Visitando los santuarios sintoístas

Santuarios sintoístas y ecología (1)

Cultura

Las creencias del sintoísmo son un reflejo inequívoco del agradecimiento y el miedo a la naturaleza que, además, incorporan multitud de elementos que sugieren una voluntad de proteger el medio ambiente. La protección de los bosques para que las generaciones futuras puedan heredarlos es, sin duda alguna, una realización de la ecología. Presentamos la relación entre el culto a la naturaleza y los santuarios.

De la fe en la naturaleza al nacimiento de los santuarios

A la hora de construir santuarios sintoístas existen diferentes estilos que representan la historia de la arquitectura japonesa. El origen de los mismos se podría sintetizar en dos corrientes: las construcciones Shinmeizukuri de Ise y las edificaciones Taishazukuri de Izumo. Se cree que el prototipo de las primeras eran los graneros de la antigüedad, mientras que las segundas tendrían como modelo las residencias de antaño.

A excepción de estos dos, el resto de estilos arquitectónicos del sintoísmo surgieron en su mayoría a partir de influencias budistas. El budismo llegó a Japón en el siglo VI, y fue entonces cuando se comenzaron a construir en el país templos de este credo. La oposición a este movimiento creó la necesidad de que el sintoísmo contara también con sus propias instalaciones, razón por la cual se erigieron muchos santuarios. Aunque el origen de todos los estilos arquitectónicos se remonta, a lo sumo, a más de mil años, lo cierto es que el sintoísmo, una fe propia de Japón, tiene una historia mucho más larga; esto es lo que se conoce como sintoísmo antiguo, koshintō en japonés(*1).

La omnipresencia de los dioses en la naturaleza

El sintoísmo constituye un tipo de animismo cuya esencia es el culto a la naturaleza; esto es, en todos los elementos de la naturaleza se puede sentir la presencia de deidades: las montañas, los mares, los ríos, el Sol, la Luna, la Estrella Polar... Todos ellos son dioses. Lo mismo ocurre con el viento y el trueno, así como con las estaciones y el tiempo. En otras palabras, la base del pensamiento reside en que en este mundo y en este universo no existe elemento alguno que se pueda resistir a las deidades; se existe con ellas. La apariencia y la forma originales se pueden sintetizar en cuatro tipos: Kannabi, Iwakura, Himorogi y Hi.

Se trata de la forma y la apariencia originales del sintoísmo. Todos los términos se remontan a una época en la que no se utilizaban todavía ideogramas chinos en la escritura japonesa, por lo que la grafía sería posterior, como mínimo, de la época de las crónicas Kojiki, Nihonshoki y Manyo.

En lo que respecta al Kannabi, se tiene la creencia de que las montañas de suma belleza son sagradas. Por ejemplo, el monte Fuji (santuario Asama), el monte Haku (santuario Haku-san) y el monte Tate (santuario Oyama).

Mine Honsha del santuario Oyama. Se encuentra en la cima de una montaña de la prefectura de Toyama. Se honra al monte Tate por su calidad de sagrado.

Iwakura, por su parte, consiste en venerar grandes rocas majestuosas como representaciones de las deidades. Algunos casos representativos son el de Gotobiki-iwa (santuario Kamikura), Mitsuishi (santuario Mitsuishi), e Iwakura (santuario Hana no Iwaya).

Santuario Hana no Iwaya, ciudad de Kumano (prefectura de Mie). Allí se venera a una gran roca majestuosa que representa a una deidad.

Respecto a Himorogi, su origen se encuentra en los bosques, por lo que las zonas boscosas se veneran como lugares donde habitan las divinidades. En particular, se honra a los árboles de gran tamaño que destacan. Por ejemplo, Kamō no Ōkusu (santuario Kamō Hachiman), Kinomiyasama no Ōkusu (santuario Sugihokowake no Mikoto) y Ryūjinboku (santuario Chichibu Imamiya).

