400 años de un encuentro clave para las relaciones entre Japón y España

Chino Keiko [Perfil]

[20.06.2014] Leer en otro idioma : 日本語 |

Posiblemente las celebraciones del Año Dual Japón-España, con las que conmemoramos en 2013 los 400 años del viaje de la Misión Diplomática Keichō a Europa encabezada por el samurái de Sendai Hasekura Tsunenaga, sean el primer paso para dar un giro en unas relaciones bilaterales que no podrían calificarse como estrechas.

Esta es la impresión que tuve al asistir en marzo de 2014 a uno de los actos de este Año Dual, el congreso Japón y Occidente: el patrimonio cultural como punto de encuentro, organizado en Sevilla por la Asociación de Estudios Japoneses de España (AEJE).

Sorpresa e interés ante el gran número de jóvenes investigadores de Japón

Simposio celebrado en un salón de Coria del Río en el que se conservan documentos relacionados con la embajada Keichō.

Empezaré refiriéndome al éxito que tuvo el congreso, que logró reunir en la misma sala a más de cien investigadores de Japón, incluyendo algunos venidos del extranjero, durante tres días. En este grupo tan variado encontramos desde figuras destacadas de la japonología como el autor de El Arte de Japón (Summa Artis), Fernando García Gutierrez, y el presidente de la asociación y experto en haiku Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gávala, hasta estudiantes de instituto que no mostraron reparos en reconocer su afición por los Pokémon. Entre los asistentes de otros países el congreso contó con estudiosos de países de habla hispana así como japoneses que mostraron su disposición a crear una red global de investigadores de Japón.

La directora del evento, Anjhara Gómez Aragón, explicó que hasta 90 personas habían presentado comunicaciones “hasta poco antes de la fecha límite de inscripción”. Por este motivo el tiempo de exposición se limitó a 10 minutos tanto para los veteranos investigadores como para los investigadores noveles. Haiku, literatura, ukiyo-e, arquitectura, cine, anime, manga, shōrinji-kempō, turismo… Todos presentaron diferentes temas utilizando diapositivas y Powerpoint, y aunque la forma en la que se ejecutaron las sucesivas presentaciones fue muy distinta a la que solemos ver en otro tipo de congresos, la multitud de investigadores jóvenes y la pasión que mostraron al hablar de Japón alimentaron las expectativas sobre lo que está por venir en el mundo de la japonología.

Yo, que ni siquiera soy investigadora de lo español, fui invitada con antelación a este congreso, lo que sin duda demuestra el fervor que tienen por Japón. En esta ocasión uno de los miembros de este encuentro decidió invitarme al leer la columna Kizuna motomeru Hapon to Nihon (El vínculo entre los Japón y Japón) que escribí hace dos años para Sankei Shimbun y que publiqué en mi libro Joseikisha (Reportera) con motivo de mi visita a España.

En la columna presentaba cómo los que se dice que son descendientes de los miembros de la embajada Keichō que no volvieron a su país, que hoy llevan el apellido “Japón” y viven en Coria del Río, un pueblo en los alrededores de Sevilla que fue uno de los puntos de conexión de la misión diplomática, habían llegado a crear la Asociación Hispano-Japonesa “Hasekura Tsunenaga”, entre otras iniciativas para profundizar sus vínculos y sus pensamientos hacia Japón.

¿Por qué hablé del tsunami de Sanriku, ocurrido hace 400 años?

En su último día, el congreso se trasladó a Coria del Río, donde tuvo lugar el simposio Cuatrocientos años de la Embajada Keichō: Japones y japoneses tras una visita a la estatua de Hasekura que hay erigida en un parque y a la misma ciudad. Además del moderador, entre los tres ponentes que participaron aparte de mí, dos llevaban el apellido Japón, por lo que parecía un desfile de Japones. A pesar de que las ponencias versaron fundamentalmente sobre la Embajada Keichō y el apellido Japón, yo ofrecí una charla titulada “Reflexionando sobre la Misión Diplomática y el tsunami de Sanriku en la era Keichō”, que resumo a continuación:

Aunque el Gran Terremoto del Este de Japón ha ocurrido dos años antes de este IV centenario, casualmente dos años antes del envío de la embajada también tuvo lugar el Terremoto de Sanriku de 1611, que generó un gran tsunami que dejó a su paso grandes daños. En la Biblioteca Nacional de España se guarda el testimonio que dejó el embajador del Virrey de México y explorador español Sebastián Vizcaíno, que estuvo presente cartografiando el lugar, y que regresó junto a la misión 400 años después, este hecho es para los habitantes de Tōhoku algo más que una simple casualidad.

En su relato, Vizcaíno resalta y agradece el amable trato hacia los visitantes al tiempo que es testigo de las penalidades que sufren las familias y los hogares que han sido víctimas del desastre. Es emocionante el relato de cómo en el siglo XVII ya estaba arraigado en la región de Tōhoku el espíritu de la hospitalidad japonesa, siempre presente en el trato y el respeto a los invitados sea cual sea la circunstancia. Ese testimonio ha vuelto a cobrar importancia con el Gran Terremoto del Este de Japón, y de hecho se presenta junto a la experiencia de Vizcaíno en una sección explicativa sobre el el tsunami de Sanriku que se ha creado en el renovado museo de la Embajada Keichō en Ishinomaki, una localidad cercana al puerto desde el que Hasekura partió en la nave San Juan Bautista. En nosotros recae la importante tarea de transmitir el patrimonio histórico con ocasión de este IV centenario y del Gran Terremoto del Este de Japón.

