Florian Wiltschko, un sacerdote sintoísta de origen extranjero
El sintoísmo es un saber japonés con miles de años de historia

Takemori Ryoichi (entrevistador)[Perfil]

[28.10.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | العربية | Русский |

"El sintoísmo no es una religión, sino un saber maravilloso que se transmite desde hace miles de años". Así opina el sacerdote sintoísta Florian Wiltschko, nacido en Austria, que ya de niño tenía interés por Japón y decidió especializarse en Japonología en la Universidad de Viena. Hablamos con él sobre espiritualidad.

Florian Wiltschko

Florian WiltschkoNace en 1987 en Linz, Austria. Desde la infancia, siente interés por Japón, país al que viaja de vacaciones con su familia a los 14 años. Su curiosidad por Japón va en aumento, tanto que se especializa en Japonología en la Universidad de Viena tras terminar el servicio militar. En 2007 se le presenta la oportunidad de entrar en Ueno Tenmangū, un santuario sintoísta de la ciudad de Nagoya, donde vive y aprende sobre el sintoísmo. Posteriormente, regresa a su país de origen, se gradúa de la universidad y vuelve a Japón, donde cursa estudios de sintoísmo en la Universidad Kokugakuin. Tras obtener su especialidad, en 2012 lo asignan al santuario Konnō Hachimangū, en el distrito de Shibuya, donde pertenece a la categoría de los gonnegi (trabajadores clericales de tipo general). Cuatro años después, en mayo de 2016, se traslada, a raíz de su matrimonio, al santuario Nobeno, en la ciudad de Tsu (prefectura de Mie).

Japón, el Shōsōin del mundo

ENTREVISTADOR ¿Por qué le interesaba la cultura japonesa ya de niño?

WILTSCHKO Al principio me atraían aspectos como los paisajes, la arquitectura y las vestimentas, que no se podían apreciar en ningún otro país. Al ir investigando más sobre cada uno de ellos, me di cuenta de que detrás de todos había una historia; esto me parecía interesante. Creo que en Japón se conservan de una forma muy perceptible elementos positivos de diversas culturas de Asia. Incluso se dice que Japón es el Shōsōin del mundo, en referencia a este edifico del templo Tōdai, en Nara, donde se guardan multitud de objetos de interés, de hace 1.300 años, en perfecto estado. En otro país sería impensable.

Al pueblo japonés le llama la atención, desde tiempos antiguos, todo lo que venga de allende los mares. En la actualidad gusta también lo nuevo, que se introduce y se adapta al país. A mí, por ejemplo, me encanta el curri con ternera. Originalmente, esta especia procede de la India, donde sería impensable que la usaran para comer carne de vacuno. Sin embargo, ambos van muy bien; es un plato delicioso. En Japón abundan estas creaciones interesantes adaptadas a los gustos de los nipones.

Creo que el espíritu del sintoísmo es la fuerza que empuja esta actitud. Pensemos, por ejemplo, en los santuarios sintoístas que existen en la actualidad; en realidad, no son tantos los elementos de estos originarios de Japón: tanto la idea de construir un shaden [el edificio principal del santuario] como el concepto de los shintai [los objetos que albergarían a las divinidades] tienen una importante influencia del budismo y el budismo esotérico, llegados del extranjero. Los komainu [las estatuas a la entrada del santuario o frente al pabellón principal] también son de origen foráneo. Sin embargo, no se trata de meras copias, sino que se transformaron en una manifestación única de Japón, en algo nuevo. Me resulta interesante.

Wiltschko posa delante del edificio principal del santuario.

El sintoísmo no es una religión

ENTREVISTADOR ¿En qué consiste ese espíritu del sintoísmo que se transformó en el motor de la cultura japonesa que le fascinó?

WILTSCHKO Por ejemplo, en la prefectura de Nagano abundan los santuarios sintoístas que, al igual que el Suwa Taisha, presentan cuatro columnas en las cuatro esquinas. Por otra parte, en Nara se aprecian los que tienen el pabellón principal de color bermellón, mientras que al cruzar las montañas y llegar a Mie son muchos los que se han construido con madera sin pintar, como Ise-jingū. Resulta extraño, ya que todos ellos son sintoístas; se supone que deberían construirse de la misma forma, pero lo cierto es que no se aprecia sentido alguno de la unidad.

