AKB48, Momoiro Clover Z, Hashimoto Kanna y los consumidores de la cultura “Idol”

Uno Tsunehiro [Perfil]

[02.09.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | العربية | Русский |

Hashimoto Kanna, símbolo del fenómeno de las “idols locales”

El comité editorial de nippon.com me pidió que uniera dos conceptos en un artículo: “Hashimoto Kanna, una idol de las que solo aparecen una vez cada mil años”, y “A los cuarentones les gustan las idols” (en Japón se usa el término inglés idol -pronunciado aidoru– para referirse a jóvenes, en su gran mayoría chicas, que alcanzan la fama en los medios de comunicación por su belleza). Sin embargo no me fue posible lograr esa unión de conceptos. ¿Por qué hablar de Hashimoto Kanna? ¿Por qué hablar de los cuarentones?

Yo mismo soy aficionado a las idols, pero no creo que Hashimoto Kanna sea el símbolo de ese mundo. De ser símbolo de algo, lo sería de lo que se denomina el “fenómeno de las idols locales”. A finales de la primera década del milenio, y arropado por la comunidad de los aficionados en Internet, comenzó el auge de lo que se denomina live idol, fenómeno que concentra las actividades de las idols en el directo (conciertos, akushukai -apariciones en público para dar la mano de los fans-, etcétera), a diferencia de la llamada “exposición mediática” de costumbre, y a finales de la década de 2000 se fundó AKB48, el símbolo social que dio vida al boom del live idol.

De entre todas esas chicas hay un gran número de idols que se mueven en los circuitos locales de conciertos fuera de la zona de Tokio, en cada región, y cuentan con un gran seguimiento. Se podría decir que Hashimoto, que se hizo repentinamente famosa en Internet el año pasado gracias a una única fotografía subida, que incluso llegó a aparecer en la portada de una famosa revista para mujeres, es un ejemplo de este tipo de idols (Hashimoto Kanna es miembro de Rev. from DVL, un grupo fundado en Fukuoka).

Apreciar el “teatro de la vida” de una miembro por Internet

Sin embargo, no es creíble que Kanna represente por sí misma ese símbolo del fenómeno de las live idols, porque este es un fenómeno paralelo al de los grupos de idols. Sean AKB48 o Momoiro Clover Z, sean grupos con unas pocas integrantes o con cientos de ellas, los aficionados apoyan a sus favoritas, y consumen el drama que conforman las relaciones humanas que van surgiendo entre ellas. Este boom actual de las idols se sostiene por lo interesante que resulta la apreciación directa de esas relaciones interpersonales en el teatro de la vida, tanto a través de conciertos como mediante Internet, y no solo a través de revistas o una única vez por televisión, como ocurría antes.

Bajo ese punto de vista, se podría decir que es imposible que Hashimoto represente a las idols cuando ni siquiera ha dado que hablar el grupo al que pertenece. Por ejemplo, ella cuenta con 70.000 seguidores en Twitter. Si consideramos que hay muchas miembros que no logran superar el proceso de elección de AKB48 (es decir, que están por debajo del puesto 80) y cuentan con más de 100.000 seguidores, está claro que el resultado de esa “foto milagrosa” (la imagen de Hashimoto bailando en uniforme que se extendió, como ya he comentado, en 2013) no representa una popularidad tan sustancial como podría pensarse.

Las diferencias entre el grupo de “estar por casa” y los aficionados “profundos”

La otra parte de la ecuación son los cuarentones. El encargo de la editorial consistía en investigar la diferencia generacional (los aficionados a las idols son hombres de unos cuarenta años, con una cierta holgura económica, pero quizá los aficionados de veinte no puedan permitirse el lujo de seguirlas), y en ese sentido hay una consideración interesante sobre lo que esto refleja de una vertiente de la sociedad japonesa. El número de veinteañeros y de cuarentones representa una imagen de la que no es posible sacar conclusiones, pero como aficionado a las idols es un problema que conlleva una realidad en sí misma. Por tratar de buscar una conclusión, yo diría que los aficionados de pocos recursos económicos (entre los que hay muchos jóvenes) hacen todo lo posible para poder seguirlas.

Un aficionado puede gastar solo unos pocos miles de yenes al mes en sus actividades, viendo los vídeos de las actuaciones de las integrantes, disfrutando de los mensajes en las redes sociales y limitando su participación en conciertos y akushukais. Es un estilo que se denomina “de estar por casa”. Por oposición son mucho más mayores en comparación aquellos aficionados que poseen un acicate más profundo y participan con entusiasmo en eventos como, por ejemplo, los conciertos locales o los akushukais, de forma semanal.

