Masako, la mujer que renunció a una carrera diplomática por el amor del príncipe heredero

Sociedad

La prensa se mostró sorprendida cuando Masako aseguró que no pensaba abandonar el Ministerio de Asuntos Exteriores. El príncipe heredero prometió que la protegería “toda la vida”.

Masako, antes de prometerse con el príncipe Naruhito.

“No pienso abandonar el Ministerio de Asuntos Exteriores”

La noche del 6 de enero de 1993, mientras dormía en mi apartamento de Washington, una llamada del departamento de noticias internacionales de Tokio me despertó de repente: “Al final el príncipe Naruhito sí se va a casar con Owada Masako. Lo van a sacar en la edición matinal del Washington Post”. “¿Pero qué dices? ¡Eso es mentira!”, chillé. “Tú compruébalo de todos modos, que lo dice el Post”, insistió mi interlocutor antes de colgar.

En aquellos tiempos, en Washington existía un práctico servicio de entrega a domicilio de la edición matutina del periódico, que servía como fuente de información para los medios japoneses y del que yo también me beneficiaba. Aquel día me vestí rápidamente y bajé al buzón para recoger el periódico. Lo revisé de cabo a rabo, desde la portada hasta la sección internacional, pero no hallé nada relacionado con lo que me acababan de comunicar. Extrañado, se me ocurrió mirar en la sección de cultura y arte, y allí estaba; era una noticia brevísima. Me sorprendió mucho que un artículo relacionado con la consorte del futuro emperador de Japón fuera tan escueto, pero lo envié por fax de todos modos.

Reunión de la Familia Imperial para formalizar el compromiso de Masako con el príncipe Naruhito, el 19 de enero de 1993.

Resultó que el modesto artículo del Washington Post no se equivocaba: dos semanas más tarde, el 19 de enero, se anunciaba el compromiso del príncipe con Masako. La pareja contrajo matrimonio el 9 de junio del mismo año. No me lo podía creer: ¡pero si la propia Masako me había dicho que no pensaba renunciar a su carrera en el Ministerio de Asuntos Exteriores!

A la caza de la futura consorte

Masako, cuando vivía en Oxford.

En septiembre de 1989, cuatro años antes de la boda imperial, estaba en Oxford. Pasaba los días con el equipo de cámaras, metido en una furgoneta sin ventanas, siguiendo los pasos de Owada Masako, una chica que hacía prácticas en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

En la furgoneta solíamos almorzar sándwiches de queso Red Leicester, especialidad local, acompañados de té con leche. Al principio me pareció una sofisticación muy británica, pero enseguida me harté y no quería ver aquella comida ni en pintura. Después de bastantes días con el mismo menú, uno de los técnicos de vídeo incluso terminó vomitando.

Dos semanas antes de empezar nuestros días en la furgoneta, se había celebrado en la central de nuestra agencia, en Tokio, una reunión para determinar quiénes eran las candidatas a convertirse en la futura consorte del príncipe Naruhito, de 29 años. Yo también asistí, en calidad de miembro de la sección internacional. Nuestro objetivo era lograr imágenes de aquellas mujeres. Se nota que eran otros tiempos, porque entonces comentamos el hecho de que el príncipe siguiera soltero a los 29 años. Aunque eso se debe a la preocupación en torno a la descendencia, en el caso del príncipe Hisahito el debate sobre su consorte surgirá cuando roce la cuarentena.

La lista de candidatas que se elaboró en la reunión estaba encabezada por Owada Masako, entonces funcionaria del Ministerio de Asuntos Exteriores, que se hallaba realizando una estancia de estudios en Oxford. La dirección del programa de televisión se quejó de tener pocas imágenes de la joven. Todas las miradas se posaron en mí. Como ella vivía en Oxford, la sección internacional se encargaría del trabajo. El editor jefe me asignó la misión, pero yo la rechacé porque al día siguiente me iba a Okinawa a disfrutar de las vacaciones de verano. Él dijo que lo comprendía, pero al día siguiente me llamó de madrugada para insistir en que fuera y me pidió que partiera ese mismo día, así que puse rumbo a Reino Unido.

La estrategia de la carta a Masako

Masako, en su época de diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Una noche, después de pasar otra jornada interminable en la furgoneta, vino a visitarnos un corresponsal de la oficina de Londres. “Si seguimos así, no lograremos nada. Escribamos una carta a Masako”, propuso. El Ministerio de Asuntos Exteriores nos había llamado la atención por perseguir a la diplomática, así que en la carta el corresponsal le prometió que la dejaríamos de acechar si accedía a hablar con nosotros por teléfono.

