Las burlas machistas en la Asamblea de Tokio: conflicto diplomático y crisis nacional

Mamiya Jun [Perfil]

[04.07.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية |

Disculpas que no ahondan en la gravedad del problema

El incidente de las burlas machistas que tuvo lugar en la Asamblea Metropolitana de Tokio se desarrolló de la siguiente forma. En la sesión del 18 de junio la diputada del Minna no tō (Partido de Todos) Shiomura Ayaka (35 años) discutía el problema de la baja tasa de fertilidad femenina proponiendo medidas para las mujeres con problemas de concepción, cuando desde las filas de los diputados del Partido Liberal Democrático saltaron varios abucheos de carácter machista como “¡Cásate ya!” y “¿Es que no puedes tener hijos?”. El 23 de junio el Partido Liberal Democrático al fin reveló que el autor de los comentarios había sido su diputado Suzuki Akihiro (51 años). Suzuki reconoció su culpa ese mismo día y, tras disculparse personalmente ante la diputada Shiomura, abandonó su grupo parlamentario. No obstante, Suzuki no dimitió de su cargo de diputado. Además al día siguiente, el 24 de junio, el primer ministro y presidente del Partido Liberal Democrático Abe Shinzō emitió una disculpa al representante del Minna no tō Asao Kei’ichirō en la Dieta.

Según la prensa, al principio el Partido Liberal Democrático se mostró reacio a identificar al autor de los comentarios, y el propio diputado Suzuki negó su autoría. La intensa crítica y la presión externas que recibieron durante los cinco días siguientes acabaron desencadenando la disculpa. Mejor hubiera sido empezar por ahorrarse una intervención que requiere una disculpa a posteriori, pero la cuestión aquí es que la gestión posterior del incidente demuestra que ni el autor ni sus compañeros asamblearios acaban de comprender qué problema presenta ese tipo de comentarios. Según declaró el propio Suzuki: “Me refería a la necesidad de casarse pronto ante la actual situación de baja fertilidad y retraso de la edad para contraer matrimonio. No tenía la intención de ofender a la diputada Shiomura”.

En mi opinión este incidente pone de manifiesto un problema gravísimo que tiene Japón: que el autor no entienda qué hay de malo en sus palabras y que crea que la cuestión es si tenía la intención de ofender o no.

El punto en común con el “problema de las mujeres de confort”: la falta de respeto por los derechos humanos

El incidente de la Asamblea de Tokio es un caso paradigmático de un tipo de metedura de pata que cometen a menudo los japoneses que superan cierta edad, sean hombres o mujeres. Y el ejemplo más grave de estos desatinos en los últimos años es el revuelo internacional que ha levantado el “problema de las mujeres de confort”. Este conflicto histórico entre Japón y Corea del Sur gira alrededor de la visión sobre los prostíbulos establecidos por los japoneses en territorio bélico durante la Segunda Guerra Mundial, con un bando que sostiene que se trataba de prostitución legal y el otro, de violaciones en masa. Los detalles del conflicto pueden consultarse en la abundante bibliografía relacionada, pero en este caso el problema no son los hechos sucedidos en tales escenarios.

En 2007, durante la primera administración que lideró Abe Shinzō, el primer ministro pronunció una declaración que encendió la mecha del conflicto: “Sí existió una imposición en un sentido amplio (la de establecer contratos con las ‘instalaciones de ocio’), pero no hubo ninguna imposición en el sentido estricto (por parte del ejército)”. La declaración de Abe venía a rebatir la postura surcoreana, que insistía en esa “imposición por parte del ejército”, alegando que los hechos se desarrollaron dentro del sistema de prostitución legal anterior a la guerra. Sin embargo, esas palabras provocaron un escándalo magno en la comunidad internacional, en especial en Estados Unidos.

