El azul Hokusai, nuevo talismán para la selección japonesa

Yanagisawa Takeshi [Perfil]

[28.10.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 |

Una selección desorientada

La selección de fútbol que representó a Japón en la Copa Mundial de la FIFA de 2010, celebrada en Sudáfrica, lo hizo con una estrategia defensiva que le permitió colarse entre los 16 primeros. En el Mundial de Brasil celebrado este año, en cambio, adoptó una estrategia de ataque que le reportó un empate y dos derrotas, siendo eliminada en la fase de grupos. 

El seleccionador nacional de Japón, Javier Aguirre, durante una rueda de prensa en octubre. (Fotografía: Cortesía de Jiji Press)

Posteriormente, en sustitución del italiano Alberto Zaccheroni tomó posesión del cargo de seleccionador nacional el mexicano Javier Aguirre. Con los partidos del 5 y 9 de septiembre de 2014 Aguirre dio inicio a una nueva etapa al frente de la selección japonesa, a la que deberá conducir hacia la Copa Mundial Rusia 2018. Sin embargo, la sensación es la de que la selección de Japón ha perdido el rumbo. Tienen técnica y una defensa disciplinada, pero su falta de velocidad, estatura y fuerza resulta determinante. ¿Qué estrategia debe adoptarse para poder luchar en competiciones internacionales? Hoy por hoy la selección no tiene respuesta a esta pregunta.

El seleccionador es una pieza importante, pero cambiar esa pieza no garantiza que el equipo vaya a ganar. Las carencias están a la vista de todos: necesita buenos delanteros, defensas centrales y arqueros, pero no hay mucho donde elegir.

Una lealtad al equipo que puede convertirse también en un defecto

La principal virtud de los futbolistas japoneses es la lealtad al equipo. Jugadores egocéntricos los hay pocos y, en general, todos cumplen la función que se les asigna. Pero esto puede convertirse también en un defecto, porque muchos son incapaces de tomar decisiones instantáneas por sí mismos.

No hay delanteros que corran a ocupar una posición que no sea la que le corresponde en la pizarra, ni defensas centrales que corran a atajar un disparo abandonando momentáneamente su marca, ni porteros que sepan salir a tapar un hueco en la línea defensiva aunque sea a costa de dejar desamparada la portería.

Los defectos del fútbol japonés son, ni más ni menos, los defectos de los japoneses. En Japón hay un refrán que dice que el clavo salido recibe el martillazo. Repetir un comportamiento diferente al del resto acarrea críticas y finalmente la exclusión. El mensaje implícito es que hay que ver bien lo que hacen los demás y compenetrarse con ellos.

Geográficamente, Japón es una estrecha franja insular en la que, además, el 70 % del territorio está cubierto de bosques. Los japoneses han venido trabajando pacíficamente su escasa tierra en un país rodeado de mar y protegido de las incursiones extranjeras. Aquí siempre han gustado las personas que saben armonizar con el prójimo y disgustado las que hacen alarde de una excesiva originalidad. Carentes de un ego excesivamente fuerte, es lógico que muchos japoneses flaqueen en el frente de combate y, en el fútbol, ante la portería contraria. Antes de plantearse cómo hacer frente al enemigo, Aguirre tendrá que afrontar esta forma de ser de los japoneses.

Falta de liderazgo en la Asociación de Fútbol de Japón

Un problema todavía mayor es el que afronta la Asociación de Fútbol de Japón. Tras la retirada de Kawabuchi Saburō, un personaje de valor legendario considerado el padre de la liga profesional, en el fútbol japonés se echa en falta un verdadero líder. No hay nadie con convicciones que sepa llevar los ideales a la práctica.

Hara Hiromi, que hace cuatro años, como jefe de la Comisión Técnica y encargado de fortalecer el equipo japonés, fue quien contrató a Zaccheroni, no se ha responsabilizado en absoluto de la debacle japonesa de Brasil. Ha sustituido a Zaccheroni por Aguirre y ha colocado a Shimoda Masahiro, que podríamos considerar su delfín, en el puesto que ocupaba él mismo al frente de la citada comisión. Estas decisiones se toman sin determinar previamente quiénes son los responsables de la situación, una costumbre muy japonesa.

¿Qué expresa el samurai blue del uniforme japonés?

La falta de ideales que aqueja al fútbol japonés tiene su plasmación en el uniforme que defienden los jugadores.

