La influencia de la subida del impuesto sobre el consumo

Itoh Motoshige [Perfil]

[11.07.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS |

El debate sobre la subida del impuesto sobre el consumo continúa. Los detractores de esa subida proponen los siguientes puntos para debatir:

(1) En la actual economía debilitada, subir los impuestos significaría estancar el mercado.

(2) Antes de subir los impuestos, si no se revisa minuciosamente el despifarro, no se podrá conseguir el apoyo ciudadano. Es necesario utilizar activamente incluso el “tesoro escondido” que el gobierno pueda tener en reserva. Resulta extraño que se pidan más impuestos, sobreestimando la deuda del gobierno.

(3) No puede salir nada bueno para las finanzas del hecho de subir los impuestos en medio de una deflación. Es más importante resolver primero la deflación, y para ello es deseable que el Banco de Japón adopte medidas monetarias más drásticas. De ese modo la situación financiera debería mejorar notablemente.

(4) Aunque la tasa del impuesto sobre el consumo se alzara hasta los cinco puntos, eso no representaría más que una gota en el mar necesario para cubrir la seguridad social de una población tan envejecida.

No se puede decir que todos esos puntos estén completamente equivocados. Sin embargo, se podría pensar que, como fundamentos para retrasar la subida de impuestos, son extremadamente débiles. El aumento de los impuestos nunca es del agrado de los ciudadanos, pero si se trata de esquivar, con los sentimientos del pueblo en mente, sólo se conseguirá posponer el desastre.

Los mercados a la expectativa de la voluntad y capacidad de lograr un saneamiento financiero

Es evidente que incluso una subida de cinco puntos en la tasa del impuesto sobre el consumo no es capaz de solucionar de raíz los problemas financieros de Japón. No obstante, el asunto es que este Japón, de población ya envejecida, va a tardar varias décadas en introducir las reformas necesarias en el sistema de seguridad social y el sistema tributario. La urgente subida de impuestos no representa más que un punto clave en el proceso; pero eso no significa que no se deba implementar.

Cuando se juzga la subida de impuestos como una dificultad política, hay que pensar también cómo va a reaccionar el mercado. Más que prestar atención al estado actual de los mercados, hay que ver si Japón cuenta con la voluntad y capacidad de conseguir la solidez de sus finanzas por completo. Esta urgente subida de impuestos será el material con el que juzgar esa voluntad y capacidad.

El problema no se resolverá con inflación y revisión del malgasto

Los políticos que pretenden evitar el mal trago de la píldora amarga que representa la subida de impuestos tienen intención de caminar por un sendero más cómodo. Si son capaces de causar una leve inflación, con ayuda de una gran provisión de fondos por parte del Banco de Japón, quizá la gestión financiera se haga mucho más fácil. No es de extrañar que haya políticos que piensan así. Por desgracia, no existe un atajo para los problemas financieros. No es factible que el Banco de Japón sea capaz de causar fácilmente esa inflación, y un exceso de presión sobre las políticas monetarias puede conllevar todo tipo de efectos indeseables. Además, el simple hecho de que haya inflación no quiere decir que vayan a mejorar las finanzas japonesas, cada vez más agravadas por la carga de una población anciana en constante aumento.

En cuanto al argumento según el cual el saneamiento del gasto público y el uso de ese “tesoro escondido” deben ir primero y el aumento del impuesto sobre el consumo después, el Partido Democrático de Japón (PDJ), que había enfatizado la necesidad de revisar el despilfarro para asegurar fondos, ha abandonado esa idea para dar un giro hacia la subida de impuestos, por tanto, a estas alturas este argumento parece carecer de importancia. Revisar el despilfarro es importante, pero no debe ser una excusa para posponer la subida del impuesto sobre el consumo.

No es de prever que la subida del impuesto tenga un impacto negativo sobre el mercado

También se lleva tiempo repitiendo el argumento de que no se debería subir el impuesto sobre el consumo hasta que la economía mejorara. Por esa regla de tres, no deberíamos subir los impuestos nunca. Si dejamos estar la situación financiera actual, la economía no hará más que empeorar. Aunque se hable de subir el impuesto sobre el consumo, tampoco es que se vaya a hacer desde el año que viene. Además se planea hacer en dos etapas. En los próximos años es de esperar una demanda apresurada de bienes justo antes de la subida. Mientras tanto, no es de esperar un gran efecto de esa subida sobre la economía.

Además debemos resaltar que la subida del impuesto sobre el consumo, lejos de ser una medida miope, es algo que comprende ajustes económicos a largo plazo. Si no nos fijamos en el 5% japonés, sino en el 25% de Suecia o Dinamarca, veremos que la economía se ha activado y hay una renta per cápita alta. En términos de medio y largo plazo, al menos, la idea de que subir el impuesto sobre el consumo va a empeorar la economía no es cierta.

Comparación internacional de tasas de impuestos sobre el consumo / sobre el valor añadido (tasas estándar)

Japón 5%
Canadá 5%(*1)
EE.UU., ciudad de NY 8.875%(*2)
Corea del Sur 10%
Indonesia 10%
Australia 10%
México 16%
China 17%
Turquía 18%
Alemania 19%
Francia 19.6%
Gran Bretaña 20%
Italia 20%
Suecia 25%
Dinamarca 25%

Fuente: datos de los países del G20 más Suecia y Dinamarca, extraídos de la “Comparación internacional de tasas de impuestos sobre el consumo / sobre el valor añadido (tasas estándar)”, enero de 2011; sitio web del Ministerio de Finanzas

(*1) ^ En Canadá, además del impuesto sobre los bienes y servicios federales, la mayoría de los estados establecen un impuesto sobre el valor añadido (8%, en el caso de Ontario).

(*2) ^ Tasa total de impuestos en el estado de Nueva York y la ciudad de Nueva York. En Estados Unidos la tasa de impuestos de venta la imponen el estado, el condado y la ciudad.

(Escrito el 10 de mayo de 2012.)

(Traducido al español del original en japonés.)

  • [11.07.2012]

Profesor de la Escuela de Económicas (posgrado) de la Universidad de Tokio y presidente del Instituto para el Avance en la Investigación (fundación de interés público, NIRA por sus siglas en inglés). Nació en 1951 en la prefectura de Shizuoka. Licenciado en Economía por la Universidad de Tokio. Doctor en Economía por la Universidad de Rochester (EE.UU.). Ha impartido clases en las facultades de Economía de la Universidad de Houston (EE.UU.), de la Universidad Metropolitana de Tokio y de la Universidad de Tokio, centro en el que continúa su labor docente, tanto en el grado como en el posgrado. Dirige el NIRA desde 2006. Entre sus publicaciones destacan Sangyō seisaku no keizai bunseki (Análisis económico de las medidas de política industrial, Tōkyō Daigaku shuppankai, 1988) y Keizai kiki wa sekai ni nani wo motarashita ka (¿Qué ha significado para el mundo la crisis económica?, Tōyō keizai shinpōsha, 2009).

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