Panorama El manga y el anime japonés de ayer y de hoy
Más allá del anime: los cortometrajes de animación de Yamamura Kōji
[04.09.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS |

Aprovechando el estreno de las últimas obras del animador Yamamura Kōji, conocido internacionalmente por obras como Atamayama (El monte cabeza), indagamos sobre los encantos y el interés de los cortometrajes de animación, un medio completamente diferente del largometraje.

Yamamura Kōji

Yamamura KōjiNacido en 1964, se graduó en la Universidad Tōkyō Zōkei. En la década de los noventa creó con variadas técnicas todo tipo de animaciones infantiles, como Karo to Piyobuputo (Karo y Piyobupt), Pakushi (Pacusi) o Baberu no hon (El libro de Babel). En 2002 su cortometraje Atamayama (El monte cabeza) ganó seis premios en importantes festivales internacionales, como los de Annecy y Zagreb, y fue nominado al Mejor Cortometraje de Animación en los Óscars. Gracias a Atamayama y a Kafuka inaka isha (Kafka - médico rural) se ha convertido en la primera persona en ganar grandes premios en los cuatro festivales principales de animación: Annecy, Zagreb, Hiroshima y Ottawa. En 2013 fundó una tienda especializada y galería, Au Praxinoscope, en el distrito tokiota de Setagaya. También da clase a jóvenes artistas en la Universidad de Bellas Artes de Tokio.

Desde el 5 de agosto de 2017 se proyectarán nueve obras de Yamamura en el Euro Space de Shibuya, Tokio; se incluyen cortometrajes como Satie no parādo y Kaibutsu gakushō.

Un hombre tacaño encuentra unas cerezas y se las come. Como no quiere desperdiciar las semillas, se las come también. Al hacerlo empieza a crecerle un brote en la coronilla, que vuelve a crecer por mucho que lo corta. Finalmente se convierte en un magnífico cerezo que, al llegar la primavera, florece, y bajo el cual una multitud celebra banquetes. El hombre arranca el árbol de raíz, pero el hueco que queda en su cabeza se llena de agua y se convierte en un estanque, al que termina por arrojarse para morir. Esta surrealista historia de rakugo, Atamayama (El monte cabeza), ha sido adaptada como cortometraje de animación de diez minutos por Yamamura Kōji, y se convirtió en la primera obra japonesa en ganar, en 2002, el Gran Premio en el Festival Internacional de Animación de Annecy. Desde entonces Yamamura continúa marcando un variado estilo en el mundo de la animación. En agosto de 2017 se proyectan nueve obras suyas, incluyendo la última, como parte del evento Yamamura Kōji – migime to hidarime de miru yume (Yamamura Kōji – un sueño visto con el ojo derecho y con el izquierdo). (Para saber más sobre las obras proyectadas lea la segunda página de este artículo).

Los cortometrajes: el laboratorio de la animación

En 2017 se celebra el primer centenario de la animación japonesa. Los largometrajes de animación de Japón, comenzando por los del propio Miyazaki Hayao, gozan de gran popularidad en todo el mundo, y la palabra anime se ha convertido en sinónimo de animación comercial de estilo japonés. Sin embargo, Yamamura ve los cortometrajes de animación como un género aparte del anime; según él presentan un espíritu experimental heredado de los comienzos de la animación, hace ya cien años.

“El cortometraje es un laboratorio de métodos para los animadores. Probamos muchos materiales: acuarelas, colores pastel, tinta con base de agua y tinta japonesa, arcilla, vidrio, arena… Ver ilustraciones creadas con materiales así nos provoca sorpresa. Cada uno de los materiales tiene un uso diferente, y en esa diversidad expresiva yace la fascinación del cortometraje”.

Convertirse en animador

Cuando era estudiante de primaria, Yamamura solía ver el anime Mōretsu Atarō, basado en un manga de Akatsuka Fujio. Un día Yamamura empezó a pensar cómo era posible que la imagen estática de Nyarome (uno de los personajes del anime, un gato vagabundo parlante que camina sobre sus patas traseras) que veía en el Menko -un juego de cartas- se moviera al aparecer en televisión; según Yamamura, así comenzó a investigar sobre el proceso de la animación. “Tras darme cuenta de que la animación se basa en crear movimiento mediante la sucesión de una serie de imágenes, a base de ensayo y error llegué a crear mi primera película de stop motion en 8mm, para la que tardé años, desde la secundaria hasta el instituto. La impresión inicial que tuve al proyectar esa obra por primera vez es algo que todavía me mueve a hacer cortometrajes”.

Yamamura Kōji habla de lo interesante que resulta la animación por ser capaz de provocar a la imaginación del espectador

Se especializó en pintura representativa al óleo en la Universidad Tōkyō Zōei, pero pronto comprendió que se le daba mejor la animación. “Mientras estudiaba expresión artística me di cuenta de que apreciaba la animación por el interés que poseen los cambios que experimentan las imágenes, y en la forma en que es capaz de representar emociones como la ira, la alegría, el miedo y el deseo, algo que no se puede lograr con un único dibujo”, reconoce.