El nombre de samurai blue comenzó a usarse hace poco, pero el uniforme en sí ha tenido el azul como color dominante desde los años treinta del siglo pasado.

Según explica Gotō Takeo en su meritoria obra Nihon sakkaa-shi – Nihon daihyō no 90-nen (“Historia del fútbol japonés: 90 años de selección”; Futabasha, 2007), el origen del samurai blue hay que buscarlo en el tono suave de azul que lucía el uniforme del equipo de la Universidad Imperial de Tokio (actual Universidad de Tokio), que representó a Japón en los Juegos del Extremo Oriente de 1930, celebrados en la capital japonesa. La tonalidad del azul se ha hecho más intensa durante los últimos años hasta convertirse en el azul marino que vemos en el uniforme actual.

Las selecciones francesa e italiana tienen cada cual su azul propio y característico. Incluso observando el partido desde la parte más alta de la tribuna es posible distinguir perfectamente ambos tonos. Los colores nacionales no pueden prestarse nunca a confusión.

Pero, por lo visto, el principio no afecta a la selección japonesa, que dispone de un nombre para su azul pero no de un azul para su nombre. Por irrisorio que pueda parecer, la Asociación de Fútbol de Japón no es capaz de establecer un color oficial.

El béisbol, deporte predilecto de los japoneses

Contemplando la historia del deporte profesional japonés, el béisbol aparece como deporte rey durante largos años. La NHK, radiotelevisión pública de Japón, viene retransmitiendo íntegramente los 48 partidos que componen el torneo de béisbol de bachillerato que se celebra cada año, en primavera y en verano, en el Kōshien, campo del club Hanshin, situado en la ciudad de Nishinomiya (prefectura de Hyōgo). A efectos de este torneo, el territorio nacional se divide en 47 áreas que corresponden a las 47 prefecturas (provincias) del país, y en cada área se televisan también muchos de los partidos de la fase clasificatoria regional. Y no es solo el béisbol juvenil el que atrae las miradas. Las ligas universitarias, y las que enfrentan a equipos formados por empresas en distintas ciudades gozan también de muchos espectadores. 

El béisbol profesional disfruta, lógicamente, de una inmensa popularidad. 12 equipos compiten en dos ligas independientes, cuyos campeones se miden cada otoño en la serie de partidos llamada Nippon Series. El nivel de los jugadores es, como corresponde, notablemente alto, y si exceptuamos las Grandes Ligas norteamericanas, no hay duda de que el año beisbolístico japonés, con sus 144 enfrentamientos, luce a la mayor altura del mundo.

Los japoneses tienen una fuerte preferencia por este deporte.

El béisbol japonés se ha desarrollado estableciendo fuertes vínculos con los periódicos, la radio y la televisión. La encargada de organizar las competiciones juveniles de la primavera es la empresa periodística Mainichi Shimbun, quedando las del verano en manos de otro periódico, el Asahi Shimbun. En ambos casos la Federación Japonesa de Béisbol de Bachillerato actúa como coorganizadora.

El Yomiuri Giants, el mayor y más poderoso de los clubes profesionales japoneses durante toda la historia de este deporte, es propiedad, como su nombre indica, del periódico Yomiuri Shimbun. La cadena de televisión Nihon TV, que pertenece al grupo empresarial Yomiuri, retransmite en exclusiva los partidos que el club juega en casa.

Mainichi, Asahi y Yomiuri son los tres principales periódicos de circulación nacional de Japón y su influencia sobre otras muchas cadenas de radio y televisión es muy grande. Con estos padrinos, el béisbol ha tenido un poder desmesurado en el mundo del deporte japonés y ha terminado por aplastar a otros deportes.

El profesionalismo, principal impulsor del fútbol

Esta situación cambió a principios de los noventa, cuando la irrupción del fútbol profesional comenzó a amenazar la primacía indiscutible del béisbol.

El fútbol japonés tiene cerca de 100 años de historia, pero hasta su profesionalización fue siempre un deporte minoritario. Como únicas hazañas de la selección japonesa hasta entonces podrían citarse, si acaso, el haber vencido a Suecia, uno de los favoritos, en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, y el haber obtenido el tercer puesto en los juegos de México en 1968. Hasta la segunda mitad de los noventa no había estado presente en la fase final de una copa mundial ni una sola vez.