Si nos limitamos a revisar los hechos, hasta donde yo sé, la declaración de Abe se adecua a la verdad. Sin embargo, en el momento en que esa “imposición en un sentido amplio” contiene un matiz que la exculpa, se convierte en una forma de huir de un problema de derechos humanos trivializándolo como un problema de género. Además, el argumento puede interpretarse como una apología de la prostitución legal.

Aunque en Japón hay todavía muy poca concienciación sobre el problema, desde el punto de vista de las mujeres ese sistema de prostitución legal —es decir, regulada por el Estado— del que Abe habló como si no supusiese ningún problema constituye la peor forma existente de tráfico de personas. Independientemente de si el ejército está implicado o no, la prostitución legal es un sistema público de tráfico de personas y un símbolo de la violación de los derechos humanos de las mujeres. A pesar de que en todas las culturas se haya atribuido ese rol social a las mujeres en el pasado, hoy en día se trata de un sistema de discriminación que debe condenarse absolutamente. La aceptación de tal sistema por parte de un primer ministro supuso para Japón una herida que sigue sin cerrarse, por más que en 1958 Japón lograse ilegalizar la prostitución en el resto de los países asiáticos en un tiempo récord.

“¿Pero qué es eso de la teoría de género?”

Por poner un ejemplo reciente, hace poco surgió cierta polémica en torno a un artículo que analizaba la película de Disney Frozen (Frozen: Una aventura congelada en Latinoamérica y Frozen: El reino del hielo en España) desde el punto de vista de las cuestiones de género y criticaba el estilo de vida de varias mujeres japonesas. En realidad el artículo se dio a conocer por haber sido rechazado por una publicación mensual de mucha solera.

Leí el artículo para ver a qué se debía tanto revuelo, pero todo lo que encontré fue un análisis psicológico y narrativo al más puro estilo junguiano. En la historia analizada la protagonista, cuyo potencial fue refrenado por el bien de una hermana mayor con poderes mágicos, resucita gracias al amor de dicha hermana. En su análisis de la historia el artículo interpreta a los personajes de las hermanas como el símbolo de las dos facetas de una misma personalidad. La protagonista (hermana menor), que había inhibido su potencial ante la presión social por “comportarse como una mujer (como una niña)”, logra la plenitud de su personalidad al hacer las paces con su hermana mayor, que utiliza sus capacidades libremente y representa la “sombra” de su propia personalidad. Se trata de un argumento calcado al de los Cuentos de Terramar, basados en la obra de la novelista feminista Ursula K. Le Guin.

Se rumorea que en el mundo editorial hubo problemas porque se criticó el comportamiento de una mujer estrechamente relacionada con la familia imperial y el Gobierno, pero la realidad solo la conocen los protagonistas de la historia. Lo que sí es cierto es que incluso en los medios de comunicación japoneses se considera tabú criticar a personas poderosas desde los estándares tradicionales represivos del rol de la mujer.

La idea de que la convención social de lo “femenino” es una forma de coerción hacia la mujer y de que su imposición constituye una violación de los derechos humanos está ampliamente aceptada en el mundo occidental. Ese es el punto de vista básico de la teoría de género. Sin embargo, en la sociedad japonesa esta idea prácticamente no tiene lugar. Es más, en Japón declaraciones del estilo “las mujeres deben casarse y tener hijos” pueden pronunciarse sin tapujos incluso delante de una asamblea parlamentaria. Y no solo eso: a ojos de la comunidad internacional Japón es un país que no condenó la prostitución, que es ni más ni menos la peor violación de los derechos humanos de las mujeres.

¿Valores comunes?

Por supuesto que la actual administración Abe se está enmendando. Tanto el primer ministro como el secretario del gabinete se aseguran de dejar bien clara su postura sobre los derechos humanos de las mujeres antes de responder a las presiones sobre el “problema de las mujeres de confort”.

