¿Por qué triunfó la candidatura de Tokio a los Juegos Olímpicos de 2020?

Ogoura Kazuo [Perfil]

[11.10.2013] Leer en otro idioma : 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

La estrategia de Tokio requiere un análisis a tres niveles

En votación efectuada el día 7 de septiembre de 2013 durante la reunión del Comité Olímpico Internacional (COI) en Buenos Aires, Tokio se impuso a sus dos rivales, Madrid y Estambul, y fue elegida ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos 2020.

La elección de Tokio no puede explicarse solo por el éxito de las actividades desplegadas por la ciudad para promover su candidatura. Hay que considerar también la otra cara del asunto, es decir, el fracaso de las estrategias o tácticas seguidas por las otras dos ciudades, sin olvidar el hecho de que, más allá de cuáles hayan sido los designios, las tácticas y actividades desarrolladas por cada una de estas tres ciudades, hay factores relacionados con las circunstancias internacionales y con la situación económica de los respectivos países que han obrado a favor de Tokio.

Dicho de otro modo, para dar con las causas del triunfo de Tokio, hay que analizar los hechos en tres dimensiones: la estrategia de la capital nipona, las de sus competidoras, y las circunstancias políticas y económicas de los respectivos países que escapan al control de las ciudades candidatas. Circunscribo aquí mi análisis a la primera de esas dimensiones.

Superación de los puntos flacos, factor decisivo

Por resumirlo en una simple frase, diríase que, aunque resulte un tanto irónico, la estrategia de Tokio no ha consistido en otra cosa que en esforzarse por superar los aspectos que se consideraban puntos débiles de su candidatura.

Para empezar, se coincidía en señalar entre los puntos débiles de Tokio el bajo nivel de apoyo de su candidatura entre los japoneses en general y entre los tokiotas en particular. Este índice se situaba en 2012 por debajo del 50%.

A fin de obtener más apoyo, los responsables de la candidatura repartieron broches olímpicos, editaron folletos, organizaron grupos de apoyo y actos de promoción, y difundieron por Internet entrevistas a líderes de los más diversos campos. Se hicieron, además, actividades de apoyo a la candidatura en reuniones de las cámaras de comercio e industria, y de otras entidades del mundo económico como los Rotary Clubs de Japón, e igualmente se consiguieron resoluciones por parte de la Dieta (Parlamento), de la Asamblea Legislativa metropolitana y de varios municipios. Toda esta vasta red de relaciones públicas, para la que se aprovecharon también las visitas a las regiones de los miembros del legislativo de Tokio, dieron su fruto y de esta forma fue posible, si bien a un ritmo muy lento, ir extendiendo los apoyos.  

Estas actividades fueron objeto de una mayor atención pública con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de Londres. Muy en especial, el desfile triunfal protagonizado por los medallitas japoneses a su regreso al país imprimió un gran impulso a la candidatura en todo Japón. Y ha sido, curiosamente, este pausado proceso de aumento del apoyo popular lo que ha conseguido catalizar y dar consistencia al ánimo de los japoneses, y lo que, finalmente, ha conducido al magnífico trabajo de equipo desarrollado por la delegación japonesa durante el proceso de selección. Dicho de otra forma, fue ese escaso apoyo inicial lo que, forzando una afanosa campaña por parte de las entidades implicadas, consiguió insuflar entusiasmo en todas las capas sociales, lo cual, a su vez, se vio reflejado en la compenetración y en el espíritu de unidad de que han hecho gala quienes han participado directamente en la promoción de la candidatura, llevando finalmente a Tokio a la victoria. 

Izquierda: Niños reciben ante el Ryōgoku Kokugikan (Tokio) a los miembros de la Comisión de Evaluación del COI durante su visita oficial a los sitios designados por la candidatura de Tokio el 5 de marzo de 2013. Derecha: Bandera de la candidatura olímpica de Tokio, repleta de las firmas de atletas y personal relacionado con la misma. (Fotos cortesía de la Comisión de la Candidatura Olímpica Tokio 2020).

Ni China ni Corea del Sur maniobraron abiertamente en contra

El segundo punto débil de Tokio era el hecho de que desde los países asiáticos, especialmente desde China y Corea del Sur, como vecinos más inmediatos, no se oyeran voces de apoyo a su candidatura. En el ámbito internacional se constataba una tendencia a presentar como una tacha en el expediente de Tokio la existencia de relaciones tensas entre Japón y sus dos vecinos. Por supuesto, como parte de la política de medidas individuales enfocadas a los miembros del COI, los responsables de Tokio estaban haciendo esfuerzos entre bastidores para ganarse el apoyo de los responsables olímpicos chinos y surcoreanos. Sin embargo, ni de parte del gobierno de Japón, ni de los líderes del mundo deportivo se solicitó abiertamente, de una forma que llamase la atención, el apoyo de los líderes de esos dos países.