La selección japonesa era débil. Su debilidad se traducía en la imposibilidad de ganar partidos. Al no ganar partidos, no se despertaba el interés. Sin interés, el público no acudía al estadio y los jóvenes con buenas condiciones no se sentían atraídos por el fútbol. Sin buenos jugadores, el fútbol japonés no mejoraba. Por algún sitio había que romper este círculo vicioso y fue precisamente esta necesidad la que llevó a tomar la decisión de crear la liga profesional.

Se levantaron muchas voces agoreras. Decían que si incluso en el béisbol había clubes que arrastraban grandes números rojos, era harto improbable que un club de fútbol profesional pudiera ser rentable. Juicios, por otra parte, muy razonables. Pero ahí estaba Kawabuchi, para hacer frente a toda oposición y poner proa decididamente hacia la creación de una liga profesional.

Kawabuchi, que como jugador había marcado un gol contra la selección argentina en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, es una figura que despierta tantas simpatías como antipatías. Pero lo que no puede ponerse en duda es que es un personaje de primera fila y que, además, es quien más ha contribuido a situar el fútbol japonés en una nueva dimensión, haciendo de él lo que ahora es.

Kawabuchi Saburō (centro), primer presidente de la liga profesional, hace pública en noviembre de 1991 la creación de la misma. (Fotografía: Cortesía de Jiji Press)

Todo se transformó cuando comenzó la J-League (liga profesional de fútbol de Japón) en mayo de 1993. La gente se puso rápidamente del lado de Kawabuchi y de la Asociación de Fútbol de Japón, que habían impulsado la creación de la liga con el objetivo último de colocar a Japón en la fase final de un Mundial, y todo el mundo apoyaba al fútbol. El fútbol japonés entró en una etapa de grandes y rápidos progresos, que afectaron tanto a la calidad de jugadores, árbitros y aficionados, como a la de las infraestructuras.

Cuando, en agosto de 1989, el Manchester United, dirigido entonces por Alex Ferguson, vino a Japón para disputar un partido con la selección japonesa, le esperaba un campo de césped artificial en el estadio de béisbol de Meiji Jingū (Tokio). El fútbol japonés estaba a un nivel tan bajo que a un club de esa categoría no se le podía recibir más que en un campo de béisbol. Sin embargo, tras la creación de la liga profesional, no se ha disputado un solo partido entre clubes japoneses sobre hierba artificial. Nunca más tendremos que asistir a una escena tan tragicómica como puede resultar ver a un futbolista profesional jugar con miedo a sufrir una lesión sobre el césped artificial de un campo de béisbol.

A partir de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 y de la Copa Mundial de Francia 1998, la selección de fútbol de Japón ha estado siempre presente en las respectivas fases finales de estos dos acontecimientos deportivos. En cuanto a la Copa Asiática, organizada también cada cuatro años por la Federación Asiática de Fútbol, Japón ha participado en todas sus ediciones desde 1992 y vencido en cuatro de las seis veces.

Han surgido también jugadores japoneses que son fichados y militan en clubes tan prestigiosos como los italianos Inter y AC Milan, o el inglés Manchester United. Hoy en día Japón es reconocido por propios y extraños como primera potencia futbolística de Asia y en los partidos de la selección llegan a darse cita 70.000 espectadores, obteniendo índices de audiencia televisivos que superan a los de cualquier otro deporte.

Japón, el país que más ha avanzado durante los últimos 20 años

La liga japonesa, que comenzó con solo 10 equipos, reúne actualmente en sus tres divisiones a un total de 51. Es cuestión de tiempo que pueda decirse que en Japón cada prefectura (provincia) tiene su equipo profesional.

Las condiciones no son fáciles, pues el béisbol sigue estando muy arraigado en Japón y además la larga fase de recesión economía no acaba de superarse. Los clubes regionales, con aficiones numéricamente pequeñas y grandes limitaciones presupuestarias siguen luchando por su supervivencia. Sin embargo, si la comparamos con la de otros países, la liga profesional japonesa tiene muchos aspectos positivos: destaca, por ejemplo, por la limpieza de su juego y por la total ausencia de irregularidades. Puede calificarse de una gran liga, con un buen equilibrio de fuerzas entre los equipos en liza y un buen nivel en el aspecto de la seguridad. Cada vez son más los aficionados que sienten un mayor apego por el club que representa a su región que por la propia selección nacional. En círculos futbolísticos mundiales hay unanimidad al considerar a Japón el país que más ha avanzado en materia de fútbol durante los últimos 20 años.