Días después, mientras matábamos las horas dentro de la furgoneta como siempre, recibimos una llamada de Owada Masako. Resultó ser una persona muy educada. Aunque no dijo una palabra sobre su posible matrimonio con el príncipe Naruhito, afirmó que no iba a abandonar su trabajo en el Ministerio.

Aquello era una primicia: Masako no iba a casarse con el príncipe. Aunque en Tokio era de noche, llamé al editor jefe para decírselo. Su respuesta fue “Entendido: descartamos a Masako. Buen trabajo. Ya puedes volver”. En aquel momento me di cuenta de que no podíamos publicar la noticia, porque no podíamos afirmar que Masako hubiese dicho que no iba a casarse. Pero habíamos conseguido la información en exclusiva, así que volví a Japón muy animado.

“La protegeré toda la vida”

Rueda de prensa celebrada el 19 de enero de 1993 en motivo del compromiso de los príncipes.

Pasaron cuatro años desde aquella conversación telefónica con Masako. ¿Qué había sido de ella? En junio de 1990, meses después de nuestra conversación telefónica, había regresado a Japón. Había sido destinada a la segunda sección de Norteamérica del Ministerio, donde trabajaba con diligencia. Sin embargo, dos años después, en 1992, se había reencontrado con el príncipe Naruhito, que le pidió la mano aquel mismo año. ¿Será que los sentimientos de ella cambiaron tras el reencuentro?

En Fuji Television también emitimos un especial sobre el enlace del príncipe, pero, comparado con otras cadenas, sacamos pocas imágenes de Masako. No teníamos más porque yo había abandonado su seguimiento antes de tiempo. Luego tuve que aguantar la bronca del editor jefe, que me culpaba por haber dicho que Masako no iba a dejar la carrera diplomática. Mi información había acabado siendo inválida. Mi único consuelo, dentro del infortunio, fue no haber publicado una noticia falsa en su momento.

En un programa emitido desde Tokio, el príncipe Naruhito declaró “Protegeré a Masako toda la vida”. La nobleza de sus palabras me conmovió. Tal vez era una expresión caduca en este mundo superficial en que vivimos ahora, pero me complació comprobar que aún había quien decía ese tipo de cosas y me sentí orgulloso de mi país. Al parecer, esas fueron las palabras con las que el príncipe pidió la mano a Masako. Ella no quería abandonar el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero supongo que no pudo negarse ante tal declaración. Bien por él, pensé. Soy de la misma quinta que el príncipe. De pequeño me parecía a él de cara y mi abuela solía decir que éramos como dos gotas de agua, por lo que siempre había sentido cierta simpatía por él; después de aquella propuesta de matrimonio, me convertí en su fan incondicional.

Después de casarse, la princesa Masako tuvo problemas de salud que se prolongaron durante mucho tiempo. Más tarde, en 2001, nació su única hija, la princesa Aiko.

Los príncipes saliendo del hospital con la pequeña Aiko en brazos.

Los príncipes bajo presión

En una rueda de prensa mantenida en 2004, el príncipe Naruhito comentó “Es cierto que la personalidad de Masako ha sido objeto de críticas”. Aquello constituía una crítica severa no solo contra la Agencia de la Casa Imperial, sino también contra la familia imperial, incluidos los emperadores. Pensé que los príncipes debían hallarse bajo una gran presión.

En 2006 nació Hisahito, primer y único hijo varón de los príncipes Akishino (Fumihito y Kiko), un acontecimiento que zanjó el problema de la herencia del trono imperial.

Hace poco tuve la oportunidad de hablar con una persona que trabaja para la Agencia de la Casa Imperial y le pregunté por la situación de la princesa Masako. “La verdad es que la aprecian mucho. Se ha ido ganando el reconocimiento de todos porque es una persona inteligente”, me explicó. Me sentí aliviado por su respuesta.

En estos últimos tiempos, la princesa ha multiplicado su presencia en los actos oficiales. Dentro de poco ella y el príncipe se convertirán en emperadores y tendrán que cumplir con sus obligaciones como tales. Estoy convencido de que serán una pareja imperial espléndida, amada por todos los japoneses.

Los príncipes asistiendo a la entrega de premios del Concurso Nacional Juvenil de Crítica Literaria, el 8 de febrero de 2019.

Autor: Hirai Fumio, comentarista de noticias de Fuji Television.

(Artículo publicado en japonés, el 12 de febrero de 2019, en FNN Prime Online.)

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