La visión japonesa de China
Los tres puntos ciegos

Ogoura Kazuo [Perfil]

[19.03.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

Se dice que se está extendiendo entre los japoneses un vago sentimiento de intranquilidad y de antagonismo hacia China.

La razón subyacente es la frustración de los japoneses ante la situación actual de Japón, y especialmente si se contrasta con la expansión global de China. Sin embargo, al mismo tiempo, hay varios puntos ciegos en la visión japonesa de China que provocan un efecto perjudicial sobre sus sentimientos hacia dicho país.

Uno de los puntos ciegos se encuentra en la percepción generalizada entre los japoneses sobre el estado actual de la sociedad china: la creencia de que las enormes disparidades y desigualdades existentes entre las distintas regiones y clases tendrán un profundo impacto en el futuro.

Es bien cierto que las disparidades sociales y regionales se han hecho más pronunciadas durante el crecimiento explosivo de la economía del país. Sin embargo, si nos fijamos en la historia de China, la era del comienzo del gobierno Partido Comunista ha sido algo excepcional, pues históricamente la disparidad social ha sido siempre muy violenta. No sería correcto decir que la existencia de diferencias sociales representa una situación nueva y crítica. Además, mientras la economía de China continúe creciendo, si el nivel de vida actual es mejor que en el pasado, es probable que se disipe el descontento popular aunque las divergencias aumenten aún más.

El camino que Japón debería tomar


Mucha gente en Japón no tiene en cuenta este punto y siente aprensión por el futuro de China, y como evidencia a favor de este punto de vista pesimista citan las decenas de miles de acciones de protesta que ocurren en China cada año. Sin embargo, las protestas de la gente, en muchos casos, nacen de la insatisfacción por el tratamiento de los asuntos administrativos relacionados directamente con la vida de la gente común: el uso del suelo, el transporte, la alimentación, la vivienda, u otros asuntos similares. Dichas protestas proporcionan una forma de ventilar el descontento con el régimen del partido único, el Partido Comunista Chino, y en cierto sentido, más que una fuente de inestabilidad política, se pueden considerar como una especie de amortiguador social.

A continuación, hay una serie de cosas que influyen en los sentimientos japoneses de aversión hacia China: las violaciones de los derechos de propiedad intelectual, el problema de la seguridad alimentaria y el problema de la seguridad vial. Ciertamente, y si se compara con Japón, la manera que tiene China de hacer frente a estas cuestiones es muy problemática. Sin embargo, son los propios chinos los que más sufren las consecuencias de estos problemas; que haya japoneses que piensen que China les está causando problemas implica cierta estrechez de miras. En vez de eso, Japón debería tomar el camino que llevase a alentar esfuerzos comunes entre ambos países.

Por último, hay un problema con la llamada “conciencia histórica”. Existe la opinión de que China está practicando una “diplomacia de acoso” porque siempre toma la historia pasada entre China y Japón para decir todo tipo de cosas. No se puede negar que la política exterior china ha empleado de vez en cuando dicho recurso con Japón. Pero la búsqueda de precedentes históricos es una de las formas características en que la cultura china se involucra en el debate sobre todo tipo de asuntos. Los chinos usan los incidentes de su historia como base para interpretar el presente. Por lo tanto, me parece un tanto infantil que los japoneses se enojen porque los chinos estén haciendo referencias a la historia constantemente.

(Escrito el 4 de enero de 2012)

(Traducido al español del original en japonés)

  • [19.03.2012]

Profesor invitado, Universidad Aoyama Gakuin; secretario general del Comité de Candidatura Olímpica Tokio 2020 (Tokyo 2020 Bid Committee). Nacido en 1938. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tokio y de la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge. Se unió al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1962, y sirvió como director general del Departamento de Intercambios Culturales y de la Dirección General de Asuntos Económicos, viceministro administrativo adjunto de Relaciones Exteriores y embajador en Vietnam, Corea del Sur y Francia. Ha sido presidente de la Fundación Japón desde Octubre del 2003 hasta septiembre del 2011. Entre sus obras destacan Gurōbarizumu e no hangyaku (Rebelión contra la globalización; Tyūō Kōron Shinsya, 2004).

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