Aun así, pese a la buena marcha del fútbol japonés, en el terreno internacional el listón está muy alto. Tendrán que pasar todavía muchos años hasta que Japón produzca delanteros o defensas centrales de categoría internacional.

Es el momento de fijar por concurso público el samurai blue

Pero hay otras cosas que pueden empezar a hacerse ahora mismo, como sacar el diseño del uniforme de la selección a concurso público para que quede fijado definitivamente el samurai blue.

Hay una estampa de Katsushika Hokusai que probablemente sea la obra pictórica japonesa más universal: La gran ola de Kanagawa. Mi propuesta es que el uniforme japonés se sirva del marino, del celeste y del blanco que aparecen en la estampa.

La gran ola de Kanagawa, de Katsushika Hokusai. (Cortesía de Fukuma Hidenori, Aflo)

El uniforme de la selección brasileña, originariamente, era completamente blanco. Sin embargo, en el Mundial de 1950 que ellos mismos organizaban, los brasileños sucumbieron en la final a manos de los uruguayos en el célebre “Maracanazo”. Inmediatamente después del partido, la Confederación Brasileña de los Deportes decidió abandonar el uniforme blanco y abrir a concurso público el diseño de uno nuevo. La condición fue que se utilizara alguno de los colores presentes en la bandera nacional: amarillo, verde, azul y blanco. El resultado es el actual uniforme de la canarinha. Abrir el concurso público estableciendo previamente las opciones fue una medida inteligente.

El fútbol japonés ha aprendido mucho del brasileño. También debería aprender en lo referente al uniforme. Se trataría, ahora, de abrir el diseño del uniforme a concurso público internacional una vez establecido el muestrario de colores a partir de los visibles en la referida obra de Hokusai.

También es importante elegir bien el jurado. Una mirada a los uniformes que ha vestido la selección a lo largo de su historia será suficiente para entender hasta qué punto carecen de sentido estético los dirigentes de la Asociación de Fútbol de Japón.

Para formar el jurado hay que ir a por todas y congregar un elenco de lujo. Yo creo que todo el mundo quedaría satisfecho si finalmente se dejase la decisión final en manos de figuras de relieve internacional en diversos campos relacionados con el diseño, como la firma de arquitectos SANAA (Sejima Kazuyo, Nishizawa Ryūe y asociados), el director de cine de animación Miyazaki Hayao, los dibujantes de manga Oda Eiichirō (autor de One Piece), Inoue Takehiko (autor de Slam Dunk) y Takahashi Yōichi (autor de Captain Tsubasa), el artista contemporáneo Nara Yoshitomo o la popular modelo y cantante Kyari Pamyu Pamyu.

El lema sería: “¡El samurai blue lo decidís entre Hokusai y tú!”.

Si se permite también la participación a través de internet, llegarán propuestas de todo el mundo. El premio serían 30 millones de yenes, una cantidad que en este caso merece la pena pagar.

Espero que muchos lectores de nippon.com se animen a aportar sus propuestas cuando estos planes se hagan realidad.

(Fotografía del titular. Izquierda: La gran ola de Kanagawa, de Katsushika Hokusai, cortesía de Fukuma Hidenori, Aflo. Derecha: La selección japonesa forma corro antes de enfrentarse a Uruguay el 5 de septiembre de 2014, en la Copa Kirin Challenge, cortesía de Jiji Press.) 

  • [28.10.2014]

Escritor de temas de no-ficción nacido en Tokio en 1960 y graduado en Derecho por la Universidad Keiō. Tras trabajar para una manufacturera, entra en Bungei Shunjū y ejerce de redactor y reportero en las revistas Shūkan Bunshun y Number, de las que se independiza en 2003. 6 años más tarde, obtiene una mención especial en el Premio de Periodismo Deportivo Mizuno. Entre sus obras cabe destacar 1976 nen no Antonio Inoki (El Antonio Inoki de 1976; Bungei Shunjū, 2007, posteriormente editada también en formato de bolsillo), 1985 nen no Crush Girls (Las Crush Girls de 1985; Bungei Shunjū, 2011), Nihon resuringu no monogatari (Historia de la lucha libre en Japón; Iwanami Shoten, 2012) y 1964 nen no Giant Baba (El Giant Baba de 1964; Futabasha, 2014). (La fotografía que acompaña al perfil es cortesía de Minamoto Tadayuki)

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