Además es interesante el punto de vista que sostienen muchos investigadores, empezando por el director del museo Hamada Naotsugu, por el que el señor feudal de Sendai, Date Masamune, habría enviado la Embajada Keichō rezando por la reconstrucción y recuperación tras el tsunami de Sanriku. Creo que es verosímil si observamos el esfuerzo que están haciendo los habitantes de Tōhoku en las labores de reconstrucción.

Por último, en comparación con Occidente, en Japón se producen muchos desastres naturales, como terremotos, tsunamis o tifones. Sin embargo no le damos por ello la espalda a la naturaleza, sino que de la admiración por la misma ha nacido una mentalidad de aceptación. Terada Torahiko, el científico que sentó las bases de la sismología japonesa, describe la percepción que tienen los japoneses de la naturaleza con las palabras tennen no mujō (la transitoriedad del mundo natural). 

La importancia del ánimo reconstructor que sentí en España

Los investigadores se hacen una fotografía de recuerdo frente a la estatua de Hasekura Tsunenaga situada en un parque a la orilla del río Guadalquivir, donde desembarcó la misión diplomática.

El motivo por el que decidí centrarme en el tsunami de Sanriku fue porque deseo que no se olvide el Gran Terremoto del Este de Japón, y por mi sentimiento de gratitud hacia la ayuda recibida. En la catedral de Sevilla también se celebró una misa por las víctimas del terremoto del 11 de marzo, y en Coria del Río cada año tiene lugar una ceremonia de oración ante la estatua de Hasekura. Me alegré al saber que mi presentación tuvo una buena acogida, en parte gracias a un magnífico intérprete de japonés.

“Para mí, que nací en Fukushima, ha tenido un significado especial”, me confesó un japonés residente en Sevilla. Me conmovió escuchar cómo le desconsolaba ver que en los informes que llegaban de Japón sobre la reconstrucción se descuidara la parte psicológica del desastre, y que destacara sobre todo la información económica y aquella referida a la construcción de obras públicas. Por supuesto para la reconstrucción son necesarios bienes y dinero. Sin embargo no se puede menospreciar el aspecto psicológico, es decir, el ánimo reconstructor.

La “admiración”, motivación para aprender japonés

El príncipe heredero Naruhito, como presidente honorario por la parte japonesa en el Año Dual, charla con el 13.º cabeza de familia de los Hasekura, Hasekura Takashi, durante su visita a Madrid para la inauguración de una exposición sobre Hasekura Tsunenaga. (Fotografía: Jiji Press)

En este IV centenario hay otra cosa que también me ha producido una honda impresión. Mientras que las razones que mueven a los españoles a estudiar otro idioma es el trabajo en el caso del alemán y el futuro (trabajo) en el caso del chino, en el japonés es la admiración.

Con el bajo crecimiento económico de Japón, y teniendo en cuenta que la realidad es que por lo que respecta al trabajo el chino es ahora el idioma más ventajoso, que les motive esta admiración genuina, aunque pudiera tratarse hasta cierto punto también de un hermoso malentendido, es algo que me alegra.

Esto es algo que se yuxtapone con la variedad de temas y el ambiente que hubo en el congreso del que he hablado al comienzo de este artículo.

Este IV centenario de las relaciones entre Japón y España llegará pronto a su fin. Espero que Japón se convierta en un país que no traicione la admiración de los españoles a partir del año 401 de estas relaciones diplomáticas.

(Traducido al español del original en japonés escrito el 4 de junio de 2014. Fotografía del encabezado realizada por la autora del texto)

 

  • [20.06.2014]

Nacida en Yokohama, en 1967, se graduó por la Universidad de Waseda e ingresó en la plantilla del periódico Sankei Shimbun. Tras pasar por el Yūkan Fuji y trabajar como corresponsal en Manila, ocupó los cargos de directora de la delegación en Nueva York, directora del Departamento Exterior, miembro del Comité Editorial, entre otros. Entre 2005 y 2008 fue directora del Comité Editorial. Actualmente, es miembro invitado del Comité Editorial. En 1997 recibió el Premio de Periodismo Internacional Vaughn-Ueda por su trabajo sobre el Sudeste de Asia. En septiembre de 2015 publicó Nihon wa ASEAN to dō tsukiau ka: Beichū kōbō jidai no shinsenryaku (¿Cómo enfocar la relación con ASEAN?: Una nueva estrategia para una época de antagonismo chino-estadounidense; Sōshisha). Es también autora de Josei kisha (La mujer periodista; Sankei Shuppan) o Naze dokusai wa nakunaranai no ka (Por qué no desaparecen las dictaduras; Kokudosha), entre otras obras.

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