Esta actitud se basaba en la idea de que no se les debía dar un tinte político a los asuntos relativos a los Juegos, y que hacer llegar el mensaje indirectamente a esos dos países resultaría una estrategia más efectiva que recurrir a las maniobras políticas. Lo cierto es que tanto los líderes políticos chinos como los surcoreanos han mantenido hasta el final una postura de lavarse las manos ante el tema de la candidatura olímpica de Tokio, y en ningún caso sus miembros en la Comisión del COI han reclamado activamente de terceros su apoyo a la misma. Paradójicamente, lo que ha hecho esta actitud de chinos y surcoreanos es no dejar margen para que su apoyo pudiera convertirse en objeto de canje en relación con cualquier problema político. De esta forma, al contrario de lo que se pensaba, ha sido posible separar el problema de la candidatura olímpica de las tensiones políticas con ambos países. El resultado ha sido que, si bien ni Pekín ni Seúl han mostrado a las claras su conformidad con la candidatura, tampoco han maniobrado de forma notoria para obstaculizar la misma.

En cuanto a la solidaridad entre los países asiáticos en un contexto más amplio, tampoco pudo hacerse realidad en ningún momento, pues entre los seis candidatos a ocupar la presidencia del COI había dos asiáticos, y se planteaba el dilema de que traer a Asia los Juegos del 2020 dificultaría necesariamente que uno de los dos asiáticos fuese elegido. Sin embargo, puede decirse que esto obró el efecto contrario, de hacer que a Japón le resultase más fácil sostener la postura de que los Juegos debían celebrarse en la gran área económica asiática, que tan dinámica se muestra.  

Como se ve, no resultará exagerado decir que en este proceso de elección de ciudad organizadora el elemento asiático se ha hecho sentir vagamente, pero de una forma que, a fin de cuentas y pese a las previsiones, ha creado un ambiente favorable a los intereses de Tokio.

La reconstrucción tras el desastre ayudó a justificar la propuesta

El tercer punto flaco de Tokio era la débil justificación de su propuesta. Madrid y Estambul podían esgrimir a su favor que serían organizadoras de unos Juegos Olímpicos por primera vez, así como sus méritos acumulados y su encanto como espléndidas urbes del circuito turístico internacional. Frente a ellas, en un principio, Tokio no se preocupó demasiado por ofrecer justificaciones para su posible elección. Apenas fue capaz de presentar como atractivos de su propuesta argumentos tan poco llamativos como el ambiente de seguridad que se respira en Tokio o la probada eficiencia y capacidad organizativa de Japón. Sin embargo, en la fase definitiva del proceso fueron precisamente estos argumentos los que más auparon la candidatura de Tokio.

Esto ha sido así porque, en el caso de Tokio, más que el porqué de su elección como ciudad organizadora pesaba el cómo, y se concentraron todas las fuerzas en dar la imagen de que si confiaban la organización a esta ciudad todo marcharía bien.

Simultáneamente, también Tokio fue capaz de ir exponiendo, gradualmente y con moderación, la justificación de su propuesta, que no ha sido otra que el vínculo que ha sabido establecer entre la reconstrucción que se sigue tras el Gran Terremoto del Este de Japón y la organización de unos Juegos Olímpicos. En particular, ha llamado la atención internacional sobre la forma en que se ha aprovechado la fuerza del deporte en el proceso de recuperación tras el desastre. Así, revirtiendo a su favor la opinión de quienes todavía sienten alguna aprensión por la influencia negativa que pudiera derivarse del desastre sufrido por Japón o de la radiactividad, esa vinculación se ha transformado en una velada insinuación de que posicionándose a favor o en contra de un país, Japón, que está haciendo todo lo posible por su reconstrucción, se estaba demostrando hasta qué punto se es dueño de ese espíritu de superación que caracteriza a deportistas y atletas.

A riesgo de forzar la sonrisa que nos ha mostrado esta vez la diosa Fortuna, hay que concluir que si Tokio ha resultado vencedora en esta lid ha sido precisamente porque ha seguido la estrategia de revertir a su favor todos sus puntos flacos que aquejaban su candidatura.

(Escrito el 13 de septiembre de 2013 y traducido al español del original en japonés)

  • [11.10.2013]

Profesor invitado, Universidad Aoyama Gakuin; secretario general del Comité de Candidatura Olímpica Tokio 2020 (Tokyo 2020 Bid Committee). Nacido en 1938. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tokio y de la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge. Se unió al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1962, y sirvió como director general del Departamento de Intercambios Culturales y de la Dirección General de Asuntos Económicos, viceministro administrativo adjunto de Relaciones Exteriores y embajador en Vietnam, Corea del Sur y Francia. Ha sido presidente de la Fundación Japón desde Octubre del 2003 hasta septiembre del 2011. Entre sus obras destacan Gurōbarizumu e no hangyaku (Rebelión contra la globalización; Tyūō Kōron Shinsya, 2004).

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