Considero que esto se debe a que el sintoísmo no es una religión. Para empezar, este concepto no existía en Japón: el término “shūkyō” –”religión”– se creó a partir del vocablo inglés “religion” en la era Meiji (1868-1912). La definición del mismo encierra cierto sentido de membresía, como confirmación de la identidad o la etnia vinculado con la pertenencia a un grupo propia de la sociedad europea de la antigüedad.

Como es lógico, existen reglas y permisos para formar parte de una agrupación, algo que no sucede en el sintoísmo. A diferencia de una puerta, los torii que se encuentran a la entrada [de un santuario] no se pueden cerrar, de ahí que cualquiera pueda acceder, incluso si su religión es diferente. En resumen, en ese sentido el concepto de religión no existía en el Japón antiguo. El ejemplo más representativo de esto lo encontramos en la introducción del budismo en el período Nara (710-794). Analizando la cuestión desde el punto de vista religioso, o se acepta todo y se aglutina en el budismo, o no se acepta absolutamente nada. La mezcla de las creencias budistas y sintoístas es impensable en otro país.

Vista del pabellón principal del santuario Nobeno desde el torii del sur.

ENTREVISTADOR Suele decirse que en Japón, un pequeño país insular, la única alternativa era que todo el mundo se llevara bien. Además, existe una tradición histórica de aceptar diversas culturas. El origen de la misma es el espíritu del sintoísmo, ¿verdad?

WILTSCHKO En Europa las fronteras se crearon por decisión del hombre. Si se quiere una mayor superficie, se ataca otro país, pero en el caso de Japón, no se llega a ese punto.

Además, aunque el archipiélago nipón se ve azotado por desastres naturales en numerosas ocasiones, la tierra es fértil y la naturaleza se caracteriza por su belleza durante las cuatro estaciones. Precisamente por esto considero que era imposible agrupar las divinidades de este país en una sola; no existía una lógica sobre la que se sustentara. Si se dice que una persona permanecerá sana y salva rezándole a ese dios y cinco minutos después ocurre un terremoto de gran magnitud, no se garantiza la imposibilidad de que todo el mundo muera. En un lugar privilegiado por su abundante naturaleza obran diversas divinidades y es necesario concederles importancia a todas y cada una de ellas.

Por el contrario, las circunstancias difieren completamente en el desierto, que de por sí no se caracteriza por su abundancia. Si una persona decide hacer su vida en un medio donde las condiciones son duras, no puede vivir a menos que crea en un único dios y considere que forma parte de un pueblo elegido por esa deidad.

El sintoísmo, un saber en el que confiar

ENTREVISTADOR Usted dice que ser sacerdote sintoísta es una vocación. ¿Por qué la eligió?

WILTSCHKO En los santuarios sintoístas no hay absolutamente nada inútil; todo es importante y tiene una historia. Es un mundo lógico, profundo y maravilloso. No obstante, como no existía el precedente de un sacerdote sintoísta de origen extranjero, me preocupaba lo que pudiera pensar la gente. Me alentaron las palabras de los compañeros con más experiencia que me dijeron que la idea de que un extranjero no podía hacerse sacerdote sintoísta no era propia de Japón.

Wiltschko en la sala para rezar.

Se dice que el sintoísmo lo forman los principios morales de la naturaleza eterna, lo cual quiere decir que se trata de un gran camino perpetuo e ilimitado. Por lo tanto, habría límites si, a pesar de ello, se estableciera una prohibición para los extranjeros. La no aceptación conlleva la creación de límites.

Me gustaría que los japoneses de la sociedad actual explotaran más esa capacidad de aceptación. Lamentablemente, a día de hoy se tiende a interpretar erróneamente aceptar como adaptar.

ENTREVISTADOR Olvidarse de uno mismo y adaptarse al resto puede interpretarse como que los japoneses no son capaces de autoafirmarse, ¿verdad?

WILTSCHKO Esta interpretación de la adaptación entraña el riesgo de que los aspectos positivos de Japón se vayan perdiendo paulatinamente hasta desaparecer. Cuando se introdujo el budismo, no se adaptó todo a él, sino que se hicieron ajustes para que este se adaptara a Japón.

Se introduce algo y se realizan cambios. Los santuarios sintoístas son un claro ejemplo. No significa dejar lo antiguo tal y como está, sino aceptar aspectos nuevos e ir creando algo bueno, por poco que sea.

Aunque se dice que [el sintoísmo] permanece inalterable desde la antigüedad, lo cierto es que va cambiando notablemente con el paso del tiempo. Lo único que no se transforma es el pensamiento.