Se nota que las críticas emitidas por la comunidad internacional hasta la fecha han calado hondo. Hace pocos años se puso de moda el término “diplomacia de valores”, motivado por los violentos cambios en el entorno de seguridad de Asia Oriental, pero la declaración de Abe sobre la polémica de las mujeres de confort lo hizo del todo inviable. Y es que, antes de entrar a discutir sobre la democracia, ¿cómo van a querer los aliados compartir un sistema de valores con un país al que consideran insensible respecto a los derechos humanos? Las declaraciones de 2007 hicieron que los diplomáticos de Japón se echaran las manos a la cabeza, porque incluso representantes estadounidenses de las relaciones diplomáticas y de seguridad mutua como la republicana Condoleezza Rice y la demócrata Hillary Clinton se declararon “furiosas” ante las palabras de Abe.

La polémica de los comentarios discriminatorios en la Asamblea Metropolitana de Tokio llegó en un momento especialmente inoportuno. El 20 de junio, dos días después del incidente, el Gobierno publicó en la Dieta el informe de la investigación sobre la llamada “Declaración de Kōno”, un discurso emitido en 1993 por el entonces secretario del gabinete Kōno Yōhei sobre los hechos relativos al problema de las mujeres de confort de la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, los adeptos al partido gobernante externos a la esfera del Gobierno siguen reduciendo el problema de las mujeres de confort a un mero conflicto histórico y repitiendo las mismas menciones y acusaciones de siempre. Para Japón, no obstante, la parte más grave del problema no es esa, sino el conflicto de derechos humanos con Estados Unidos. 

La investigación publicada el 20 de junio fue una tarea bastante delicada que se llevó a cabo con el fin de aliviar la tensión provocada tanto por la presión de los detractores más acérrimos dentro de Japón como por las críticas de Estados Unidos. El incidente que se produjo en la Asamblea de Tokio justo antes de anunciar los resultados de la investigación, en la línea de la tradicional ignorancia japonesa en cuestiones de género, no fue más que un lastre para el Gobierno, y podemos imaginar que hubo un buen tira y afloja hasta la emisión de la disculpa.

El problema persiste a pesar de las disculpas

A pesar de las disculpas emitidas, cuesta creer que en un futuro no se vuelvan a producir incidentes similares ya que, tal y como se infiere del contenido de la disculpa, existe el convencimiento de que decir cosas como “tú lo que tienes que hacer es casarte y tener hijos” no es una forma de ofensa. Ese tipo de comentarios no son ofensivos. El problema es que son discriminatorios. El problema está en el desprecio que supone imponer los valores tradicionales a las mujeres que ocupan cargos públicos y en la total falta de conciencia con la que se perpetúa dicha ofensa. Y es esa falta de conciencia la que indica que es muy posible que se repitan incidentes como el de la declaración de Abe sobre las mujeres de confort o el de las burlas machistas en la Asamblea de Tokio.

Incluso hay mujeres japonesas con posiciones de poder que han defendido que “se trata de los valores de la sociedad japonesa, y el resto de los países no tienen por qué meter baza”. No obstante, si partimos de esa postura no tendremos derecho a quejarnos cuando nos respondan “es una cuestión de valores decidir si queremos aliarnos o no con países que no comparten el importante concepto de los derechos humanos de nuestra sociedad”. Si los “valores comunes” son una política ideológica para forjar alianzas con otros países, no podemos más que pensar que el incidente de la Asamblea de Tokio es un conflicto diplomático de la categoría de una crisis nacional.

Fotografía de la portada: La diputada Shiomura Ayaka rompe a llorar tras recibir burlas discriminatorias en el turno de preguntas de la Asamblea Metropolitana de Tokio. (Fotografía cedida por Nikkan Sports/Aflo)

  • [04.07.2014]

Nacido en Osaka en 1959. Miembro del comité editorial de Nippon.com. Editor en jefe de Chūō Kōron Shinsya. Ex editor en jefe de la revista trimestral Kinyū Bizinesu (“Negocios financieros”) de la editorial Tōyō Keizai Shinpōsha y de la revista mensual Chūō Kōron.

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