Ocho años desde el accidente de Fukushima Daiichi: qué ha cambiado y qué sigue igual

Sociedad

Volvimos a Fukushima Daiichi por tercer año consecutivo para hacer un seguimiento de la evolución del proceso de recuperación. A primera vista no observamos ningún cambio radical en la situación, pero pudimos filmar una zona más extensa y apreciamos algunas mejoras, como la introducción de autobuses autónomos.

Bajamos del autobús para filmar

“Pues ahora que lo dice, me doy cuenta de que ya no está. ¿Cuándo debieron de quitarlo?”, responde dubitativo el empleado de TEPCO cuando le pregunto por un cartel de “Prohibido jugar a Pokémon GO en los terrenos de la central eléctrica” que antes colgaba de la pared. Para alguien que pasa los días en Fukushima Daiichi, se trata de un cambio tan insignificante que pasa totalmente desapercibido. También echo en falta el cartel que había en el baño la última vez que vinimos, que rezaba “Prohibido fumar y mascar chicle en las instalaciones de la central”.

Han pasado ocho años desde el accidente nuclear de Fukushima Daiichi. Este es el tercer año consecutivo que visito la central en calidad de miembro del Club de Prensa de Japón para informarles de qué aspectos han cambiado y cuáles siguen como antes.

Instalaciones de la central nuclear Fukushima Daiichi.

Al recorrer las instalaciones de la central, a primera vista no parece que nada haya cambiado respecto a los dos años anteriores: allí siguen los edificios dañados por la explosión, la ristra de depósitos de agua contaminada y los suelos reforzados con hormigón para evitar la fuga de materiales radiactivos. La situación no da la impresión de haber empeorado, pero tampoco de haber mejorado drásticamente.

Depósitos de agua contaminada en los terrenos de la central.

Sin embargo, hay que reconocer que algunas partes sí han experimentado modificaciones desde el año pasado. Mientras que antes solo se podía pasar por delante del segundo reactor —que emitió una gran cantidad de sustancias radiactivas— y del tercero —gravemente dañado— en autobús, esta vez nos dejaron bajar del vehículo, equipados como operarios corrientes (con casco, gafas protectoras y mascarilla), para obtener material para nuestro reportaje.

Desplazándonos entre el segundo y el tercer reactor en autobús. Se puede ir sin traje de protección antirradiación. Soy el de la derecha.

Los muros del tercer reactor no sufrieron daños a causa de la explosión sino del tsunami. Del muro de hormigón sobresale una parte del armazón de hierro que todavía tiene escombros pegados. Es una parte del destrozo causado por el accidente que no había visto anteriormente, al pasar de largo en autobús.

El tercer reactor tiene muchos arañazos.

Aunque se puede acceder sin trajes protectores, tampoco es precisamente un lugar donde uno podría ir a diario. En el medio de la carretera donde para el autobús se registraba una radiación muy elevada, de 250 microsieverts por hora. Al acercarnos a pie a varios metros del tercer reactor, la cifra se disparaba hasta los 356 microsieverts. La ley establece que la cantidad de radiación máxima anual a la que puede exponerse una persona es de 1000 microsieverts. Bastarían tres horas en ese lugar para superar dicho límite.

Mientras rodábamos, los medidores de los periodistas con quienes iba empezaron a sonar por la radiación; solo llevábamos cinco minutos filmando. Los trabajadores de TEPCO nos mandaron rápidamente de vuelta al autobús.

En la zona de acceso sin trajes de protección también hay un nivel elevado de radiación.

De 7.000 trabajadores a 4.000

Subimos a una plataforma elevada, a unos 100 metros entre el primer y el cuarto reactor, a observar los edificios de la zona; la situación allí era lo bastante buena para estar sin casco ni máscara.

Se observan bien las obras de limpieza de los escombros del primer reactor. (Soy el de la izquierda.)

Pensé que tal vez fuera porque en septiembre de 2018 habían terminado de construirse los muros de contención para evitar la fuga de agua contaminada al mar, pero parecía que el número de trabajadores había disminuido. Efectivamente, de las más de 7.000 personas que llegaron a trabajar en la zona en el momento álgido hasta hace cuatro o cinco años, ahora solo quedan unas 4.000. Ya no se limitan a las tareas de restauración, sino que han empezado a trabajar para el restablecimiento de la central.

Para evitar contaminar el exterior de la central, los vehículos que se usan en las obras no salen del perímetro de Fukushima Daiichi. Como no llevan número de matrícula, la primera vez que vinimos a rodar me dio la sensación de hallarme en otro mundo. Esta vez los vehículos seguían allí pero, aprovechando que en la zona no circulan otros vehículos ni hay niños, han empezado a utilizarse vehículos eléctricos autónomos.

Un autobús autónomo con capacidad para quince personas enlaza tres puntos de la central siguiendo un horario regular. Los que gestionan el vehículo quieren aprovechar los registros de los problemas que experimenta (se detiene al mínimo desnivel, reacciona al detectar a una persona que pisa aunque sea levemente la calzada, etc.) para facilitárselos a las empresas del sector que operan en la región.

Se han reducido las emisiones radiactivas, se avanza en la eliminación de escombros y se aplican iniciativas para la recuperación como la introducción de vehículos eléctricos. Sin embargo, sigue sin abordarse la cuestión clave de la extracción del combustible nuclear fundido. Se dice que en los reactores uno, dos y tres, en los que se produjo la fusión nuclear, varios cientos de toneladas de combustible derretido, pero aún no se ha decidido por cuál de los edificios se empezará la extracción. Pedimos la opinión personal a uno de los empleados de TEPCO y respondió lo siguiente: “Disponemos de información parcial sobre la situación de Fukushima Daiichi, pero seguimos sin saber muchas cosas y no podemos bajar la guardia. Así que creo que no es posible afirmar que esté todo controlado”.

TEPCO estima que tardará entre treinta y cuarenta años en finalizar el desmantelamiento de los reactores afectados. En Fukushima Daiichi se avanza poco a poco en pos de dicho objetivo.

(Todas las fotografías fueron tomadas por un representante del Club de Prensa)

Reportaje y redacción: Shimizu Toshihiro, líder de proyecto de contenidos informativos de Fuji Television.

(Artículo publicado en japonés, el 11 de marzo de 2019, en FNN Prime Online y traducido por nippon.com)

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