ENTREVISTADOR ¿A qué se refiere?

WILTSCHKO Los japoneses son muy alegres y de pensamiento positivo. Por ejemplo, en el cristianismo, las personas cargan con pecados desde el momento de su nacimiento. En otras palabras, soportan una pesada carga que van aligerando poco a poco mediante la realización de grandes esfuerzos. Sin embargo, al tratarse del pecado original, no se libran de él del todo.

En el sintoísmo, por el contrario, las personas son, per se, bellas, alegres y puras. Los bebés son las criaturas más cercanas a dios. Además, los pecados y las impurezas se van acumulando con lo vivido. No obstante, existe una forma de volver al estado de pureza del principio: la purificación. Se trata de una forma de pensar extremadamente alegre y positiva que consiste en deshacerse de la pesada carga que se lleva sobre los hombros.

Preparar curri con ternera o aceptar el budismo son cosas que ocurren precisamente porque se ha dado una purificación. En otras palabras, regresar a un estado de pureza total y conversar con tranquilidad. Así se acepta esto y lo otro y se va construyendo un futuro mejor.

El sintoísmo es un conjunto de saberes importantes en la vida en los que se puede confiar. Aprovecharse de ellos significa llevar una vida más divertida, además de relajarse al haber  aprendido cómo sobrellevar los momentos duros.

Ocho millones de deidades

ENTREVISTADOR ¿El saber del sintoísmo se puede aprovechar en el resto del mundo?

WILTSCHKO Considero que la internacionalización, que consiste en teñir todo el mundo con los mismos colores y hacer que todas las personas piensen del mismo modo, es imposible. Cada región tiene su naturaleza y sus costumbres, elementos que ejercen una influencia importante en el cuerpo humano. Por ello, es lógico que exista una forma que se adecue más a un determinado lugar. El pensamiento cambia en función del enclave.

Es importante reconocer al otro: no adaptarse a las reglas del prójimo, sino tener en cuenta que existen otras formas de pensamiento. No se necesita nada más; ni negar, ni copiar. El sintoísmo lo explica de una forma muy fácil de comprender. Existen ocho millones de deidades, de ahí que no haya una simple respuesta correcta o incorrecta; se dispone de multitud de opciones acertadas.

Santuario Inari dentro del santuario Nobeno.

Por ejemplo, si se hace que todo el mundo hable inglés, ¿a dónde irá a parar la belleza de la lengua japonesa? Japón cuenta con innumerables aspectos culturales positivos de los que presumir y que son únicos de este país.

ENTREVISTADOR Así es. ¿Qué opinión le merecen los japoneses en la actualidad?

WILTSCHKO Tengo la impresión de que, cuanto más realizo mi labor, mayor es mi deseo de que Japón siga siendo Japón. Lógicamente, sería deseable que todos los japoneses pensaran del mismo modo. Este país tiene multitud de atractivos, así que desearía que fueran conscientes de ello y se sintieran orgullosos. Además, es sumamente importante que sigan con ese pensamiento alegre. Mi misión, quizás mi trabajo, es contribuir a ello, por poco que sea.

Imágenes: Kawamoto Seiya

Fotografía de la cabecera: Florian Wiltschko, posa, con la vestimenta formal propia de los sacerdotes sintoístas, en la sala para rezar del santuario Nobeno.

(Traducción al español del original en japonés)

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  • [28.10.2016]

Redactor jefe de la revista Wago, especializada en santuarios sintoístas, desde 2011. En 1984 se gradúa de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Hiroshima. Tras trabajar en una agencia de publicidad, como jardinero especialista en árboles y de editor en una revista sobre jardinería, en 2007 comienza a realizar labores de edición, entre otras, para Gūan, una firma dedicada al arte. Ha participado en la publicación de obras como Kutsurogi wo Shiru Otona no Kottō Seikatsu Nyūmon (Introducción al mundo de las antigüedades para adultos en busca de confort), de Yasukōchi Mami; Bonsai Shokunin (Maestro de los bonsáis), de Kawabe Takeo; Namida no Hannyashinkyō (La sabiduría y el estado mental entre lágrimas), de Kanazawa Yasuko y Kanazawa Shōko; y Kokoro no Kuse wo Kaete Shiawase ni Ikiru (Cambiar los malos hábitos de pensamiento para llevar una vida feliz), de Aikawa Keiko.

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