El pueblo japonés y su cultura

Kondō Seiichi [Perfil]

[05.03.2013] Leer en otro idioma : 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

Cuando hablamos sobre un determinado país, empezamos citando su número de habitantes, su PIB (total y per cápita) y su extensión. Al tratarse de factores que se pueden expresar mediante cifras objetivas, es fácil compararlo con otras naciones, o situarlo en un ranking a nivel mundial.

Comparando la calidad de vida

Sin embargo, estos datos no nos permiten obtener una respuesta satisfactoria en cuanto a la calidad de vida de ese país. Partiendo de esta reflexión, recientemente se ha comenzado a realizar comparaciones entre países basadas en diversos índices. Así, existe el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PENUD), que permite medir el grado de bienestar de una nación en tres dimensiones: salud, educación y estándar de vida(*1). La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo evalúa mediante el Índice para una Vida Mejor, que sintetiza datos de 11 parámetros distintos. Por otra parte, el sector privado también se ha encargado de realizar sus propias investigaciones: el Estudio de 2010 sobre los Mejores Países del Mundo de la revista Newsweek y el Índice de Riqueza Inclusiva de 2012 de la revista The Economist, creado a partir de los datos provenientes del Fondo Monetario Internacional, Naciones Unidas, el Banco Mundial y otros, son algunos ejemplos. 

Asimismo, existen investigaciones útiles, aunque bastante subjetivas, que analizan aspectos tales como el carácter de su pueblo, si es un lugar al que la gente quiere ir o la elegancia de sus habitantes. Dada su naturaleza, muchas se elaboran en forma de encuesta de opinión. Aunque estos rankings no llegan al nivel de una ciencia, se corresponden mucho con el interés general. Sirven a modo de ejemplo la Lista de las Mejores Ciudades del Mundo para Vivir elaborada por la revista Reader’s Digest, el Índice de los Países Más Influyentes del Mundo de la BBC y el Índice de Marca País del asesor político británico Simon Anholt.

Una gran apreciación en ámbitos difíciles de calificar con valores numéricos

Ninguno de estos rankings expresa el valor de ese país al cien por cien ni satisface por completo el interés de determinadas personas. Sin embargo, podría decirse que se obtiene cierto resultado si se sintetiza la información de varios índices. Partiendo de este punto de vista, presentamos hasta siete clases de rankings de Japón e intentamos comparar este país con Estados Unidos, superior en la escala económica, y China (este último no era objeto de estudio en una parte de las estadísticas).

Índices Japón EE.UU. China
Índice de Desarrollo Humano (2009) 10 13
Índice para una Vida Mejor (2012) 21 3
Estudio de los Mejores Países del Mundo (2010) 9 11 59
Índice de Riqueza Inclusiva (2012) 1 2
Lista de las Mejores Ciudades del Mundo para Vivir (2005-2006) 12 23 84
Índice de los Países Más Influyentes del Mundo (2009) 2 7 8
Índice de Marca País (2009) 5 1 22

Al analizar los datos, si se comparan con los índices económicos, fáciles de expresar numéricamente, y con la imagen de la que se informa en los medios de comunicación (estancamiento político y problemas de índole social), Japón obtiene una puntuación bastante alta en aspectos sociales tales como la seguridad, la limpieza, la solidaridad de la sociedad y la consideración hacia los demás, los recursos humanos, como la educación y el talento, y la cultura, por ejemplo la creatividad; se puede suponer que goza de una impresión favorable en el mundo. 

Por consiguiente, me gustaría plasmar algunas de mis reflexiones sobre la idiosincrasia de los japoneses, uno de los factores que explicaría que Japón sea valorado positivamente como ya he mencionado anteriormente; espero recibir críticas al respecto.

Una particular perspectiva sobre la naturaleza cultivada por la cultura japonesa

La perspectiva de los japoneses sobre la naturaleza es una peculiaridad de su mentalidad. En Europa y Norteamérica se piensa que todos los seres humanos poseen capacidad de raciocinio y son, por tanto, respetables. Además, el gran valor que se reconoce de esa capacidad hace que nazca una idea dual, y que el hombre pueda dominar la naturaleza como si fuera una simple máquina, idea sobre la que se cimienta la civilización. Sin embargo, los japoneses consideran que el ser humano es, al fin y al cabo, una parte de la naturaleza, y que querer someterla es algo ridículo, por lo que se debe convivir con ella en armonía y al mismo nivel.

Aunque el punto de vista de Europa y Norteamérica ha propiciado el desarrollo de la tecnología y contribuido a la civilización, hace que se le conceda demasiado crédito a los avances y que el ser humano sea arrogante, lo cual termina trayendo consigo el riesgo de que la humanidad sufra desgracias; no existe garantía alguna de que aspectos como la gestión de las armas de destrucción masiva o el calentamiento del planeta no escapen al control del hombre. La explotación desenfrenada de los recursos naturales puede destruir el ecosistema, algo imposible de recuperar con medios artificiales. Por otra parte, la dualidad entre el bien y el mal genera una enorme cadena de odio entre países y razas; los peligros de la arrogancia humana que denuncia la historia de la Torre de Babel no se limitan a la Biblia.

A este respecto, los japoneses temen a la naturaleza y ponen un freno constante a los intentos de partirla sirviéndose de la tecnología. Piensan que en la naturaleza existe una lógica representada por complejos ecosistemas, y que es absolutamente imposible que el hombre la entienda. Esto explica que Japón fuera por detrás de Europa y Norteamérica en su desarrollo tecnológico. No obstante, podría decirse que, aunque la tecnología progrese hasta este nivel, son conscientes de los límites de la capacidad del hombre, que no puede construir una sola célula. Existe un sentimiento de gran respeto hacia la naturaleza, y de que los experimentos imprudentes solo sirven para crear monstruos como Frankenstein.

