Panorama La fruta de Japón
¿Por qué es tan cara la fruta en Japón?
[18.09.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Desde hace mucho tiempo se dice que la fruta japonesa es deliciosa pero cara. Hay incluso quienes piden que se comercialice a un precio menor, dado que no importa que no tenga la forma perfecta. En esta ocasión, presentamos algunos aspectos que marcan la diferencia entre la producción de fruta en el extranjero y en Japón, donde existe una larga tradición de ofrecerla como obsequio.

La fruta, ¿una joya?

Existen ligeras diferencias entre las fruterías de Japón y la manera en la que se comercializa la fruta al peso en el extranjero. En el archipiélago nipón, por ejemplo, hay comercios con una larga historia de venta de fruta de primera calidad que exhiben en sus escaparates sus productos protegidos por una malla de espuma y concebidos para ser ofrecidos como regalo. Además, no resulta raro encontrar sandías con forma triangular o de corazón. Las personas que proceden de otros países se preguntan, sorprendidas, por qué la fruta es tan cara en Japón.

En el barrio tokiota de Nihonbashi se ubica el primer establecimiento de las fruterías Senbiki-ya, cuya belleza no dista de la que se puede apreciar al entrar en una joyería. Allí encontramos melones cantalupos –musk melon en japonés– comparables al jade y que desprenden una fragancia digna de su nombre (musk significa “almizcle”); su precio oscila entre los 14.000 y los 21.600 yenes la pieza. Además, se venden uvas de la variedad Seto Giants, brillantes como las esmeraldas, a 12.960 yenes por racimo. Tanto el brillo como el precio son equiparables al de una piedra preciosa.

En su obra Dave Barry does Japan (Dave Barry en Japón), el columnista estadounidense no oculta su sorpresa ante el precio de los melones en unos grandes almacenes japoneses, 75 dólares la pieza (en aquel entonces, en 1992, unos 8.000 yenes), y comenta su aspecto delicioso y presentación en una hermosa caja de madera. A este respecto, menciona una faceta de los modales locales a la hora de hacer un regalo. Se trata de ofrecer el obsequio diciendo tsumaranai mono desu ga, que podría traducirse como “No es más que un detalle” o “He aquí un pequeño obsequio”. En este sentido, señala que la actitud de los estadounidenses sería totalmente la contraria, ya que la persona que hace el regalo probablemente diría, mientras el receptor lo abre, algo así como “No te imaginas lo que ha costado este melón”. El autor escribe también que un gesto así es difícil de olvidar, de ahí que años después, en una fiesta, uno quisiera presentarse de la siguiente forma: “¡Hola! Me llamo Bob y una vez regalé un melón que costaba 75 dólares”.

El 98 % de las ventas de Senbiki-ya, que lleva 182 años ofreciendo sus servicios, corresponden a obsequios, cuyo requisito mínimo es que, además de un buen sabor, tengan un buen aspecto. Su cartera de clientes es diversa: organismos públicos, firmas comerciales, bancos, personas dedicadas a la ingeniería civil y la arquitectura… Cuentan incluso que tienen un cliente de Oriente Medio que llega mensualmente en su jet privado para comprar la fruta de temporada, tras haber recibido un melón cantalupo como regalo de parte de un japonés.

Ōshima Ushio, responsable de la División de Planificación y Desarrollo de Senbiki-ya, afirma con orgullo que la fruta de Japón es, sin duda alguna, la mejor del mundo en calidad y sabor.

Diversos tipos de uva en Senbiki-ya.

En el establecimiento, Nazar Mohammad, un abogado británico que se encuentra de viaje de negocios en Japón, comenta los productos: “Es cierto que son caras, pero nunca había visto unas uvas tan grandes y ordenadas. Compraré una caja para probarlas después”. Al ver los melocotones blancos, a 3.780 yenes la pieza, se sorprende: “En Harrods cuestan 5 libras como mucho [unos 650 yenes]. Por el precio de uno de estos melocotones se puede comprar 30 en un supermercado de venta al por mayor”.

A la izquierda, melocotones blancos, a 3.780 yenes la pieza. En el centro, melocotones de la variedad Egg. A la derecha, melocotones cultivados al aire libre.

“Compramos fruta también en el Mercado Central Metropolitano de Tokio de Venta al Por Mayor], pero la forma de comprarla es diferente de la de Senbiki-ya”, afirma Hashimoto Yoshihei, que regenta con su familia una frutería, que abrieron sus abuelos, en las inmediaciones de la estación de Zushi, a una hora en tren al sur de Tokio. “Nosotros compramos una caja de fruta en buen estado, pero Senbiki-ya encarga una caja de selección a un productor mediano de entre una treintena de cajas”, explica el comerciante, de 73 años.

La fruta, un dulce jugoso

Desde tiempos antiguos, en la cocina tradicional conocida como kaiseki ryōri, la fruta se denomina mizugashi –dulce jugoso– y se la considera como un dulce; en esta categoría destacan frutas jugosas como el melocotón, la pera, la uva y el caqui por su peculiar aroma dulce. Por otra parte, desde los primeros años del período Edo, existe la costumbre de regalar fruta de primera calidad para celebrar el paso de las estaciones: el ochūgen, a mediados de año, y el oseibo, en diciembre.