Keta Taisha, santuario sintoísta de la ciudad de Hakui (prefectura de Ishikawa). Su bosque está considerado un Himorogi y el acceso a él queda prohibido (imagen cortesía de Keta Taisha).

Las montañas son los lugares más cercanos al cielo, enclaves de difícil acceso poco adecuados para vivir. Por ello, se las consideraba territorio espiritual y hábitat de los dioses, además de un punto para que la gente mirara a lo alto. Los picos más altos se ven a menudo cubiertos de nubes; los ríos que fluyen desde ellos se convierten en una bendición que riega los terrenos agrícolas. La fuerza de la naturaleza, que supera los conocimientos del ser humano, maravilla. Sin embargo, esos mismos ríos se revuelven en ocasiones y producen inundaciones que son motivo de desgracias en los pueblos. Este tipo de fenómeno suscita el miedo en la gente; el culto más sencillo a los montes es en realidad una síntesis de estos conceptos.

Por último, tenemos el Hi. Su dimensión es diferente a la de los otros tres términos, que se pueden interpretar como lugares donde residen las deidades, mientras que este representa el principio y el concepto de la fe. Esto se ensalza a través de términos como musuhi y musubi, que aluden a las fuerzas espirituales que alimentan a todas las cosas.

El culto a la naturaleza, el aspecto original del sintoísmo

Las creencias del período Jōmon (aprox. 14.500 a. C. - 300 a. C) guardan relación directa con las del Japón actual, algo que no ocurre con el budismo. Esta religión llegó en el siglo VI procedente de la península coreana y no tiene vínculo alguno con los cultos anteriores. Los antepasados de los japoneses no mantenían vínculos con el budismo, ni con sus templos e imágenes. En otras palabras, las creencias del pasado que siguen existiendo a día de hoy son las que se engloban dentro de los cuatro tipos mencionados anteriormente (Kannabi, Iwakura, Himorogi y Hi). Los santuarios sintoístas son instalaciones religiosas que se fueron construyendo sucesivamente a partir del siglo VI, pero los lugares donde se erigieron ya eran objeto de devoción desde tiempos antiguos.

El sintoísmo y sus santuarios se centran originalmente en el culto a la naturaleza, de ahí que los objetos de creación humana para representar a las deidades se originaran posteriormente y no existieran en el culto original. De hecho, el edificio principal característico de cada santuario sintoísta se construyó para albergar estos objetos, lo cual explica que los santuarios más antiguos carezcan de él. Algunos ejemplos son los santuarios Ōmiwa (prefectura de Nara) y Kanasana (prefectura de Saitama), y el Honmiya del santuario Suwa Taisha (prefectura de Nagano), que solo cuentan con una sala para rezos desde la que se rinde culto al monte sagrado tras el santuario. Estos lugares son manifestaciones del sintoísmo en sus orígenes. Antiguamente, todos los santuarios cumplían estas características, pero el hecho de que posteriormente en muchos se colocaran objetos que representaban a las deidades motivó la construcción de un pabellón principal para su conservación.

Imágenes: Nakano Haruo

Imagen del encabezado: Meoto Iwa (Rocas matrimonio), en Futamiura, en la ciudad de Ise (prefectura de Mie). Entre ambas se puede apreciar el amanecer sobre el monte Fuji, un fenómeno al que se rinde culto desde tiempos antiguos en calidad de Hi. La fotografía fue tomada en torno al solsticio de verano.

(Traducción al español del original en japonés)

(*1) ^ Denominaciones como kamunagara no michi, el camino de los dioses, se utilizan por haberse conservado su uso desde la época del sintoísmo antiguo hasta la época del sintoísmo de los santuarios, jinja shintō, de ahí que se suela recurrir a ellas sobre todo para hacer distinciones de tiempo en los albores del sintoísmo. Se diferencia completamente del fukko shintō, el sintoísmo de la restauración, surgido en las postrimerías del sogunato de los Tokugawa.

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