Panorama Tradiciones “cool”, el modernismo de la belleza tradicional
Las mochilas “randoseru” de Tsuchiya
[03.08.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Los artesanos de la firma Tsuchiya, fundada en 1965, elaboran a mano las mochilas randoseru, una a una. Visitamos su taller ahora que se preparan para recibir los pedidos de verano.

Cosiendo distintos tipos de piel

Al entrar en el taller de la firma Tsuchiya, semejante al gimnasio de una escuela japonesa, vemos enseguida una gran cantidad de mochilas randoseru de color rojo y negro apiladas. “Nuestro objetivo ha sido siempre fabricar las mejores randoseru de todo Japón. La idea es que si hacemos diez mochilas, las diez personas que las compren queden satisfechas”; estas son las palabras de Tsuchiya Kunio, fundador de la empresa, que nos recibe con un delantal de tela vaquera y no aparenta la edad que tiene, 78 años. “Si fabricamos 500 mochilas, no permitimos taras ni en una de ellas. Para quienes compran una de nuestras randoresu, esta lo es todo”, cuenta.

En la empresa, que lleva 51 años en funcionamiento, fabrican las randoseru a lo largo del año. Cada unidad está compuesta por más de 150 partes y requiere más de 300 procesos para su montaje completo. En primer lugar, el soporte de espalda, original de la firma. Esta parte es mullida, pero el cojín contiene dos tipos de uretano para garantizar que se ajuste perfectamente. Este material se fija a la piel manualmente. En la parte de la mochila que se corresponde con la espalda se utiliza piel de vaca auténtica, blanda y con buena respiración. De hecho, el soporte incluye una parte desigual con forma de u cuyo propósito es evitar que se acumule la humedad por el sudor de los niños y proporcionar comodidad.

Elaboración del soporte para la espalda con forma de u.

Aunque se emplean aparatos como las máquinas de coser, el proceso de elaboración es, por lo general, manual. La piel que se emplea en las randoseru es de origen animal, de ahí que la blandura difiera en cada capa. Por este motivo, si se automatiza el proceso de fabricación, aparecen deformaciones en las mochilas.

En las esquinas, fáciles de desgastarse, se hacen pequeños pliegues con un punzón y los dedos. / Las partes metálicas, que incluyen el logo de la firma, son una prueba de la importancia de los detalles.

El objetivo es fabricar unas mochilas que no pierdan la forma y sean duraderas. Para los niños, saltar, brincar y correr es lo más normal del mundo, por lo que se emplean materiales resistentes que impiden que el armazón se rompa. Por ejemplo, las correas laterales llevan cinta de refuerzo y el acabado de las costuras es de larga duración.

Las mochilas se rematan a máquina.

El grosor de la piel que se va cosiendo en cada parte del proceso difiere, por lo que se ajustan aspectos como la separación entre los puntos y el grosor del hilo; se usa la máquina de coser para no equivocarse, ya que se trata de milímetros. Si los puntos aparecen desproporcionados, la mochila pierde estilo.

Tsuchiya da instrucciones a una artesana con cinco años de experiencia encargada de la última parte del cosido a máquina.

Las mochilas randoseru de diseño simple, gusto refinado y alta calidad se convierten en una caja de recuerdos para los niños, que las usan sin hartarse de los seis a los doce años, esto es, durante la escuela primaria.

Un maestro experto ensambla el armazón con un martillo.

La felicidad que proporciona el cliente que mira una vez y vuelve otra para comprar

En 1965, cuando Tsuchiya tenía 27 años, siguió los pasos de sus colegas veteranos y decidió comenzar a trabajar por su cuenta. En aquel entonces, el taller que había fundado él solo no iba precisamente viento en popa.

Al principio, vendía las mochilas colocándolas en una estantería en el taller. Se corrió la voz por el vecindario y había quienes iban primero a ver sus creaciones, echaban un vistazo en cinco o seis grandes almacenes o puntos de venta de los grandes fabricantes de randoseru y finalmente volvían para comprar. “Somos un comercio realmente pequeño. Nos hacía muy felices que la gente volviera para comprar tras haber mirado a los grandes fabricantes”, afirma Tsuchiya.

