Un dios que lleva zapatillas en Suzumushidera

Alexander N. Meshcheryakov [Perfil]

[12.05.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | العربية | Русский |

En el barrio de Arashiyama, en Kioto, se encuentra un templo budista querido por muchos, conocido como Suzumushidera (aunque el nombre real es Myōtokusan Kegonji). Es un templo que me encanta, y lo he visitado a lo largo de los años como peregrino, para rezar. También en invierno, cuando los árboles de su recinto y los tejados del templo se cubren de nieve, posee una belleza indescriptible.

Sermones con el hermoso sonido de los grillos

Suzumushidera es muy popular, y los visitantes forman colas interminables. Tras hacer cola con los otros peregrinos y entrar en la sala de escritura, con suelos de tatami, se descubre sobre una mesa una vitrina de metacrilato repleta de grillos, que ofrecen una refrescante melodía.

Normalmente el del grillo es un sonido que se escucha en otoño, pero en este templo se puede escuchar durante las cuatro estaciones. En este Japón donde los fenómenos naturales -la floración de los cerezos, la estación de lluvias, los tifones- se dan con regularidad debido a la influencia del monzón resulta hermoso poder disfrutar del sonido natural de estos insectos a lo largo de todo el año. Se dice que el anterior monje superior del templo investigó sobre la forma de criar grillos, y pudo conseguir que los huevos de los insectos eclosionaran a diario.

El hermoso sonido del grillo, al que los japoneses denominan suzu no mushi (“bicho-campanilla”), aparece en muchos poemas y canciones, e incluso en la famosa obra Genji monogatari (El cuento de Genji), de la escritora Murasaki Shikibu, una de las heroínas proclama que es imposible dejar de reconocer la suavidad del otoño en el canto del grillo. Cuando uno escucha ese enternecedor sonido que llega hasta lo profundo del corazón, es cuando da comienzo el famoso “sermón de los grillos” de Suzumushidera. En el templo todos escuchan el sermón con esa melodía de fondo antes de entrar.

Jizō visita a pie a los peregrinos, y les concede deseos

Otra figura famosa de Suzumushidera es Jizō Bosatsu. Según el monje superior, Jizō, como deidad guardiana que siempre concede deseos obrando milagros, es de una rapidez asombrosa, y calza sandalias de paja para poder visitar a pie a todos aquellos que están sufriendo.

Sin embargo el milagro no siempre se produce enseguida. Si uno cree que Jizō puede realmente obrar milagros y algún día se le concederá un deseo, en el caso de que se cambie de casa antes de lograr ese deseo debe visitar el templo para dejarle al santo la nueva dirección. De otro modo Jizō no podrá encontrar el lugar.

Aunque los japoneses que me rodean no muestran mucho interés al oír esta historia, a mí me impresiona. En mis creencias hay enraizado un fuerte sentido de la providencia. Dios es omnisciente, y puede verlo todo; nadie puede esconderse ante Su presencia. Dado que Dios siempre nos ve, si cometemos un pecado, aunque otros no se den cuenta, Dios lo sabe, y si hacemos buenas obras también llegan a su conocimiento con rapidez.

Un dios cargado de humanidad que recibe zapatillas como ofrenda

Por otro lado, parece que los dioses de Japón poseen otros poderes e intenciones. El sintoísmo es una religión politeista, de innumerables dioses en su panteón. Las deidades muestran personalidades basadas en la tierra a la que están asociadas, y su poder se limita a esas zonas. Dado que en Japón el budismo ha recibido una fuerte influencia del sintoísmo, muchos budas han heredado características de los dioses sintoístas. Las deidades japonesas llevan existencias más fáciles de comprender, más cercanas a los humanos. Por supuesto, siendo dioses, poseen poderes sobrehumanos, pero en comparación con el Dios de los cristianos la divinidad de los dioses de Japón es más humilde. Incluso podríamos decir que están imbuidos de afectos y humanidad.

En Suzumushidera también hay peregrinos que entregan a Jizō sandalias de paja. Entre otras cosas esto se debe a que, para conceder deseos, el santo debe visitar infinidad de sitios, y sus sandalias pronto quedan destrozadas. No obstante, hoy en día puede verse también, alrededor de Jizō Bosatsu, zapatos y zapatillas deportivas como las que se llevan normalmente en la ciudad. Seguramente el santo las utiliza lleno de ese agradecimiento tan propio de los humanos.

(Artículo traducido al español del original en ruso)

  • [12.05.2014]

Historiador, investigador sobre Japón y literato. Nacido en Rusia en 1951, y licenciado en Estudios Asiáticos y Africanos en 1973 por la Universidad de Moscú (ISSA). Máster en 1979, y doctorado en 1991. Tras conseguir la maestría trabajó durante veinte años en el Instituto de Estudios Orientales de la Academia Rusa de Ciencias. Desde 2002, investigador sénior. Posteriormente logró un puesto como profesor de Antigüedad Clásica en el Instituto Nacional Ruso de Humanidades y Letras. Fue presidente de la Asociación de Estudios Japoneses en Rusia (entre diciembre de 2003 y marzo de 2008), y editor en jefe de la revista de ensayos académicos Nihon - fude to katana no michi (Japón - el camino del pincel y la espada). Pertenece al comité editorial de la revista Tōyō korekushon (Colección oriental). Es autor de cerca de trescientos libros, y logró el Premio a la Ilustración en la categoría de Humanidades y Letras por su artículo Meiji tennō to tōji no Nihon (El Emperador Meiji y el Japón de su tiempo). Además de libros académicos ha publicado tres volúmenes de poesías y otros tres de prosa. Como traductor, ha participado en la traducción al ruso de numerosos libros, entre ellos obras de Murasaki Shikibu, Ishihara Shintarō y Kawabata Yasunari.

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