China: ¿una luz o una sombra para Asia?

Ogoura Kazuo [Perfil]

[28.01.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 |

Recientemente la expansión económica y militar de China ha provocado que la comunidad internacional utilice con más frecuencia las palabras “amenaza” y “disuasión”. Los países vecinos de Asia, en particular, temen el potencial expansionista de China o la auto-justificación característica de las grandes potencias. En cualquier caso, se tiende a minusvalorar un punto importante: la propia China, que ha sufrido el peso de la invasión y la ocupación en su historia reciente, se siente “amenazada” por el exterior y preocupada por su propia seguridad.

Si tenemos en cuenta esto, podríamos argumentar que más que tratar de ver a China como una amenaza y hablar de disuasión, se podría hacer un esfuerzo para mitigar la preocupación de China y ofrecerle una sensación de seguridad. Desde que China mantiene litigios territoriales con la mayoría de sus vecinos, es especialmente importante que todos los países declaren, en forma de acuerdos de no-agresión o similares, su compromiso para resolver estas disputas por la vía pacífica. La preocupación sobre la reacción en cadena que pueda derivar de un incidente militar entre China y una de sus naciones vecinas es una buena razón para establecer un marco de diálogo en torno a la seguridad regional en Asia, en el que Japón podría poner en práctica una mayor iniciativa.

El papel de China en el orden internacional

En conexión con esto, podemos plantear una cuestión esencial: ¿es China una potencia que desea poner a prueba y cambiar el orden internacional existente? Eso es lo que hizo durante gran parte del periodo de posguerra, no sólo como un líder del “Tercer Mundo” y un rebelde contra el sistema económico y político de Occidente, sino como una alternativa al socialismo liderado por la Unión Soviética.

Si Beijing continúa manteniendo una diplomacia “omnidireccional”, podemos tomar a China como un participante entusiasta del orden internacional consciente de su responsabilidad en la protección de ese sistema, y no como un rival.

No obstante, para Beijing debe resultar tentador posicionarse como el único arquitecto del orden internacional en Asia Oriental. Para acabar con la preocupación de sus vecinos asiáticos, China debería tener en cuenta de manera rigurosa las convenciones internacionales en Asia y el resto del mundo en materias tales como comercio, medioambiente, prevención de desastres, enfermedades infecciosas, Derechos Humanos y bienestar, incluyendo la seguridad alimentaria.

En relación con esto, tenemos que poner énfasis en el hecho de que las ideas de Derechos Humanos y democracia han sido inherentes a la propia civilización china y su tradición política. Debemos instar a China a que reconozca que compartir esos valores es un asunto que concierne a su propia dignidad.

Una visión de Asia

Desde la perspectiva asiática, es necesario tener en mente una expresión clave que debe ser compartida con China, y esa expresión es “responsabilidades en Asia”.

El rápido auge económico de Asia y sus derivados (cambios demográficos, problemas medioambientales, crisis alimentaria y problemas en el suministro de energía) tienen implicaciones globales. Por grande o pequeño que sea, cada país en Asia debe ceder parte de su soberanía a los acuerdos internacionales que promueven intereses compartidos. Con eso en mente, tenemos que involucrar a China más que nunca para aunar esfuerzos en pos del desarrollo de códigos de conducta internacional.

Para llevar a cabo esta tarea es esencial reconocer que Asia, incluyendo a China, debe ajustarse a la tendencia de la globalización, pero al mismo tiempo debemos recordar que el resto del mundo (fuera de Asia) tiene que ser lo suficientemente flexible para ajustarse al auge de China y Asia.

En la realización de estos esfuerzos conjuntos para este ajuste, podemos hacernos una pregunta esencial, a saber: ¿hacia dónde se dirige China finalmente? Lo que se pone en duda actualmente en Japón y el resto de Asia es la visión que tiene China de su relación con el resto del mundo, más allá de la modernización. Si queremos evitar futuros conflictos, los países de Asia necesitan establecer un marco común sobre las ideas de su propio futuro, y cooperar en el proceso de realización de esas ideas.

(Traducido al español del original en inglés escrito el 6 de noviembre de 2013)

  • [28.01.2014]

Profesor invitado, Universidad Aoyama Gakuin; secretario general del Comité de Candidatura Olímpica Tokio 2020 (Tokyo 2020 Bid Committee). Nacido en 1938. Egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tokio y de la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge. Se unió al Ministerio de Relaciones Exteriores en 1962, y sirvió como director general del Departamento de Intercambios Culturales y de la Dirección General de Asuntos Económicos, viceministro administrativo adjunto de Relaciones Exteriores y embajador en Vietnam, Corea del Sur y Francia. Ha sido presidente de la Fundación Japón desde Octubre del 2003 hasta septiembre del 2011. Entre sus obras destacan Gurōbarizumu e no hangyaku (Rebelión contra la globalización; Tyūō Kōron Shinsya, 2004).

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