En la actualidad, la empresa se ha expandido hasta llegar a los aproximadamente 180 empleados, y desde 2002 contrata también a artesanos jóvenes. Las edades de los trabajadores abarcan desde los 20 hasta los 79 años; destaca la presencia de jóvenes (la media de edad se sitúa en 35 años). En Tsuchiya se encargan de todo, desde la planificación, la fabricación y la promoción hasta la publicidad, las ventas y la reparación. Las habilidades de los artesanos veteranos y el gusto de los jóvenes producen un resultado maravilloso que traspasa generaciones. El artesano de mayor edad tiene 78 años, los mismos que Tsuchiya; es una persona activa que disfruta practicando snowboard con su nieto.

Tsuchiya Kunio, fundador de la firma que lleva su apellido.

Elegir una mochila única mientras se observa el proceso de elaboración

El 9 de junio, un día después de que se dieran a conocer las mochilas randoseru de cara al inicio del próximo curso en la primavera de 2017, el taller y tienda principal de Tsuchiya en Nishiarai, en Tokio, estaba abarrotado de padres e hijos, incluso al mediodía de una jornada laborable. La recepción de pedidos empieza poco después, si bien el año pasado se habían vendido todos los modelos para mediados de septiembre.

Varias clientas ojean las randoseru para la próxima primavera. Se exponen unos 60 modelos, al lado de los cuales se pueden ver también los de adulto.

Mochilas de la serie Karuizawa, de edición limitada, que Tsuchiya fabrica en su taller de la homónima localidad.

Entre las niñas, los colores que suelen triunfar son el lavanda y el marrón, este último combinado con el púrpura o el rosa, mientras que entre los niños el negro continúa invicto. Año tras año, las mochilas de piel de vaca curtida con taninos reciben una buena acogida. El importe va de los 56.000 a los 140.0000 yenes –impuestos incluidos y envío gratuito en territorio japonés, no disponible para el extranjero–. De entre todos los tipos de piel que se emplean, las randoseru de piel de vaca fabricadas por Tsuchiya gozan de popularidad.

En el establecimiento, la firma dispone de una zona donde los padres y sus hijos pueden observar una parte del proceso de fabricación de las mochilas. Al ver in situ como los empleados hacen cada una de las mochilas con el corazón, los progenitores sienten el deseo de que sus hijos las utilicen con cuidado, mientras que para los artesanos, ver el rostro de los niños es fuente de motivación, a la par que de nervios, para aplicarse en su labor.

“Es un espacio diseñado para que los clientes se queden con un gran recuerdo del momento en que la familia en conjunto escogió la randoseru. Cuando los padres y otros familiares ven a los niños con la mochila a la espalda se dan cuenta de lo que estos han crecido. Es un momento lleno de emoción”, afirma Seino Tomoko, encargada de publicidad de Tsuchiya.

Una familia observa el proceso de fabricación desde una zona habilitada para ello.

Mochilas randoseru para adultos, agotadas nada más ponerse a la venta

Mochilas randoseru para adultos (imagen cortesía de Tsuchiya).

Tsuchiya, que además de mochilas randoseru comercializa otros productos de piel para adultos, puso a la venta el año pasado una gama de carteras para los mayores de la casa con motivo de su quincuagésimo aniversario. “Las mochilas randoseru tienen originalmente forma de caja, por lo que se puede guardar en ellas documentos sin que se estropeen, además de ser cómodas para la espalda. Llevábamos un tiempo trabajando para crear un modelo de adulto resistente, funcional y bonito. Para el 50 aniversario nos propusimos hacer algo nuevo, y así fue como nacieron los dos modelos. Se venden a 100.000 yenes la unidad, pero eso no ha impedido que tanto el año pasado como este, en las cuatro ocasiones que han salido a la venta, se agotaran las existencias ese mismo día”, explica Seino.

Las randoseru, diseñadas para adaptarse a la cultura y las costumbres de Japón, se están volviendo populares también en el extranjero. Al fundador de Tsuchiya le haría muy feliz que el uso de estas mochilas se popularizara en otros países en consonancia con la cultura de cada uno.

El concepto de su catálogo es transmitir la abundancia que supone el amor hacia los objetos y una relación de calma con ellos. Hoy, como siempre, los artesanos de Tsuchiya siguen dándole al pedal de las máquinas de coser del taller.

Imágenes: Ōhashi Hiroshi
Texto: Doi Emi, de la redacción de Nippon.com

Imagen de la cabecera: el control de calidad de las randoseru se realiza a conciencia en todas y cada una de las mochilas

(Traducción al español del original en japonés)

  • [03.08.2016]
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