¿Es realmente necesario el Ministerio de Educación?

Taniguchi Tomohiko [Perfil]

[12.07.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

Continúa la confusión en la política educativa japonesa. Cada vez que el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología introduce nuevas líneas educativas, de la escuela primaria hasta la universidad, baja la calidad de la enseñanza. Es más, están aumentando las políticas que desafían el sentido común.

Primero fue la suspensión de la “educación relajada”, ahora la obligatoriedad de las artes marciales y el baile

El Ministerio de Educación intentó en el pasado implantar la yutori kyōiku o “educación relajada”. Redujo las asignaturas que necesitan mucha memorización y en su lugar tuvo la pretensión de potenciar el desarrollo de la creatividad. Sin embargo, no hay evidencias de que con este tipo de educación haya provocado una mejora en el nivel de creatividad de los recursos humanos.

Por otro lado, una educación que defendía que bastaba, por ejemplo, con recordar que el valor del número pi era tan solo 3, ha creado una gran cantidad de jóvenes preocupados porque tienen ahora la sensación de no haber aprendido lo suficiente. Dicha generación es la que está empezando a incorporarse ahora a la vida laboral.

Cuando pensaba que por fin iban a revisar la falta de profundidad de los libros de texto con la llegada de la suspensión de la “educación relajada”, imagínense cuál fue mi sorpresa cuando me enteré que a partir de abril de este año, a la par que se iniciaba el nuevo curso escolar, se iba a implantar la obligatoriedad del baile y de las artes marciales en toda la escuela secundaria. Al parecer, en cuanto a las artes marciales se refiere, se ha considerado ofrecer principalmente kendo y judo, y en muchos casos la gente ha elegido el judo porque apenas necesita equipamiento. Sin embargo, si hubiese un error enseñando, el que pone en riesgo la vida del estudiante es el judo y no el kendo. Encima, parece que en baile enseñan hip-hop, ese baile tan popular entre esos jovencitos que llevan los pantalones caídos por debajo de la cintura. Por un lado se pone a los estudiantes en peligro, y por el otro se paga con nuestros impuestos algo que no estoy de acuerdo que se deba enseñar; en todo caso, hay muchos padres que se sienten incómodos ante este cambio de política educativa.

Clases en inglés copadas por estudiantes chinos y coreanos que hablan japonés

El Ministerio de Educación, que quiere aumentar el número de estudiantes extranjeros que vienen a las universidades japonesas, ha empezado a ejecutar medidas para aumentar las asignaturas que se pueden cursar en inglés y para incrementar el número de profesores no japoneses. Al colgar la tentadora zanahoria de las subvenciones, las universidades se han puesto frenéticas por conseguirlas. Sin embargo, por mi propia experiencia al dar clases en inglés puedo decir que, si no se rebaja el nivel del inglés, los estudiantes japoneses van disminuyendo hasta que, finalmente, dejan de asistir. Los únicos que quedan son los estudiantes extranjeros. Es frecuente ver que la mayoría son estudiantes chinos y coreanos, que tampoco tienen ningún problema con el japonés. No sé si echarme a reír o a llorar.

Es un error que las oficinas gubernamentales y sus empleados, para ganarse el sueldo, empiecen a hacer y añadir cosas innecesarias. Además, para evitar ensuciar la reputación de sus antecesores, no reforman nada, tan solo añaden más y más cosas. La confusión actual en la educación japonesa es el resultado de todo este cúmulo de despropósitos. El Ministerio de Educación nunca ha sido capaz de definir las habilidades necesarias para la vida ni el tipo de recursos humanos requeridos por la sociedad, y hoy en día es aún más difícil que pueda hacerlo. Pues bien, me gustaría que se abriera un debate en profundidad sobre si es realmente necesario o no contar con un organismo gubernamental como el Ministerio de Educación.

 (Escrito el 24 de mayo de 2012)

(Traducido al español directamente del original en japonés)

  • [12.07.2012]

Profesor invitado especial de la Universidad de Keiō. Licenciado por la Universidad de Tokio. Periodista de Nikkei Business. Tras ser miembro del comité editorial ocupó el cargo de secretario de prensa adjunto del Ministerio de Relaciones Exteriores. Ha sido investigador invitado del programa Fulbright del Instituto Woodrow Wilson en la Universidad de Princeton e investigador invitado de los Institutos de Estudios Internacionales de Shangai. Es autor, entre otras obras, de Tsūka moyu: En, gen, doru, yūro no dōjidaishi (El drama monetario: historia contemporánea del yen, el yuan, el dólar y el euro). Es miembro del comité editorial de Nippon.com.

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