Desastres, exclusión y lazos sociales

Ogoura Kazuo [Perfil]

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Las enseñanzas sociales del proceso de reconstrucción

Ha pasado un año desde el desastre del Gran Terremoto del Este de Japón. El proceso de reconstrucción nos ha enseñado muchas lecciones. Así como han quedado al descubierto los cimientos de los edificios en los pueblos arrasados por el tsunami, el proceso de recuperación ha sacado a la luz varios aspectos de la sociedad de los cuales no habíamos tomado plena consciencia hasta el momento. Uno de ellos es la importancia de los lazos sociales. La ausencia de graves saqueos en las zonas afectadas y el entusiasmo de los voluntarios en las labores de reconstrucción han puesto de relieve una vez más la importancia de los lazos sociales.

Pero el desastre también ha provocado un efecto más lamentable: la tendencia a dividir a la gente en dos categorías; por una parte se encuentran aquellos que fueron afectados personalmente por el desastre y por la otra los que no lo han sido. Esto, a su vez, ha generado cierta inclinación a excluir a las víctimas del resto de la sociedad. Después de la Segunda Guerra Mundial, los supervivientes de los bombardeos atómicos también sufrieron un tipo de exclusión social similar. Además de despertar simpatía y compasión, hubo una desafortunada tendencia a mantenerlos al margen.

Ante este riesgo de ser excluidos por la sociedad, las comunidades que soportan las consecuencias directas del desastre tienden a apartarse de su camino para evitar problemas que puedan producir nuevas tensiones entre las personas. Por ejemplo, a pesar de que no hubo saqueos notables tras la catástrofe, esto no quiere decir que no haya habido absolutamente ningún incidente “menor”, como el robo de ordenadores y otros dispositivos electrónicos. Sin embargo, la gente no quiere hablar de ello. La razón es simple: hablar abiertamente de ello daría lugar a una búsqueda de los culpables y abriría una herida en la comunidad.

Los intentos de Japón por no ser excluido

Asimismo, la reconstrucción de los lazos sociales rotos no es tarea fácil. Además de las dificultades físicas de la reubicación y la reconstrucción, este proceso provoca una tendencia a sacar a la superficie los conflictos y tensiones ocultas. En algunos temas es difícil llegar a un consenso sobre el mejor camino a seguir.

El proceso de recuperación y reconstrucción implica definir exactamente qué se considera como una víctima, determinar la magnitud de los daños reales y debatir sobre la mejor manera de prestar asistencia. Este proceso inevitablemente aparta temporalmente a las víctimas del resto de la sociedad. Desde el punto de vista de las víctimas, esto significa que el período de recuperación es también, al mismo tiempo, un período de exclusión y el aislamiento.

Recientemente se han realizado eventos en las embajadas japonesas de todo el mundo para expresar nuestro agradecimiento a las personas que apoyaron a Japón cuando ocurrió el desastre. En cierto sentido, estos eventos son sin duda una expresión de gratitud, pero al mismo tiempo son parte de un intento de asegurarse de que el país no termina por quedar excluido de la comunidad internacional. A pesar de que Japón sigue recibiendo una importante ayuda y asistencia humanitaria de todo el mundo, no se ha recuperado el número de personas que visitan el país como turistas, estudiantes u hombres de negocios. El problema de la radioactividad provocado por el accidente nuclear de Fukushima ha ayudado a crear esta situación en la que Japón ha pasado de ser tratado por la comunidad internacional no sólo como una “víctima”, sino también como el “perpetrador” de la catástrofe, lo que implica en cierto sentido ser excluido por la comunidad.

Creo que la mejor manera que tienen las personas de otros países de ayudar a Japón es visitar nuestro país, no tanto por razones económicas sino para reafirmar la importancia de sus lazos con él.

(Escrito el 17 de marzo de 2012)

(Traducido al español del original en japonés)

  • [25.05.2012]

Profesor invitado, Universidad Aoyama Gakuin; secretario general del Comité de Candidatura Olímpica Tokio 2020 (Tokyo 2020 Bid Committee). Nacido en 1938. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tokio y de la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge. Se unió al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1962, y sirvió como director general del Departamento de Intercambios Culturales y de la Dirección General de Asuntos Económicos, viceministro administrativo adjunto de Relaciones Exteriores y embajador en Vietnam, Corea del Sur y Francia. Ha sido presidente de la Fundación Japón desde Octubre del 2003 hasta septiembre del 2011. Entre sus obras destacan Gurōbarizumu e no hangyaku (Rebelión contra la globalización; Tyūō Kōron Shinsya, 2004).

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