Es difícil explicar los matices a las personas que no asisten a los conciertos o los akushukais, pero por ejemplo hay aficionados que asisten a un akushukai de AKB48 y reservan entre una y tres entradas para el evento (algo que para los fans equivale a un “nivel intermedio” de compromiso), y aquellos que reservan más de diez entradas y, para no perder el tiempo se dividen entre las filas de espera para diversas integrantes (como aficionado, yo estoy en algún punto intermedio entre esos dos grupos). Y creo que los aficionados de treinta años o más, como yo, son parte casi en su totalidad de ese segundo grupo, con más recursos económicos. En especial, en ese grupo se encuentran quienes comenzaron a interesarse por el fenómeno de las idols durante el boom de los ochenta, hombres vigorosos de más de cuarenta años que nos enseñan algo día a día.

La clave del márketing es la “nueva generación baby boom

Aún no está claro si este estado de las cosas muestra realmente una faceta de la sociedad japonesa. Pero viéndolo desde mi perspectiva como especialista en subcultura, se han dado casos parecidos en otros géneros. En otras palabras, podríamos decir que la clave del asunto consiste en esos cuarentones, la “nueva generación baby boom”, que representan la última gran masa demográfica en generar un mercado de alto nivel como resultado de la diversificación de los medios, el exceso de información y la tasa de natalidad en declive.

Esto no se limita a la cultura de las idols, sino también a la del anime o los videojuegos; es una tendencia a ampliar hacia géneros no muy caros, que hasta ahora se habían considerado orientados a adolescentes. Por ejemplo, la serie Kidō Senshi Gundamu (Mobile Suit Gundam) lleva más de diez años centrada en las nuevas obras de animación y la venta de juguetes y productos destinados a esa “nueva generación baby boom”, que inicialmente fue bautizada como la generación del boom del primer Gundam.

Aunque se trata de un género diferente, también se puede apreciar esta doble estructura entre los usuarios de Tabelog, una página de Internet dedicada a la crítica de restaurantes. Los usuarios veinteañeros que usan esta página para buscar información son comparativamente más numerosos, pero aquellos que realmente pasean hasta los restaurantes y escriben reseñas son hombres con medios, de esa nueva generación baby boom o más mayores; los usuarios que responden en esta página al material publicado en una revista para la que trabajo como editor se han mostrado de acuerdo al respecto.

Una cultura que paga la generación de mediana edad y disfrutan gratis los jóvenes

Es decir, que lo que se nos presenta aquí es, creo, una cultura post Internet que valora los contenidos como provistos de un valor monetario casi nulo, pero por otro lado cuando busca modelos de negocios que se adapten al uso de la ubicuidad de los medios de Internet y las técnicas de márketing con especial cuidado en los detalles, no son los jóvenes, la llamada “generación de Internet”, la clave del asunto, sino aquellos de más de cuarenta años, que no escatiman dinero en contenidos y que llevan calada en el cuerpo la cultura del Japón de finales de la era Shōwa. En suma, son muchos los géneros que apoya económicamente la generación de mediana edad y consumen gratis los jóvenes.

Es complicado decidir si esto consiste en un movimiento económico nuevo en los mercados, provechoso en términos políticos, o un envejecimiento deplorable de la subcultura japonesa. Personalmente este escritor piensa que se debe fomentar este mercado, y buscar nuevos escenarios que utilicen con habilidad la diversificación y el desarrollo de los géneros.

(Artículo escrito el 1 de julio de 2014, y traducido al español del original en japonés)

Foto del título: Hashimoto Kanna, miembro de Rev. from DVL, grupo de idols de baile y canción (imagen cortesía de Jiji Press)

 

  • [02.09.2014]

Crítico social y redactor jefe de la revista Planets. Nace en 1978. Es autor de Zero-nendai no sōzōryoku (La imaginación de la generación del nuevo milenio), Ritoru pīpuru no jidai (La era de la “little people”), y Nihon bunka no ronten (Cuestiones en torno a la cultura japonesa). Es además coautor de Konna Nihon wo tsukuritai (Quiero construír este Japón). Es profesor adjunto de cultura pop en la Universidad de Kioto Seika.

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