Hasta entrar en el período de crecimiento acelerado en Japón, la fruta se concebía como un artículo de lujo que se consumía en ocasiones especiales; sin embargo, en los últimos años la occidentalización de los hábitos alimentarios la ha convertido en producto necesario que engalana la mesa. Con todo, según datos del Ministerio nipón de Agricultura, Silvicultura y Pesca recabados en 2011, el consumo de fruta por habitante fue de 149 kilogramos en Italia y de 116,1 kg en Francia, mientras que en Japón se situó en 50,9 kilos, un escaso 50 % con respecto a las naciones europeas.

Un producto necesario para el consumo de vitaminas y agua en Europa

El investigador japonés Sasaki Shigeyuki, de Takasago Internacional Corporation, afirmó en 2008 que en los países europeos abunda el agua calcárea, no apta para el consumo, y que a lo largo del año fueron escasos los cultivos que se convierten en fuente de vitaminas, motivo por el cual la fruta, rica en agua, minerales y vitaminas, pasó a ser considerada un producto necesario para la vida diaria.

“No existe la costumbre de regalar fruta de primera calidad, dado que el concepto que se tiene de la fruta en términos culturales difiere de la visión de Japón”, explica Higashino Akihiro, del Ministerio japonés de Agricultura, Silvicultura y Pesca. En el caso de los monocultivos, la producción se centra en un solo artículo y se lleva a cabo en terrenos relativamente extensos y en grandes cantidades. Cuando la cosecha se destina a la elaboración de vino o de conservas como la mermelada y los frutos secos, no se otorga tanta importancia al aspecto. De este modo, en 2010 la extensión de los terrenos dedicados al cultivo de fruta en Francia era de unas 29 hectáreas, si bien recientemente son cada vez más explotaciones de gran envergadura que superan las 100 hectáreas.

Por el contrario, el territorio nacional de Japón es estrecho y alargado, y cerca del 80 % del terreno lo ocupan montañas. En el año fiscal 2010, la superficie media empleada por una entidad de explotación agrícola fue de 2,2 hectáreas; y el 85 % del cultivo de árboles frutales, una tarea laboriosa, se realizaba en terrenos de menos de 2 hectáreas. En el cultivo de frutas es necesario, en muchas ocasiones, emplear técnicas avanzadas para realizar labores difíciles con la ayuda de máquinas y para la poda, de ahí que se trate de una actividad intensa. Entre los productores japoneses dedicados al sector frutícola abundan las explotaciones familiares de pequeño tamaño; por consiguiente, si se quiere aumentar la rentabilidad, a la fuerza se invierte tiempo en cultivar productos de buen aspecto y sabor y alto precio. Por ejemplo, en el caso de los melones cantalupos, su aroma se potencia gracias a que se trabaja para dejar solo una pieza por árbol y poder concentrarse así en el cuidado de esta. La humedad característica de la lluvia por la que se caracteriza el clima de Japón se traduce también en un agua de buena calidad, de ahí que la fruta haya pasado a considerarse más bien como un pequeño placer.

En los últimos años, la fruta japonesa, resultado de la perseverancia de los agricultores locales, ha cobrado fama de producto de lujo. “Si se compara los ingresos por exportación de frutas como la manzana, la pera, el melocotón, la mandarina, la fresa, la uva o el caqui correspondientes al ejercicio fiscal de 2006 con los del de 2015 el dato se ha duplicado hasta alcanzar los 18.000 millones de yenes”, afirma Higashino.

De postre, fruta

No obstante, hay quienes consideran que no es necesario gastar tanto dinero para consumir fruta, así como a quienes no les importa que la fruta tenga buena forma y por lo tanto desean que su precio sea más bajo.

Hashimoto Yoshihei y su esposa en su establecimiento, que lleva 101 años ofreciendo fruta para regalar (imagen de Nippon.com).

“La manera de comprar varía en función de los valores del cliente. Son muchos los que compran una pieza por 200 o 300 yenes como si se tratara de un pastel”, explica Hashimoto. En su establecimiento, seis manzanas de la variedad Fuji cuestan 850 yenes, mientras que por 600 se puede adquirir cinco naranjas. No se trata de precios totalmente prohibitivos. No obstante, queda claro que son muchos los clientes que ven la fruta como un postre.

La fruta fresca de temporada es un regalo propio de cada estación. Sin embargo, es posible que los productos que ofrece un comercio de larga tradición como Senbiki-ya, envueltos en un pañuelo de seda y guardados en una caja de madera, desempeñen un papel diferente del de las frutas que se sirven a diario en los hogares japoneses.

Imagen de la cabecera: Un dependiente de la primera tienda de Senbiki-ya, en Nihonbashi, sostiene una caja con un melón cantalupo.

Fotografías: Kodera Kei
Texto: Doi Emiko, de la redacción de Nippon.com

(Traducción al español del original en japonés)

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  • [18.09.2016]
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