobre estas posibilidades.

“Esta y cualquier otra obra sería creíble aunque se ambientase en cualquier otro país del mundo. Por ejemplo, si un relato de Seúl fuera trasladado a Tokio no sentiríamos nada raro. Las situaciones que se dan y las cosas que se hacen en Estados Unidos o en Europa son prácticamente las mismas. Hace poco estuve tomándome un café en un Starbucks de Nueva York y me pareció que no hay gran diferencia entre lo que se hace allí y en Tokio. Estés donde estés, lo que sientes viene a ser lo mismo”.

No da la impresión de que esté forzándose a decir estas cosas, que salen de él con toda naturalidad. Quizás sea porque piense que describir la sociedad japonesa y a los japoneses puede tener en sí un valor compartible por todos.

Entrevista y texto: Itakura Kimie (redacción de nippon.com). Fotografías: Hanai Tomoko.

  • [11.10.2016]
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