La virtud japonesa a través del kabuki

Mayuzumi Madoka [Perfil]

[05.11.2013] Leer en otro idioma : 日本語 | 简体字 | 繁體字 | Русский |

Moral japonesa en la obra Ninjo banashi Bunshichi mottoi

La opinión pública mundial elogió el comportamiento de los japoneses, que demostraron poseer virtudes como la paciencia y una actitud ordenada, cuando ocurrió el Gran Terremoto del Este de Japón; las imágenes en las que se veía a los damnificados de la tragedia haciendo fila ordenadamente bajo la nieve y repartiéndose lo poco que podían proporcionar los equipos de socorro conmovieron al mundo. Desde entonces, yo no he dejado de pensar en el origen de la moral japonesa, ni de preguntarme por qué el pueblo nipón se comportó de una manera tan noble en una situación tan trágica como la de 2011.

Cuando pienso en esta cuestión, me viene a la mente la famosa obra de kabuki Ninjo banashi Bunshichi mottoi. Esta pieza narra la historia de Chōbei, un excelente yesero a quien el alcohol y las apuestas dejan sumido en deudas. La situación familiar se vuelve insostenible por estos problemas, hasta tal punto que un día de finales de año su hija Ohisa decide vender su cuerpo en el distrito rojo de Yoshiwara. Al enterarse, el yesero se adentra en el barrio del placer con la intención de recuperar a su hija; la madame del burdel donde trabaja Ohisa, por deferencia a la valentía y el amor por la familia que muestra la joven, le promete a su padre que permitirá que la chica no acepte clientes y pase a ejercer como sirvienta, con la condición de que Chōbei le devuelva antes de Nochevieja el dinero que le presta (50 ryō). En el camino de vuelta a casa, el yesero ve a un hombre que está a punto de tirarse al río Sumida a la altura del puente Azuma. Cuando le pregunta por qué quiere suicidarse, este le explica que le han robado el dinero que había recaudado de un cliente para el comerciante al que sirve y que, como no sabe qué hacer, decide ahogarse. Cuando el sirviente, Bunshichi, le explica que “morir es una forma de pedirle disculpas a su patrón”, Chōbei siente la obligación de darle el dinero que su hija ha conseguido en Yoshiwara. El sirviente regresa a casa del comerciante dispuesto a darle los 50 ryō, pero este le dice que hace ya tiempo que los tiene: resulta que el criado se los había olvidado a la entrada de la casa del cliente. El día siguiente, ambos visitan a Chōbei para explicarle lo ocurrido y devolverle el dinero. El yesero piensa que se trata de una obra del destino, y decide hacer hijo adoptivo a Bunshichi. Gracias a la mediación del comerciante, Ohisa recupera su libertad y regresa a su hogar. Posteriormente, se casa con Bunshichi y juntos abren una tienda de cordeles de papel para amarrar el pelo (motoyui en japonés). La historia concluye con un final feliz.

Perdonar sin cuestionar qué es lo correcto

Aunque los parientes de Chōbei no confían en él como cabeza de familia, no lo abandonan por nada del mundo. La madame de Yoshiwara, el comerciante y Bunshichi también comprenden la situación, y por su fuerte concepción de la obligación moral y los sentimientos humanos, tienen mucha consideración hacia los demás. En esa relación inquebrantable entre obligación moral y sentimientos se pueden observar las virtudes dignas de elogio de los japoneses de las que fuimos testigos durante el Gran Terremoto del Este. Por muy dura que sea la situación, uno pasa a un plano secundario: se tiene en consideración a los demás; se apoya al otro. Aunque uno tenga que renunciar a algo, al final todo termina con una sonrisa. No se trata de determinar si algo es correcto o incorrecto, sino de dejar las cosas en un punto ambiguo y perdonarse los unos a los otros. En ese comportamiento están presentes la fuerza y la sabiduría de los japoneses. La historia que cuenta la obra Ninjo banashi Bunshichi mottoi es posible porque cada personaje comprende la posición en la que se encuentra y asume la responsabilidad que le corresponde. Considero que uno puede encontrar tranquilidad y desahogo en la vida si respeta al prójimo y pasa sus días dando todo de sí.

El hombre y la naturaleza coexisten y se complementan

Las fuerzas de la naturaleza pueden llegar a ser extremas en el archipiélago que conforma Japón. Desde tiempos antiguos, el pueblo nipón hace frente a fenómenos naturales como los tifones, los terremotos y las erupciones volcánicas. Los japoneses los temen, de modo que rezan a diario, pero confían en el gran poder de la naturaleza para seguir adelante con sus vidas. Además, la naturaleza les recompensa. En este país, la gente es consciente de que nadie puede vivir de manera individual, y de que las personas existen como parte de un gran conjunto, que incluye a la naturaleza, en el que cada uno se complementa con el resto de formas de vida. Los japoneses nacen y crecen en un entorno dominado por esa percepción.

El Manyōshū, el cancionero más antiguo de Japón, contiene poemas escritos por la familia imperial, la nobleza, los burócratas, los militares e incluso personas de las clases populares. Muchas de las composiciones que aparecen en esta obra están plagadas de un sentido del humor que produce carcajadas. Creo que esto se debe a que los japoneses son un pueblo que sobrevive a las dificultades transformándolas en risas. La mejor manera de librarse de las amarguras y tristezas es desistir de algo, aceptar la situación, reírse y alejar los miedos; esta actitud denota madurez. En mi opinión, las historias que cuentan las obras de kabuki son un fiel reflejo de este comportamiento, y de la virtud y la moral tradicionales de Japón que guardan relación con él.

Creer y confiar en el otro, una cultura basada en el perdón

“El hecho de dejar algo sin decir es algo en sí”. Estas palabras del famoso poeta Matsuo Bashō tienen su explicación en que si uno no dice absolutamente todo lo que tiene que decir, sino que deja algo en el aire, se crea un espacio en blanco y hay cabida para la holgura. Dejar ciertas cosas sin decir significa confiar en el otro, compartir, creer en él. Todos los personajes de la obra Ninjo banashi Bunshichi mottoi que he mencionado realizan sus propios esfuerzos y, al mismo tiempo, creen y confían en los demás. De este modo, uno alcanza la paz y el orden consigo mismo. Podría decirse también que se trata de una cultura basada en el perdón. En el kabuki están presentes muchos aspectos de los que carece la sociedad actual y que, en mi opinión, son fundamentales en todo el mundo.

(Artículo del 17 de septiembre de 2013 traducido al español del original japonés)

  • [05.11.2013]

Poetisa de haiku natural de la prefectura de Kanagawa. En 2002, gana el Premio Literario Yamamoto Kenkichi con su obra Kyoto no koi. Siete años más tarde, escribe el guión de la ópera Manyōshū asukakaze hen - futakamibanka hen, estrenada en la sala Tokyo Bunka Kaikan. También es compositora, junto a Senju Akira, de la canción de apoyo a la prefectura de Fukushima Soshite, haru Fukushima kara sekai he, interpretada por primera vez en Nueva York en 2012. Desde abril de 2010 hasta marzo de 2011, ejerce de embajadora para los intercambios culturales para la Agencia de Asuntos Culturales, principalmente en París. Entre sus numerosas obras, destacan: Hikizan no bigaku mono iwanu kuni no bunkaryoku (editorial Mainichi Shinbun, 2012), la antología de haiku Teppen no hoshi (editorial Honnami Shoten, 2012), y Mankai no sakura ga mirete ureshii na hisaichi kara no ikku (editorial Basilico, 2012).

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