En esa época recibió una gran influencia de la obra de animadores de países tan dispares como Rusia y Canadá, empezando por el gran Yuriy Norshteyn, influencia que lo inspiró para adentrarse de lleno en la senda del animador y crear obras que pudieran disfrutar los adultos. El primer Festival Internacional de Animación de Hiroshima, en 1985, al que acudió como espectador, también ejerció un influjo positivo sobre Yamamura. “Proyectaron un ciclo de obras de Ishu Patel, animador indio afincado en Canadá. Cada una de sus obras tenía un tema diferente y usaba técnicas diferentes; su sentido estético me impresionó profundamente”,

Como proyecto de graduación en la universidad realizó un cortometraje en el que utilizó arcilla como material, llamado Suisei (Acuático), y tras terminar la universidad trabajó dos años en una productora, especializándose en crear fondos para animes, antes de hacerse freelance.

Todo tipo de pinceles y brochas en el estudio de Yamamura en el distrito de Setagaya, Tokio

Yamamura pinta directamente sobre el papel, con diferentes tipos de acuarelas y tinta

El autor trabajando en Mizu no yume, cuya primera entrega se proyecta en este ciclo

Dibujos de Mizu no yume. En ellos se aprecia la evolución de algunos seres vivos

Atamayama: seis años de trabajo para diez minutos de película

“Tras independizarme, durante un tiempo no tuve oportunidad de hacer obras para adultos. Comenzaron a llegarme encargos de NHK y otras cadenas para hacer trabajos para niños, pero no me alegré mucho de ello porque sentía que aquello no era exactamente lo que yo deseaba hacer; mi meta era producir obras que los adultos pudieran disfrutar gracias a sus conocimientos y su imaginación. Pero a medida que iba creando esas películas me iba dando cuenta de que los niños se divertían o asustaban más con los movimientos de los personajes que con la historia en sí. Al sacar los miedos más ocultos, la curiosidad, y otros sentimientos del ser humano, aunque se tratara de historias para niños creo que logré crear el tipo de expresión que estaba buscando”.

En Baberu no hon (El libro de Babel, 1996), una película infantil de cinco minutos de duración, Yamamura eligió representar un mundo que diera miedo, en lugar de un mundo adorable. Como solo disponía de un mes para la producción no quedó satisfecho con los resultados. El año siguiente comenzó a trabajar en Atamayama. Trabajó en esa obra durante seis años, mientras hacía otros proyectos.

Los dibujos de Atamayama están realizados con lápices, rotuladores y bolígrafos, y muestran varias técnicas. Un material adicional, por ejemplo, es la espuma de un limpiacristales. “Hice, con el escáner, capturas de las burbujas al romperse. Quería lograr un aspecto de película antigua”. Utilizó ese método también en su obra más larga hasta la fecha, Kafuka inaka isha (Kafka, médico rural, 2007, de 21 minutos). “Hice tantas capturas que terminé por romper el escáner”, dice, con una sonrisa amarga.

Atamayama (El monte cabeza)

La era digital abre un mundo de posibilidades

La animación internacional es cada vez más digital, y los gráficos por computadora en 3D están experimentando un tremendo auge. “Creo que el cine digital y la animación se combinan muy bien. La invención del cel (abreviatura de “celuloide”, una transparencia utilizada para crear cada fotograma de animación) en 1914 fue uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la animación. Sin embargo, las posibilidades expresivas se veían en esa época frenadas por las limitaciones técnicas. Solo se podía pintar con pinturas acrílicas, y no se podían añadir sombras. Con la introducción de las técnicas digitales no importa en qué tipo de papel pintes, qué materiales utilices, después puedes completar la imagen con gran libertad. Es como si hubiéramos regresado a los comienzos de la animación”.

Yamamura dibuja primero en papel, y después escanea su trabajo y lo guarda en el ordenador. En sus obras más recientes se va perfilando una tendencia cada vez más fuerte a crear imágenes planas.

“Las cintas digitales se están convirtiendo en la norma, a nivel internacional. Pero si todos los creadores utilizan las mismas aplicaciones la mayoría de las películas tendrán el mismo tipo de calidad. Es importante saber combinar las técnicas digitales con otras técnicas ya existentes. Si te conformas con una herramienta digital porque es muy útil, puedes terminar cerrándote posibilidades, en lugar de abrirlas”.

El primer sótano del estudio de Yamamura contiene el Au Praxinoscope, una galería y tienda especializada en animación. Su nombre deriva del praxinoscopio, un juguete similar al zoótropo inventado en 1879. En Au Praxinoscope se realizan exposiciones temporales de dibujos y proyecciones.

  • [04.09.2017]
Artículos relacionados
Otros artículos de esta serie

Últimos vídeos

Últimas series

バナーエリア2
  • Opinión
  • Detrás de la noticia