Además, es bien sabido que los japoneses tienen una especial sensibilidad por la naturaleza, en particular por las cuatro estaciones y sus cambios, y que disfrutan coexistiendo con estos fenómenos. Así, al principio de sus cartas nunca faltan unas palabras adecuadas a la estación en que se encuentren; incluso existen diferentes términos para referirse a la lluvia en función de la época, al igual que diversos nombres para los pescados que más le gustan a la gente. Por eso, se puede saber en qué estación se está en función de la denominación que se use. Además, a la hora de emplatar, en la cocina japonesa se emplean pétalos de flores y hojas que representan la estación.

Desde tiempos antiguos, los japoneses creen que los animales y, por supuesto, las plantas, hasta los minerales, tienen espíritu, y los respetan. De hecho, hay muchos cuentos y leyendas en los que se explica que los animales, para devolverles el favor, se convierten en personas y los ayudan, y no les resulta extraño pensar que estos son benévolos y tienen sentimientos al igual que el ser humano. Incluso existe la costumbre de darles las gracias a las agujas desgastadas por el uso en el conocido festival de hari-kuyō (oficio de agujas). No obstante, no se trata de un animismo en forma de religión primitiva, sino de una perspectiva del mundo que también existe en la actualidad. 

De ese gran respeto por la naturaleza surge la modestia de que el hombre no es más que una parte de la misma, sentimiento que se refleja también en su actitud hacia los demás. Los japoneses no escatiman en reprimirse a título personal en beneficio del grupo; creen que si el grupo mejora por esto, ellos mismos pueden beneficiarse. Son conscientes de que si uno comienza a perseguir su interés personal, todos lo seguirán y se generará confusión, así que el conjunto saldrá perdiendo. Esto pudo apreciarse perfectamente justo después del desastre del 11 de marzo de 2011 en los damnificados del terremoto y el tsunami: aceptaron lo ocurrido pensando que “no hay remedio”, sin enfadarse en vano con la furia de la naturaleza que había provocado un sufrimiento insoportable. Esto no significa en absoluto que sean fatalistas, sino que tienen un entendimiento sumamente realista: no derrochan su energía inútilmente en críticas no constructivas, y toman a sus familiares y amigos de la mano esperando la siguiente bendición de la naturaleza. 

Programas de corta estancia en Japón para artistas extranjeros

Taller a cargo de artistas extranjeros. Imagen cortesía del Comité Ejecutivo del Proyecto Arcus (Moriya, prefectura de Ibaraki)

Es posible que los sucesivos desastres naturales y los frutos del mar y el campo que ha venido recibiendo de la naturaleza a lo largo de su historia hayan propiciado el desarrollo de esta filosofía en Japón. Sin embargo, esta opinión podría compartirse en todo el mundo ahora que vivimos una época en la que somos conscientes de que el ser humano no puede continuar destruyendo la naturaleza de un planeta con recursos limitados a su antojo, y en la que se agrava cada vez más una cadena de venganza y terrorismo propiciada por el dualismo entre el bien y el mal. Precisamente ahora que muchas personas comienzan a darse cuenta de ello, están cobrando popularidad diversas manifestaciones culturales de Japón que llevan ocultos estos mensajes.

Muchos cómics y dibujos animados japoneses son más que una mera forma de entretenimiento. Dejando a un lado si se parecen, con una cierta intención, a los de Disney, de corte moralizador y con pretensiones de divulgar el sueño americano, los dibujos animados japoneses contienen el pensamiento nipón; las obras de Miyazaki Hayao son un claro exponente: transmiten a los fans de todo el mundo un mensaje de respeto a la naturaleza y de condena de la soberbia del hombre, no a través del idioma, sino de la sensibilidad. Como ya he mencionado anteriormente, quizás sea esto lo que haga subir la imagen de Japón, más que lo que expresan las cifras y las letras. 

Voy a cesar aquí en mi esfuerzo de expresar con palabras lo inexpresable. Me gustaría decirles a los lectores extranjeros que vengan a Japón y se queden un tiempo. Desde 2011, la Agencia de Asuntos Culturales proporciona apoyo económico a los programas Artist-in-Residence para que artistas, creadores e investigadores, entre otros, puedan desarrollar su actividad durante un corto espacio de tiempo en Japón. Asimismo, el Ministerio de Educación y el sector privado cuentan con sus propias ayudas al intercambio. Quiero que vengan sirviéndose de estas iniciativas a comprobar con su sensibilidad afiliada si mi hipótesis es cierta. 

(Escrito el 17 de enero de 2013 y traducido al español del original en japonés)

(*1) ^ Este índice se compone de tres dimensiones y cuatro indicadores:
        1. Salud: esperanza de vida a nacer
        2. Educación: años promedio de instrucción y años promedio de instrucción esperados
        3. Estándar de vida: PIB per cápita

  • [05.03.2013]

Director general de la Agencia de Asuntos Culturales de Japón desde 2010. Nacido en 1946 en la prefectura de Kanagawa, en 1971 se gradúa en Estudios Británicos del Departamento de Estudios de Área de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Tokio. Ingresa en la Escuela de Posgrado de Derecho y Ciencias Políticas de la misma institución, pero no termina sus estudios. En 1972, entra en el Ministerio de Asuntos Exteriores. De 1973 a 1975, estudia en la Universidad de Oxford, Inglaterra. De 2006, a 2008, ejerce de embajador para Japón ante la UNESCO. En 2008, es nombrado embajador de Japón en Dinamarca.

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