Manifestaciones y globalización

Ogoura Kazuo [Perfil]

[17.04.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 |

Las llamas de los movimientos civiles han prendido por todo el mundo: la ola de “democratización” iniciada en Oriente Medio con la Revolución del Jazmín, las manifestaciones de protesta en China, la campaña de protestas de los ciudadanos rusos a causa de las elecciones y el movimiento de protesta Occupy Wall Street en Estados Unidos.

Las circunstancias de estos movimientos civiles difieren unas de las otras. Unos reaccionan contra un estilo político autoritario y otros para denunciar la corrupción de los funcionarios del gobierno y del partido. Por otro lado, también hay un movimiento que trata de corregir la brecha socioeconómica que crece en paralelo al progreso de la globalización. También hay voces críticas que condenan los excesos de los principios económicos neoliberales. Hay, además, un fenómeno paradójico que se ha producido con el desarrollo de la democracia: la propagación de las intromisiones de la religión en política. Asimismo, como en los países europeos, donde tradicionalmente hay una fuerte conciencia de clase, el tema de la brecha socioeconómica está vinculado al movimiento antisistema, lo que induce a que en algunos puntos aparezcan movimientos de la extrema derecha y de la extrema izquierda.

“La oposición contra la globalización”, una consideración superficial

Lo que se ha convertido en el detonante común, por así decirlo, de todos estos movimientos sería el descontento larvado de los ciudadanos que ha provocado la desaceleración del crecimiento económico y el consecuente aumento de la brecha entre clases en muchos países. Y, además del aumento de la brecha en sí, en muchos países ha disminuido significativamente la movilidad social, hecho que va ligado a la desigualdad de oportunidades educativas.

¿Por qué han ocurrido estos problemas? ¿Qué está haciendo que empeoren?

No es necesario decir que una de las causas básicas es el progreso de la globalización. La propagación de la democracia y la difusión de los principios del mercado conducen económica y políticamente al fortalecimiento de la libre competencia, y no se puede negar el descontento de aquellos que han sido eliminados de la competencia. Sin embargo, creo que interpretar este fenómeno mundial como la magnificación de la desigualdad provocada por la globalización y el movimiento de descontento que ha aparecido contra ella, es una consideración algo superficial.

Originalmente, la globalización es un proceso de asimilación e integración a escala mundial; sin embargo, la otra cara de la globalización, inevitablemente, va acompañada de un proceso de exclusión y alienación. No puede haber asimilación e integración si no se desecha o excluye aquello que no se ajuste a los principios democráticos y que no sea apto para el mercado. En muchos casos se excluye a aquellos que se oponen a los principios del mercado en vez de ser derrotados en él. Dentro del grupo de personas en paro, se encuentran los desempleados que han perdido en la competencia del mercado de trabajo, pero además de ellos, hay una cantidad considerable de personas que han sido excluidas del mercado por diversas razones, por ejemplo, por ser extranjeros, tener un bajo nivel educativo, etc. Esto también es aplicable a nivel político. Por ejemplo, en aquellos lugares en los que la democratización va necesariamente acompañada de una secularización de la sociedad, los movimientos en los que religión y política están estrechamente vinculadas tienden a estar virtualmente eliminados del proceso político “democrático”.

Extirpar de raíz la exclusión y alienación

Visto de este modo, se podría entender que gran parte de los numerosos movimientos civiles actuales, en vez de oponerse a la globalización y luchar por corregir sus desigualdades, protestan contra la problemática implícita en la propia globalización; es decir: en esencia, la globalización comporta una profundización de la interdependencia y la asimilación, y al mismo tiempo es la causa principal del proceso de exclusión y alienación. De ser así, en vez de la idea de oponerse a la globalización o rescatar a los derrotados en la competencia, creo que sería más importante cortar de raíz los mecanismos de exclusión y alienación que conlleva la globalización.

(Escrito el 9 de febrero de 2012)

(Traducido al español del original en japonés)

  • [17.04.2012]

Profesor invitado, Universidad Aoyama Gakuin; secretario general del Comité de Candidatura Olímpica Tokio 2020 (Tokyo 2020 Bid Committee). Nacido en 1938. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tokio y de la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge. Se unió al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1962, y sirvió como director general del Departamento de Intercambios Culturales y de la Dirección General de Asuntos Económicos, viceministro administrativo adjunto de Relaciones Exteriores y embajador en Vietnam, Corea del Sur y Francia. Ha sido presidente de la Fundación Japón desde Octubre del 2003 hasta septiembre del 2011. Entre sus obras destacan Gurōbarizumu e no hangyaku (Rebelión contra la globalización; Tyūō Kōron Shinsya, 2004).

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