Japón y la música latinoamericana

Isami Romero [Perfil]

[06.08.2013] Leer en otro idioma : 日本語 | 简体字 | 繁體字 |

Hace varios años, en una tienda de música de Shibuya, en uno de los barrios más populares de Japón, por azares del destino encontré un CD doble de los éxitos del cantante mexicano José José. Sinceramente, no soy un aficionado de sus canciones, pero terminé comprándolo porque me pareció demasiado excéntrico. Si yo viviera en Estados Unidos, descubrir este álbum del “Príncipe de la Canción” hubiera sido una obviedad, ya que en ese país la población de origen mexicano e hispanoparlante es sumamente amplia. Pero en Japón no es el mismo caso. Las estadísticas gubernamentales corroboran mi afirmación anterior.

El mayor número de residentes extranjeros después de los chinos y coreanos

De acuerdo con los datos del Ministerio de Justicia, en 2012 había alrededor de 2 millones de extranjeros viviendo en Japón, aproximadamente el 1.5 % de la población total de Japón. Los chinos ocupan el 32% del total de foráneos mientras que los coreanos el 27% y los filipinos el 10%. Es decir, 7 de cada 10 extranjeros son oriundos de alguno de estos tres países. El mismo Ministerio estima que en 2012 había 253 mil latinoamericanos, cifra que representa el 13% del número total de extranjeros radicados en Japón. Los brasileños ocupan el primer lugar (190 mil) y en orden descendente les siguen los peruanos (49.000), los bolivianos (5.200), los argentinos (2.700), los colombianos (2.250), los mexicanos (1.900), los paraguayos (1.800) y el resto se lo reparten las personas de los otros países de América Latina.

En suma, aunque en términos numéricos los latinoamericamos no seamos necesariamente una minoría visible, como podíamos serlo en Estados Unidos, nuestra presencia es importante. Ocupamos el tercer lugar de los foráneos residentes en Japón, después de los chinos y los coreanos. Esto explica, a lo mejor, por qué en una tienda de Shibuya, haya podido encontrar yo algo tan excéntrico como un CD de José José.

Sin embargo, la realidad es que las tiendas de música de este país no venden discos para abastecer a una minúscula demanda de 250 mil personas. De hecho, muchos latinoamericanos no compraríamos un disco de Juan Luis Guerra, de Caetano Veloso, de Soda Stereo o de Julieta Venegas en una tienda japonesa. Tenemos otro tipo de formas de hacerlo. Entonces, esos productos están destinados claramente para un público japonés.

Canciones latinoamericanas que todos han oído alguna vez

Cuando hablamos de música extranjera en Japón, tenemos que ser un poco cuidadosos. En este país, existe la palabra yōgaku para categorizar a la música extranjera y diferenciarla de los artistas japoneses. En estricto sentido, en ella están incluidas la música de Estados Unidos e Inglaterra como la de otras latitudes, como el tango, la salsa y la bossa nova; pero para la gran mayoría de los japoneses, el yōgaku es sinónimo de música en inglés, como Michael Jackson o los Beatles. Basta ir a una de las grandes tiendas de música para corroborarlo. Hay una sección amplia destinada para el yōgaku y la música latinoamericana está colocada en el peyorativo género de World Music. Dicho en otras palabras, “nuestra música” está en una sección, donde sólo un “selecto público” acude.

No obstante, las canciones latinoamericanas tanto en portugués como en español están presentes en muchos lugares de Japón. Muchos japoneses desconocen por completo sus nombres o de dónde son, pero las han escuchado alguna vez en su vida y probablemente les gusta.

Por ejemplo, si uno hojea los libros colocados en los karaokes japoneses, podrá encontrar una gran cantidad de canciones en español (en portugués son muy pocas). Desde la Macarena (canción española, no latinoamericana) y los boleros del Trío los Panchos, hasta las versiones castellanas de las canciones de Ricky Martin y Shakira. A lo mejor exagero, pero estoy casi seguro que la mayoría de los latinoamericanos radicados en Japón nos hemos visto obligados a cantar alguna vez estas canciones cuando vamos con nuestros amigos japoneses al karaoke.

El bochornoso espectáculo del Matsuken Samba

También, en diversos comerciales, se suelen usar canciones latinoamericanas como La Chica de Ipanema, La bamba, El Humahuaqueño o Moliendo café. Aunado a lo anterior, un fenómeno interesante es cómo distintos músicos japoneses han interpretado las canciones latinoamericanas o bien las han adaptado para ejecutarlas como canciones japonesas. El caso más exitoso ha sido sin duda Lisa Ono quien canta canciones de bossa nova. Otro interesante ejemplo es La Orquesta de Luz, agrupación que ha incursionado en el mundo de la salsa. Un último caso singular ha sido la Estudiantina Komaba, un grupo de la Universidad de Tokio que toca música llanera de Venezuela. Para los conocedores, su técnica es tan buena como la de los músicos del otro lado del Pacífico.

No obstante, también ha habido intentos realmente bochornosos como el Matsuken Samba. Es una canción interpretada por Matsudaira Ken quien es un actor famoso por sus películas de samuráis. Esta persona sale vestida con una indumentaria de samurái dorada (poco usual) cantando y bailando a ritmo de samba, pero mezclando indiscriminadamente el portugués y el español. Como broma es muy buena, pero en lo personal me parece un sincretismo sumamente grotesco. Pero bien en gustos se rompen géneros.   

  • [06.08.2013]

Profesor Asistente del Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad de Agroveterinaria de Obihiro (Hokkaido) desde 2012. Su especialidad es la Política Comparada, la Historia Diplomática y la enseñanza del idioma español. Nació en la Ciudad de México en 1975. Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) (1999) de México. Maestro en Estudios Sociales e Internacionales por la Universidad de Tokio (2004). Candidato a doctor por la misma institución (2007). Ha laborado como Asistente de Investigación del Departamento de Estudios de Área de la Universidad de Tokio y como profesor asistente de la Escuela Internacional de Estudios Liberales de la Universidad de Waseda. También se ha dedicado a la traducciones de obras literarias japonesas. Entre sus publicaciones más recientes se encuentra el artículo “Imperialism, Modernism, and Literature: Why detective fiction did not become popular in Early 20th Century Mexico” (Keio Communication Review , 2015); la traducción del bestiario de Sekien Toriyama, Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón (Editorial Quaterni, 2014) y la traducción conjunta del libro Un gran descubrimiento. Doce cuentos japoneses (Editorial Quaterni, 2015), donde están compilados cuentos de Ryunosuke Akutagawa, Osamu Dazai, Soseki Natsume, Ogai Mori, Kan Kikuchi, Atsushi Nakajima, Kanoko Okamoto y Sanjugo Naoki.

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