El espíritu del samurái pervive en los japoneses

Hosoda Haruko [Perfil]

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En octubre de 2011, los “Héroes de Fukushima”, apelativo con el que se denomina a los que hicieron frente al accidente de la central nuclear de Fukushima tras el terremoto y posterior tsunami de marzo, fueron galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Según el jurado que lo falló, “El comportamiento de estas personas ha encarnado también los valores más arraigados en la sociedad japonesa, como son el sentido del deber, el sacrificio personal y familiar en aras del bien común, la dignidad ante la adversidad, la humildad, la generosidad y la valentía” ante una crisis sin precedentes. A la ceremonia de entrega acudieron miembros de la Fuerza de Autodefensa, los bomberos y la policía en representación de todos los que participaron en las labores de enfriamiento de la planta y la evacuación de los afectados. Precisamente, en una rueda de prensa en España se les preguntó sobre el significado del espíritu del samurái y del kamikaze, conceptos que aparecieron en algunas noticias tras el accidente.

El espíritu del samurái

El primer encuentro entre españoles y samuráis se remonta a hace cuatrocientos años. En 1613, una delegación del samurái Hasekura Tsunenaga se dirigió a España para mantener una audiencia con el Papa y el Rey Felipe III. Se dice, además, que algunos de sus integrantes se quedaron allí, de ahí que actualmente vivan cerca del entonces Puerto de Sevilla centenares de personas cuyo apellido es Japón.

En Japón, desde los tiempos de paz del Período Edo (1603-1868) el dominio del kenjyutsu se convirtió en un instrumento de formación del carácter. En la Era Meiji (1868-1912), el escritor Nitobe Inazō dio a conocer al mundo el bushidō como uno de los cimientos del espíritu de los japoneses en su obra homónima. Sin embargo, hay que preguntarse en qué consiste el espíritu del samurái y si éste se comprende de manera correcta dentro y fuera de Japón.

Según Nitobe, el bushidō es “el camino que el guerrero tiene la obligación de seguir tanto en su oficio como en su vida cotidiana”, cuyo origen se ha desarrollado a partir de la forma de vida de los guerreros transmitida oralmente desde hace cientos de años. Además, la raíz del bushidō está en los preceptos budistas de aceptar con calma aquello que no se puede evitar, mostrar una tranquilidad estoica ante los peligros y desgracias, y tener una percepción de la vida y la muerte sin apego por la primera; en los preceptos sintoístas de lealtad al monarca y patriotismo, y en la ética confuciana.

El bushidō pervive como virtud

Tal espíritu del bushidō pervive en las artes marciales japonesas; el kendō puede servir como ejemplo. Según el filósofo Watsuji Tetsuro, “La perfección del kendō es que la espada y el zen son uno; es decir, que la lucha tiene que ir más allá del apego a la vida”. En una rigurosa observación de las formas se incluye también un entrenamiento moral. En el dōjō hay un kamidana, un pequeño altar sintoísta, ante el que siempre se reza antes y después de cada entrenamiento. Además, cualquiera que observe estas prácticas, puede sentir un aire de tensión dignificada. En el kendō ningún movimiento se hace en vano, todo se decide racionalmente. Así, por ejemplo, cuando se intenta desenvainar la espada más rápidamente que el adversario, aunque se reciba un golpe imprevisto, para volver a levantarse fácilmente se mueve primero la pierna derecha.

Por otra parte, en el kendō el objetivo no es derribar al oponente, sino vencerse a uno mismo; no se trata de un mero ejercicio físico. Por ello, no se permite levantar el puño en señal de triunfo aunque se obtenga una victoria. El verdadero espíritu del bushidō consiste en avergonzarse de la maldad (cobardía, ruindad y servilismo); en otras palabras, no es una cuestión de discernir entre el bien y el mal, sino entre lo noble y lo mezquino.

Por muy adversas que sean las circunstancias a las que se enfrentan, se trata de personas que realizan su trabajo con calma y poseen una voluntad para vencerse a sí mismos. Deseo fervientemente que el verdadero espíritu del samurái japonés se difunda por el mundo a través del Premio Príncipe de Asturias. Como dijo Nitobe en la Era Meiji, aunque el bushidō haya muerto como sistema, sigue existiendo como virtud. Por ello, un siglo más tarde, los japoneses debemos proteger dicha virtud y sentirla con orgullo. (9 de noviembre de 2011)

  • [08.12.2011]

Profesora asociada en la Facultad de Comercio de la Universidad Nihon. En 1992 entra en el Ministerio de Asuntos Exteriores, donde trabaja en la Embajada de Japón en España. En 2005, se doctora en Historia en la Universidad Complutense de Madrid. Entre sus obras destacan Sengo Supein to Kokusai Anzen Hosyō (“'La España de posguerra y la preservación de la seguridad internacional”, Chikurashobō, 2012), Kazarusu to Kokusai Seiji – Katarunya no daichi kara sekai he (Casals y la política internacional – Desde el territorio catalán al mundo, Yoshida Shoten, 2013) y La diplomacia pública de Japón: De la reconstrucción de postguerra a la actualidad, E.Starkie y F.Rodríguez, Coords. Estrategias de Diplomacia cultural en un mundo interpolar (Ramón Areces / 2015), entre otras obras.

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